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Nuevos Valores – L’arannà

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Comenzamos la temporada estival en Nuevos Valores presentando al dúo de la semana: L’arannà. Las voces de Lara y Anna se entrelazan con sus teclados y sintetizadores en su álbum debut La Salamandra (2024, Blau Atzavara).

Estas dos artistas, que se conocieron mientras estudiaban la carrera de piano en Barcelona, decidieron unirse y crear el proyecto. Provienen de una formación clásica, pero a medida que han ido avanzando en la interpretación de su instrumento, se han ido formando en otros estilos como contemporáneo, para terminar especializándose en música moderna y jazz. Nos cuentan además, que llevan más de seis años cantando juntas en el Cor Plèiade, que han colaborado con artistas de la talla de Maria Arnal o participado en bandas sonoras de series como La Mesías.

«Al acabar la carrera, como pasa con la mayoría de quienes hemos hecho una carrera en interpretación, empezamos a trabajar como profesoras de música. La vida da un giro de 360 grados cuando dejas de dirigir tu energía a hacer música y la destinas a enseñarla, es un mundo aparte».

Tuvieron la determinación de abandonar ese campo y construir la vida que querían, componiendo canciones y liderando un proyecto artístico juntas. Esto les ha permitido trabajar en equipo, seguir creciendo como músicos y no abandonar los escenarios.

Para ellas mismas, su estilo es difícil de describir… si les preguntan a su entorno cercano, incluso a su productor, no llegan a ninguna conclusión. Nos cuentan que siempre buscan la verdad, el toque personal y distintivo, pero que concuerdan en que todo en cierto modo proviene de influencias. Tanto Lara como Anna absorben distintos estilos e investigan constantemente, dando sentido al trabajo que realizan de forma creativa.

«Gracias a estudiar música clásica hemos conocido el rigor y somos muy muy perfeccionistas. Este es un valor que no siempre está presente en proyectos musicales y ello hace que, así como nosotras somos exigentes con lo que hacemos, la música que producimos también lo es para quien la recibe, hay capas. La disfrutas, pero hay un cierto esfuerzo en la escucha. Creemos que es valioso para el oyente tener que descifrar algo».

La Salamandra es su álbum debut, que ha contado con la narrativa de Mercè Rodoreda, una de las grandes escritoras del país en lengua catalana. «Su manera de escribir nos cautivó y decidimos hacer una cosa arriesgada y original, inspirarnos en algunos de sus cuentos para convertirlos en canciones».

A nivel sonoro, además de empapar la creación con todo lo que les ha atravesado, bien sea durante su formación o a posteriori, han querido hacer un álbum que rinda homenaje al género de la canción de autor, abriéndolo al campo de la experimentación sonora. Además de encontrar influencias de la música clásica o melismas vocales que recuerdan a la música de raíz mediterránea, también hay una fuerte influencia de la música electrónica. El disco ha sido grabado y producido en Cardamomo, el estudio de Emili Bosch (b1n0), productor de música electrónica. «Él estudió composición en la ESMUC y además de producir a muchísima gente del panorama catalán, también tiene un proyecto de autoría en el que toca y hace electrónica. Nos encantó cómo sonaba su música y trabajar con él ha sido un lujo».

Nos cuentan que ha sido un proceso lento y elaborado, todo muy pensando, desde el momento de elegir los cuentos, seleccionar el tema a potenciar y arreglarlo métricamente, hasta la composición y la producción musical. En esta publicación reúnen a partes iguales lo específico con lo universal, lo popular con lo refinado. En definitiva, el resultado es un disco muy visceral. Particularmente, las letras son muy potentes, ya que describen perfiles psicológicos, situaciones y personajes con los que puede identificarse cualquiera. No es un álbum que habla de un mundo interior particular, sino que es una lectura que permite sumergirse en distintas personalidades. «Al mismo tiempo hemos conseguido imprimir una marca L’arannà, tener una voz propia y personal a la hora de seleccionar las frases y darles un corpus musical».

Su visión del panorama actual dentro de la música es realista: programar música nueva, fresca, diferente (y en catalán) es arriesgado para salas pequeñas y medianas que cada vez tienen más complicado llenar el patio de butacas. Desgraciadamente, el tejido cultural no recibe un apoyo financiero potente y a ello se le suma que la clase media cada vez trabaja más y vive peor, esta realidad repercute en una tendencia a la baja hacia el consumo cultural, cosa que dificulta la sostenibilidad económica del artista que inicia su carrera. Los festivales atraen a más público, pero llegar a entrar en una infraestructura, así implica también tener un impacto mediático, cosa que lleva tiempo. «Opinamos que desde nuestra posición actual, que es la de un grupo emergente que mucha gente no conoce, aquellas personas que nos programan tienen el mérito de apostar por la cultura en mayúsculas».

Una tarea con la que los artistas tienen que convivir hoy en día es la gestión de redes sociales. Por supuesto, las redes y la tecnología son herramientas que, como cualquier otra, sirven y ayudan, en este caso, a la producción, promoción y difusión, pero todo tiene un precio. Hoy en día hay muchísima gente que intenta emerger en el panorama musical y la tecnología e internet ofrecen posibilidades que antes no había, tanto a la hora de hacer música desde casa y sacarla al mercado como en calidad de expansión al resto del mundo, pero esto genera una encrucijada. Por una parte, hay facilidad a la hora de crear contenido y proyectarse, pero por otra es muy difícil hacerse un lugar de reconocimiento. Hay tanta información que saberla filtrar es difícil. Un efecto de las redes también es que se confunde el éxito profesional con el número de seguidores.

«Los artistas estamos expuestos una presión enorme en este sentido y a veces parece que los esfuerzos los tendríamos que dirigir a agrandar nuestra imagen de prosperidad más que a profundizar verdaderamente en nuestro oficio real, puede ser una trampa. Como todo, hay que saber usarlas para lo que realmente sirven».

El trabajo que han elegido va mucho más allá de tener ideas, echarle horas, y tener éxito, es una carrera de fondo. Hay que trabajar muy duro, afrontar momentos de incertidumbre y recordarse continuamente que ese es el precio de perseguir un ideal de libertad profesional. Hay saberse afortunado de hacer lo que uno ha elegido, que no es poca cosa, y seguir adelante. «Esto deja de ser una esperanza en el momento en que, simplemente, aceptas que lo que haces no tiene una repercusión económica directa y que la estabilidad llega o se va, pero tu determinación es firme». Sin embargo L’arannà siguen con una convicción fuerte y una clara dirección de seguir haciendo crecer el proyecto.

«Nos gustaría poder enseñar nuestro trabajo cuanto más lejos mejor y sensibilizar al público, no exclusivamente catalanoparlante, de la riqueza poética de Rodoreda«.

Su directo, es un espectáculo muy mimado en el que para ellas, el directo es una conexión directa con su público. «Muchas veces nos pasa que la gente se emociona y nos llora, también que ríen, podríamos decir que salen “más vivos” de lo que entran«.

TEST NUEVOS VALORES – L’arannà

¿Alguna recomendación de banda o solista emergente de la que debamos tomar nota en vuestra escena o ciudad?

Mar Grimalt, Marina Herlop, Maestro Espada, Ölivias, b1n0

Para L’arannà, la música es…

¡La pera! Una fruta cuyas cualidades tienden a pasar desapercibidas. Una manzana la come todo el mundo, pero para la pera hay que tener paladar.

¿Podríais decirnos vuestros tres discos favoritos?

Ahora mismo diríamos: Random Access Memories de Daft Punk, Venus as a boy de Björk y Paradís de Joana Gomila y Laia Vallès.

10 temas que han marcado a L’arannà:

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