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Graham Coxon rescata «Castle Park» y reactiva su universo en solitario con una mirada al pasado que vuelve a sonar urgente

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Graham Coxon lleva años demostrando que su creatividad no entiende de pausas, pero incluso así sorprende encontrarse con un álbum completo grabado en 2011 que jamás había visto la luz. Se llama Castle Park y, según confirma el propio músico, nació durante las sesiones de A+E antes de quedar aparcado por la primera reunión de Blur. Ahora, quince años después, el guitarrista decide abrir ese cajón y compartir un trabajo que, por lo escuchado en el single “Billy Says”, recupera su vena más directa, con ese pulso mod y esas melodías afiladas que siempre han sido marca de la casa.

El lanzamiento de Castle Park llegará acompañado de una ambiciosa reedición de toda su discografía en solitario, empezando por The Sky Is Too High y The Golden D, que volverán a las tiendas el 19 de junio. Ese mismo día se publicará por fin este álbum perdido, producido por Ben Hillier, colaborador habitual de Blur y responsable de Think Tank. La canción “Billy Says”, habitual en sus directos, funciona como carta de presentación perfecta: guitarras limpias, un gancho inmediato y ese tono confesional que Coxon domina sin esfuerzo.

Además, el músico celebrará su regreso con un concierto muy especial en Londres el próximo 28 de noviembre en el O2 Forum Kentish Town, su primer show en formato banda completa en una década. Una oportunidad única para recorrer una trayectoria que abarca nueve discos de estudio, tres bandas sonoras —incluyendo The End of The Fing World— y proyectos paralelos como The Waeve, su aventura conjunta con Rose Elinor Dougall. En una reciente conversación, Coxon recordaba entre risas que “no podemos dejarlo pasar demasiado porque ya estamos mayores*”, una reflexión que ahora cobra un sentido especial: quizá Castle Park sea también una forma de reconciliarse con un pasado que aún tenía algo que decir.

Graham Coxon, una carrera que nunca dejó de moverse incluso cuando parecía detenerse

A lo largo de más de tres décadas, Graham Coxon ha construido una de las trayectorias más singulares del indie británico. Tras convertirse en pieza clave del sonido de Blur, inició un camino propio con The Sky Is Too High (1998), un debut lo‑fi que ya mostraba su gusto por la experimentación. Le siguieron trabajos tan personales como The Golden D (2000), Crow Sit On Blood Tree (2001) o The Kiss Of Morning (2002), antes de alcanzar un reconocimiento más amplio con Happiness In Magazines (2004) y Love Travels At Illegal Speeds (2006). Después llegarían The Spinning Top (2009) y A+E (2012), además de sus aplaudidas bandas sonoras para The End of The F*ing World y el proyecto gráfico Superstate. Su reciente aventura con The Waeve confirma que sigue siendo un creador inquieto, capaz de reinventarse sin perder su identidad. La recuperación de Castle Park no solo completa una etapa, sino que reafirma su lugar como uno de los músicos más versátiles y persistentes de su generación.

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