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Sofía Comas – Tecuán Caroca / Canción a Canción

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Sofía Comas debutó en 2020 con El verano será eterno, al que sucedió en 2023 A un pájaro rojo, y en ambos trabajos se materializaba el universo creativo de esta cantautora de origen español y canadiense afincada en Madrid. En dichos álbumes exploraba sentimientos muy íntimos y eran el resultado de sendos viajes interiores en los que ella misma consiguió conocerse mejor y sanar algunas heridas aún recientes. Ahora regresa con Tecuán Caroca, su nuevo disco, con el que se adentra de lleno en el imaginario mexicano, tanto en fondo como en forma.

Tecuán Caroca es un álbum que habla de amor en todas sus vertientes. Habla de quien ama y de quien es amado, de la necesidad de una cosa y la otra, de todo lo que supone para el ser humano sentir de esa manera. Para ello, Sofía Comas se sirve de géneros como el bolero, la ranchera o el son jarocho, y de todo un mundo conceptual donde México y España se encuentran y dan sentido a lo que la autora pretende contarnos. Dejamos que ella la que nos explique mejor todo lo que supone y significa este Tecuán Caroca.

Bienvenida a CrazyMinds. Lo primero, preséntate y preséntanos tu nuevo disco.

Hola, soy Sofía Comas y estoy presentando mi nuevo álbum, Tecuán Caroca, un canto al amor, para que no olvidemos que hemos venido al mundo a amar y a ser amados.

El disco nace del encuentro entre la fuerza y la ternura: “tecuán” significa jaguar y “caroca” remite a la caricia. A través de boleros, rancheras, baladas y sones inspirados en el cancionero mexicano, intento explorar todas las formas del amor: el deseo, la vulnerabilidad, la pérdida, la celebración y también esa obstinación hermosa de seguir queriendo a pesar de todo.

Es un álbum atravesado por una idea que me acompaña desde hace tiempo: “No ser amado es mala suerte, no saber amar es una desgracia”.

¿Desde cuándo y cómo podemos escucharlo?

El álbum salió el pasado 24 de abril y ya puede escucharse al completo en todas las plataformas. Está editado por Everlasting Records y también hay una edición en vinilo bien preciosa.

¿Dónde y con quién lo has grabado?

Este disco ha sido producido y grabado entre Madrid y Ciudad de México. He tenido la suerte de construirlo junto a Pau Vegas, desde Madrid, y Rafa Durán, desde México, además de contar con una canción producida aquí en Madrid junto a la mexicana Tatiana Ditilenko, en un proceso compartido entre las dos.

La mayor parte del equipo de músicos que participa en el álbum es de Ciudad de México, y también he contado con la complicidad creativa del compositor mexicano afincado en Madrid Erick Garcés Ramírez, con quien he escrito algunos de los temas de manera conjunta.

Además, el disco reúne varias colaboraciones que me ilusionan mucho : Leiden, Sonex, Javiera Mena y Nacho Vegas, artistas admirados que han contribuido a enriquecer este universo musical tan profundamente atravesado por el diálogo entre España y México.

Si tuvieras que definir el disco, su significado, su sonido, sus influencias… ¿Cómo lo harías?

Este álbum está inspirado en el cancionero mexicano, por las canciones y las poéticas de autores como José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, Agustín Lara o Consuelo Velázquez, así como por tradiciones musicales como el son jarocho, el bolero, la ranchera, la balada o la cumbia.

Sin embargo, la intención de Tecuán Caroca no es recrear ni emular estos géneros de manera ortodoxa, sino dejarme atravesar por ellos y dialogar con sus formas de nombrar el amor, el deseo, la pérdida y la celebración. Son lenguajes musicales que me inspiran, que me acompañan y que me permiten encontrar nuevos matices para expresar mi propio universo creativo.

Venga, comparte con nosotros alguna gran anécdota graciosa, surrealista o incluso perdida del periodo de grabación

Una anécdota divertida del disco tiene que ver con las canciones “El precipicio” y “Canción popular”. Yo quería que sonaran como una cantina llena de vida, con gente brindando, riéndose, jaléandose unos a otros y acompañando las canciones desde el fondo, como sucede en esas noches en las que todo el mundo acaba cantando.

Así que decidí fabricar mi propia cantina improvisada: invité a varios amigos del colectivo Son Jarocho Madrid, les serví unos buenos traguitos de mezcal para ayudar a la inspiración y los coloqué alrededor de un micrófono.

Así que, en cierto modo, esas canciones contienen una pequeña cantina madrileña creada gracias a la amistad, al cancionero mexicano… y a la magia del mezcal.

¿Qué planes tienes para presentarlo en directo? ¿Fechas y/o festivales que ya tengas confirmados?

Tras una primera gira de presentación del álbum en México —porque Tecuán Caroca nació allí y sentía que tenía que presentarlo primero en esa tierra para traerlo de vuelta a Madrid con todo su sabor y su esencia—, continúo compartiendo estas canciones en distintos escenarios.

Estaré el próximo 9 de julio en Zamora, dentro de Ágoras, un ciclo precioso que sucede en algunos de los rincones históricos más bellos de la ciudad, y el 11 de julio en Los Veranos del Botánico, en Parla.

Seguiré anunciando nuevas fechas, pero quiero aprovechar para compartir una cita muy especial: el próximo 2 de octubre estaré en el Café Berlín de Madrid, celebrando la puesta de largo de Tecuán Caroca en mi ciudad. Será una ocasión muy emocionante para reunir todas estas canciones y compartirlas en casa.

Nos gustaría que nos contases todo sobre cada una de las canciones del disco: el significado, la inspiración, si hay alguna historia detrás, lo que sientes al tocarla en directo.

1. Tecuán Caroca

Es la canción que da nombre al álbum y la que invoca al personaje que atraviesa todo este relato: ese jaguar romántico que ha venido al mundo a amar y a que le quieran.

Para imaginar esta canción pensé en el bolero, en el son y en un hotel inmenso con habitaciones que conducen a distintas épocas, un lugar donde puedes abrir una puerta y encontrarte en el presente o aparecer de pronto en los años cincuenta.

Con esta canción nació también una de las imágenes que me acompañó durante todo el proceso creativo del disco: la idea de que los coristas de Tecuán Caroca serían unos hombres elegantemente trajeados, como un coro salido de una película de la edad de oro del cine mexicano.

2. El precipicio

Está inspirada en la cumbia sonidera.

Cuando empecé a escribir la letra y apareció el estribillo, todavía no sabía que acabaría siendo una cumbia. Compuse esta canción junto a mi amigo Mateo Cuarón, y pronto nos dimos cuenta de que, en realidad, estábamos intentando responder a una pregunta muy sencilla: ¿qué es la vida?

Y llegamos a una conclusión: la vida es caminar al borde de un precipicio. A veces avanzamos abrazados a alguien, sintiéndonos acompañados y sostenidos, y otras veces nos toca recorrer ese camino en soledad, con todas nuestras dudas, incertidumbres y vértigos.

Por eso, sentimos que la mejor manera de afrontar esas preguntas existenciales era hacerlo a ritmo de cumbia, que hace que el peso de las cosas se vuelva más ligero, nos invita a bailar y a recordar que incluso en medio del vértigo siempre hay espacio para la alegría.

3. Ranchera protectora

Está inspirada en la ranchera porque, como bien me dijo mi querida amiga Leiden, con quien tengo la suerte de cantar esta canción, uno puede cantar ranchera cuando ya le ha dolido la vida. Esa frase se me quedó grabada y pensé que no solo podía cantarla, sino también escribir una canción inspirada en ese universo.

“Ranchera protectora” es una especie de conjuro para cuidarnos de los villanos que aparecen en nuestras vidas. La mejor manera de protegernos es a través de quienes nos aman, nos sostienen y nos acompañan.

4. Ojalá la vida

Es la canción del ardido. Pero más que una canción triste, “Ojalá la vida” busca abrazar ese personaje con cierta ternura y sentido del humor. Porque a veces, cuando el amor nos sale mal, no queda otra que cantar, exagerar un poco el drama y seguir adelante con una sonrisa.

Musicalmente, quería mezclar ese melodrama que tan bien saben expresar en México, esa manera tan hermosa de habitar la intensidad emocional, con un elemento completamente distinto: un bajo sucio, áspero y muy presente, inspirado en el universo sonoro de St. Vincent.

5. Andares

Es una canción que empecé a escribir antes incluso de saber que este iba a ser mi siguiente disco. Y, sin darme cuenta, la propia canción ya estaba marcando un camino: me estaba diciendo que mis pasos iban a llevarme hacia nuevas tierras.

Habla de ese momento en el que lo desconocido puede dar miedo, pero también abre una posibilidad hermosa. La posibilidad de descalzarse, sentir la tierra bajo los pies y atreverse a pisar lugares nuevos hasta que, poco a poco, también puedan convertirse en hogar.

Para mí, “Andares” es una canción sobre el movimiento, la confianza y el viaje: sobre seguir caminando aunque no sepamos del todo hacia dónde, dejando que el propio camino nos revele algo de lo que somos y de lo que todavía podemos llegar a ser.

6. Te quiero y te quiero

Es mi pequeño homenaje a las grandes baladas románticas. Para escribirla me inspiré en canciones de José José, Juan Gabriel y en el universo sonoro de grupos como Los Terrícolas o Los Ángeles Negros.

A lo largo de este disco he querido explorar cómo el amor puede volvernos fuertes precisamente porque nos hace vulnerables. Y creo que decir “te quiero” es uno de los gestos más valientes, sencillos y hermosos que existen.

Por eso, quise hacer una canción que dijera “te quiero” todas las veces posibles. Una canción que celebrara el afecto sin pudor, que reivindicara la importancia de expresar lo que sentimos y que recordara que, al fin y al cabo, nunca está de más decir “te quiero” una vez más.

7. Amor yo di de sobra

Con esta canción aprendí que el mejor lugar para el rencor es la música, porque allí puede transformarse y salir del cuerpo. He aprendido a cantarle a esos sentimientos incómodos, a nombrarlos sin miedo y a dejarlos ir a través de la canción.

En eso me ha enseñado mucho José Alfredo Jiménez: a expresar con elegancia e ironía aquello que nos duele, nos enfada o nos avergüenza sentir. Porque también hay belleza en sacar afuera las emociones que no nos gustan.

Y pensé: ¿para qué dedicarle una canción a cada mal amor cuando puedes reunir a varios en una sola? Así, uno se desahoga de una vez y se quita un peso de encima.

8. El amar y el querer

Es una reinterpretación del clásico que popularizó José José y escribió Manuel Alejandro. Para mí, esta canción es la raíz de todo este álbum. La escuché muchísimo durante el proceso de creación, incluso antes de saber con claridad qué forma iba a tomar el disco, y de algún modo ya estaba señalando el camino.

Su letra expresa con enorme belleza una idea que atraviesa todo Tecuán Caroca: amar implica un compromiso profundo con el otro y con la propia vulnerabilidad. Amar no huye del sufrimiento ni pretende evitarlo, sino que lo acepta como parte inevitable del vínculo.

Por eso siento que esta canción contiene una gran verdad: querer puede ser un impulso, un deseo o un anhelo, pero amar es una decisión cotidiana, una práctica que requiere valentía. Y quizá por eso no todos sabemos amar, aunque todos deseemos ser amados.

9. La Menudita

“La Menudita” es mi canto de amor al son jarocho, género musical de Veracruz que tanto adoro, cuya poesía me inspira profundamente y del que sigo aprendiendo cada día. Amo la música popular, siento un acto de comunión colectiva muy necesario en estos tiempos.

Esta canción la compuse junto a Sonex y tuve la suerte también de contar con unos versos de Joel Cruz Castellanos. Tanto Sonex como Joel son grandes figuras del son jarocho y nunca pensé que tendría la suerte de compartir con ellos.

El son jarocho me parece que contiene algunos de los versos más puros que conozco, y de ahí que me naciera que esta canción le cantara al amor incondicional, quizá una de las formas de amor más hermosas y también más complejas que existen.

Su título, además, está inspirado en un precioso bolero de Tata Nacho que descubrí en un cancionero mexicano y que me acompañó durante todo el proceso de escritura.

10. Canción popular

Es un canto a la sorpresa de haber encontrado en México otro hogar. Me imagino cantándola en una cantina o en una taberna, subida encima de una mesa, diciéndoles a todos aquellos que acabo de conocer que nunca imaginé que los iba a querer tanto, ni que ellos me iban a querer a mí.

Para esta canción conté con la letra de Gonzalo Escarpa. Le conté exactamente esa sensación y le di diez minutos de margen para que escribiera los versos que después yo musicalicé. Quería que estuviera impregnada de esa idea de canción que podría haber escrito yo hoy, pero que también podría haber existido hace cincuenta años.

Musicalmente nos inspiramos en rancheras clásicas, como “Mi última primavera” de Vicente Fernández, buscando unos arreglos tradicionales que ayudaran a sostener esa sensación de atemporalidad. Porque, al final, hay emociones que pertenecen a todas las épocas: la gratitud, el asombro y la alegría de descubrir que, de pronto, uno tiene un hogar más en el mundo.

Finalmente, un deseo. ¿Qué esperas conseguir o que te traiga este nuevo disco? ¡Mucha suerte!

Más que pensar en qué espero de este disco, me gusta pensar en lo que quiero hacer con él: cantarlo en México, cantarlo en España, ir de aquí para allá maleta y canciones en mano lo más que pueda.

También deseo compartir estas canciones con los músicos y artistas que se sumen al proyecto, que las hagan suyas, que se transformen en el escenario y que terminen perteneciendo un poco a todos.

Porque, en el fondo, es un disco pensado para cantar juntos y para recordar, aunque sea por un rato, una de las cosas más importantes de la vida: el amor.

Escucha «Tecuán Caroca» de Sofía Comas a continuación:

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.