Harry Styles subió al escenario del Grosvenor House de Londres el pasado 21 de mayo para presentar a su héroe, y tardó exactamente dos frases en arrancar las primeras carcajadas de la noche. «Perdí la virginidad con ‘Talk Show Host’«, dijo. Pausa larga. «Bueno, con la intro de ‘Talk Show Host’«»«. Importante, aclarar este dato: la intro dura unos diez segundos. La sala, que incluía al propio Thom Yorke, se vino abajo. Fue el momento más humano de los Ivor Novello 2026, y también el más revelador: que el chico de One Direction confiese algo así en público ante el hombre que compuso esa canción dice todo lo que hay que saber sobre el alcance generacional de Radiohead. Y sobre lo que significa recibir el Fellowship del Ivors Academy, el máximo reconocimiento que estos premios —los Óscar de la composición musical británica— tienen para ofrecer.
El testigo que Elton John le pasó a Sam Fender
La 71ª edición de los Ivors fue, en el fondo, una ceremonia sobre la herencia. Yorke no fue el único en recibir una Fellowship: George Michael obtuvo el mismo reconocimiento de forma póstuma, exactamente diez años después de su muerte, con su compañero de Wham! Andrew Ridgeley recogiendo el galardón en su nombre. Dos figuras fundacionales del pop británico, dos legados que la academia decidió sellar en una misma noche. La imagen de Ridgeley en el escenario fue de las más emotivas de la velada.
Pero si hubo un momento que sintetizó el relevo generacional fue el de Sam Fender recibiendo el premio al Compositor del Año de manos de Elton John, recién nombrado primer presidente de la historia del Ivors Academy. Fender llega a este reconocimiento en el mejor momento de su carrera: «Rein Me In», su colaboración con Olivia Dean —cuya trayectoria también celebró CrazyMinds cuando arrasó en los BRIT Awards—, lleva once semanas no consecutivas en el número uno de las listas británicas, ganó el BRIT a la Canción del Año y ha convertido al músico de Newcastle en la voz más celebrada del rock narrativo de las islas. El tipo escribe sobre la clase trabajadora del noreste de Inglaterra con la misma urgencia con que Springsteen escribió sobre Nueva Jersey. Que sea Elton John quien le entregue ese trofeo no es solo un gesto bonito: es casi un argumento.
Entre los premiados de la noche destacaron también Lily Allen, que recibió el Outstanding Song Collection, aunque no pudo estar presente; Calvin Harris, con el Icon Award; el rapero Kano, con el Visionary Award; y el escocés Jacob Alon, que se llevó un doble premio —Best Song Musically And Lyrically y Rising Star— con «Don’t Fall Asleep», un tema de folk alternativo que los jurados describieron como «profundamente honesto«»«. La noche cerró con Thom Yorke interpretando en directo junto al propio Alon.
Rosalía, o cuando el Ivor deja de ser solo británico
El momento más significativo para los lectores de CrazyMinds llegó con la entrega del primer premio International Songwriter of the Year de la historia de los Ivors. Y la ganadora inaugural fue Rosalía. No es un detalle menor que esta categoría se estrene con ella: la cantante catalana ha publicado con Lux (2025) un disco escrito en trece idiomas —español, inglés, árabe, alemán, catalán, hebreo, italiano, japonés, latín, mandarín, portugués, siciliano y ucraniano—, grabado con la London Symphony Orchestra y respaldado por una gira mundial que incluye dos sold-outs en el O2 de Londres. Ya lo contamos en CrazyMinds cuando se anunció la nominación. Que el reconocimiento se haya materializado confirma algo que en el mundo anglosajón ya no puede ignorarse: Rosalía no es una artista internacional de pleno derecho. Es una compositora que ha redefinido lo que el pop puede ser.
Roberto Neri, director ejecutivo del Ivors Academy, lo resumió con precisión: «Con letras en más de trece idiomas, Rosalía ha derribado fronteras, y me alegra que nuestra comunidad la celebre así». Después del International Artist of the Year en los BRITs, este Ivor completa un año de consagración total para la artista de Sant Esteve Sesrovires.
El hombre que reinventó el rock desde Oxford
Radiohead se formaron en Oxford en 1985 bajo el nombre On a Friday, antes de fichar por Parlophone y adoptar el nombre definitivo —tomado de una canción de Talking Heads. Su debut Pablo Honey (1993) los lanzó a la fama internacional con «Creep», un éxito que la propia banda tardó años en reconciliarse con él por lo que representaba: la versión más simple de lo que querían ser. La respuesta fue The Bends (1995) y, dos años después, OK Computer (1997), obra maestra unánime que ganó el Grammy al mejor álbum alternativo y redefinió el rock de la era digital. Lo que vino después —Kid A (2000), Amnesiac (2001), In Rainbows (2007), A Moon Shaped Pool (2016)— fue una sucesión de reinvenciones que pocas bandas de su generación han sido capaces de sostener. En 2019 fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll. Los rumores sobre nueva actividad del grupo siguen vigentes.
En paralelo, Thom Yorke ha construido una carrera en solitario que abarca desde el electrónico The Eraser (2006) hasta ANIMA (2019), pasando por bandas sonoras como la de Suspiria (2018) y su trabajo con Jonny Greenwood en The Smile. Que sea Harry Styles —nacido un año después de Pablo Honey, según él mismo recordó entre carcajadas— quien le entregue el Fellowship más alto del Ivors cierra un círculo generacional perfecto. Radiohead fue la banda sonora de las primeras veces de mucha gente. En todos los sentidos.
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