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KID KAPICHI – THIS TIME NEXT YEAR (2021)

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Clasismo, incompetencia gubernamental e injusticia obrera. Kid Kapichi no se han andado con rodeos a la hora de elegir su repertorio lírico para su álbum debut, This Time Next Year (2021). Estos ingleses vienen a dar un golpe en la mesa y se unen a la últimamente engrosada lista de bandas punk y rock políticamente reivindicativas salidas de las islas británicas.

En España pudimos disfrutar de Kid Kapichi en 2019 cuando telonearon el último tour de Frank Carter & the Rattlesnakes. Fue uno de esos grupos que, por dejadez, decides no investigar previo a un concierto y, finalmente, acaban siendo un descubrimiento tardío. Lo cierto es que ya en 2019 los de Hastings, Reino Unido, iban armados con una buena batería de temas sólidos, que presentaron en esa gira y que acabarían formando parcialmente de este trabajo debut.

Por tanto, en 2020, Kid Kapichi decidieron agarrar al toro por los cuernos y se pusieron manos a la obra para autoproducir este LP durante la cuarentena. El resultado: un álbum alineado con la clase obrera, lleno de reivindicaciones, rabia y enfado. Todo ello empaquetado en forma de patada en la cara con dedicatoria al político de turno.

Ahora bien, que el disco esté autoproducido no significa que sea simplón y pobre. Al contrario. This Time Next Year es un trabajo inteligente, con arreglos efectivos y estudiados. Todo ello en beneficio de esa sensación de crudeza y enfado, a la que hay que sumar una búsqueda por la unidad y la comunidad en las letras (“You want a war we’ll give you war/ You want a fight we’re gonna fight back“).

Con First World Goblins la banda marca la tónica que se va a repetir a lo largo del trabajo. Unas reminiscencias claras a Queens Of The Stone Age de la mano de guitarras distorsionadas sin apenas frecuencias graves y coros de voz lúgubres y tenebrosos. Al vaso de mezclas también hay que sumar a Royal Blood, presente en ese tremendo bajo distorsionado, que, acompañado, por el bombo de la batería e incluso guitarras octavadas en grave, llevan al disco casi al terreno del stoner rock.

La primera mitad del álbum, hasta Glitteratti incluida, es una sucesión de temas cada uno más pesado y enfadado −en el buen sentido− que el anterior. A destacar, Working Man’s Town: el summum de esa alineación obrera que busca el disco. Así, la voz de Jack Wilson, el cabeza de Kid Kapichi, está producida a lo largo del trabajo sin apenas graves y con una reverberación que quiere recordar a un megáfono arengando una revuelta de los desfavorecidos.

Sardines seguirá justificando el enfado de las clases obreras (“You’re angry and that’s alright“) y Thugs se asemejará a una marcha de guerra, en la que la voz da un discurso agitado mientras la banda compenetra por detrás golpes rítmicos certeros. Llegamos al final de la primera parte del álbum con Glitterati que, dentro del estilo ya afianzado a lo largo del disco, destaca por la capacidad lírica y rítmica de Wilson. Ciertamente, para un servidor, el frontman de la banda vale oro y arrastra este disco de un bien alto a un notable alto.

La ferocidad del álbum va decreciendo a partir de Fomo Sapiens, una composición popera y disco, en la que unos arreglos de campanillas y un sintetizador reverberado nos trasladan, quizás, a una pista de baile de instituto americano de la década de los 80. Kid Kapichi cargarán contra la industria musical −nadie se salva− en Dotted Line, que quiere acercarse al crime rock e incorpora unos coros sintetizados al más puro estilo Daft Punk.

Termina el disco de la mano de Hope’s a Never Ending Funeral, una balada popera en la que Kid Kapichi demuestran que apenas necesitan más que voz, piano y una sutil guitarra de fondo para armar un tema directo, sólido y desgarrador. La guinda a un pastel que mejora con escuchas sucesivas y que me ha sido un arrepentido descubrimiento tardío. Yo voy a echarles un ojo de cerca. Y tú deberías también.

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Ignacio García
Apasionado de la cultura en general y de la música en especial. Amante de la literatura y la escritura. Músico y economista en mis ratos libres.
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