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Wishy – Nature’s Pill

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El arte de embotellar la nostalgia luminosa

Cuando un grupo mezcla guitarras muy ruidosas con melodías pop extremadamente dulces, genera un choque sensorial único. Escuchar este disco es como habitar una habitación de adolescente inundada de sol y distorsión; evoca esa época de la vida donde todo se siente con una intensidad desmedida, los enamoramientos son dramáticos y tu cuarto es el único refugio frente al mundo exterior. Sus canciones, brillantes y pegadizas, remiten directamente a la calidez de los veranos juveniles y al pop cristalino que sonaba en los centros comerciales a principios de los dos mil.

El quinteto de Indianápolis, Wishy, ha regresado para agitar los cimientos de la música alternativa con su segundo álbum de estudio, Nature’s Pill, lanzado a través del sello Winspear. Producido codo con codo por el propio Kevin Krauter junto al infatigable Ben Lumsdaine, el álbum se materializa como un manifiesto sonoro capturado en gran parte en vivo dentro de un claustrofóbico estudio en Los Ángeles. El mastering corrió a cargo de Greg Obis, mientras que el arte visual fue encomendado a Conor Shepherd, logrando que la estética del plástico sea tan tangible, vívida y granulada como las doce canciones que se esconden bajo su relieve.

Del deseo al altar de las guitarras

La arquitectura humana de esta entrega se sostiene sobre la simetría creativa de sus líderes, Kevin Krauter (antiguo integrante de Hoops) y Nina Pitchkites (quien solía operar bajo el alias Push Pop). Lo que en el pasado eran destellos intermitentes de genialidad individual, aquí se funde en un único organismo gracias a la consolidación oficial de la banda. Las guitarras afiladas de Dimitri Morris, las líneas pesadas y melódicas del bajista Mitch Collins, y los ritmos urgentes de Conner Host completan la alineación de este quinteto indomable. En este trabajo, los músicos no se limitan a rellenar el fondo; todos se sientan a la mesa de composición para firmar un tratado de pop ruidoso y sudor de carretera.

En un mundo en crisis, la insistencia de la banda en escribir canciones tontamente románticas y optimistas funciona como una trinchera emocional necesaria. Es el escapismo como acto de resistencia

Remedios naturales para corazones «delulu»

Delulu es una jerga de internet que se utiliza para describir la creencia de que uno puede influir en su propio destino mediante pura fuerza de voluntad. El término, derivado de la palabra inglesa delusional («delirante»), tiene su origen en las comunidades de K-pop donde se utilizaba para referirse a personas que mantenían una relación parasocial con celebridades y tenían esperanzas de conocerlas algún día. Posteriormente, el término fue adoptado por la Generación Z y la Generación Alfa, popularizado por tendencias virales de TikTok como el eslogan «delulu is the solulu», que implica que la confianza ciega en uno mismo es la solución.

En el universo pop de Nature’s Pill, este concepto encaja a la perfección porque las letras de la banda suelen hablar de una obsesión romántica, exagerada y casi ridícula, como sucede en su canción Lovesick. Refugiarse en estas fantasías dramáticas cuando el mundo exterior va mal es la mejor medicina sónica (una píldora natural) para estos románticos empedernidos. Ese pop ruidoso y sus estribillos azucarados son el único medicamento orgánico capaz de transformar la melancolía en absoluta libertad.

El mapa hacia el estrellato subterráneo

La trayectoria de la banda es un torbellino de hiperactividad creativa. Comenzaron su andadura con los celebrados EPs Mana y Paradise en 2023, antes de irrumpir con fuerza en el circuito internacional gracias a su aclamado debut de larga duración, Triple Seven (2024). Lejos de tomarse un respiro, en 2025 expandieron su mitología pop con el EP Planet Popstar. Tras ganarse el favor de cabeceras como NME, la banda pasó dos años devorando kilómetros en giras norteamericanas. Esa madurez de carretera es la que impregna este segundo larga duración, transformando el sonido casero de ordenador portátil en un estruendo de directo de primera división.

Wishy demuestra que la frontera entre el shoegaze esotérico y el pop comercial de los dos mil ya no existe; la música actual se consume y se crea rompiendo barreras temporales como mestizaje de géneros

El océano de frecuencias y dobles voces

El núcleo magnético del álbum reside en el juego vocal de Krauter y Pitchkites, quienes se relevan y doblan como corredores olímpicos en busca del gancho definitivo. El sonido es un híbrido perfecto entre el shoegaze brumoso de los noventa, el pop de centro comercial de los dos mil y el jangle pop más cristalino. Las texturas instrumentales esquivan el pastiche gracias a una base rítmica sumamente elástica, capaz de alternar baterías directas e industriales con sutiles percusiones funk de herencia de la escena musical y cultural Madchester y de las líneas acústicas de la psicodelia lo-fi.

El despertar del dulce ruido

El viaje arranca con All The Rage, una pista que aborda la apatía post-ruptura envuelta en un torbellino de guitarras repiqueteantes que recuerdan a la sintonía de una serie televisiva de los noventa en versión distorsionada. Le sigue Covergirl, donde las dinámicas de la banda pisan el acelerador hacia terrenos de un power-pop denso y directo a la yugular. La joya de la corona llega pronto con Sensational, corte que define el espíritu del LP al superponer riffs pesados de corte grunge con ritmos funk congas de fondo, destilando una actitud bailable y descarada.

Tras ese pico de euforia, Shift opera como un interludio de transición atmosférica donde el dream-pop levita sobre capas flotantes. La tensión estalla de nuevo en You’re Not Serious, un despliegue de guitarras crujientes e ironía lírica: «Volaré hasta que el sol muera
Porque mañana podría haber cielos grises».
Este primer bloque se cierra con la deliciosa Mona Lisa, un medio tiempo acústico que se sumerge en una sección psicodélica capaz de interpolar de forma brillante el espíritu del clásico Femme Fatale de The Velvet Underground.

Anatomía del deseo y la pista de baile

La segunda mitad abre con la impecable Lovesick, el sencillo principal donde Nina Pitchkites despliega un pop romántico, exagerado y desvergonzado que abraza la energía del pop clásico con el volumen al máximo: «Acaso las palabras correctas no parecen siempre tan equivocadas?». Freak 99 mantiene la guardia alta coqueteando con ritmos alternativos urbanos de finales de siglo, cediendo el testigo a la juguetona «Headscratcher», una maraña de arpegios intrincados que rinde homenaje al indie rock universitario.

El tramo final se acelera con Blitz, un disparo de ruido controlado y urgencia punk. La penúltima parada, Kiss Kiss Kiss, se erige sobre la repetición rítmica de su estribillo, edificando capas y texturas vocales que crecen en intensidad gracias a la impecable producción de Lumsdaine. Todo se desborda en la catártica Party World, un cierre de fiesta colectivo y deliberadamente absurdo que resume el lema del grupo: si el mundo exterior arde, el cielo es un estado mental que podemos construir juntos en mitad de la pista de baile: «La vida es un juego donde nada está fuera de los límites. Y el amor es un circo, todos son payasos».

Grabar la mitad del disco tocando todos juntos en directo en una habitación pequeña de Los Ángeles salvó al álbum de la pulcritud artificial de los ordenadores

Más allá del amor azucarado

Las letras de Nature’s Pill funcionan como el diario íntimo de un romántico empedernido que ha decidido mudarse a vivir dentro de una comedia romántica. En lugar de optar por la seriedad pretenciosa de otras bandas de la escena alternativa, Kevin Krauter y Nina Pitchkites escriben desde la honestidad más pura, mezclando el drama juvenil con una reconfortante autoconsciencia y un evidente orgullo «delulu». El disco no tiene miedo de sonar vulnerable o un poco ridículo al hablar de amor. En canciones como Lovesick o Kiss Kiss Kiss, las letras capturan esa fase inicial del enamoramiento donde se pierden los papeles por completo. Es la narrativa de alguien que analiza cada mirada, que se pasa la noche en vela esperando un mensaje y que abraza esa enfermedad del amor como la única forma en la que concibe estar vivo.

También hay un contraste constante entre la crudeza de la realidad y la respuesta de la banda. En cortes como You’re Not Seriou o All The Rage, las letras muerden con un punto de ironía y descaro frente a las decepciones cotidianas y la apatía de la era moderna. En lugar de hundirse en el nihilismo, los textos utilizan el sarcasmo como un mecanismo de defensa para quitarle peso al dolor. Finalmente, el clímax lírico del álbum se entiende a través de temas como Sensational y el cierre con Party World. Aquí, las letras se convierten en un manifiesto de resistencia. Nos dicen que, si el mundo exterior se está desmoronando y todo a nuestro alrededor es gris, construir nuestro propio universo de fiesta y distorsión mental es un acto de rebeldía absolutamente necesario.

Receta médica para melómanos incorables

Nature’s Pill es la confirmación absoluta de que la urgencia de divertirse y sentir con excesiva intensidad no es una debilidad, sino un superpoder. Wishy ha firmado un disco redondo, cohesionado y ridículamente magnético que esquiva la frialdad digital moderna para refugiarse en el calor analógico, el sudor de local de ensayo y una fe ciega en los estribillos inmortales.

Al apagar los amplificadores, queda flotando en el aire la certeza de que este trabajo es mucho más que un simple ejercicio de nostalgia noventera; es un escudo emocional frente al cinismo de nuestros días. Un bálsamo de distorsión sónica diseñado expresamente para curar la hostilidad de los tiempos que corren, demostrando que la vulnerabilidad y el ruido pueden ser el hogar más seguro del mundo. Al final, cuando la última nota de «Party World» se desvanece, la banda nos deja con una dulce adicción: la necesidad de volver a tomar esta píldora pop una y otra vez para recordar lo que significa estar verdaderamente vivos.

Escucha aquí «Natural’s Pill» de Wishy

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.