El Festival de les Arts no celebrará su segunda jornada. Este sábado 6 de junio, pocas horas antes del arranque del día, el Ayuntamiento de València y la Dirección General de CACSA notificaron a la organización que la celebración era inviable. La causa: una sentencia del juzgado de lo Contencioso-Administrativo de marzo de 2026 que estimó la demanda de varios vecinos del edificio de la Avenida Profesor López Piñero por vulneración de derechos fundamentales a causa de la contaminación acústica generada por los eventos del recinto. El festival procederá a la devolución íntegra de las entradas del sábado, del saldo restante en pulseras y del 50% del importe de todos los tipos de abono.
El viernes que ya era una advertencia
La primera jornada del festival, celebrada el viernes 5, fue en realidad el primer capítulo del colapso. Para cumplir con la sentencia, la organización estableció límites de 85 decibelios durante el día y 80 por la noche — muy por debajo de lo habitual en un festival al aire libre de estas dimensiones. El resultado fue inmediato: el público no oía. Leire Martínez tuvo que interrumpir su concierto y explicar a los asistentes que las limitaciones venían impuestas por el Ayuntamiento. Álvaro Benito, de Pignoise, recibió cánticos de protesta mientras tocaba. Artistas y asistentes compartían la misma impotencia.
La organización fue subiendo el volumen durante el día dentro de los márgenes legales, y más de 25.000 personas terminaron la jornada en el recinto. Pero el mensaje era claro: el festival existía ese viernes solo en sentido formal. Lo que se celebró fue un ensayo con público de lo que pasa cuando un juzgado dicta las condiciones técnicas de un evento musical.
Una sentencia, unos vecinos y once años de festival
El origen del conflicto se remonta a agosto de 2023, cuando cerca de 200 vecinos de dos edificios frente al recinto decidieron acudir a la vía judicial. Las denuncias apuntaban a niveles de hasta 80 decibelios dentro de las viviendas durante los eventos, cifras que la pericial comparó con el ruido de un avión despegando. El tribunal concluyó que se habían vulnerado el derecho a la intimidad personal y familiar y a la integridad moral, y ordenó adoptar medidas inmediatas, incluyendo la posible revocación de licencias o la reubicación de actividades.
Desde que recibió notificación de la sentencia, el 25 de marzo de 2026, la organización trabajó para encontrar alternativas: nuevas soluciones de ingeniería acústica, limitadores en cada mesa técnica, e incluso la búsqueda de espacios alternativos como La Marina de València o el Circuito Ricardo Tormo de Cheste. La promotora trasladó otros de sus eventos (Love The 90’s, I Love Reggaeton) al Estadi Ciutat de València para demostrar su voluntad de adaptación. No fue suficiente para salvar el sábado.
El cartel del día cancelado concentraba algunos de los nombres más esperados de la edición: Two Door Cinema Club, Dorian, Carlos Sadness y Álvaro de Luna, entre otros. La pregunta que queda abierta no es solo cómo se recupera un festival de una cancelación en el último momento, sino si la Ciutat de les Arts i les Ciències puede seguir siendo la sede de eventos de este tamaño. El festival nació aquí en 2015 y ha crecido durante once ediciones con el skyline de Calatrava como telón de fondo. Ese vínculo entre el festival y su espacio, hasta hoy, era parte de su identidad. A partir de mañana, tendrá que ser una pregunta.
Once ediciones en el espacio más fotogénico de Valencia
El Festival de les Arts nació en junio de 2015 con vocación clara: demostrar que Valencia podía tener un festival de indie y pop alternativo a la altura de los grandes certámenes nacionales, y que la Ciutat de les Arts i les Ciències era el escenario ideal para hacerlo. La primera edición reunió a 22.000 personas. La segunda, en 2016, cerró con 40.000. En once años, el festival construyó un cartel que ha pasado por The Wombats, Vetusta Morla, Hinds, Zahara, Carolina Durante o Viva Suecia, consolidándose como uno de los festivales de referencia del indie español.
La edición de 2025 fue la décima: entradas agotadas en 30 minutos, recinto ampliado, más escenarios que nunca. Todo apuntaba a que 2026 sería la consolidación de ese crecimiento. En cambio, será recordada como la edición en que una sentencia judicial convirtió el primer día en un concierto casi inaudible y canceló el segundo antes de empezar. El festival que nació para quedarse llega a su undécima edición con la pregunta más difícil de su historia: dónde celebrar la duodécima.
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