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U2: sus 5 mejores discos de estudio, de peor a mejor

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«La música puede cambiar la temperatura de una habitación o hacer que la gente se emocione […], o que se vaya de casa, deje su trabajo, se enamore» (Bono, en Good Morning America, ABC News; traducción propia).

Pocas bandas han sabido combinar ambición, vocación épica y capacidad de reinvención como U2. Desde sus comienzos en el Dublín de finales de los setenta hasta convertirse en uno de los grandes nombres del rock internacional, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. han construido una discografía marcada por la búsqueda constante de nuevos horizontes sonoros. Una trayectoria en la que conviven la urgencia post-punk, la espiritualidad, el compromiso político, las raíces americanas y una voluntad de transformación que alcanzaría su expresión más radical en Achtung Baby.

Elegir sus cinco mejores discos obliga a dejar fuera trabajos importantes, pero también permite distinguir las obras que definieron su identidad. En nuestro recorrido, Achtung Baby ocupa el primer puesto por su audacia y su capacidad para reinventar al grupo, mientras que War se cuela en el número dos, por delante de The Joshua Tree: la elección menos previsible de este ranking. Después de la lista, el contexto: Dublín, la fe, Berlín y los estadios. Subid el volumen, porque este viaje va desde el corazón de Berlín hasta el desierto de California.

Los mejores discos de U2, del quinto al primero

U2 suman catorce discos de estudio con canciones nuevas (quince si se cuenta Songs of Surrender, de regrabaciones). Tres de los cinco elegidos pertenecen a su etapa dorada, de 1983 a 1991: el periodo en el que la banda definió el sonido del rock de los ochenta y, justo cuando corría el riesgo de quedar obsoleta, ejecutó la metamorfosis más radical de su carrera.

El criterio es musical: la calidad de las canciones, la interpretación, la producción, la cohesión del disco como obra completa y su capacidad de seguir sonando vivo hoy. Las ventas, los premios y la influencia ayudan a contextualizar cada álbum, pero no deciden su puesto. Por eso un disco muy popular puede quedarse fuera si otro es superior desde el punto de vista artístico.

5. “Boy” (1980)

Antes de convertirse en uno de los grandes nombres del rock internacional, U2 fueron cuatro jóvenes músicos de Dublín empeñados en encontrar una voz propia. Boy, su debut, publicado el 20 de octubre de 1980, conserva la urgencia juvenil de una banda que todavía no ha encontrado su lugar, pero que ya posee una personalidad reconocible. Su sonido combina post-punk y nueva ola británica, con las guitarras angulares y atmosféricas de The Edge, el bajo incisivo de Adam Clayton, la contundencia rítmica de Larry Mullen Jr. y una interpretación vocal de Bono cargada de inquietud y desgarro. Aquí no hay grandes construcciones épicas ni fórmulas pensadas para llenar estadios: hay electricidad y una búsqueda musical que sitúa la identidad por delante de las expectativas comerciales.

Grabado en los estudios Windmill Lane de Dublín, producido por Steve Lillywhite y con Paul Thomas como ingeniero, el álbum reúne once canciones sobre la adolescencia, la identidad y el tránsito hacia la edad adulta. “I Will Follow” abre el recorrido con una descarga eléctrica, mientras “Out of Control” y “A Day Without Me” anticipan la intensidad melódica que U2 desarrollarían después. “The Electric Co.” muestra su fuerza en directo y el díptico “An Cat Dubh” e “Into the Heart” revela una faceta más atmosférica e introspectiva. No todas las composiciones alcanzan el mismo nivel, pero su frescura compensa las irregularidades propias de un debut. Boy ocupa el quinto puesto por su energía: el documento de una banda que todavía no había conquistado el mundo, pero que ya sonaba diferente.

4. “All That You Can’t Leave Behind” (2000)

Con la llegada del nuevo milenio, U2 recuperaron el protagonismo de las canciones después de una década marcada por la experimentación electrónica y los cambios de identidad. Publicado el 30 de octubre de 2000, All That You Can’t Leave Behind representa un encuentro entre la esencia melódica del grupo y la experiencia adquirida durante los años noventa. Las guitarras de The Edge vuelven al primer plano, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. recuperan una base rítmica más orgánica y Bono apuesta por interpretaciones cargadas de emoción y vulnerabilidad. Más que una renuncia a la evolución anterior, es una síntesis de su trayectoria en un álbum directo y de notable madurez compositiva.

Daniel Lanois y Brian Eno asumieron la producción, con aportaciones adicionales de Steve Lillywhite, Mike Hedges, Richard Stannard y Julian Gallagher. Las sesiones se desarrollaron en distintos estudios de Dublín y en el sur de Francia. Las once canciones de la edición original ofrecen un recorrido entre la luminosidad de “Beautiful Day” y “Elevation”, la carga emocional de “Stuck in a Moment You Can’t Get Out Of” y la profundidad de “Kite”. “Walk On” construye un himno de resistencia, “In a Little While” aporta calidez y “Peace on Earth” refleja las heridas de la violencia. También destacan “New York” y “Grace”, que cierra el álbum con delicadeza. All That You Can’t Leave Behind ocupa el cuarto puesto por la calidad de sus composiciones y su capacidad para recuperar la emoción directa sin renunciar a la madurez artística. Una demostración de que U2 todavía podían escribir grandes canciones sin necesidad de reinventar constantemente su sonido.

3. “The Joshua Tree” (1987)

Publicado el 9 de marzo de 1987, The Joshua Tree representa una de las grandes cimas creativas de U2. El cuarteto irlandés amplió su lenguaje musical incorporando raíces del blues, el gospel y la tradición americana, sin abandonar la identidad atmosférica desarrollada en The Unforgettable Fire. El resultado combina guitarras expansivas, profundidad emocional y una dimensión espiritual que atraviesa buena parte del repertorio. The Edge construye auténticos paisajes sonoros, mientras Adam Clayton y Larry Mullen Jr. sostienen las composiciones con una solidez extraordinaria. Bono encuentra aquí una de las interpretaciones vocales más expresivas de su carrera. La épica convive con la incertidumbre, la búsqueda y la fragilidad humana.

Producido por Brian Eno y Daniel Lanois, con Flood como ingeniero de grabación y Steve Lillywhite en las mezclas, el álbum se registró principalmente en Windmill Lane Studios y Danesmoate, en Dublín. Sus once canciones forman un conjunto de enorme coherencia. “Where the Streets Have No Name” abre con una construcción instrumental memorable; “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” incorpora la espiritualidad del gospel, mientras “With or Without You” alcanza una intensidad emocional extraordinaria. Pero también brillan “Bullet the Blue Sky”, “Running to Stand Still”, “Red Hill Mining Town” y “One Tree Hill”. La recta final, con “Exit” y “Mothers of the Disappeared”, introduce una oscuridad que evita cualquier complacencia. The Joshua Tree ocupa el tercer puesto de nuestro ranking por su calidad compositiva y su profundidad emocional. Una obra maestra que demuestra hasta dónde podía llegar U2 cuando ambición y sensibilidad encontraban el equilibrio.

2. “War” (1983)

Publicado el 28 de febrero de 1983, War marca un punto de inflexión en la trayectoria de U2. El grupo abandona parte de la introspección de sus primeros trabajos para desarrollar un sonido más directo, físico y combativo. La batería de Larry Mullen Jr. adquiere un protagonismo decisivo, el bajo de Adam Clayton aporta una tensión constante y las guitarras de The Edge combinan precisión rítmica y fuerza melódica. Sobre esa base, Bono canta con una intensidad que transmite urgencia y desasosiego. La energía no es calculada: nace de unas composiciones que conservan el nervio del post-punk y convierten la inquietud de su tiempo en música.

Producido por Steve Lillywhite y grabado en Windmill Lane Studios, en Dublín, el álbum incorpora también el violín de Steve Wickham en “Sunday Bloody Sunday”, cuya apertura marcial establece el tono de un repertorio atravesado por la violencia política y el rechazo a la guerra. “Seconds” prolonga esa preocupación desde el temor nuclear, mientras “New Year’s Day” combina tensión y una melodía memorable. Pero War no depende únicamente de sus canciones más conocidas: “Like a Song…” recupera la velocidad del primer U2; “Drowning Man” introduce una atmósfera más contenida; “Two Hearts Beat as One” despliega un impulso rítmico irresistible y “40” cierra el recorrido con una sencillez casi litúrgica. Sus diez canciones mantienen una identidad compacta, sin perder espontaneidad ni aspereza. War ocupa el segundo puesto por su fuerza compositiva, su personalidad instrumental y una intensidad que permanece intacta. Es U2 en estado de urgencia, antes de que la dimensión monumental de su sonido terminara por imponerse.

1. “Achtung Baby” (1991)

Publicado el 18 de noviembre de 1991, Achtung Baby representa la transformación artística más importante de U2 y, para nosotros, la cumbre de su discografía. Después del éxito de The Joshua Tree y de la exploración de las raíces americanas en Rattle and Hum, el cuarteto decidió cuestionar su propia identidad. La electrónica, los ritmos industriales, el dance y el rock alternativo entraron en su lenguaje musical sin borrar su capacidad melódica. The Edge exploró nuevas texturas de guitarra, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. ampliaron sus posibilidades rítmicas y Bono abandonó parte de su imagen mesiánica para adoptar registros más irónicos y vulnerables. Más que un cambio estético, fue una auténtica reinvención.

Las sesiones comenzaron en los Hansa Studios de Berlín y continuaron después en Dublín. Daniel Lanois y Brian Eno asumieron la producción, con Flood como ingeniero; las mezclas se repartieron entre Flood, Steve Lillywhite y el propio Lanois. El álbum contiene doce canciones que muestran distintas caras de aquella transformación. “Zoo Station” anuncia desde el primer instante una nueva identidad, mientras “Even Better Than the Real Thing” y “Mysterious Ways” incorporan una irresistible pulsión rítmica. “One” demuestra que U2 conservaban intacta su capacidad para construir canciones emocionalmente devastadoras; “Until the End of the World” y “The Fly” representan su vertiente más eléctrica y experimental.

También sobresalen “So Cruel”, “Ultraviolet (Light My Way)” y “Love Is Blindness”, que revelan una profundidad emocional y una oscuridad poco habituales en su repertorio anterior. Achtung Baby ocupa el primer puesto porque reúne una colección excepcional de composiciones, una producción innovadora y una coherencia artística extraordinaria. U2 se atrevieron a destruir su propia imagen para construir algo mucho más interesante. Cambiaron de sonido y, de paso, demostraron que todavía podían sorprender cuando parecían haberlo conseguido todo.

«El mundo es más moldeable de lo que pensamos. Podemos doblarlo y darle forma» (Bono, en una entrevista con Los Angeles Times, 15 de marzo de 2023; traducción propia).

Menciones especiales: los discos raros que también hay que escuchar

No todos los grandes discos de una banda tienen que ocupar un lugar en su Top 5 para merecer reconocimiento. Estos tres álbumes se quedaron fuera de nuestra selección principal, pero contienen algunas de las páginas más interesantes de su trayectoria y recuerdan que la grandeza del cuarteto irlandés también se encuentra en sus momentos más arriesgados.

“The Unforgettable Fire” (1984)

Con The Unforgettable Fire, publicado el 1 de octubre de 1984, U2 comenzaron una transformación sonora que resultaría decisiva para su futuro. La incorporación de Brian Eno y Daniel Lanois a la producción y las sesiones en Slane Castle y Windmill Lane Studios dieron lugar a un álbum de atmósferas envolventes, guitarras expansivas y composiciones menos convencionales que las de sus primeros trabajos. “A Sort of Homecoming”, “Pride (In the Name of Love)”, “Bad” y la delicada “MLK” reflejan esa búsqueda de nuevas posibilidades expresivas. Un disco de transición, pero también una obra de gran riqueza musical que anticipó la dimensión artística que U2 alcanzarían pocos años después.

“Rattle and Hum” (1988)

Tras el éxito monumental de The Joshua Tree, U2 dirigieron su mirada hacia las raíces de la música estadounidense en un trabajo que mezcla grabaciones en directo y composiciones de estudio. Publicado el 10 de octubre de 1988 y producido por Jimmy Iovine, Rattle and Hum es una declaración de admiración por el blues, el gospel, el soul y el rock and roll, con colaboraciones tan significativas como la de B.B. King en “When Love Comes to Town”. “Desire”, “Angel of Harlem”, “Love Rescue Me” y “All I Want Is You” muestran distintas facetas de una banda que, en plena consagración internacional, buscaba ampliar sus horizontes musicales. Un documento de enorme personalidad que merece ser valorado también por sus propias canciones.

“Songs of Innocence” (2014)

Publicado el 9 de septiembre de 2014 en iTunes (la edición física llegó el 13 de octubre), Songs of Innocence es uno de los trabajos más personales y menos reivindicados de la etapa reciente de U2. El cuarteto recuperó sus recuerdos de juventud, las primeras influencias musicales, la familia, las amistades y el Dublín en el que comenzó a tomar forma su identidad. Bajo la producción principal de Danger Mouse, con la colaboración de Paul Epworth, Ryan Tedder, Declan Gaffney y Flood, el álbum combina guitarras, electrónica y melodías de gran sensibilidad. “Every Breaking Wave”, “Iris (Hold Me Close)”, “Cedarwood Road” y “The Troubles”, con Lykke Li, muestran a una banda todavía capaz de construir canciones emocionantes.

Los discos explican el qué; para entender el cómo hay que volver a una cocina de Artane en 1976.

Dublín, cuatro chavales y una ambición desmedida

Para entender el nacimiento de U2 hay que viajar al Dublín de 1976, una ciudad alejada de los grandes centros de la industria musical británica y estadounidense, pero donde comenzaban a surgir nuevas inquietudes culturales entre los jóvenes. En aquel escenario, cuatro adolescentes que todavía no sabían muy bien qué dirección tomarían sus vidas acabarían formando una de las bandas más reconocibles del rock contemporáneo.

Todo empezó con un anuncio en el tablón de Mount Temple, un instituto de Dublín. En septiembre de 1976, Larry Mullen Jr., que tenía catorce años, buscaba compañeros para formar un grupo. La convocatoria reunió a varios estudiantes en la cocina de su casa, en Artane. Entre ellos estaban Paul Hewson (Bono), David Evans (The Edge), su hermano Dik y Adam Clayton. También acudieron Peter Martin e Ivan McCormick, que no continuarían en la formación. La primera banda se llamó Feedback y, más tarde, The Hype.

La historia tiene un detalle que anticipaba bastante bien la personalidad del grupo: Larry recuerda que durante unos minutos aquello fue la Larry Mullen Band, hasta que llegó Bono y se hizo con el liderazgo. No tardaron en aparecer las primeras diferencias y en marzo de 1978 Dik Evans abandonó el proyecto. Fue entonces cuando los cuatro restantes adoptaron el nombre U2, a propuesta de Steve Averill, músico de la escena punk dublinesa.

Todavía estaban muy lejos de los estadios, pero ya empezaban a destacar en el circuito irlandés. En marzo de 1978 ganaron un concurso de bandas en el Stella Ballroom de Limerick, cuyo premio incluía 500 libras y la posibilidad de realizar una audición para conseguir un contrato discográfico. No era precisamente el camino más habitual hacia el éxito, pero aquellos cuatro adolescentes acababan de encontrar una razón para tomarse muy en serio lo que estaban haciendo.

Bono y compañía: egos, fe, política y contradicciones

Durante sus primeros años, U2 no solo tuvieron que encontrar una identidad musical. También tuvieron que resolver una contradicción bastante más complicada: cómo conciliar sus inquietudes religiosas con el mundo del rock. Bono, The Edge y Larry Mullen compartieron durante un tiempo una intensa experiencia de fe cristiana. La cuestión llegó a poner en duda la continuidad del grupo: Bono contó años después que The Edge llegó a plantearse abandonar la banda y que él mismo decidió acompañarlo. Su mánager, Paul McGuinness, les recordó que había compromisos adquiridos y que debían cumplirlos.

Adam Clayton vivía aquella dimensión espiritual desde otro lugar. No compartía las creencias de sus compañeros y, en los primeros años, atravesó sus propios problemas con el alcohol y los excesos. No hace falta convertirlo en una leyenda de rock para entender que las diferencias personales formaban parte de la convivencia de cuatro músicos que, además de trabajar juntos, estaban creciendo bajo una presión cada vez mayor.

Con el paso del tiempo, las tensiones adoptaron otra forma. La implicación de Bono en campañas contra la pobreza y la deuda de los países más desfavorecidos llegó a incomodar a sus compañeros. En 2005 reconoció que había temido que su activismo terminara apartándolo del grupo. También explicó que los demás lo apoyaban, aunque debían encontrar un equilibrio para que los conciertos no se convirtieran en interminables discursos políticos. Una confesión que revela una de las contradicciones más persistentes de U2: querer cambiar el mundo sin dejar de ser una banda de rock.

Del desierto a Berlín: cuando U2 decidieron cambiar las reglas

Después de alcanzar una dimensión internacional enorme, U2 se encontraron ante una pregunta incómoda: ¿qué podían hacer después de haber llegado tan lejos? Repetir la fórmula no entraba en los planes. En octubre de 1990 viajaron a Berlín para trabajar en los Hansa Studios, un lugar asociado a grabaciones de David Bowie e Iggy Pop. Las sesiones de Achtung Baby comenzaron con dificultades: había desacuerdos sobre el rumbo musical y sobre la calidad de las canciones. La tensión fue real, pero también lo fue el resultado.

En medio de aquel bloqueo apareció la idea que acabaría convirtiéndose en “One”, fruto de una sesión de trabajo en la que la banda encontró por fin una dirección común. Aquel episodio resume bien el cambio que estaban experimentando: U2 dejaron de intentar proteger la imagen que habían construido durante los años ochenta y aceptaron ponerla en cuestión.

La transformación también llegó a los escenarios. La gira Zoo TV, iniciada en 1992, convirtió el concierto en un espectáculo de pantallas, imágenes televisivas, mensajes contradictorios y provocaciones. Bono apareció bajo diferentes personajes, entre ellos The Fly y MacPhisto, mientras el grupo jugaba con la saturación informativa y la cultura del espectáculo. Hubo incluso llamadas por satélite a la Casa Blanca de George Bush, aunque el presidente nunca llegó a ponerse al teléfono. Y, en uno de los momentos más singulares de aquella gira, U2 establecieron una conexión con Sarajevo, entonces bajo asedio, gracias al periodista Bill Carter.

U2 contra el mundo (y a veces contra ellos mismos)

Si Zoo TV había convertido la ironía en una herramienta de provocación, PopMart llevó la idea hasta el exceso. En 1997, U2 presentaron una gira con una gigantesca pantalla, un arco amarillo inspirado en la estética de los supermercados, una aceituna sobre un palillo descomunal y un limón convertido en bola de espejos. La puesta en escena se burlaba del consumismo utilizando precisamente los códigos visuales de la publicidad y las grandes marcas. Era una provocación deliberada, aunque no todo el mundo entendió el chiste.

El proyecto tuvo sus dificultades. La gira se había contratado antes de que el álbum Pop estuviera terminado, algo que complicó la preparación del espectáculo. Además, las ventas de entradas fueron desiguales en algunos mercados estadounidenses y la prensa empezó a cuestionar si el grupo había llevado demasiado lejos su apuesta por el espectáculo visual. En Los Ángeles, por ejemplo, la venta inicial de localidades fue mucho más lenta que en la anterior gira. Conviene no confundir esos tropiezos con un fracaso general: PopMart también reunió a grandes audiencias y tuvo una recepción muy distinta según la ciudad.

Años después, U2 protagonizaron otra polémica muy diferente. En septiembre de 2014, Apple anunció que regalaría Songs of Innocence a los usuarios de iTunes de 119 países, una operación que la compañía presentó como un lanzamiento para más de 500 millones de clientes. El problema fue que el álbum apareció automáticamente en las bibliotecas de muchos usuarios, sin que estos lo hubieran solicitado. La reacción fue inmediata y Bono terminó pidiendo disculpas: reconoció que la banda se había dejado llevar por una idea que pretendía ser generosa, pero que había acabado resultando invasiva. Una de las campañas promocionales más ambiciosas de la historia de la música terminó convertida en una lección sobre los límites de la promoción digital.

La maquinaria U2: canciones, estadios y una huella imborrable

La dimensión de U2 también se mide en su relación con el directo. Sus conciertos fueron creciendo hasta convertirse en producciones de enorme complejidad, pero el grupo siempre ha defendido que la tecnología debía estar al servicio de las canciones. La gira U2 360°, celebrada entre 2009 y 2011, llevó esa ambición a otro nivel: 110 conciertos en 30 países y cinco continentes, ante un público acumulado de 7,1 millones de personas, según la propia banda.

El escenario circular, conocido popularmente como The Claw, permitía que el público rodeara la estructura y que el espectáculo no dependiera de una única perspectiva frontal. Era una solución visual y técnica de dimensiones extraordinarias, pero también una declaración de intenciones: U2 querían que el concierto fuera una experiencia compartida por decenas de miles de personas, sin renunciar a la conexión directa entre músicos y espectadores.

Parte de su permanencia se explica ahí. U2 han atravesado cambios de sonido, modas, polémicas, momentos de desconcierto y decisiones discutibles, pero han mantenido una formación estable desde 1978. Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. siguen siendo los cuatro músicos que comenzaron a tocar juntos en Dublín. No siempre han acertado, ni todos sus experimentos han tenido la misma fortuna, pero pocas bandas han conseguido convertir una relación musical nacida en la adolescencia en una trayectoria tan larga y reconocible.

U2 en vídeo: dos caras de una banda irrepetible

Pocas bandas han entendido tan bien la relación entre música e imagen como U2. Estos dos vídeos permiten acercarse a dos momentos fundamentales de su trayectoria.

“With or Without You” (1987)

Dirigido por Meiert Avis (con metraje adicional de Matt Mahurin) y rodado en Ardmore Studios, cerca de Dublín, el vídeo de una de las canciones esenciales de The Joshua Tree combina la interpretación del grupo con una atmósfera sobria que refuerza la tensión emocional de la canción, el primer número uno de U2 en Estados Unidos.

“One” (1992)

De las versiones del vídeo de la canción central de Achtung Baby, la más conocida es la de Phil Joanou, rodada en Nueva York en marzo de 1992: Bono interpreta la canción en un bar, intercalado con imágenes de la banda en la época de Zoo TV. Encaja con el carácter íntimo y contradictorio de una canción que habla de unión, diferencias y heridas compartidas.

El resto de sus vídeos, en el canal oficial de U2 en YouTube.

Documentales y películas de U2: música, carretera y vida detrás del escenario

La historia de U2 también se ha contado a través del cine. Sus giras, sus transformaciones musicales y la personalidad de sus integrantes han dado lugar a películas de conciertos y documentales que muestran aspectos que no siempre aparecen en sus discos.

“Rattle and Hum” (1988)

Rattle and Hum, dirigida por Phil Joanou, es imprescindible para comprender la etapa de The Joshua Tree. Combina actuaciones en directo con imágenes de carretera y momentos de la banda durante su viaje por Estados Unidos. La presencia de B.B. King y el acercamiento al blues, el gospel y las raíces del rock americano la convierten en un documento especialmente atractivo. Dónde verla: pendiente de confirmar en plataformas españolas.

“From the Sky Down” (2011)

Veinte años después de Achtung Baby, Davis Guggenheim reunió a los integrantes de U2 en From the Sky Down para regresar a uno de los momentos más difíciles y decisivos de su trayectoria. Con entrevistas, imágenes de archivo y recuerdos de las sesiones berlinesas, el documental reconstruye cómo una banda al borde del bloqueo creativo consiguió reinventarse. Dónde verla: pendiente de confirmar en plataformas españolas.

“Bono & The Edge: A Sort of Homecoming, with Dave Letterman” (2023)

Dirigido por Morgan Neville, Bono & The Edge: A Sort of Homecoming, with Dave Letterman lleva a Letterman a Dublín en un documental que mezcla música, recuerdos y un recorrido por la ciudad que vio crecer a los dos músicos. Incluye una actuación especial con versiones desnudas de sus canciones y conversaciones sobre su amistad y su proceso creativo. Dónde verla: Disney+.

“Bono: Historias de Surrender” (2025)

Dirigida por Andrew Dominik, Bono: Historias de Surrender adapta el espectáculo autobiográfico de Bono, inspirado en sus memorias Surrender: 40 canciones, una historia. El músico repasa su infancia, su familia, su fe y su trayectoria, combinando narración e interpretaciones. Aunque se centra en Bono y no en la historia completa de U2, aporta una perspectiva interesante sobre el hombre que ha sido durante décadas su principal portavoz. Dónde verla: Apple TV+.

Lo que U2 siguen dejando

Pocas bandas han conseguido mantener durante tanto tiempo una identidad reconocible y, al mismo tiempo, reinventarse tantas veces. U2 han pasado del post-punk dublinés a los grandes himnos del rock, de la experimentación electrónica a las producciones monumentales y de la reivindicación política a las contradicciones de una fama que también ha tenido sus excesos.

Su trayectoria no está libre de tropiezos, discos discutidos ni decisiones que han dividido a sus seguidores. Pero ahí reside también parte de su interés: nunca han sido una banda conformista. Nuestro recorrido por sus cinco mejores álbumes, acompañado de tres menciones especiales, deja una certeza: detrás de la maquinaria, los estadios y la figura de Bono siguen existiendo cuatro músicos cuya unión ha marcado varias generaciones.

U2 han escrito algunas de las páginas más importantes del rock de las últimas décadas. Y, aunque el tiempo haya cambiado su manera de entender la música, sus mejores canciones continúan teniendo esa capacidad de emocionar, incomodar y reunir a miles de personas alrededor de una misma melodía.

¿Cuál sería vuestro número uno de U2: “Achtung Baby”, “War” o alguno que hemos dejado fuera?


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