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El alma incombustible de los Stones: La eterna juventud de Ronnie Wood

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Nadie sabe si todo está escrito, si lo que pasa en la vida es casualidad o vamos moldeando nuestro destino y el de los demás. ¿Quién le diría a Ronnie que, gracias a su mujer, se convertiría en un Rolling Stone?

Una noche cualquiera en el club Tramp de Londres, la esposa de Wood, Krissie, vio al fondo del local a Keith Richards y se acercó a saludarlo. Keith no pudo evitar sonreír al ver cómo una chica rubia se le aproximaba.

—Eh, hola, soy Krissie Wood, la mujer de Ronnie Wood.

Hey, hola, encantado —saludó Keith con su voz ronca—. ¿Cómo estás? ¿Qué tal anda Ronnie?

—Está grabando en nuestra casa de Richmond. ¿Te gustaría venir?

—Joder, me encantaría ver a Ronnie. Vamos.

Keith pagó la cuenta y, sin vacilar un solo instante, se montó en el coche dirección a Ronnie’s House.

Corrían finales de 1973 en Richmond, Londres. En esta localidad, nuestro protagonista tenía su mansión y, en ella, su propio estudio de grabación: The Wick. La casa de ‘Woody’ era uno de esos lugares míticos por los que pasaban músicos del calibre de Eric Clapton, George Harrison, David Bowie o sus antiguos compañeros de Faces. Durante todo ese año tuvo la espina clavada de hacer su propio álbum en solitario.

En ese escenario, Ronnie empezó las sesiones de su primer trabajo, I’ve Got My Own Album to Do. Nuestro hombre siempre ha tenido la capacidad de caerle bien a todo el mundo: amado por todos, odiado por ninguno. Las sesiones de grabación eran toda una fiesta por la que desfilaban multitud de celebridades. Ese día en concreto se reunían en el estudio Ronnie, Willie Weeks (Doobie Brothers) al bajo, Andy Newmark (batería de sesión para John Lennon, Bowie, B.B. King o Clapton) e Ian McLagan, teclista junto a Ronnie en Faces.

La puerta se abrió y tras ella apareció Keith Richards.

Hey, ¿qué pasa? Me han dicho que había una fiesta y que necesitabais sal.

Ronnie saltó de alegría al verlo.

—¿Sabes tocar? —bromeó Wood mientras le pasaba una guitarra.

Transcurrieron las horas de la noche entre jams, conversaciones sobre blues y repasos a sus carreras musicales. Keith se quedó a dormir y, al día siguiente, Ronnie lo despertó.

—Terminemos lo de ayer.

—Sí, pero tengo que volver a casa, a Cheyne Walk.

—No hace falta; con que te traigas un poco de ropa, listo.

Los días fueron pasando y Keith seguía como inquilino. Tan a gusto estaba que hasta su mujer, Anita Pallenberg, se instaló allí. Los Stones se habían tomado un descanso, así que durante semanas Keith se involucró de lleno en el disco. La magia entre ellos acababa de germinar.

Unos pocos meses después, al empezar la grabación del nuevo LP de los Stones, Mick Taylor abandonó la banda de la noche a la mañana. La estabilidad de los Rolling se tambaleaba; el puesto de Mick o de Brian Jones era una vacante que casi nadie era capaz de cubrir. Probaron a varios guitarristas, entre ellos Jeff Beck, pero la química y el feeling que tenían con Ronnie eran imbatibles. Wood grabó la mayor parte del disco e hizo su primera gira con ellos por los Estados Unidos sin ser aún miembro oficial. Mientras tanto, los Faces estaban irremediablemente rotos: la carrera solista de Rod Stewart iba viento en popa y no le hacía falta estar en un grupo. Los Faces… no volverían. Por problemas contractuales y burocráticos, hasta que la banda no se disolvió definitivamente, Ronnie no pudo ser nombrado integrante oficial de los Stones.

Llegó febrero de 1976 y Ronnie se convirtió formalmente en un Rolling Stone. El resto es historia.

Música en las venas y pinceles en la mano: Primeros pasos

¿Cómo llegó la música a la vida de Ronnie Wood? Nunca llegó del todo porque ya estaba instaurada en su familia, que celebraba a menudo fiestas en las que se escuchaba blues y jazz; posteriormente, sus hermanos montaban sus propias reuniones en las que tocaban en directo. En casa de los Wood había piano, armónicas y alguna guitarra. Cuando cumplió cierta edad, sus hermanos le regalaron una guitarra española, con la que aprendió a tocar ese blues que tanto le apasionaba.

Su faceta artística no solo era musical: también se dedicaba a diseñar anuncios publicitarios y a pintar. Tan importantes han sido los pinceles para él que todavía, rozando los 80 años, sigue pintando con la misma ilusión del primer día.

Tras unos años de aprendizaje y de tocar con músicos afines, su carrera profesional arrancó de verdad al unirse a The Birds (no confundir con los estadounidenses The Byrds). Con ellos ascendió a un peldaño profesional: tocaban bastante a menudo, contaban con una base considerable de seguidores y publicaron varios sencillos a lo largo de los sesenta. En los tres años que duró la formación no sacaron ningún álbum de larga duración; una colección de EPs fue todo lo que dejaron para la posteridad.

1967: Salto a la gran liga con Jeff Beck

En 1967, The Birds dejaron de volar. Aunque, visto en perspectiva, nuestro pájaro siempre ha sabido adaptarse a todo. Ese mismo año, Jeff Beck, tras dejar The Yardbirds, montó su proyecto en solitario, The Jeff Beck Group, en el que figuraba también Rod Stewart a la voz. Lo curioso es que Ronnie entró inicialmente como guitarrista rítmico, pero tras varios cambios efímeros de alineación, Beck lo convenció para pasarse al bajo. Ronnie contaba con apenas 20 años y se subía al escenario con un Beck que ya había conquistado la escena del blues moderno.

Durante dos intensos años, Ronnie vivió mil aventuras acompañando a Jeff y a su ya inseparable colega Rod Stewart. El primer sencillo que gozó de cierto éxito fue ”Hi Ho Silver Lining”, que llegó al número 14 en las listas de Estados Unidos. A lo largo de 1968, Beck y compañía se sentían frustrados al notar que no avanzaban, hasta que su mánager de entonces, Peter Grant, consiguió llevarlos a América para una minigira. Allí ofrecieron sus conciertos más importantes hasta la fecha, teloneando durante cuatro noches a Grateful Dead en el Fillmore East. Esas actuaciones fueron feroces y explosivas, gustando tanto a la crítica que les valieron un contrato discográfico con Epic Records.

Ronnie ya tenía en sus manos lo que había anhelado durante años: ¡un contrato discográfico! Volvieron a Inglaterra con los instrumentos echando humo para grabar lo que sería su álbum Truth, que alcanzó el número 15 en las listas estadounidenses. Aquellas sesiones contaron con una nómina de auténticas leyendas: Keith Moon (The Who) a la batería, John Paul Jones (futuro Led Zeppelin) al Hammond y Nicky Hopkins (colaborador de los Kinks, Donovan o los propios Stones) al piano.

Tras las grabaciones, la formación principal de The Jeff Beck Group regresó a EE. UU. para otra gira. Durante ese tour, Jimi Hendrix, gran admirador de Beck, tocó junto a ellos en varias fechas. La química entre Ronnie y Hendrix fue espectacular desde el primer momento. Llegaron a compartir piso durante semanas; Hendrix admiraba cómo Ronnie tocaba el bajo, y en el apartamento solían escuchar discos y tocar hasta quedarse dormidos.

Llegado el verano de 1969, a escasas semanas de actuar en el legendario festival de Woodstock, The Jeff Beck Group se separó.

Ronnie junto a Rod Stewart actuando con Faces. Foto: Getty Images.

Guitarras salvajes y copas en el escenario: La bendita locura de los Faces

Apenas un mes después de la separación del grupo de Jeff Beck, Wood y Stewart se unieron a los antiguos miembros de Small Faces y comenzaron a grabar el primer álbum en solitario de Rod, An Old Raincoat Won’t Ever Let You Down. Acto seguido, ya entrados en 1970, Ronnie (de vuelta a la guitarra) y Rod se aliaron con Ian McLagan, Ronnie Lane y Kenney Jones para completar la formación de los Faces.

En 1970 lanzaron su primer disco, First Step, que sirvió para consolidar su sonido. Los Faces eran un grupo de directo: sus actuaciones eran salvajes, con un Rod Stewart inigualable como frontman y una banda en la que la química se palpaba en el ambiente. Cada uno aportaba un matiz diferente: Ronnie Lane al bajo ponía el toque soul y folk; Wood añadía el sonido del blues eléctrico más incisivo; McLagan aportaba la fuerza al piano y al Hammond; y Stewart encarnaba la parte más seductora y provocadora, perteneciendo a la estirpe de Jagger, Morrison o Janis Joplin.

Aunque no tenían grandes éxitos de ventas iniciales, sus conciertos siempre se llenaban. Entre giras, sesiones de estudio y fiestas se les fue 1970 para dar paso a un 1971 prolífico: los Faces sacaron dos álbumes el mismo año y Stewart publicó otro en solitario. Con esos trabajos, el grupo encontró su identidad. Ahí vimos a una banda en estado de gracia y a un Ronnie que ya no era solo un guitarrista solvente, sino que desplegaba de lleno su faceta como compositor. De su mano nació uno de los mayores éxitos de la historia del grupo: “Stay With Me”, incluido en A Nod Is as Good as a Wink… to a Blind Horse.

Durante todo ese año, los Faces se hicieron famosos tanto por sus directos como por sus descontroladas fiestas. Destrozaban hoteles y las bromas pesadas entre miembros eran constantes. Llevaron el concepto de la fiesta a tal extremo que instalaron una barra en el propio escenario con un camarero dedicado a servirles copas mientras actuaban.

1973: El año de la encrucijada

El año 1973 determinó el rumbo definitivo de su carrera. La carrera en solitario de Rod Stewart comenzó a eclipsar a la de los Faces, y los propios miembros veían que el grupo se desvanecería tarde o temprano. El primero de los acontecimientos del año fue la salida del último disco de la banda, Ooh La La. Este trabajo nos mostró a Ronnie llevando la voz principal en el tema homónimo, Ooh La La, coescrito junto a Ronnie Lane. Como Rod Stewart se negó a cantarla, «Woody» asumió el reto, se acercó al micrófono y dejó para el recuerdo su faceta como vocalista solista.

Meses después, Lane dejó el grupo desanimado por el menor interés de Rod en la banda y por la tibia recepción del álbum. Para Wood fue un duro golpe, ya que gozaban de una amistad muy estrecha, componían juntos y hacían vida en común. Los Faces siguieron adelante incorporando a Tetsu Yamauchi (exmiembro de Free) y las actuaciones mantuvieron un nivel altísimo, recayendo todo el peso escénico en Ronnie y Rod.

A finales de 1973, Wood empezó a mirar hacia nuevas metas. En The Wick comenzó a dar forma a su primer disco en solitario, I’ve Got My Own Album to Do. Toda una declaración de intenciones cuyas sesiones desfilaron multitud de colegas dejando su huella. En esas sesiones entabló una estrecha relación con Mick Jagger y Keith Richards, unos encuentros que cambiarían la historia del rock. Junto a los Stones, por el estudio pasaron George Harrison, Eric Clapton y sus propios compañeros de grupo. Los Faces todavía existían, pero Ronnie ya estaba empezando a tocar con el futuro.

De una puerta que se cierra a otra que se abre

Bajo el frío cielo de Múnich, en diciembre de 1974, los Stones aterrizaban para preparar las bases de su próximo disco, Black and Blue. Mick Taylor llevaba media década en la banda desde que sustituyera a Brian Jones. Durante su etapa había grabado algunos de los discos más aclamados de la formación, como Sticky Fingers, Exile on Main St., Goats Head Soup o It’s Only Rock ‘n’ Roll.

Apenas un par de días antes de empezar las sesiones, Taylor abandonó por sorpresa al grupo. Como declaraba Keith Richards en sus memorias: «Su partida nos hacía polvo; habíamos empezado a planear una gira por Estados Unidos. Nunca pudo explicar por qué se iba, creo que ni él lo sabe todavía». Los Stones volvían a enfrentarse a la eterna pregunta: ¿quién podía ocupar el espacio que quedaba al otro lado del escenario?

La respuesta la tenían más cerca de lo que pensaban. Al barajar candidatos, el nombre de Ronnie apareció de inmediato. Keith recordó las semanas conviviendo en casa de Wood y las confidencias sobre los problemas de los Faces, así que apostó por él.

Ronnie Wood contaba con una ventaja que no aparecía en ninguna prueba técnica: llevaba años aprendiendo el oficio de tocar en banda. Jeff Beck le había enseñado a escuchar y los Faces a dominar el escenario. Había tocado el bajo y la guitarra, compuesto, cantado y recorrido miles de kilómetros en la carretera. Sabía que una guitarra no siempre tiene que estar en primer plano: a veces debe esperar, a veces responder y otras desaparecer para dejar hablar a la otra. Eso era precisamente lo que encajaba con el estilo de Keith Richards.

Wood se ganó el puesto por su versatilidad y por su dominio de la guitarra slide, que tocaba como nadie según el propio Keith. Las grabaciones avanzaron satisfactoriamente y, en el verano de 1975, arrancó la gira americana. Aquel tour fue un circo itinerante de estadios abarrotados, un escenario en forma de flor de loto y extravagancias como el célebre pene hinchable de doce metros que Jagger desplegaba en escena. En medio de semejante bacanal, Ronnie se movía por las tablas con absoluta naturalidad.

Durante meses vivió en un extraño limbo: por las noches se dejaba la piel con la banda de rock ‘n’ roll más grande del planeta, pero al bajar del escenario seguía siendo técnicamente miembro de los Faces. La realidad se impuso en diciembre de ese año cuando Rod Stewart anunció la disolución definitiva del grupo, despejando el último obstáculo contractual.

En febrero de 1976 llegó el comunicado oficial: Ronnie Wood era formalmente un Rolling Stone de pleno derecho.

Proyectos paralelos y vía de escape solista

Paralelamente a su actividad con los Stones, Ronnie nunca dejó de explorar su faceta en solitario:

  • Now look (1975): Lanzado apenas un año después de su debut y justo en pleno proceso de transición hacia los Rolling Stones, Now Look es el disco donde Ronnie afianzó su sonido soul-rock de taberna. Grabado en su mayor parte en su estudio de Richmond, contó con la producción clave de Bobby Womack.
  • The New Barbarians (1979): Tras el lanzamiento de su disco Gimme Some Neck —cuya portada dibujó él mismo—, Woody y Keith montaron una banda paralela llamada The New Barbarians. Salieron de gira por Estados Unidos tocando blues, temas propios de Ronnie y versiones desenfadadas.
  • El regalo de Bob Dylan: Poca gente puede presumir de que Bob Dylan le haya escrito un tema a medida. Dylan le cedió “Seven Days”, que Ronnie convirtió en el gran éxito de Gimme Some Neck.
  • 1234 (1981): En 1981, los Rolling pasaban por momentos de tensión preparando Tattoo You. Para alejarse de ese ambiente, Ronnie se encerró en un estudio de Los Ángeles y reunió a una alineación de lujo (Charlie Watts, Ian McLagan, Waddy Wachtel y Carmine Appice) para grabar 1234.
  • Slide On This (1992): Lanzado en 1992, la crítica lo consideró su mejor trabajo de estudio hasta la fecha. Contó con su propia gira mundial y un álbum en directo (Slide on Live), demostrando su tirón comercial fuera de la marca Stones.
  • Not for Begginers (2001) : Publicado con el cambio de siglo, este trabajo es una auténtica fiesta entre viejos amigos y una declaración de intenciones desde su propio título («No apto para principiantes»). Con un sonido mucho más crudo y guitarrero, el álbum destaca por volver a juntar a Ronnie con Bob Dylan (quien toca la guitarra rítmica en dos temas) y por incluir la emotiva participación de su añorado compañero de los Faces, Ronnie Lane, mediante grabaciones inéditas. 
Ronnie junto a Mick Jagger y Keith Richards. Foto: Ron Pownall

Weaving, diplomacia y supervivencia

Tras su confirmación en 1976, Ronnie no entró en los Stones a imponerse, sino a encajar. Junto a Keith popularizó lo que llamaron weaving, una técnica consistente en diluir las fronteras entre la guitarra rítmica y la solista. Ya no había roles fijos: ambos intercambiaban acordes, licks y solos de manera orgánica y casi telepática.

El verdadero bautismo de fuego llegó en 1978 con el álbum Some Girls. A finales de los setenta, el punk rugía en Londres proclamando la muerte de los «dinosaurios del rock». Frente a una crítica que daba por agotada la fórmula, los Stones respondieron con un disco rápido, sucio y visceral, siendo Ronnie una pieza fundamental para devolverles ese diente afilado. En lugar de competir con el fantasma virtuoso de Mick Taylor, Wood inyectó la actitud gamberra del pub rock de los Faces, aportando distorsión y una versatilidad capaz de pasar del riff de “Respectable” o “Shattered” al pedal steel country de “Far Away Eyes” o al ritmo disco de “Miss You”.

Pero entrar en los Rolling Stones era una cosa y sobrevivir a ellos, otra. Si sobre el escenario la química entre Keith y Ronnie era pura intuición, fuera de las tablas Woody pasó a convertirse en el diplomático oficial del grupo.

En los años ochenta estalló una «guerra fría» interna. Jagger y Richards, exhaustos tras dos décadas de éxito y egos desmedidos, dejaron de hablarse. Las sesiones de Dirty Work (1986) eran un campo de minas: Jagger grababa sus voces a una hora y Keith registraba sus guitarras a otra. En mitad de aquel fuego cruzado figuraba Ronnie: con su sonrisa perenne, una broma en el bolsillo y una copa en la mano, se convirtió en el intermediario que evitó que la banda saltara por los aires. Nadie podía enfadarse con él; era el único capaz de hacer reír a Keith en sus momentos oscuros y de hacer entrar en razón a Mick.

La vida al límite, sin embargo, terminó por pasarle factura. Durante los ochenta y noventa, sus adicciones al alcohol y a la cocaína fueron ganando terreno. En mitad de ese caos, Ronnie encontró un refugio duradero: los pinceles.

Muchos no lo recuerdan, pero Wood se formó en la prestigiosa Ealing Art College de Londres antes de ser estrella de la música. Pintar no era un mero pasatiempo, sino su ancla a la realidad. Entre concierto y concierto instalaba su atril en las habitaciones de hotel para retratar a sus compañeros, a sus héroes del blues o los paisajes del camino. Con el tiempo, convertiría en tradición el ritual de pintar a mano el setlist antes de cada actuación. Sus cuadros terminaron cotizándose en las mejores galerías del mundo por decenas de miles de dólares, alcanzando su hito más alto con la venta de un lienzo sobre la banda por un millón de libras.

The Rolling Stones, 2026. Foto: Dave J Hogan (Getty Images)

La vejez no existe en el mundo Stone

Con la llegada del nuevo siglo y tras más de cuatro décadas de excesos, el estilo de vida de rockstar comenzó a exigir su peaje. Alrededor de 2010, Ronnie decidió limpiar su vida por completo: apagó el último cigarrillo y dejó el alcohol para siempre.

Entre 2005 y 2016, los Stones no publicaron discos de estudio con temas inéditos. Las giras multitudinarias y la transformación de la industria musical hicieron que se centraran en el directo, siendo complicado cuadrar agendas para componer. En 2016 la banda hizo una pausa en los escenarios para meterse en el estudio, y lo que iba a ser una toma de contacto terminó convirtiéndose en Blue & Lonesome. Para calentar motores, empezaron a interpretar viejos temas de blues de Jimmy Reed, Howlin’ Wolf o Little Walter. La química fue tan inmediata que en solo tres días grabaron un álbum entero de versiones que terminó ganando un premio Grammy.

El destino volvió a poner a prueba a Ronnie al año siguiente, cuando en 2017 le diagnosticaron un cáncer de pulmón. Fiel a su estilo, rechazó la quimioterapia alegando una razón tan genial como fiel a su imagen: «No quería perder mi pelo». Una operación a tiempo logró extirpar el tumor y, años más tarde, superaría un segundo envite de la enfermedad en silencio, demostrando estar hecho del mismo material indestructible que su compadre Keith.

En 2021, los Stones recibieron el golpe más duro de su carrera con el fallecimiento de su icónico batería, Charlie Watts. Devastados pero firmes, decidieron continuar por deseo expreso del propio Charlie antes de morir, incorporando a Steve Jordan a las baquetas.

Dos años después, la banda regresó a los estudios para entregar Hackney Diamonds, su primer álbum de canciones originales desde 2005. El disco mostró a una formación en plena forma, demostrando que el pulso del rock ‘n’ roll no se apaga por decreto biológico. Tras ello, volvieron a salir a la carretera para abarrotar estadios.

Solo habían pasado dos años desde aquella gira cuando los Stones deciden lanzar una tirada muy limitada en vinilo de un nuevo sencillo. «Rough and Twisted» fue el título escogido, bajo el seudónimo con el que tocaban en pequeños clubes durante los setenta: The Cockroaches. Poco después, el 10 de julio de 2026, su siguiente trabajo de estudio, Foreign Tongues, vio la luz luciendo un sonido vitalista que confirmó que la banda más grande de todos los tiempos no pensaba perder la forma.

En paralelo, la actividad en solitario de Ronnie en este siglo ha dejado hitos de gran calibre:

  • I Feel Like Playing (2010): Un álbum repleto de colaboraciones de primer nivel, como Billy Gibbons, Slash, Flea o miembros de The Black Crowes.
  • Homenajes en directo: En 2019 rindiendo tributo a Chuck Berry junto a Imelda May (Mad Lad) y en 2021 reuniéndose con el también ex-Rolling Stone Mick Taylor en el Royal Albert Hall para homenajear a Jimmy Reed (Mr. Luck).
  • Faceta radiofónica: Su faceta como comunicador en su propio programa de radio, por el que pasaron figuras como Paul McCartney, Alice Cooper o Slash.
  • Fearless: Su proyecto antológico para celebrar seis décadas en la música, acompañado por un EP con sus primeras canciones inéditas de estudio en más de diez años. Para acompañar el lanzamiento, Ronnie anunció una gira mundial con paradas confirmadas en nuestro país el 10 de septiembre en Valladolid y el 12 de septiembre en Barcelona.

Para cerrar este recorrido, solo queda mirar al escenario y celebrar que, a sus 79 años, sigamos disfrutando de la sonrisa, el pincel y la guitarra del eterno e incombustible Ronnie Wood.

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Tommy De Clascà
Tommy De Clascà
Mi vida se basa en la musica, los libros y escribir. Soy un catalán que se crío en Andalucía y a la vez un Andaluz que vive en Cataluña. Me apasiona escribir sobre música y hacerla también, toco en un grupo de Hard-Rock que se llama "Siete viejas" he tocado en varios grupos y colaboro y he colaborado, aparte de en Crazy Minds en varios fanzines. Me gano la vida en una farmácia.