«¿Qué me está pasando últimamente? Tengo miedo todo el rato de morirme de repente». Así resume Ariadna Paniagua el estado de la persona que protagoniza “El año del caballo”, el nuevo single de Los Punsetes y segundo adelanto de su próximo disco. No hay sarcasmo que sostenga esa frase. Tampoco distancia irónica. Solo alguien al borde del abismo, buscando en el horóscopo chino la señal que no encuentra en ningún otro sitio.
Veinte años lleva la banda madrileña desenmascarando las mentiras de la sociedad de consumo con la ironía como arma: el colapso ecológico, la violencia policial, el discurso de turno en redes sociales. Pero el cinismo tiene un límite: cuando el mundo material deja de ofrecer explicaciones, la única salida que queda es la superstición, aunque sea de las más caseras. “El año del caballo” es la prueba de que hasta el grupo que mejor ha retratado el cinismo de las últimas dos décadas necesita, a veces, creer en algo.
De la sospecha al miedo: así suena “El año del caballo”
En la canción, alguien que ya no tiene nada a lo que agarrarse deposita su última esperanza en el calendario: si la vida no mejora por sus propios medios, quizá lo haga un simple cambio de año astrológico. La salud falla, el dinero falla, el amor falla. Y ahí entra el caballo, el signo que la tradición china vincula al fuego, la fuerza y el temperamento desbocado. Sobre una base rítmica taquicárdica y capas de distorsión melancólica, la voz hierática de Ariadna articula sin rodeos el pánico físico y mental de quien empieza el día con ansiedad y lo termina buscando explicaciones cósmicas a su mala racha. No es la primera vez que la banda pone la lupa sobre el malestar colectivo, pero sí la primera en la que el diagnóstico se vuelve personal: el miedo ya no describe el mundo, describe a quien lo padece.
El single continúa el giro que ya apuntaba “Una Persona Triste”, primer adelanto publicado en mayo: de la sospecha (la que dio título a su himno “Una Persona Sospechosa”) a la tristeza, y de la tristeza al miedo desnudo. La canción ocupará la pista 3 de Un río de angustia desbocada, su próximo disco (13 de noviembre, Sonido Muchacho), justo después de “Una Persona Triste”.
El disco está producido por Paco Loco junto a la propia banda en sus estudios de El Puerto de Santa María (Cádiz), con la mezcla de Sergio Pérez García (Svper) y la masterización de Greg Obis en Chicago Mastering Service, el mismo ingeniero que ha trabajado con MJ Lenderman, Slow Pulp o Duster.
Tarot, feria y camisetas de rock: el vídeo que ilustra el pánico
El vídeo abre con Ariadna repartiendo cartas de tarot sobre una mesa de madera. De ahí pasamos a imágenes diversas de caballos hasta que cambiamos de escenario por completo: una feria de atracciones, con nuestro protagonista, primeros planos de diversas personas y muchas camisetas de grupos de rock y heavy nacional, entre ellas una de Extremoduro.
Tarot y feria de barrio no son dos mundos tan distintos: los dos ofrecen el mismo tipo de consuelo fácil frente a un presente que no da tregua. El vídeo no necesita subrayarlo, le basta con poner esas dos imágenes una detrás de otra.
Los Punsetes: veinte años de ironía a punto de agotarse
Los Punsetes nacieron en Madrid en 2004 con una maqueta de siete canciones que incluía “Yo amo a Punset”, homenaje al divulgador científico Eduard Punset, a quien deben su nombre. Desde el principio, Ariadna Paniagua impuso un estilo hierático y frontal mientras el letrista Antonna (Manuel Sánchez) construía una de las plumas más afiladas del pop español, capaz de conectar la post-movida con el indie de los 90. Siete discos de estudio, entre ellos LPIV (2014) y Aniquilación (2019), consolidaron a la banda como referencia ineludible del underground nacional, hasta llegar a AFDTRQHOT (2022), su último álbum antes de esta nueva etapa.
En 2024 celebraron sus veinte años con Que le den por culo a tus amigos, un disco de versiones firmado por más de veinte bandas amigas. Esa recapitulación terminó el 29 de mayo de 2026 con “Una Persona Triste”, el primer síntoma de que algo había cambiado: por primera vez, el grupo sonaba sin escudo irónico. “El año del caballo” confirma que aquello no fue un accidente, sino el arranque de un disco entero dispuesto a mirar de frente al miedo.
¿Qué parte de “El año del caballo” te resulta más reconocible: la ansiedad de la letra o el refugio esotérico del vídeo? Cuéntanoslo en los comentarios.
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