Saddest Factory Records, el sello que Phoebe Bridgers puso en marcha en 2020, deja de funcionar como marca propia. La discográfica lo anunció el domingo 14 de junio a través de un comunicado en Instagram: a partir de ahora, todos sus lanzamientos saldrán bajo el nombre de su matriz, Dead Oceans, con el logo de Saddest Factory conviviendo junto al de la nueva casa para señalar que el proyecto sigue ahí, aunque sin nombre propio. El motivo es una disputa de marca de la que la compañía no ha dado más detalles, más allá de confirmar que existe.
Un dúo de Michigan que nadie había oído nombrar
El comunicado no explica el origen del conflicto, pero la pista la dio Pitchfork: existe un dúo de indie rock, también llamado Saddest Factory, afincado en Grand Rapids (Michigan). Hasta este fin de semana, fuera de esa ciudad casi nadie sabía que el nombre estaba en disputa. La coincidencia tiene algo de chiste involuntario: una marca que nació casi como una broma de oficina termina enredada en un tecnicismo legal frente a una banda que probablemente nunca pensó en registrar nada.
Cinco años, cinco artistas y una broma sobre contratos
El nombre viene de una broma real. Según quedó documentado en su momento, fue Haley Dahl, compañera de Bridgers en Sloppy Jane, quien empezó a llamar al proyecto «Saddest Factory» como una forma de pronunciar mal satisfactory, la palabra que aparece en cualquier contrato discográfico. Bridgers fundó el sello en octubre de 2020, recién publicado Punisher, y fichó primero a Claud. Le siguieron MUNA en 2021 (de quienes ya hemos hablado por aquí), Charlie Hickey, Sloppy Jane y, en 2024, jasmine.4.t como primer fichaje británico del sello. Cinco artistas en seis años: poco volumen, pero suficiente para construir una identidad propia dentro del catálogo de Dead Oceans, que ahora ha pedido a los seguidores que sigan su cuenta oficial para enterarse de las novedades del catálogo.
Para quien siga este catálogo, el cambio es sobre todo de etiqueta: los discos seguirán sonando igual, pero rastrear «Saddest Factory» dentro de unos años será cada vez más un ejercicio de arqueología discográfica.
Phoebe Bridgers: del sótano sentimental al borde de un tercer disco
Bridgers firmó con Dead Oceans en 2017 y publicó Stranger in the Alps ese mismo año. Dos años después llegó Better Oblivion Community Center, el disco que grabó junto a Conor Oberst, y en 2020 publicó Punisher, el álbum que la convirtió en una de las voces más citadas del indie de la década. En 2023 firmó, con Boygenius, The Record, antes de que el trío anunciara una pausa de la que apenas ha salido.
Este año, sin embargo, Bridgers ha vuelto a estar en todas partes: shows acústicos sorpresa, una fecha en el Madison Square Garden con la norma de «sin móviles» y lo recaudado destinado a un fondo de ayuda para personas en detención migratoria, y el reciente anuncio de The Lost Tour, su primera gira en solitario desde 2023. En medio de todo eso ha tocado en directo tres canciones nuevas y ha dejado caer, sin confirmarlo del todo, que el sucesor de Punisher está más cerca que nunca. El sello que nació de una broma sobre contratos no llegará a publicarlo.
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