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Sonidos Latinoamericanos: Lisandro Aristimuño, la belleza de lo independiente

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A Lisandro no le gustan las ciudades grandes, el ruido, los edificios altos. Viene de la Patagonia argentina y se tuvo que mudar a Buenos Aires por obligación más que por gusto. Su mujer se fue a estudiar a la capital argentina y detrás fue él. Su sencillez se instala en todos los aspectos de su vida: habla de manera pausada, vive al día, es tranquilo y calmoso. Y cómo no, en su música también se desprende la pureza del alma. “Mi música es patagónica porque hay viento, dejo espacios, dejo horizonte, dejo una visión amplia.” – explica en este encuentro en el estudio con Lalo Mir

Su carrera es extremadamente fructífera, yendo a un ritmo de prácticamente un disco por año desde que tiene 30 años. Eligió ir por la vía independiente y en cuanto pudo autoprodujo sus discos, creando un sello que se llama Viento Azul, donde también edita a otros músicos para darles la oportunidad de hacerse escuchar. Lisandro Aristimuño tiene una manera especial de explicar la vía alternativa: “a mí no me gustan los supermercados enormes donde me ofrecen 8.000 tipos de infusiones. Yo quiero ir al pequeño almacén donde me ofrecen cuatro”.

Con la música le ocurre lo mismo: busca así alejarse de las grandes corporaciones, las escuchas masivas que producen canciones al por mayor sin darles la especial atención que cada una merece. Explica que no quiere imponer su música de ninguna de las maneras, y obligar a que su música suene de manera repetitiva en la radio, o que su cara aparezca en la pared de un autobús o en una taza. Así, dice, se asegura de que sus seguidores le han descubierto porque le han buscado o porque se les ha recomendado, y de manera orgánica hace un filtro natural para que su música llegue adonde él quiera.

De padre músico y madre actriz, adjudica a su progenitor el inculco de la música en vena desde que era un niño. Mezcla la electrónica con el folclore, el rock con el pop. Cita a Fito Páez como su gran inspiración y el que le hizo entrar en los Garcías y Spinettas de su país. Lo primero en lo que se fija Aristimuño al componer un tema es en la escenografía. Se centra, casi obsesiona, con un sonido, una imagen, y a partir de ahí va añadiendo capas, asonancias, instrumentos, para llevarla a lugares especiales. Se siente, en efecto, la amplitud y horizontes de la majestuosa Patagonia en su música, pero también las cacofonías, los ruidos estrambóticos de la caótica ciudad de Buenos Aires, más presente con la electrónica.

“La música es algo más grande que nosotros. Los músicos solo somos unos soldados que van a llevarla”, afirma. Cuando se le hace la pregunta de dónde se ve en 30 años, responde que directamente no se lo cuestiona. Se levanta cada día con lo nuevo y ataca con lo que tiene las próximas 24 horas, y cae rendido con sudor en la frente del trabajo honesto. La creatividad no se frena ni en pandemia mundial.

Acaba de salir a la luz el que es su último trabajo, Criptograma, según él un disco de renacimiento: regreso a una intimidad, a su ensamble, a ese tapiz de instrumentos acústicos y programaciones, explica en ZonadeObras. Recomendamos especial atención al hermoso dueto que forma con el pianista Lito Vitale en la canción Hoy no fue ayer. Pero en general, un conjunto de composiciones interesantes y a redescubrir con varias escuchas, como toda su discografía.

Si quieres conocerle mejor, puedes escuchar su discografía completa en Apple Music o Spotify.