InicioReportajesLou Reed, el lado salvaje de la vida (1942-2013)

Lou Reed, el lado salvaje de la vida (1942-2013)

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«No creo que deba disfrazarse la realidad. Maquillar las cosas no las hace más suaves. La música lo es todo. Si la gente muere por cualquier otra cosa, ¿por qué no por la música?»

Lou Reed murió en su casa el 27 de octubre de 2013 mientras contemplaba el vaivén de los árboles y realizaba la postura 21 de Tai Chi. Este movimiento coordina los brazos y las manos de manera vertical y horizontal. Unos meses antes había recibido un trasplante de hígado, pero lamentablemente no pudo superar las complicaciones que surgieron después. La vida es una frágil línea que puede romperse en cualquier instante.

No obstante, tras su muerte, quedó un legado de altísimos quilates y, sobre todo, una vida llena de experiencias únicas, entre las cuales destacó su infatigable búsqueda del equilibrio y de la armonía interiores. Este pasado 2 de marzo 2023 hubiera cumplido ya 81 años. Su ausencia sigue dejando un vacío irrecuperable, pero a pesar de su excesos, tuvo la suerte de vivir lo suficiente para dejar una herencia musical inolvidable. En sus últimos días estuvo acompañado por su amada compañera y esposa Laurie Anderson, quien dedicó a su difunto esposo unas emotivas palabras:

«Nunca había visto una expresión tan llena de asombro como la de Lou cuando murió. Sus manos estaban haciendo la forma Taichi que fluye como el agua. Sus ojos estaban muy abiertos. Tenía en mis brazos a la persona que más amaba en el mundo y hablaba con él mientras moría. Su corazón se detuvo. No tenía miedo. Había llegado a caminar con él hasta el fin del mundo. La vida, tan hermosa, dolorosa y deslumbrante, no puede ser mejor que eso. ¿Y la muerte? Creo que el propósito de la muerte es la liberación del amor. En este momento, solo tengo la mayor felicidad y estoy muy orgullosa de la forma en que vivió y murió, de su increíble poder y gracia» (Rolling Stone).

Posteriormente, y en una carta más personal, Laurie escribió: «Lou era un príncipe y un guerrero y sé que sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo llenarán a muchas personas con la extraordinaria alegría de vivir que él tuvo durante su vida. Larga vida a la belleza que desciende y perdura y que se adentra en todos nosotros».

Muchos son los artistas que por fama, moda o dinero, no son capaces de lidiar con el éxito, pero tambien los hay que caen engullidos en oscuras turbulencias a causa de sus propios fantasmas y problemas. El consumo de alcohol y drogas son a menudo una forma artificial de extremarse o de escapar de esas dolencias interiores. Cabe saber que Lou no fue como los primeros sino mas bien como los segundos hasta el punto de descubrir alternativas que le permitieron superar sus dolencias dándole una nueva forma de vivir. Podemos decir que la música, la literatura, Laurie y el Tai Chi, fueron sus armas curativas.

Retrocediendo en su pasado, cabe saber que Lou tuvo una infancia y adolescencia muy difíciles. Por ejemplo, a instancia de sus padres y psiquiatras, sufrió varias sesiones de electroshock. Decían que así “curarían” sus inclinaciones homosexuales. Pero lo que consiguieron es que Lou perdiese la memoria lejana, aquella que tiene que ver con los acontecimientos que sucedieron hace tiempo.

«La mayor parte de mis recuerdos de infancia no están disponibles. Mi infancia fue tan poco placentera que no recuerdo nada antes de los 31 años» (Lou Reed)

A pesar de ello, nada doblegó el empeño de Lou, siendo así que años más tarde tuvo la fortaleza de fundar The Velvet Underground (1964-1973), una de las bandas más influyentes de la historia. Gracias a esta especial formación, Lou mantuvo una intensa sociedad con David Bowie y una marcada relación con Andy Warhol, relación esta última que se basó en los binomios amor-odio y celos-admiración. No os perdais el visionado del documental que presenta nuestra compañera Almudena López, sobre la vida y obra de la mítica banda de los 70.

A todo ello hay que añadir que, durante este periplo underground, Lou tuvo una fuerte adicción a la heroína, la droga de las élites artísticas en aquellos tiempos pero que tiempo después inundaría las barriadas más machacadas por la crisis económica. En este espacio-tiempo, Lou navegó entre las aguas de su polaridad creativa y su transgresión más allá de los límites. Temas célebres como Heroin y Walk on the wild side definen ese estado más salvaje de su vida.

Teniendo en cuenta lo dicho, Anthony DeCurtis, biógrafo del músico, recuerda que Lou odiaba básicamente tres cosas: ir a la escuela, los grupos de mucha gente y el concepto de autoridad. El rock y la heroína fueron sus dos grandes refugios. El primero porque la música daba sentido a su vida. Y el segundo porque porque mitigaba las injusticias que veían sus ojos. Como consecuencia, experimentó diversas muertes y resurrecciones existenciales, hechos que le permitieron escapar hacia la creación, la vanguardia y dar respuestas a sus múltiples interrogantes. Años más tarde, el Tai-Chi terminó por ofrecerle esa paz interior que su mente precisaba.

Lou jamás abandonó su fiereza y efervescencia, dualidad que le hizo componer álbumes contrastados sobre el amor y el padecimiento, sobre las cosas que hieren y, sobre la realidad que inquieta, ese malestar social, esa pobreza infantil y carencia de humanidad hacia a los más vulnerables. De ahi que siempre estuvo al lado de la gente sufridora y marginal. Temas como Walk on the wild side, Coney Island Baby, Perfect Day, Satellite of Love, Vicious, New Sensations, Sweet Jane y otros tantos grandes títulos, hacen referencia a esa amalgama de experiencias y emociones. Sin duda, son canciones que hacen hervir la sangre y reflejan el dolor que circunda todos los días en nuestras vidas.

No cabe duda de que sus años con The Velvet Underground fueron incomparables, un cúmulo de experiencias asonantes y pavorosas, de ascensos y deflaciones hasta lo más íntimo del ser. Era un estilo peligroso, que destilaba sexo, asfalto, expiración y fármacos, arte, moda y vanguardia, un conglomerado de alto riesgo que existiò mientras los textos desprendían poesías nocturnas, bohemia y desenfreno. Fue un tiempo de profunda incomodidad existencial, una progresión que, adelantada a su tiempo, sintonizó el alma humana con lo más sórdido de la sociedad de ese tiempo.

Pero Lou no quería permanecer encerrado en ese disonante terciopelo subterráneo. Necesitaba ir más allá del hermetismo de vanguardia, ese universo donde el elitismo te sumerge en la frágil oscuridad y metaformosis. Lou, sin embargo, fue capaz de convertir su talento en una terapia de energía liberadora. Sus nuevos acordes y riffs irradiaban atmósferas muy perfiladas, y para ello usó diferentes guitarras, como la Gretsch Country Gentleman, la Fender Telecaster y la Epiphone Rivera. No contento con ello, Lou siempre fue buscando nuevos sonidos a través de guitarras construidas específicamente para él. Artesanos como Carl ThompsonSteve KleinPete Cornish o Noah Guitars, estuvieron junto a él para satisfacer sus necesidades.

Pero Reed también quiso ser algo más que un simple músico. Quería explorar otras dimensiones, como lo hizo a través de la escritura y del Tai-Chi. En su libro El arte de la línea recta, Lou recopila pensamientos y conversaciones extraídas de sus tres décadas prácticando esa filosofia y gimnasia oriental, actitud que le alivia del estrés y de la ansiedad. Así lo expresó cuando dijo: «Más que una vida hecha de gloria y discos de oro (…) quiero madurar como luchador (…) Quiero el poder y la gracia que nunca tuve, quiero la oportunidad de aprender. El Tai-Chi me conecta con la fuerza invisible del universo. Cambia tu energía y tu espíritu».

Sin lugar a dudas, Lou Reed merece ocupar el mismo lugar que otros grandes músicos, no por fama, que la tuvo, sino por su enorme calidad y aportación al género. Son artistas que surgen de vez en cuando y marcan las diferencias, como lo han hecho The Beatles, The Rolling Stones y otros tantos otros. Pero Lou también ocupa un lugar muy especial junto a otras figuras referenciales como el escritor William S. Burroughs, el artista Andy Warhol y el poeta Delmore Schwartz. Su muerte dolió profundamente, pero su música y palabras siguen ahí, vivas y vibrando eternamente como un látigo que atiza sin piedad las emociones humanas. Nada mejor que seguir escuchando sus grandiosos temas. Hasta siempre Lou.

AUTOR

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonch
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. ¿Qué puedo contaros de mí? Simplemente deciros que me encanta la música y sobre todo mi profesión, periodismo y comunicación gráfica (diseño gráfico y fotografía), herramientas que me permiten abrir muchas puertas, conocer gente para intercambiar, transmitir y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten eso y más. Así que nada de excusas y manos a la obra…

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