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LOS MEJORES DISCOS INTERNACIONALES DE 2020 (DEL 50 AL 1)

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Como decíamos en la introducción a nuestra lista de los Mejores Discos Nacionales de 2020, este año ha estado marcado por la pandemia del COVID-19, llevando el sector musical a una situación extrema sin apenas música en vivo, lo cual pone especialmente en peligro la supervivencia del sector de las salas de conciertos y la sostenibilidad de las carreras de las bandas emergentes.

Sin embargo, también ha sido un año con una destacable cosecha de discos, ya sean nuevos discos de leyendas de la música, retornos esperados o debuts prometedores. Una lista de 50 álbumes que, intentamos, refleje variedad y calidad, así como los diferentes gustos y sensibilidades de aquellos que formamos CrazyMinds. Por supuesto, algunos estaréis de acuerdo y a otros os parecerá un disparate, pero a todos os invitamos a comentar en nuestras redes sociales (facebook, twitter e instagram). Y quizá también puedes colaborar con nosotros y que tu voto cuente para el listado del próximo año…

Sea como sea, os dejamos con en listado, no sin antes mostrar un agradecimiento especialmente a Noel Castro, por coordinar, maquetar y llevar a cabo la lista que estáis viendo, así como a todos los que han votado y colaborado en la elaboración de este reportaje: Vanesa Carro, Javier Decimavilla, Ferran Cano, Sara González, David Mombiela, Manuel Pereira, Jorge de Arlanza, Unai Macías, Alex García-Cantarero, Claudia González, Cristina Roldán, David Vázquez Carrera y Jorge Híjar.

50 / WILLIAM BASINSKI – LAMENTATIONS

El último lanzamiento del compositor texano recoge trabajos de su colección personal que miran tan atrás como 1979. Una contemplativa colección de canciones para el fin del mundo, que dialoga en estilo y sentimiento con su obra más conocida, los Disintegration Loops de 2001. Frente al dilatado pesar de aquellos, estas lamentaciones suponen breves ejercicios de expansión y contracción, ventanas a diversos estados de ánimo, todos ellos dentro de una escala de grises, nostálgica y catárquica a la par—. Quizás por ello conforme uno de sus trabajos más accesibles hasta hoy día para foráneos al género. Reinan las tres piezas con loops vocales de ópera:  O, My Daughter, O, My Sorrow, These Too I Love o Please, This Shit Has Got To Stop, bellísima exploración sonora, de título más que adecuado para exorcizar este nefasto 2020. 

49 / PROTOMARTYR – ULTIMATE SUCCESS STORY

Protomartyr han creado un álbum que, aun siendo fiel a su estilo característico, no puede evitar recordar a los grupos de la escena británica como Black Country, New Road en sus temas más jazzísticos, The Murder Capital o incluso a Pigs x7 en los más fuertes. El grupo estadounidense lleva un largo recorrido discográfico con joyas como The Agent Intellect o Relatives In Descent, pero se han coronado con su Ultimate Success Today.

Se trata de un trabajo con un claro mensaje de desidia por la condición humana y parodia de la actualidad, desarrollado mediante cada elemento del LP: desde la portada hasta las letras, pasando por los estridentes sonidos propios del post-punk que nos adentran en el imaginario del grupo y narran una historia. En él podemos encontrar himnos como Processed By The Boys con fuertes golpes de guitarra y melodías de saxofón que describen una distopía social, I am You Now, con riffs más rockeros… pero la clave de este trabajo es la fuerza que alcanzan sus temas, llegando a ser pesados e incluso oscuros

48 / TONY ALLEN & HUGH MASEKALA – REJOICE

Antes de fallecer, el icónico batería del afro beat Tony Allen sumó una última obra a su dilatada carrera y extensa discografía. Rejoice, una obra colaborativa con el trompetista sudafricano Hugh Masekela, se convirtió así en el disco póstumo de este último y el adiós artístico de Allen, que se mantuvo activo con las baquetas en escena y estudio prácticamente hasta su último respiro. El resultado de este trabajo, que fue grabado originalmente en Londres en 2010 bajo la producción de Nick Gold (World Circuit), es el primer ‘duelo’ musical entre dos de las figuras más importantes de la historia de la música africana. Dos virtuosas almas que ya no están en este mundo pero con las que todavía se puede disfrutar a través de álbumes del calibre de Rejoice, donde contagian su “alegría” por el ritmo.

47 / BONNIE LIGHT HORSEMAN – BONNIE LIGHT HORSEMAN

El supergrupo folk formado en 2020 por Anaïs Mitchell, Eric D. Johnson (cantante de Fruit Bats) y Josh Kaufman (multi instrumentalista colaborador con The National, Yellowbirds u otros) lanzó en febrero uno de los discos más bellos del año, donde revisitan múltiples leyendas y sonidos del folk inglés, irlandés y apalache bajo la mirada del presente. La belleza de la voz (¡y qué voces!) contra la cuerda (la percutida del piano, la pulsada de la guitarra), exprimida en baladas ancestrales, cantos espirituales, melodías primitivas y acertadas apariciones invitadas de Lisa Hannigan, Justin Vernon (cuyo sello edita el disco) o The Staves. Un trabajo excelso para los amantes del folk y para aquellos que busquen perderse entre historias y arreglos de cuerda y voz.

46 / PORRIDGE RADIO – EVERY BAD

El indie rock de guitarras es cosa de mujeres. Más allá de cierto revival del movimiento riot grrrl, la banda de Dana Margolin es un claro ejemplo del momento femenino que estamos viviendo y Every Bad es su testimonio. Las canciones te envuelven sin que te des cuenta, como esas guitarras que se repiten como bucles chamánicos que sirven para amplificar el aspecto ritualístico de la peculiar manera de cantar de Margolin.  Temas que, como Don’t Ask Twice, por ejemplo, van más allá del mero indie pop y nos ofrecen una progresión circular que se rompe con una catarsis punk. Algo que contrasta con Born Confused, pieza de pop hasta cierto punto preciosista. O Sweet que es la fusión entre Nico (cuánto me recuerda, en algunos momentos, la voz de Margolin a la de la alemana) y PJ Harvey. Esta versatilidad nos lleva a propuestas como las de Pop Song o Nephews en la que el histrionismo vocal y las melodías de la guitarra principal nos acercan a un Robert Smith, mientras que Give/Take es puro 90s. Y es que Every Bad es un necesario ejercicio de creatividad como hace tiempo que no escuchábamos en un disco de guitarras indie.

45 / RAY LAMONTAGNE – MONOVISION

Monovision ha sido una de las sorpresas más agradables del año debido, sobre todo, a la vuelta de su autor al lugar en el que mejor se desenvuelve, allí donde pervive su vertiente más clásica y árida. Tras una serie de álbumes algo más experimentales y menos orgánicos, Ray LaMontagne vuelve a emocionarnos regresando a las raíces, a su propio sentido musical y personal, al polvo y la madera. Las diez canciones que forman parte de Monovision no son revolucionarias ni inventan nada nuevo, simplemente son piezas de Americana con una exquisitez de factura digna de los mejores discos de su autor. La voz de LaMontagne vuelve a aparecer sin artificios, con toda la crudeza y belleza a que nos tenía acostumbrados y remueve el instinto tradicional que tan bien sienta a sus composiciones. Un disco para dejarse llevar, para sentarse en el porche imaginario que todos tenemos y balancearse al ritmo de cada acorde.

44 / CONWAY THE MACHINE – FROM KING TO A GOD

Lo que convierte a From King to a God en uno de los mejores álbumes de rap del año, es la capacidad de adaptación y versatilidad que muestra Conway durante todo el proyecto. El rapero de Búfalo no se ha quedado únicamente en su habitual zona de confort y, como afirmaba en una entrevista concedida para Complex: Quería mostrar que evolucioné como letrista, como artista y demostrar que no soy un simple especialista”. Esto se aprecia claramente en canciones como Fear of God, con una típica instrumental de Hit-Boy cargada de graves, en Anza sorprende la producción del más comercial Murda Beatz y en Seen Everything but Jesus se aprecia la faceta más melódica de Conway junto con el siempre genial Freddie Gibbs. Desde luego, no son las mejores canciones del álbum, pero aportan variedad y cierta experimentación enriquecedora. Haciendo honor a su apelativo, Conway es una máquina de crear que aquí firma su ya 21 proyecto en tan sólo 5 años de carrera. 

43 / MOLCHAT DOMA – MONUMENT

En 2020, Molchat Doma fueron fichados por el sello Sacred Bones, quien les puso en el panorama internacional reeditando sus dos primeros discos. En Noviembre llegó el tercero; más brillante, afilado y bailable producto de oscuro new wave. Cajas de ritmos, trazos de vocoder y olas de reverb en las melodías generan una sensación mistica, acrecentada quizás por lo exótico del idioma y la nebulosa estética post-soviética del grupo. Nueve temas para bailar sin mirar atrás, para desfilar eufóricamente ante ritmos industriales, quitarse los problemas en la pista de baile. Desde la melancólica Utonut hasta la energética y pegadiza Discoteque, el tercer disco de los bielorrusos aglutina un puñado de influencias —piensa en OMD, en Kraftwerk— y con él han cautivado a un público internacional (al menos, en Tik Tok), quizás como la primera de muchas bandas que el Este europeo tiene por descubrir.

42 / HAYLEY WILLIAMS – PETALS FOR ARMOR

Hay quien piensa que la gente cambia y otros optan por afirmar que siempre se permanece igual. En cualquier caso, hay ocasiones en las que las circunstancias parecen ofrecer un camino alternativo al prefijado y esto es por lo que ha optado Hayley Williams en su puesta de largo en solitario. Petals For Armor se arma de pop, R&B y una gran variedad de influencias para encontrar la paz consigo misma. Sin duda es un constraste con lo que muchos esperarían pero no hay duda de que es una excelente presentación y una bella descripción de un proceso vital.

41 / IRREVERSIBLE ENTANGLEMENTS – WHO SENT YOU?

Irreversible Entanglements es un colectivo de jazz estadounidense cuya formación se originó tras el asesinato del joven de 28 años Akai Gurley a manos de la policía de Nueva York en 2014. La historia ha querido que su segundo álbum, Who Sent You?, coincida con un año marcado en parte por el movimiento black lives matter y un nuevo caso trágico de violencia policial en Estados Unidos.La liberación racial caracteriza la obra de la banda que tiene como centro de atención las letras de la poeta y rapera Camae Ayewa (Moor Mother), que aquí se mueve en plan spoken word arropada por el ritmo tribal e incesante que marcan el saxofonista Keir Neuringer, el bajista Luke Stewart, el trompetista Aquiles Navarro y el baterista Tcheser Holmes. Un quinteto cuya música coincide en el tiempo, en estilo y en mensaje con la prolífica escena de neo-jazz de Reino Unido y cuyo segundo trabajo es de lo mejorcito del año en el género.

40 / KELLY LEE OWENS – INNER SONG

Si alguien piensa en el disco más bonito del año seguramente alguien piense en folk, algo acústico. Pero no es así en esta ocasión, ya que posiblemente el disco más bonito del año se trate del segundo de la artista galesa Kelly Lee Owens, Inner Song. Sí, estamos hablando de tecno, algo que tradicionalmente no se ha relacionado con música llena de emociones. Pero si ya con su primer disco Kelly Lee Owens confrontaba esta idea errónea sobre el género, la prueba más irrefutable se encuentra en  Inner Song. Permitiendo que haya tiempo dentro de las canciones, Owens hace que respire y nos introduce en su mundo a base de ritmos tecno pero con un espíritu mucho más similar al del dream pop. Un ejemplo es el impresionante Corner of My Sky con el mítico productor también galés, John Cale. Ideal para una noche de introspección. 

39 / ROC MARCIANO – MT. MARCI

Mt. Marci consolida una vez más a la leyenda del rap underground Roc Marciano. Su estilo, tanto en la producción como en las letras, es único y ha marcado el paso durante más de 10 años a importantes colectivos como Griselda o artistas como Willie The Kid, 38 Spesh, Eto, Flee Lord, ElCamino o Hus Kingpin. Todo el mundo quiere sonar como Roc Marciano, pero no hay nada como el original.

38 / THE STREETS – NONE OF US ARE GETTING OUT OF THIS LIFE

El primer LP del rapero británico en diez años es una apuesta inteligente y enérgica contra todo lo que falla en el mundo moderno. El trabajo, con un pie en el pasado de la formación y otro en su previsible futuro, hace gala de un elenco envidiable —colaboraciones con IDLES, Tame Impala, Rob Harvey, Ms Banks— para decir verdades como puños.

37 / RUN THE JEWELS – RT4

La música de Run The Jewels siempre ha sido comprometida y valiente, pero en este último lanzamiento el contenido político es llevado a otra dimensión principalmente gracias a Killer Mike, activista político, luchador por la igualdad racial y defensor de la sanidad universal y gratuita. Las referencias políticas alcanzan su punto culminante en la canción central del álbum: Walking in the Snow. Sobre una ruidosa instrumental de El-P, que parece creada para una película de terror postapocalíptica, Killer Mike rapea con furia sobre el sistema educativo racista, la pobreza sistemática, los medios de comunicación que fomentan el miedo y la violencia policial. Un comprometido himno para la revolución política, social y espiritual. Un álbum que seguiremos disfrutando durante mucho tiempo y que desgraciadamente supone una nítida fotografía de la sociedad actual en la que vivimos.

36 / BENNY THE BUTCHER & HIT-BOY – BURDEN OF PROOF

Burden of Proof es un álbum compacto y sin rellenos: 12 canciones y 38 minutos, 6 canciones en solitario intercaladas con 6 canciones colaborativas consiguen un perfecto equilibrio. La actuación de Benny es tan dominante que de un listado de nombres tan ilustres como: Rick Ross, Lil Wayne, Big Sean o Dom Kennedy sólo aguantan el tipo sus compañeros de sello Westside Gunn y Conway The Machine, y el superlativo Freddie Gibbs. Uno de los mejores álbumes de rap del año, Burden of Proof consigue algo que a priori era imposible, que Benny The Butcher Hit-Boy suenen como si llevaran toda una vida colaborando. Griselda ya ha salido de sus frías, oscuras y desconocidas calles de Búfalo y están en posición de dominar todo el panorama.

35 / CARIBOU – SUDDENLY

Ya no es extraño ver el nombre de Caribou en las listas de lo mejor del año y no será una excepción con Suddenly. Este último disco grabado y producido por el mismo Dan Snaith, seguramente es el más personal que ha hecho hasta el momento. Mezclando la experimentación con su sello tan personal de las pistas de baile, así como con el pop, el artista australiano consigue con bases aparentemente simples pero muy pegadizas llegar a un horizonte inimaginable con su voz característica y reconocida. 

Esa voz que en otros trabajos parecía más un acompañamiento de esos ritmos pegadizos, coge aquí protagonismo. Snaith ha cogido confianza con su propio timbre y consigue que este fluya entre canción y canción. Uniéndolas nos lleva en un viaje reconfortante que sin duda nos animará; algo muy necesario en un año tan peculiar y estático como este 2020. 

34 / SEVDALIZA – SHABRANG

Un ambiente oscuro recorre el ambicioso segundo álbum de estudio de Sevdaliza. Shabrang, que en persa significa “color de la noche”, se adentra en el subconsciente de la cantante holandesa-iraní dejando al descubierto una belleza extraña e inusual. Canciones tan inquietantes como inspiradas integran el trabajo —Joanna, Lamp Lady, Dormant o Wallflower— y hacen del disco uno de los mejores acercamientos al trip-hop de los últimos años. “Es una profunda carta de amor a mí misma”, explica Sevdaliza en una entrevista en I-D. Abusos físicos, narcisismo, adicciones, muerte, desamor, abandono… La cantante se siente “desvalida” en una colección que desde su portada –parece que el plano corto se ha convertido en sinónimo de grandes álbumes— ya provoca admiración.

33 / RÓISÍN MURPHY – RÓISÍN MACHINE

Llevaba un tiempo haciéndose de rogar el nuevo álbum de Róisín Murphy. La ex-Moloko había compartido ya algunos singles que integran Róisín Machine en los últimos años (Simulation o Jealousy), y anticipaban un giro hacia su versión más discotequera en su quinto álbum de estudio como solista tras los ejercicios experimentales que supusieron Hairless Toys (2015) y Take Her Up To Monto (2016). Casi un lustro después Murphy brilla, seduce y provoca taquicardias en uno de los discos electropoperos del año. Porque no hay una diva actual que marque mejor el groove y el sonido dance ochentero sin sonar a revival que Róisín. Temas que se inyectan en el cuerpo como  Something More, Narcissus o Murphy’s Law ofrecen la versión más bailable de Róisín.

32 / MOSES SUMNEY – GRAE

Ya hace tres años de Romanticism, el álbum debut de Moses Sumney. En este tiempo ha cambiado mucho su sonido, se ha adueñado de él amoldándolo completamente. Desde aquella aparentemente simple producción musical, con la guitarra y su voz como protagonistas del disco, pasamos a una producción experimental en la que se mezclan todos los géneros para mostrar un producto totalmente complejo y novedoso.  Aunque la palabra “experimental” pueda sugerir frío o la incapacidad de conectar con el oyente, Grae consigue mantener la calidez de su previo trabajo —principalmente gracias a su voz— pero llevándola al futuro con la experimentación sonora, a través de la mezcla de capas y sonidos. Destaca la colaboración con productores como Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never), que le han ayudado a elevar su sonido hasta límites inconcebibles. Se trata de uno de los discos más espirituales del año: aunque pueda ser complicado entrar en él, cuando uno lo haga ya no querrá salir nunca. 

31 / BOB DYLAN – ROUGH AND ROWDY WAYS

Tras algunos discos centrados en estándares americanos y versiones de su admirado Frank Sinatra, el viejo Bob ha vuelto con una obra monumental, magnánima y verdaderamente apasionante. Y regresa por la senda a la que nos tenía acostumbrados en sus últimos discos con canciones propias, como en el último de ellos, el excelente Tempest (2012). Con 79 años, Dylan nos ha regalado un álbum que podría sonar a epitafio, a despedida, a resumen vital, a ajuste de cuentas con todo lo vivido… Pero lo que, sin ninguna duda, es Rough And Rowdy Ways supone es un canto a la vida, una espectacular demostración de un genio sin parangón, al que las fórmulas tradicionales nunca le han encajado. Diez canciones para sumergirse de lleno en historias y referencias insertas en la idiosincrasia de su autor y de la nación que le vio crecer.  Una nueva demostración (quizás una de las más elocuentes) de que Bob Dylan está por encima de cualquier autor de canciones de nuestro tiempo.