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¿Por qué se separaron The Police? La decisión de Sting que lo explica todo, entonces y ahora

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Esta semana, en plena gira de spoken word por Norteamérica, Stewart Copeland ha resumido cuarenta años de relación con Sting en una sola frase: «nos llevamos genial siempre que no intentemos hacer música juntos». La dijo en una entrevista a Billboard, la misma semana en que sus abogados siguen reclamando millones de libras en royalties no pagados por The Police. Copeland y Sting hablan de hijos y de memes de Instagram. Sus equipos legales, mientras tanto, llevan desde enero discutiendo en el Alto Tribunal de Londres cuánto le debe el cantante a sus dos excompañeros por canciones que llevan cuarenta años sonando.

No es una contradicción. Es la versión más reciente de un problema que The Police nunca resolvió, ni siquiera cuando estaban juntos: quién es, exactamente, el autor de una canción de The Police.

Cinco años, cinco discos, y una sola firma en los créditos

The Police se formaron en Londres en 1977 y se separaron, de facto, en 1984, después de solo cinco álbumes de estudio. En ese tiempo pasaron del punk de tres acordes a ser la banda más grande del planeta, con Synchronicity (1983) como punto de llegada: número uno en medio mundo y el primero de cuatro discos consecutivos en lo más alto de las listas.

El problema nunca fue el éxito. Fue cómo se repartía. Sting figuraba como autor en prácticamente todo el catálogo. Andy Summers y Copeland aportaban arreglos, líneas de bajo conceptuales, partes de batería que definían canciones enteras, y a cambio recibían un porcentaje pactado como «cuota de arreglista», no crédito de composición. Sting lo ha explicado sin rodeos en distintas entrevistas a lo largo de los años: cedía parte de su publishing al grupo para mantener la paz, pero consideraba que la autoría real era suya. «Era evidente que yo era quien escribía los éxitos», ha dicho. Summers, por su parte, lleva años sosteniendo que su riff de guitarra en «Every Breath You Take» no fue un acompañamiento sino el elemento que salvó la canción de la papelera.

Esa tensión no es anecdótica: es la razón por la que la banda se rompió en su mejor momento. No hubo escándalo de drogas ni fracaso comercial. Hubo tres músicos brillantes peleándose en el estudio, literalmente a puñetazos según ha contado el propio Sting, por quién tenía derecho a decidir qué sonaba en una canción y, por extensión, quién era su dueño.

«Every Breath You Take» gana 550.000 libras al año. Copeland y Summers, una fracción

Ese reparto desigual de 1977 es exactamente lo que Summers y Copeland llevaron a los tribunales de Londres en septiembre de 2025. Reclaman entre 1,5 y 8 millones de libras en royalties no pagados, con sus abogados advirtiendo de que la cifra podría subir si se incluyen intereses sobre lo que llaman un «impago histórico». El argumento de fondo: el acuerdo original de 1977, revisado en distintas ocasiones (la última en 2016), preveía que el dúo cobrara un porcentaje de los ingresos por publishing. Pero ese acuerdo se firmó pensando en ventas de discos físicos, no en streaming, y Summers y Copeland sostienen que la explotación digital del catálogo debería entrar en ese mismo reparto.

Sting no está de acuerdo. Sus abogados argumentan que el acuerdo de 2016 solo cubre royalties «derivados de la fabricación de discos» y que el streaming, legalmente, es más parecido a una emisión radiofónica que a una venta. Es una distinción técnica con consecuencias enormes: «Every Breath You Take» genera en torno a 550.000 libras anuales solo en royalties, y se calcula que representa entre una cuarta y una tercera parte de todo el ingreso por publishing de Sting.

En enero de 2026, en una vista preliminar en el Alto Tribunal, se reveló que Sting ya ha pagado más de 800.000 dólares a sus excompañeros desde que empezó el litigio, después de reconocer parte del impago. Summers y Copeland consideran que esa cifra, sin intereses, se queda muy corta. El caso sigue abierto.

Lo que hace especial este conflicto no es su existencia (las disputas de royalties entre miembros de banda son casi un género propio) sino su antigüedad. Llevan cuarenta y dos años discutiendo por una canción de 1983, y ninguno de los tres ha cambiado de postura ni un milímetro. Lo único que ha cambiado es el negocio: cuando se firmó el acuerdo original, nadie en esa sala pensaba en Spotify.

The Police: la banda que se adelantó a todo y no pudo aguantarse a sí misma

The Police grabaron su primer disco, Outlandos d’Amour, en 1978, con un pie todavía en el punk y otro ya en el reggae blanqueado que les haría famosos. Con Reggatta de Blanc (1979) y Zenyatta Mondatta (1980) se convirtieron en una de las bandas más grandes del mundo sin dejar de sonar como tres músicos de jazz disfrazados de grupo de new wave. Ghost in the Machine (1981) afinó esa fórmula y Synchronicity (1983) la llevó a su techo comercial y artístico: cinco números uno en el Reino Unido, un Grammy a Canción del Año y una de las canciones más reproducidas de la historia de la radio.

Pero ese mismo disco fue el principio del final. Las sesiones de Synchronicity son célebres por las peleas en el estudio, y la banda se separó apenas un año después de publicarlo, en el momento de mayor éxito comercial de su carrera. Nunca grabaron otro disco juntos. Lo que queda desde entonces son reuniones puntuales, una gira de aniversario en 2007 y 2008, y una pregunta sobre autoría que ni el tiempo ni el dinero han conseguido cerrar. La demanda de 2025 no es un capítulo nuevo: es la versión legal y actualizada de la misma discusión que rompió la banda hace cuarenta años.

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