Bajo la sombra de los gigantes
Hay bandas que nacen y crecen bajo la sombra de sus influencias. Aprender a convivir con ellas es una cuestión de supervivencia. Greta Van Fleet pertenece a esa categoría incómoda: la de aquellos grupos cuyo talento resulta inseparable de las comparaciones que despiertan. Desde su irrupción en la escena musical, hace casi una década, los de Michigan han vivido bajo la permanente referencia a Led Zeppelin. Una asociación tan comprensible como limitante. La voz aguda, expresiva y potente de Josh Kiszka, los riffs monumentales y los arriesgados solos de guitarra de su hermano Jake han alimentado inevitablemente esa comparación.
Reducir a Greta Van Fleet a una simple recreación del rock de los setenta supone quedarse en la superficie de una trayectoria más que respetable. Formado por los hermanos Josh, Jake y Sam Kiszka, junto a Danny Wagner, el grupo pasó en pocos años de ser una promesa del underground a ocupar los grandes escenarios. El Grammy obtenido por su EP From the Fires y sus posteriores álbumes confirman que su propuesta ha conectado con un público amplio, incluso entre quienes creían que el rock clásico estaba condenado a vivir de su propio legado.
Palace for the People llega tres años después de Starcatcher, un disco en el que el grupo comenzó a perfilar un sonido cada vez más reconocible. El concepto de su nuevo trabajo surgió a partir de conversaciones sobre el Alexandra Palace de Londres y la idea de crear un espacio abierto a todo el mundo. La música se convierte así en un lugar compartido, capaz de reunir a personas diferentes y ofrecerles un refugio frente a la realidad cotidiana.
Las puertas de un nuevo universo
Resulta significativo que el álbum no comience con un riff afilado ni con el rock que cabría esperar del grupo. «Into the Beginning» propone regresar al punto de partida para explorar lo que hay más allá. Es una breve pieza instrumental, de carácter cinematográfico, en la que los cantos de resonancia tribal se mezclan con cuerdas épicas y percusión.
De un zarpazo en forma de riff de guitarra emerge el rock de estadio que esperamos de Greta Van Fleet. «Tear It Down» podría pertenecer a cualquiera de sus discos anteriores —fue escrita hace un par de años—, pero el grupo ha sabido darle una nueva dimensión. Las guitarras eléctricas se cruzan con las acústicas sobre una base rítmica que recoge la tensión acumulada durante la introducción. A medida que avanza la canción, esa tensión desemboca en un estribillo de coros épicos . La clave está precisamente en la combinación de esos coros con la voz teatral de Josh. Una sección más calmada, sostenida por una batería cargada de reverberación, prepara el terreno para la explosión del electrizante solo de Jake, que culmina con la repetición del estribillo.
El siguiente tema, «Heart and the Beat», se aleja del carácter cinematográfico y épico que domina buena parte del álbum. La canción se mueve hacia el rock de garaje de los primeros trabajos del grupo, recuperando una faceta más directa y menos preocupada por la grandilocuencia.
En «Boughten Bliss», Josh Kiszka despliega todo su potencial vocal. Las guitarras, mayoritariamente acústicas, y el bajo quedan en un segundo plano, sosteniendo la base sobre la que el cantante desarrolla su interpretación. La canción va creciendo mediante capas de cuerdas que se incorporan progresivamente, mientras la batería refuerza esa sensación épica tan característica del álbum.
La fórmula funciona pero ¿sorprende?
Los primeros arpegios de «Field of Stars», acompañados por la voz angelical de Josh, invitan a pensar que estamos ante una composición más relajada e introspectiva. Sin embargo, esa impresión dura hasta que entra la Gibson SG de Jake, que devuelve la canción al terreno del rock clásico y la grandiosidad sonora que envuelve el disco. Quien espere que el tema mantenga ese registro hasta el final se encontrará con otra sorpresa. La intensidad vuelve a descender y da paso a unos arreglos de guitarra cargados de tensión, que desembocan en un brillante solo marca de la casa.
Tras un par de años sin publicar material nuevo, el grupo rompió el silencio con «Play Your Games», el primer sencillo con el que anunció el álbum. Greta Van Fleet regresa aquí a sus raíces para ofrecer un corte de rock de estadio contagioso. Lo esperable sería encontrar un solo de guitarra épico, pero Jake cede el protagonismo a su hermano Sam, bajista y teclista, que firma un magnífico solo de órgano Hammond. Una decisión que aporta variedad al repertorio y demuestra que la identidad del grupo no depende exclusivamente de las seis cuerdas.
A veces, los grupos necesitan varios discos para terminar de perfilar su estilo. Palace for the People recoge el camino iniciado con Starcatcher (2023) y lo desarrolla con mayor amplitud. Greta Van Fleet no reniega de sus influencias setenteras, pero ha sabido incorporar nuevos matices a su sonido, con una presencia cada vez mayor de los teclados y los arreglos orquestales. «Dreams You Hold» y «Lost in the Golden» son dos buenos ejemplos de esta evolución.
Con «Touch Again», Greta Van Fleet recupera buena parte de la electricidad que define sus mejores momentos. La canción se apoya en un riff contundente, una base rítmica de gran pegada y unos arreglos de cuerdas que amplían el sonido sin restarle agresividad. Hay algo especialmente atractivo en esa combinación de músculo y sofisticación: la banda no necesita elegir entre el impacto inmediato del hard rock y una construcción instrumental más elaborada. Aquí ambos elementos conviven y se refuerzan mutuamente.
Entre la épica y la intimidad
Después de la descarga eléctrica de «Touch Again», «Saw You Stand» introduce un cambio de registro. El piano de Sam adquiere protagonismo y establece una atmósfera más íntima, permitiendo que Josh explore una faceta más emotiva de su voz. Sin perder la delicadeza de su base, la canción crece mediante la incorporación progresiva de nuevas capas instrumentales. Ese contraste es precisamente lo que le da fuerza: los momentos más intensos funcionan porque parten de una base emocional que les da sentido.
Que «Saw You Stand» se haya elegido como sencillo de adelanto demuestra que Greta Van Fleet no es solo una banda de guitarras salvajes y voces estridentes. El tema pone de manifiesto su capacidad para construir canciones completas, con espacio para la melodía y el sentimiento, sin renunciar a la amplitud sonora que caracteriza al grupo.
Después de dos temas contundentes y cargados de emoción, «Heya» aporta un tono más ligero y necesario. Su posición ayuda a equilibrar el tramo final del álbum, rebajando la intensidad sin romper la coherencia del conjunto. Aunque no alcanza la misma fuerza que otros cortes, contribuye a diversificar el recorrido y encuentra su lugar dentro de la propuesta general.
El final del disco llega con un par de temas de corte clásico empezando por “Call My Own” para dar paso al cierre ambicioso que es “Born Into This”. Para finalizar, la banda reflexiona sobre nacer en una vida la cual uno no elige. El narrador le canta renegado a los sueños o ángeles rotos pero cambia de perspectiva cuando llegan las dificultades. Contiene desde un bajo lleno de profundidad, hasta unos licks oscuros de armónica que erizan la piel. La batería perfila el crecimiento y la guitarra de Jake va transformándose en un monstruo imparable, todo mientras la voz de Josh viaja por encima.
Un legado que está aún por escribir
Tras escuchar Palace for the People, quedan claras tanto las virtudes como las limitaciones del grupo. Sus discos muestran una identidad cada vez más definida y, después de Starcatcher, la banda continúa explorando la épica y las posibilidades cinematográficas de su música. Sin embargo, esa evolución no siempre evita la repetición. Algunos recursos heredados del rock clásico siguen funcionando como una fórmula que limita el alcance de determinadas canciones. No siempre basta con subir el volumen para sonar grande.
Un palacio puede impresionar por su fachada, pero no deja de ser un espacio vacío si no hay vida en su interior. Greta Van Fleet busca ampliar las fronteras de un lenguaje tan marcado como el del rock de guitarras de los 70. El grupo incorpora composiciones más elaboradas, una mayor riqueza instrumental y arreglos orquestales que expanden su sonido. Con este nuevo trabajo, los de Michigan demuestran que todavía tienen mucho que ofrecer, aunque sus pasos sigan siendo en transformar esa ambición en parte de su personalidad. Josh y los suyos vuelven a constatar por qué siguen siendo una de las bandas más importantes del rock actual.

