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TAME IMPALA – THE SLOW RUSH

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Que Kevin Parker se ha convertido en una de las figuras más relevantes de la música en la última década es evidente. El imaginativo y perfeccionista compositor australiano ha convertido casi sin quererlo su proyecto Tame Impala en uno de los pocos grupos de los últimos años capaces de coger el relevo en las cabeceras de los grandes eventos internacionales. A eso hay que sumar su capacidad para conectar con luminarias del pop, la electrónica y el rap global como Kanye West, Rihanna o Mark Ronson.

Por esto, cualquier movimiento de Parker desde que viera la luz Currents (Modular Recordings, 2015) se mira con lupa y con expectación por la industria y el público. Un lustro después de aquel trabajo con el que el cantante, letrista, instrumentista y productor se quedase a medias en su deriva hacia el pop discotequero, llega The Slow Rush (Modular Recordings, 2020), un trabajo que consigue su objetivo con una mayor nitidez y coherencia en su contenido.

La espera, tras cerca de un año del lanzamiento de los primeros singles, ha sido larga debido a esa faceta perfeccionista que caracteriza a Parker. No en vano, los dos primeros sencillos llegaron en marzo y abril de 2019 y ambos han acabado sometidos a cambios: Patience, que finalmente no ha pasado la criba y ha quedado en el olvido; y Borderline, que entra en el trabajo como una renovada y mejorada versión.

La maniobra con estos temas es un buen ejemplo del tiempo y dedicación que pone Parker a sus obras, quien una vez más se ha encargado de hacer todos los arreglos y la producción del cuarto álbum de estudio de Tame Impala. La participación de los miembros de directo del proyecto en estos años de andadura se limita a una reducida aportación de Jay Watson en el que es posiblemente su mejor disco: Lonerism (Modular Recordings, 2012). A veces me pregunto si Parker no es demasiado egoísta para con estos músicos que le acompañan durante noches y ejecutan sus canciones.

A pesar de esto, cabe resaltar la capacidad de Parker para no caer a los servicios del mercado y mantener la independencia creativa en un colorido trabajo que aglutina un espectro amplio de influencias de la música de baile de las últimas décadas: desde Chic hasta Caribou. También consta de momentos de dejarse llevar como ese tramo final que vira hacia el prog vía Supertramp, uno de los grupos que más menciona Parker como referencia personal, o esos incisos tan comunes en discos de hip hop (su mujer aparece en el epílogo de Tomorrow’s Dust). Tampoco faltan los efectos de reverb y distorsión que facilitan la conexión con los primeros esfuerzos de Tame Impala, por mucho que la comparación sea errónea, ya que estamos ante otro contexto y estilo.

No es extraño ver cómo muchos trabajos de estrellas del pop terminan resultando artificiosos o demasiado retocados por terceros perdiendo personalidad por el camino. No es el caso de The Slow Rush, un disco que mezcla sintetizadores que se pierden en el horizonte y juegan con sonidos de space opera (Instant Destiny), ritmos desinhibidos con congas y una elaborada sección de percusión (atronadora en Borderline), y teclados que podrían encajar en discos de house o funk (Breathe Deeper).

Un conjunto muy groovy y ‘rompepistas’ que muestra al Parker más accesible y comercial en el apartado instrumental en temas como Lost In Yesterday, sin resultar manido en el intento. También se abre líricamente en unas letras que además de enseñar el lado ñoño y enamoradizo de un recién casado Parker –en Instant Destiny ironiza con el acto de hacer una locura por amor-, también ilustran una clara preocupación por el tiempo. El pasado, el presente y el futuro tienen una referencia explicita en varios de los títulos, e implícita a través de una portada que muestra una habitación abandonada e inundada de arena, desgastada por el paso del tiempo.

Entre mensajes que podrían servir para libros de autoayuda (It Might Be Time) y confesiones sobre su padre en la incomoda y melódicamente forzada primera parte de Posthumous Forgiveness (“And while you still had time, you had a chance / But you decided to take all your sorrys to the grave“), Parker profundiza en la idea de vivir el presente sin pensar en el pasado o el futuro. En One More Year primero se preocupa por un porvenir reiterativo (“But now I worry our horizon’s been nothing new”) para después recordar que hay 365 días para disfrutar (“Fifty two weeks / seven days each”).

Kevin Parker ha creado un trabajo disfrutable y sin miedo a caer en clichés musicales, con los pensamientos e ideas de un artista que se ha ganado el respeto y el éxito desde el estudio de su casa en Australia. The Slow Rush es la prueba veraz de un músico que tiene todo conseguido y que, desde el mismo punto de origen y con otros sentimientos en liza, continúa teniendo el deseo de hacer realidad sus sueños, porque todavía está “a tiempo” de conseguirlos.