Lo primero que me vino a la mente al escuchar Alegría por primera vez fue una pregunta: ¿existen realmente palabras suficientes para describir todo lo que encontramos en este disco? Cuatro años después de Burbuja cómoda y elefante inesperado, el trabajo que compartió con Los Estanques, Anni B Sweet regresa con Alegría, su quinto álbum de estudio. Un título que puede resultar engañoso si lo interpretamos como una declaración de felicidad permanente. La propia Anni ha explicado que el disco nació después de atravesar una profunda crisis personal, una etapa en la que necesitó recurrir a la terapia y al apoyo de sus seres queridos para salir adelante. Pero, además de todo ello, hubo otro elemento fundamental en este proceso: el descubrimiento de la música cubana y brasileña. De ahí nace una de las principales ideas que recorren el álbum: es posible abordar el dolor desde el ritmo, las melodías luminosas y el movimiento sin restarle un ápice de profundidad. La tristeza no desaparece, simplemente deja de ocupar todo el protagonismo. Y quizás esa sea una de las grandes virtudes de Alegría: conseguir que canciones nacidas de momentos complicados terminen transmitiendo unas ganas enormes de disfrutar de la música.
Musicalmente, ya era de esperar que Anni no nos defraudara. Desde que dejamos caer la aguja hasta que volvemos a guardar el disco en su funda, nos encontramos con un viaje lleno de rincones en los que detenernos y pequeños detalles por descubrir. Ya sabemos que ella es la reina de los pequeños detalles.
De la psicodelia a la influencia de la música brasileña
Su anterior trabajo en solitario, Universo por estrenar (2019), nos proponía un viaje por territorios espaciales, con canciones construidas a partir de muros de sonido, reverberaciones y una buena dosis de épica. En cambio, en Alegría la malagueña apuesta por un sonido más orgánico, colorido y abierto a la experimentación. La psicodelia y el pop de los años sesenta y setenta se entrelazan con la música brasileña. De esta mezcla surgen sintetizadores, guitarras y percusiones que se unen para dar forma a unas composiciones repletas de matices. Todo ello bajo la coproducción de James Bagshaw, de Temples, que vuelve a trabajar con la artista después de su colaboración en Universo por estrenar. Alegría tiene una producción en la que nada parece estar colocado al azar y donde los diferentes instrumentos van apareciendo para aportar nuevas texturas que acompañan a las melodías principales.
No hay mejor ejemplo para demostrarlo que «Adiós con alegría», la canción encargada de abrir el disco. Desde esos primeros compases, en los que la voz de Anni flota sobre un mellotron, nos vienen a la memoria los Beatles de finales de los sesenta. El canto de unos pájaros da paso a la explosión de los instrumentos principales. Tras una estrofa casi desnuda, sostenida por la voz y la batería, se van añadiendo pequeños fraseos de guitarra. Con un estribillo pegadizo y lleno de intención, la canción va creciendo gracias a pequeños detalles de sintetizadores, cuerdas y juegos de voces, hasta desembocar en un fantástico solo de sinte. A pesar de la positividad que desprende, la canción esconde una despedida. Nos habla de una manera de decir adiós sin caer en la tristeza, ofreciéndonos otras alternativas.
El arte de los pequeños detalles
Esa inclinación por la psicodelia continúa en “Nada grave”, una canción con cierto aire teatral a lo largo de su desarrollo. Aquí aumenta la fuerza de esa energía rockera que también tiene Anni, algo que se hace más que evidente al final del tema, que cuenta con un breakdown que daría envidia a más de un heavy.
En “No le encuentro la gracia”, Anni vuelve a jugar con ese contraste entre melodías luminosas y letras oscuras. La psicodelia vuelve a estar muy presente y la instrumentación va ganando cuerpo gracias a los arreglos de cuerdas orquestales, sintetizadores y guitarras, además de un precioso solo de sinte. Es un tema que funciona por sus contradicciones, donde la música nos invita a bailar mientras la letra nos habla de heridas que todavía están cicatrizando.
La alegría de la amistad, desde Santiago Auseron hasta Tulsa
Uno de los momentos más interesantes del álbum llega con “Todo está bien”, donde Anni comparte la voz con Santiago Auserón. La presencia del que fuera líder de Radio Futura encaja perfectamente con lo que Anni intenta transmitir con este disco. Auserón también se caracteriza por su eterna curiosidad y su relación con los ritmos latinos. Ambas voces bailan con naturalidad, reforzando ese sentimiento estoico que transmite la canción. Mirar hacia delante, pase lo que pase a tu alrededor. Lo único que ves es lo que tienes delante, así que ve hacia allí.
En “Amor” entramos en una instrumentación más sensual, con una atmósfera envolvente que se ve reforzada por la voz de Anni. Es una de esas canciones que merecen ser escuchadas varias veces seguidas, con unos buenos cascos y prestando atención a la infinidad de detalles que no paran de surgir. El tema se pone juguetón con un pequeño break y un tarareo que termina desembocando en un clímax en el que las voces persiguen a la percusión y se fusionan con los sintetizadores. Por otra parte, “Llévame al sur” recupera la vertiente pop más directa. Es un tema que aporta frescura al recorrido, equilibrando los momentos más experimentales del álbum.
La colaboración con Miren Iza, de Tulsa, nos lleva hasta “En mi olvido”, uno de los momentos cumbre del disco. Las voces adquieren especial protagonismo, mientras que los arreglos dejan espacio para que ambas puedan lucirse. Poco después de alcanzar la segunda mitad de la canción, entramos en un túnel sonoro que va creciendo progresivamente, sumergiéndonos en una especie de trance espacial. El resultado es una canción que consigue transmitir emoción sin necesidad de grandes artificios.
Y al final, seguimos bailando
El disco se despide con “Bailando espero”, una canción que engloba buena parte de los elementos que hemos escuchado a lo largo del álbum. La música siempre ha sido un vehículo para seguir adelante, sobre todo para Anni. Los ecos de artistas como Miguel Ríos o Juan Perro (Santiago Auserón) nos recuerdan algunos de sus referentes musicales. Después de despedidas, dudas y recuerdos, la malagueña nos invita a seguir adelante y dejar de esperar a que alguien venga a solucionarnos los problemas. Es una manera de cerrar el círculo que comenzó con «Adiós con alegría». «Le he cogido el gusto a bailar, ya no espero a nadie, solo quiero disfrutar». ¿Qué mejor manera de cerrar el disco que bailando?
La escucha de este álbum cambia cuando descubrimos que Anni es multiinstrumentista y que se ha encargado de buena parte de la instrumentación, además de coproducirlo. Lo más interesante es que no ha tenido que renunciar a la melancolía que siempre la ha acompañado en sus canciones para construir un disco luminoso. Simplemente ha aprendido a mirarla desde otra perspectiva. Anni es la reina de los pequeños detalles y los arreglos, y resulta fascinante su criterio y su capacidad a la hora de incorporarlos. Su imaginación es algo digno de estudio; sus canciones, aún más. Escuchen sus canciones atentamente, fíjense en todo lo que puedan, porque merecen toda su atención. Todo un viaje sonoro. Así que, como nos invita a hacer el cierre del disco, nos despedimos bailando.
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