Cada cierto tiempo surgen debuts que, más allá del hype del momento, sirven de carta de presentación de bandas que presumiblemente tendrán una carrera larga y en continuo crecimiento. Año Soviético, el primer álbum de Muñeca Rusa, es uno de esos lanzamientos que, desde la primera escucha, entendemos que será importante tanto para el grupo como para la escena alternativa de nuestro país. Este trabajo es una declaración de intenciones de los asturianos y en él han volcado todas sus inquietudes, tanto musicales como emocionales. Con unas letras certeras y cargadas de ironía, la banda formada por Andrey Fomchenko (voz y guitarra), Olaya Díaz (bajo y coros), Mario Suárez-Valdés (guitarra y coros), Samuel Pocero (batería) y Verónica Gutiérrez (teclados y coros) se presenta en sociedad con un discurso potente y no exento de análisis y crítica.
Hablamos con Muñeca Rusa de todo esto, siendo Andrey Fomchenko el encargado de tomar la palabra y analizar este Año Soviético para nosotros. Un disco repleto de honestidad donde mandan las melodías y guitarras, y con el que demuestran una actitud desprejuiciada que coquetea con el punk y que refuerza el concepto de banda. Sin más, procedemos a sumergirnos en cada una de las canciones que forman parte del disco, sirviendo todo lo que nos cuenta Andrey como la guía de escucha definitiva del álbum gracias al minucioso y detallado análisis que nos ha regalado. Año Soviético es puro rock y aquí están las claves.
Bienvenidos a CrazyMinds. Lo primero, presentaos y presentadnos tu nuevo disco.
Año Soviético es nuestro primer disco y, de alguna manera, sentimos que es la primera fotografía completa de lo que es Muñeca Rusa. Hasta ahora habíamos ido enseñando canciones poco a poco, por fascículos, pero el disco entero permite entender mucho mejor el imaginario, el carácter y la forma que tenemos de mirar y entender las cosas.
Es un disco de guitarras, de nervio, de melodías para cantar fuerte y de mucha energía, pero también es un disco lleno de contradicciones. Hay rabia, ironía, sarcasmo, ansiedad, deseo, frustración, amor, humor negro, algo de tristeza y también mucha celebración. Nos gusta esa mezcla porque creemos que tiene bastante que ver con la manera en la que vivimos ahora: todo pasa muy rápido, todo es urgente, todo está lleno de ruido y, aun así, seguimos intentando encontrar algo verdadero y bello en medio de todo ese caos.
Para nosotros era muy importante que el disco tuviera algo que decir. Eso es innegociable. No nos interesa hacer canciones vacías, aunque puedan sonar bien o funcionar en las plataformas o radios. Nos importa el texto, la actitud, el punto de vista, la forma de decir las cosas. En nuestro Año Soviético hay crítica social, relaciones rotas, contradicciones personales, mala leche y vulnerabilidad. A veces todo aparece disfrazado de chiste, de ironía o de personaje, pero debajo hay mucha verdad.
En ese sentido, creemos que también es un disco de punk, pero no necesariamente porque todas las canciones respondan a los códigos más evidentes del género. Para hacer punk no tienes por qué limitarte a una estructura, a un sonido o a unos timbres concretos. No se trata solo de guitarras distorsionadas, velocidad, una determinada estética o un discurso panfletario. De hecho, creo que hay más punk en nuestras canciones pop que en las de muchas bandas que se creen punkis solo por utilizar ciertos recursos sonoros o reciclar un discurso político-social heredado. El punk, al menos como lo entendemos nosotros, no es un disfraz ni una fórmula, es una manera de plantarte frente a las cosas, de no autocensurarte, de no pedir permiso y de hacer canciones desde un lugar honesto, aunque a veces sea incómodo.
Al mismo tiempo, tampoco entendemos esa preocupación por el mensaje como algo incompatible con la melodía o con cierta fórmula pop. Nos obsesionan bastante los estribillos, en el buen sentido. Nos interesa que haya un punto de comunión con quien escucha, darle al público algo que pueda cantar, recordar, hacer suyo y compartir con nosotros en los conciertos. Trabajamos mucho las melodías porque creemos que un buen estribillo puede ser un lugar de encuentro, incluso dentro de una canción rabiosa, incómoda o llena de mala leche.
No rehuimos la fórmula pop, pero tampoco componemos pensando en fabricar un tema más exitoso o más fácil de colocar. No sacrificamos la canción para intentar agradar. Hacemos las canciones que queremos hacer, con la mayor honestidad posible, y si en ellas aparece un estribillo directo, una melodía luminosa o algo más inmediato, aparece porque la propia canción lo pide, y la canción manda.
Al final, Año Soviético es eso: un disco directo, caótico, irónico, emocional y verdaderamente nuestro. Un debut que no sentimos como una presentación tímida, sino como una declaración de intenciones. Esto somos, esto queremos contar y desde aquí queremos empezar a construir todo lo que venga después.
¿Desde cuándo y cómo podemos escucharlo?
Año Soviético se ha publicado el 19 de junio de 2026. Lo hemos editado con el sello Astro (Ataque360) y está disponible en todas las plataformas digitales habituales: Spotify, Apple Music, YouTube, Amazon Music, Deezer y demás.
También se puede conseguir en formato físico, tanto en CD como en vinilo, que para nosotros era algo muy importante. Nos sigue gustando mucho esa idea romántica de que el disco exista como objeto, más allá de la escucha digital, y que quien conecte con las canciones pueda llevárselo a casa, ponerlo, tocarlo y tenerlo como una obra completa.
¿Dónde y con quién lo habéis grabado?
El disco lo grabamos principalmente en OVNI Estudios, en Llanera, con Sergio Firu, que también se encargó de la mezcla y el máster. Algunas partes también se trabajaron en CoolMood Estudios, en Madrid.
La producción corre a cargo de Igor Paskual, con quien hemos construido buena parte del sonido y del carácter del disco, y yo (Andrey Fomchenko) firmo también la coproducción. Para nosotros, Igor ha sido una figura muy importante en todo el proceso, no solo por su experiencia, sino por su forma de entender las canciones, los textos y la música como algo que tiene que tener fondo.
Además, el disco cuenta con colaboraciones especiales como Jon Álvarez, de Tigre y Diamante, en “Un buen momento”, e Igor Paskual en “El último brindis del año”, nuestra versión de Babylon Chat.

Si tuvierais que definir el disco, su significado, su sonido, sus influencias… ¿Cómo lo haríais?
Creo que en la primera respuesta ya explicamos bastante bien el significado del disco y esa parte más de declaración de intenciones, así que aquí lo enfocaré más hacia el sonido y las influencias.
Año Soviético parte de una base muy de banda: guitarras, bajo, batería, voces, estribillos y energía de directo. Y eso no es casualidad. Nosotros creemos en la música de bandas y en crear desde lo colectivo, en una época que está bastante plagada de solistas y de proyectos cada vez más individualistas, algo que a nosotros, sinceramente, ya nos aburre un poco. Nos gusta la idea de grupo, de conjunto, de que una canción pase por varias cabezas y varios cuerpos antes de terminar siendo lo que es.
Las canciones pueden partir de una idea inicial mía, pero cuando eso se empapa de todo el mundo que forma Muñeca Rusa, la canción muta. Y siempre mejora. Cada uno aporta su forma de tocar, su personalidad, sus vicios, sus aciertos y su manera de entender la música. Ahí es donde la canción empieza a respirar de verdad. No queremos hacer discos solistas ni hostias: nos gustan las bandas, creemos en las bandas y disfrutamos la música hecha desde lo colectivo.
Aun así, también hay otros elementos que se salen un poco de la estructura clásica de banda de rock: sintetizadores, cajas de ritmos, samples, algún arreglo más cinematográfico o texturas más cercanas a la electrónica en momentos concretos. No queríamos hacer un disco encerrado en una sola etiqueta, ni acotar nuestra paleta sonora, cada canción tiene lo que cada canción necesita.
En cuanto a influencias, hay muchas cosas mezcladas. Nos interesa el punk como actitud, ya lo hemos dejado claro, pero también encontrarás dentro de nuestras letras y sonido algo de glam, de post-punk, de indie rock, de pop alternativo, todo presentado con cierta teatralidad, cosa que nos atrae mucho y que creemos muy importante. Nos sentimos cerca de artistas y bandas que entienden la música como algo más grande que una canción aislada: Bowie, Suede, New York Dolls, The Clash, Sex Pistols, Ilegales, Babylon Chat, Gorillaz… No porque sonemos a ellos, sino por la actitud, el imaginario, el discurso, la forma de construir un mundo propio.
Venga, compartid con nosotros alguna gran anécdota graciosa, surrealista o incluso perdida del periodo de grabación
Una bastante graciosa ocurrió en una de las primeras tandas de grabación del disco en OVNI, en Llanera. Estábamos llegando al final de esos días de estudio y nos quedaba una última jornada, que era un domingo. Samu, nuestro batería, vive en Madrid y al día siguiente ya se marchaba, así que decidimos salir a cenar y tomar algo para celebrar que la grabación estaba yendo muy bien, que los temas empezaban a sonar como queríamos.
La idea era algo bastante inocente: cenar, brindar un poco, despedir a Samu y al día siguiente entrar al estudio a las diez de la mañana para rematar. El problema fue que la noche se nos complicó bastante, se convirtió en una de esas de rock de verdad, de ir de un sitio a otro, de pasarlo increíblemente bien todos como hermanos que se quieren mucho. Los detalles concretos eso sí, casi mejor se quedan para nosotros, porque hay cosas que pertenecen a la mística interna de una banda.
La cuestión es que, cuando quisimos darnos cuenta, eran las diez y media u once de la mañana, estábamos en un after en otra ciudad y el estudio había abierto a las diez. Es decir, teníamos que estar grabando y seguíamos con la ropa del día anterior, sin haber dormido y sin haber pasado por casa. Además, lo mejor y peor es que no éramos solo la banda vaya: estaban productor y técnico metidos en el mismo naufragio, así que la escena, aparte de ser bastante pintoresca, tenía poca escapatoria.
Acabamos llegando al estudio a la hora de comer, de empalmada absoluta, moribundos, pero con una especie de épica absurda encima. Y aun así grabamos, y grabamos bien. Apretamos los dientes, tiramos de pura supervivencia y de amor propio, y terminamos sacando adelante el día. Al final de la jornada estábamos destrozados mental y físicamente, pero también con la satisfacción del trabajo bien hecho, de haber cumplido, de haber sacado las canciones adelante.
No es una anécdota muy ejemplar, desde luego, pero sí creo que tiene algo muy auténtico y muy de banda real. No somos una cosa ficticia creada para ser un producto más del mercado. Hacemos rock, respiramos rock y somos rock. Y a veces eso también significa acabar un domingo en el estudio sin haber dormido, con cara de cadáver, pero grabando como si se nos fuera la vida en ello.
¿Qué planes tenéis para presentarlo en directo? ¿Fechas y/o festivales que ya tengáis confirmados?
La idea es presentar Año Soviético en directo todo lo que podamos, porque para nosotros el escenario es una parte fundamental de Muñeca Rusa. El disco está hecho desde una energía muy de banda y creemos que muchas canciones encuentran otra dimensión cuando las tocamos delante de la gente.
Además, para nosotros es importante defender este repertorio sin secuencias. Al final, nosotros creemos que el estudio y el directo son dos campos que comparten muchas cosas, pero que también tienen sus pros y sus contras. En el estudio puedes tener toda la libertad del mundo: si la canción lo pide, puedes pasar de ser una banda de cinco personas a una banda de quinientas, grabar capas, probar timbres y llevarlo todo mucho más lejos. Pero en directo la gracia está precisamente en escoger qué elementos necesita la canción para caminar. Ahí es donde, de alguna manera, se demuestra si una canción es buena o no, porque una buena canción debería sostenerse con poco. Reducida a su mínima expresión, tendría que poder funcionar con una acústica y una voz.
En el escenario todo lo estamos tocando nosotros cinco en directo. No tenemos nada en contra de las secuencias cuando están bien utilizadas o cuando el propio estilo las justifica; hay grupos enormes que las incorporan de una forma totalmente lógica y con mucho sentido dentro de su show, y mola. El problema es cuando se convierten en una tapadera para un directo mal preparado, una banda poco ensayada o un concierto que no se sostiene si quitas el ordenador, y hemos visto bastante de eso.
También nos parece bastante absurda esa idea de que hoy, para sonar “profesional”, parece que tengas que llevar medio concierto programado. No creemos que eso te haga más pro ni menos pro. Está bien usarlas y está bien no usarlas. En nuestro caso, simplemente no las necesitamos y creemos mucho en hacer música por personas para personas, sin ordenadores de por medio. Queremos que haya riesgo, sudor, interacción, errores si tienen que ocurrir, canciones que se estiran, miradas entre nosotros y esa sensación de que está pasando algo real delante del público.
Ya hemos hecho algunas primeras fechas de rodaje, como Langreo dentro del Festival Internacional de la Cerveza Artesana, el Gijón Sound Festival o Alicante, en la presentación del Cream Pop. Y ahora empezamos a desplegar la gira de presentación.
De momento tenemos confirmadas estas fechas:
04/07 – Barbastro, Huesca – Festival Polifonik Sound
21/08 – Pola de Laviana, Asturias – Festival Regodón
10/10 – Gijón – Sala Lucy Club
16/10 – Valladolid – Sala Black Pearl
29/10 – A Coruña – Sala Mardi Gras
30/10 – Santiago – Sala Moon
31/10 – Ponferrada – Sala La Vaca
06/11 – Salamanca – Sala Music Factory
12/11 – Bilbao – Sala Cotton
13/11 – Pamplona – Sala Totem Aretoa
20/11 – Zaragoza – Sala Roze
21/11 – Santander – Sala Niágara
04/12 – Murcia – Sala Musik
05/12 – Valencia – Sala Matisse
11/12 – Badajoz – Sala Chat Noir
12/12 – Sevilla – Sala Fan Club
08/01/2027 – Lugo – Sala Jagger
09/01/2027 – Vigo – Sala La Fábrica de Chocolate
Y habrá más fechas por confirmar. Tenemos muchas ganas de llevar el disco a salas, que es donde de verdad se construye una banda, y de encontrarnos con la gente cara a cara.

Nos gustaría que nos contaseis todo sobre cada una de las canciones del disco: el significado, la inspiración, si hay alguna historia detrás, lo que sentís al tocarla en directo.
1-2. Intro / El club de los hipócritas
Para nosotros la “Intro” y “El club de los hipócritas” funcionan prácticamente como una misma pieza. Es la puerta de entrada al disco y también al imaginario de Año Soviético: esa mezcla de teatralidad, discurso, mala leche e ironía llevado un poco al absurdo.
La “Intro” plantea ese tono casi dictatorial, como si alguien estuviera inaugurando una especie de régimen emocional, social o generacional. Hay algo de proclama, de ceremonia, de presentación de un mundo. Nos interesaba que el disco no empezase simplemente con una canción, sino con una especie de entrada en escena, un prólogo.
“El club de los hipócritas” habla de la hipocresía como algo universal. No desde un lugar de señalar al resto como si nosotros estuviésemos por encima, sino todo lo contrario: todos formamos parte del club. Todos mentimos en mayor o menor medida, todos tenemos contradicciones, todos tenemos una pequeña colección de miserias, poses, secretos o medias verdades. Y quien diga que no, está mintiendo también.
Creo que la canción tiene bastante que ver con esta época de fachada permanente, de aparentar, de juzgar al resto, de construir una imagen pública más o menos limpia mientras por dentro todos tenemos nuestros trapos sucios. Nos interesaba hablar de eso con mala leche, pero también con humor. No queríamos hacer una canción moralista ni sermonear a nadie. La gracia está precisamente en asumir que estamos todos metidos en el mismo barro.
Musicalmente es una canción muy directa, muy de abrir la puerta de una patada. Tiene ese punto punk y casi de manifiesto, pero también un estribillo bastante reconocible, porque nos gusta que incluso las canciones más rabiosas tengan algo que puedas cantar y compartir. No necesita demasiada explicación: entra, golpea y coloca al oyente en un sitio concreto. Es una canción de actitud, de mirada frontal, de empezar diciendo «esto somos» sin pedir permiso.
3. Viernes sin ti
“Viernes sin ti” no habla tanto de echar de menos de una forma bonita o romántica, sino de un echar de menos bastante nocivo. Tiene más que ver con la dependencia, con las adicciones y con esa clase de vínculos o hábitos que sabes que te hacen daño, pero a los que vuelves igualmente.
La canción puede leerse desde muchos sitios: una relación tóxica, una dinámica social destructiva, el consumo, las drogas, la necesidad de validación, la fiesta entendida como huida o cualquier cosa que conviertes en refugio aunque en el fondo te esté jodiendo la vida. Nos interesaba esa idea de la ausencia como síndrome de abstinencia. No es «te echo de menos porque te quiero», sino «te echo de menos porque algo en mí se ha acostumbrado a esto, aunque sea malo».
Hay una contradicción muy humana ahí: saber que algo no te conviene y aun así desearlo. Querer salir de un sitio y, al mismo tiempo, sentir que no sabes funcionar fuera de él. Creo que la canción está bastante atravesada por eso, por esa mezcla de ansiedad, deseo, culpa y recaída.
Musicalmente tiene una energía muy directa, muy intensa, muy de banda y un estribillo muy pop, pero debajo hay algo turbio. Nos gusta ese contraste, como pasa muchas veces con las adicciones, donde todo puede tener un envoltorio atractivo, incluso divertido, mientras por dentro hay una dinámica destructiva.
4. Tu tema de pop
“Tu tema de pop” juega bastante con la idea de la canción hecha para gustar. Esa especie de fórmula aparentemente perfecta, amable, luminosa, fácil de cantar y de colocar, pero que muchas veces puede esconder bastante vacío detrás. Nos hacía gracia escribir una canción que, de algún modo, hablase de eso desde dentro: hacer “tu tema de pop” mientras señalas precisamente las trampas de ese lenguaje.
Tiene un punto de ironía bastante claro porque nosotros no renegamos del pop. Al contrario, nos gustan las melodías reconocibles, los estribillos y esa capacidad que tiene una canción de quedarse en la cabeza de alguien. Pero una cosa es utilizar esos recursos porque la canción los pide y otra muy distinta es fabricar algo pensando únicamente en agradar, en no molestar o en encajar dentro de una fórmula.
Musicalmente es curioso porque, siendo “el tema de pop” del disco, es también una de las canciones más largas y con una estructura más desarrollada. Tiene un recorrido que va más allá de la apariencia simple que puede tener de primeras. Creo que ahí hay algo muy Muñeca Rusa, o muy matrioska: canciones que parecen una cosa simple en la superficie, pero que esconden capas debajo.
5. Qué pasaría
Es una canción directa, rápida y provocadora. Habla del deseo, del impulso y de esa clase de situaciones en las que sabes perfectamente que algo puede salir mal, pero aun así hay una parte de ti que quiere acercarse al fuego. Tiene mucho que ver con la atracción por lo peligroso, por lo excesivo, por lo que no conviene del todo.
La frase «compartimos sexo y excesos» resume bastante bien el espíritu de la canción. No va de una historia de amor limpia ni idealizada, sino de una relación o una tensión mucho más física, más de choque. Hay deseo, hay adrenalina, hay juego, pero también hay una sensación de que todo eso puede arder en cualquier momento. De hecho, la imagen de «un contenedor ardiendo que nadie puede apagar» va bastante por ahí: algo feo, urbano, descontrolado, pero que no puedes dejar de mirar.
También hay un punto de pregunta constante, de tentación: «¿qué pasaría si…?». Esa fantasía de cruzar una línea, de probar algo, de dejarse llevar aunque sepas que quizá no deberías. Nos interesaba esa contradicción entre la lucidez y el impulso, entre saber que algo es un desastre y aun así querer vivirlo.
Musicalmente es uno de los temas más inmediatos del disco. Tiene ese punto nervioso, casi de salir corriendo, y un estribillo pensado para entrar rápido. Es una canción bastante de cuerpo, de sudor, de directo. No pretende ser elegante ni sofisticada en exceso; quiere morder, y dejarte con ganas de volver a darle al play.
En directo creemos que puede funcionar muy bien, precisamente por esa energía. Es una canción muy frontal, muy de moverse, muy de cantar sin pensar demasiado. Tiene algo de celebración sucia, de noche que se complica, de deseo mal gestionado.
6. Un buen momento
Es una de las canciones más luminosas del disco, al menos en apariencia. Tiene esa cosa de cierta celebración, pero debajo también hay un punto agridulce. Habla de esos instantes en los que intentas convencerte de que todo está bien, de que estás en un buen momento, aunque quizá por dentro no lo tengas tan claro.
La idea de la fiesta, de estar con gente, de cantar, de dejarte llevar, pero también esa sensación de fondo de que muchas veces celebramos cosas para no mirar demasiado lo que hay debajo. No necesariamente desde un lugar trágico, sino desde algo muy humano. A veces, uno necesita agarrarse a un buen momento aunque sea pequeño, aunque sea fugaz, aunque sepas que no va a arreglarlo todo.
Musicalmente es una canción que respira bastante, que tiene un punto más amable dentro del disco, pero sin perder nuestra forma de mirar las cosas. No queríamos que fuese una canción ingenua ni completamente feliz.
Además, cuenta con la colaboración de Jon Álvarez, de Tigre y Diamante, que para nosotros tenía todo el sentido. Hay una afinidad musical y personal con ellos, y su presencia en la canción aporta una textura muy especial. Nos juntamos por el placer de crear y del “a ver qué pasa”, si funcionaba o no iba a estar bien de igual manera. Ninguno de los dos grupos hacemos esto por y para el business.
En directo funciona como un falso breve respiro dentro del repertorio. Tiene esa energía de canción que se puede cantar con una sonrisa, aunque si te paras a escucharla del todo quizá encuentres algo más melancólico. Y ese equilibrio nos encanta.


7. SHOCK
“SHOCK” fue, de alguna manera, la primera canción genuinamente Muñeca Rusa. No porque lo anterior no lo fuese, sino porque ahí sentimos que empezamos a quitarnos los complejos y a hablar de lo que queríamos hablar sin pensar en nuestro entorno, ni en gustar a todo el mundo, algo que es imposible. Fue el primer adelanto de Año Soviético y creo que funciona bastante como una puerta de entrada a la parte más nerviosa, más incómoda y más agresiva del disco.
Es una canción que habla de una especie de colapso, de saturación, de vivir rodeado de estímulos, ruido, ansiedad, información, imágenes, violencia estética y emocional. Ese estado casi permanente de impacto y caos, de estar siempre recibiendo algo, siempre reaccionando a algo, siempre con el sistema nervioso encendido. De ahí viene un poco esa idea de “shock”: no solo como golpe, sino como estado mental.
También fue una canción importante porque nos permitió arriesgar más con el sonido. Aparecen elementos de electrónica, samples, cajas de ritmo y texturas más cercanas al techno o a la rave, pero mezcladas con guitarras y con una energía muy de banda. No queríamos que sonase a una banda intentando ponerse moderna por obligación, sino a una canción que pedía ser así: más sucia, más tensa, más de baile.
Creo que ahí entendimos mejor una parte de lo que podía ser Muñeca Rusa: canciones con mensaje, mala leche y estribillos, pero sin miedo a jugar con timbres que no pertenecen necesariamente al rock más tradicional. En ese sentido, “SHOCK” nos abrió una puerta creativa bastante grande.
También fue uno de los temas que empezó a mover más nuestro nombre. No vamos a hacer como si hubiese sido un pelotazo gigantesco porque sería bastante ridículo, pero sí notamos que la canción llegaba más lejos, que conectaba más y que había gente empezando a prestar atención de otra manera. Supongo que eso pasó porque era una canción hecha con bastante libertad y bastante honestidad, y así debe de ser toda creación artística.
En directo tiene mucha fuerza porque es muy inmediata y muy física. Es una canción de tensión, de cuerpo, de golpes, de electricidad. Tiene algo de descontrol controlado, que es algo verdaderamente bello: que parezca que todo está a punto de romperse, pero que la banda lo tenga agarrado por el cuello.
8. MASIVO
Es una canción bastante rabiosa y bastante irónica sobre toda esa cultura del éxito prefabricado, los gurús de internet, la productividad como religión y la idea de que todo en la vida tiene que convertirse en crecimiento, marca personal, rendimiento o negocio. Va un poco contra esa gente que te vende un método, un modo de vida o una supuesta fórmula para ser alguien, cuando en realidad muchas veces lo único que están haciendo es jugar con el tiempo, el dinero y las inseguridades de los demás.
Nos interesa mucho esa figura del vendehúmos contemporáneo: el cibergurú, el coach de saldo, el tipo que te dice cómo tienes que vivir, cómo tienes que trabajar, cómo tienes que pensar, cómo tienes que ganar dinero, cómo tienes que ser “masivo”. Hay algo muy ridículo y muy peligroso en todo eso, porque se disfraza de motivación o de superación personal, pero muchas veces no deja de ser una forma de estafa y manipulación.
La canción también habla de esa obsesión por aparentar que todo va increíble, por estar siempre construyendo una imagen de éxito aunque por dentro estés hecho polvo. Todo tiene que ser épico, todo tiene que ser grande, todo tiene que ser rentable, todo tiene que ser vendible. Y al final, acabamos midiendo la vida con parámetros bastante miserables. Esto es algo que nos pasa bastante a los grupos y artistas.
Musicalmente es uno de los temas más directos y más agresivos del disco. Tiene una energía muy punk, muy frontal, pero también ese punto de estribillo reconocible que nos interesa mucho. Nos gusta que una canción pueda tener mala leche y, al mismo tiempo, algo que puedas cantar casi como una consigna. En ese sentido, “MASIVO” tiene algo de himno deformado, de eslogan pasado por nuestra trituradora.
También fue una canción que nos permitió jugar mucho con el imaginario visual y con el sarcasmo. Toda la campaña alrededor del tema tenía ese punto de falsa doctrina, de método absurdo, de manual para convertirse en alguien supuestamente grande. Nos parecía divertido llevarlo al extremo, porque la propia canción ya funciona un poco como una parodia de todos esos discursos.
En directo es un disparo. Es una canción muy de tocar con los dientes apretados, y creemos que resume muy bien una parte de Muñeca Rusa: crítica, ironía, ruido, estribillo y ganas de prenderle fuego a todo.
9. Año soviético
“Año soviético” es, de alguna manera, el centro gravitatorio del disco. No solo porque le dé título, sino porque resume bastante bien el imaginario general de todo el álbum: la ironía, la épica deformada, la sensación de vivir dentro de un sistema absurdo, la propaganda emocional, la derrota cotidiana y esa especie de revolución íntima que nunca termina de llegar.
La canción juega con esa idea de lo soviético no desde un lugar histórico literal, sino como símbolo. Nos interesaba más como estética, como lenguaje y como metáfora: el sacrificio, el trabajo, la obediencia, la promesa de un futuro glorioso que nunca acaba de cumplirse, la épica del esfuerzo llevada casi al ridículo. Hay algo bastante generacional en eso también: la sensación de estar siempre empujando, siempre produciendo, siempre intentando llegar a algún sitio, mientras todo alrededor parece una maquinaria enorme que te pasa por encima y te aplasta sin piedad.
También tiene bastante que ver con la idea de resistir, de seguir adelante aunque el contexto sea hostil, aunque el panorama no sea especialmente amable, aunque muchas veces todo parezca bastante absurdo. Hay una mezcla de rabia y humor ahí que para nosotros es importante. No queríamos hacer una canción solemne sobre “la lucha” ni nada parecido, sino celebrar el desastre mientras intentas sobrevivirlo y sigues peleando día tras día.
En el contexto del disco funciona casi como una declaración de identidad. Después de varias canciones que hablan de deseo, dependencia, superficialidad, ansiedad o vendehúmos, “Año soviético” aparece como una especie de síntesis de todo ese mundo. Es la bandera clavada en medio del caos. Y al mismo tiempo una canción divertida que solo busca eso, broma y entretenimiento, esa cosa de cantar como si estuvieras levantando una barricada, aunque sea una barricada emocional y ridícula.
10. El último brindis del año
Es una canción especial dentro del disco porque no nace originalmente como una canción nuestra, sino como una versión de Babylon Chat, que es un grupo que para nosotros tiene un peso emocional y musical importante. Nos apetecía rescatarla y llevarla a nuestro terreno porque sentíamos que conectaba muy bien con nuestro universo soviético: esa mezcla de celebración, decadencia, fin de fiesta y melancolía.
Tiene una cosa muy de cierre de ciclo, de estar brindando por algo que se acaba sin saber muy bien si lo haces por alegría, por tristeza o por pura supervivencia. Ese último brindis puede ser una despedida, una celebración, una huida o una forma de decir: «Bueno, seguimos aquí, que ya es bastante». Nos gustaba mucho esa ambigüedad.
La colaboración de Igor Paskual también tiene todo el sentido del mundo aquí. Por un lado, por su vínculo obvio con Babylon Chat y por todo lo que representa dentro de esa tradición; por otro, porque Igor ha sido una figura fundamental en este disco y nos parecía muy bonito que también estuviera presente como intérprete en una canción así. Su voz aporta carácter, peso y una especie de autoridad emocional que la canción necesita. Dentro del disco funciona como un momento distinto, más dramático, y en directo tiene algo muy bonito porque invita a cantar desde otro sitio y a recordarle a todo el mundo que en España tenemos un magnífico productor, músico, compositor e historiador llamado Igor Paskual, que es mucho más que “el guitarra de Loquillo”.

11. Vivir esperando
“Vivir esperando” habla un poco de esa sensación de tener siempre la vida puesta en pausa, de estar esperando a que llegue algo, a que pase algo, a que todo cambie, a que por fin empiece la parte buena. Y mientras tanto, vas tirando, vas sobreviviendo, vas aparentando que todo está más o menos bien, aunque muchas veces no sea verdad.
Tiene bastante que ver con esa idea de vender humo, incluso hacia nosotros mismos, de construir una fachada, de proyectar una imagen de que todo va guay, de que estás avanzando, de que tienes las cosas bajo control, cuando en realidad muchas veces estás perdido, cansado o directamente esperando no sabes muy bien qué. Hay algo muy contemporáneo en eso: vivimos rodeados de estímulos, de escaparates, de vidas ajenas aparentemente perfectas, y es muy fácil entrar en esa dinámica de fingir que tú también estás en un buen sitio.
La canción también habla de la frustración que hay en esa espera, porque esperar puede ser cómodo durante un rato, casi una excusa para no moverte, pero también puede convertirse en una condena. Puedes pasarte la vida esperando el momento adecuado, la oportunidad perfecta, la señal que te diga qué hacer, y al final lo único que pasa es el tiempo y tu vida con él.
Musicalmente tiene un punto más melancólico, pero no queríamos que fuese una canción derrotista. Tiene melodía, tiene una especie de empuje interno y ese contraste que nos gusta entre una letra que mira a un sitio un poco oscuro y una canción que no se queda del todo quieta. Como si, aunque estés hablando de bloqueo o de espera, hubiese todavía algo dentro intentando moverse, combatiendo.
Dentro del disco funciona como una canción más emocional, pero también bastante crítica. No tanto desde la mala leche frontal de “MASIVO” o “El club de los hipócritas”, sino desde una incomodidad más íntima. Esa cosa de darte cuenta de que quizá llevas demasiado tiempo esperando a que la vida ocurra, cuando igual la vida era precisamente esto.
12. El día que vi llover
“El día que vi llover” es el cierre del disco y quizá una de las canciones más íntimas dentro del mismo. Después de toda la rabia, la ironía, el ruido, el sarcasmo y la velocidad de otros temas, aquí aparece algo mucho más vulnerable, más suspendido y más cinematográfico. Es como si bajásemos las armas, aunque no necesariamente para encontrar paz.
La canción habla de la muerte, de llorar, de dejar marchar, de ese momento en el que entiendes que hay cosas que no puedes retener, personas, etapas o lugares a los que no puedes volver. Tiene algo de final de trayecto, de mirar atrás y asumir ciertas pérdidas. No es una canción luminosa en su punto de partida, pero tampoco la entendemos como una rendición absoluta. Hay tristeza, claro, pero también hay una belleza extraña en aceptar el dolor. La lluvia funciona un poco como imagen de todo eso: algo que cae, que limpia, que molesta, que acompaña y que al mismo tiempo lo cubre todo.
Musicalmente es nuestro lado más brit, creo, además fue una de las canciones que más creció en el estudio. Podría haber funcionado de una forma mucho más desnuda, pero terminamos grabando hasta un cuarteto de cuerda en la coda y haciendo varias capas y doblajes para generar una sensación casi de pequeña orquesta de cámara.
Y creo que precisamente en esa coda final, cuando entra la cuerda y todo se abre, aparece una especie de esperanza del después, como el sol tras la lluvia. No borra lo anterior, no niega la pérdida ni la tristeza, pero sí deja una puerta abierta. Es el momento en el que el disco parece decir: «Vale, esto ha terminado, pero todavía quedan canciones por crear, lugares por descubrir y cosas por vivir». Nos gusta mucho como cierre. No intenta resolver del todo el disco ni dar un final feliz evidente, es más bien una última imagen, una última escena después de todo el ruido, una puerta hacia el futuro de Muñeca Rusa.
Finalmente, un deseo. ¿Qué esperáis conseguir o que os traiga este nuevo disco? ¡Mucha suerte!
Esperamos que Año Soviético encuentre a su gente y nos permita seguir creciendo como banda. Que las canciones lleguen a quienes tengan que llegar, que se hagan un hueco en sus vidas, y que nos abran camino para tocar cada vez más y defender este disco en todos los escenarios posibles.
También esperamos que nos acerque un poco más a convertir esto en nuestro trabajo y en nuestro sustento. Porque sí, hacemos música por necesidad, por amor propio y porque no sabemos vivir sin hacer canciones, pero también queremos que esto pueda sostenerse. Y qué leches… desde luego que queremos petarlo. No creo que haya que esconderlo ni disfrazarlo de falsa humildad.
Sabemos que el camino va a ser largo, y también esperamos que este disco y su gira no nos sepulten económicamente, eso tampoco estaría mal, pero tenemos claro que vamos a pelearlo todo lo que haga falta y más, que es como estamos acostumbrados a hacer las cosas. Queremos más conciertos, más canciones, más lugares, más gente alrededor y más oportunidades para seguir construyendo Muñeca Rusa desde la libertad, desde la honestidad y desde el trabajo duro. Al final, la música se abre paso.
Escucha «Año Soviético» de Muñeca Rusa a continuación:
Comparte tus opiniones en CrazyMinds, nuestras redes sociales (Instagram, Twitter, Bluesky o Telegram) o nuestro canal oficial de Whatsapp.

