Hay noches en las que uno sale de un concierto sabiendo que ha vivido algo especial. Las casi 2.000 personas que este 12 de septiembre estuvimos en Razzmatazz lo supimos antes de siquiera empezar el concierto. En el ambiente se respiraba el fanatismo que solo el universo Stone puede tener. Desde más de una hora antes de la apertura, la cola ya daba la vuelta a la esquina. Nadie quería perder la oportunidad de ver todavía más de cerca al maestro. ¿En qué momento podemos ver en Razzmatazz a un Stone? Desde la apertura de puertas ya se notaba ese nerviosismo general antes de ver a una leyenda.
A las 21:00 en punto se apagaron las luces y la sala entró en furor. Gritos, emoción, manos al aire y sonrisas. Por la derecha entraron los miembros de la banda y, con ellos, Ronnie. Con una sonrisa de oreja a oreja y el buen rollismo que le caracteriza, Wood arrancó la noche con las primeras notas de “It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It)”, del álbum homónimo de 1974 de los Stones. La sala ardía y la gente gritó cada letra, demostrando que había y hay ganas de los Stones en España. Ronnie afrontó con fuerza y carisma a la voz el papel de Jagger ante unos fans encantados.
Seguimos en 1974, pero cambiamos al primer álbum en solitario de Wood, I’ve Got My Own Album To Do, con “Am I Grooving You”, tema que nos indujo a un trance lleno de groove. La banda lució en plena forma al mantener ese ritmo imparable. Wood sacó la armónica por primera vez y demostró que no solo es el mejor en la guitarra.
El swing de Ronnie, de Londres a Chicago pasando por Jamaica.
Ronnie se estará haciendo mayor, pero el ritmo, el swing y el groove no se lo quita nadie. Una vez sale al escenario ni se te ocurre casi pensar que tiene casi 80 años. De los lejanos años 70 nos transporta a Jamaica con el reggae “Take It Easy”, de Hopeton Lewis. El escenario desprendía un buen rollo que impregnó a la sala.
Al acabar, el maestro presentó a su también compañera en los Stones, Chanel Heynes. La corista tomó la voz principal en lo que Ronnie contaba que era la primera canción que compuso con los Faces: “Flying”. Chanel nos hipnotizó con la maravillosa interpretación vocal que hizo. Es difícil describir lo bien que lo hizo con palabras; hay que vivirlo. Fue hipnótico, maravilloso, psicodélico. Todos los buenos adjetivos. El público se rindió ante ella y la AMMO Band.
No nos dio tiempo a recuperar el aliento cuando sonó otro tema de los Rolling Stones. “Hey Negrita” hizo estallar de alegría a la sala. Tengo que confesar que estaba rodeado de argentinos y que eso que dicen tantos artistas de que son el público más entregado es verdad.
El incombustible Ronnie y el talento de Imelda May
Pisaron el acelerador con “Seven Days”, canción que Bob Dylan regaló a Ronnie Wood para su álbum de 1979, Gimme Some Neck. Al acabar esta, el británico presentó a su vieja e inseparable amiga Imelda May, junto a los demás miembros de la banda, para rendir homenaje a The Shangri-Las con “Remember (Walking in the Sand)”. La banda se marcó una versión increíble, llena de actitud, sensualidad y amor por la música. Imelda desplegó todo su carisma y actitud, demostrando por qué Ronnie le tiene semejante admiración.
Acto seguido, damos paso al blues más puro con una tremenda versión de “Baby What You Want Me to Do”, de Jimmy Reed. No olvidemos que hace apenas cinco años Ronnie le rindió homenaje con un disco en directo entero de versiones. Tanto Jimmy Reed como Chuck Berry, al que le dedicó otro disco, son dos de sus mayores influencias.
Con una ovación enorme para Imelda, pasamos a nuevo material del británico en solitario con “You’re So Fine”, que pertenece a su reciente antología Fearless, que contiene música de Ronnie a lo largo de 60 años de carrera. Tras poco más de 15 años sin sacar música propia, centrado en los Stones y en los discos tributo a Reed y Berry, nos deleitó con un EP incluido en la antología antes mencionada.
El bloque de material propio siguió con “Show Me”, que nos retrae de vuelta a los 90, a uno de los mejores discos en solitario de Wood: Slide on This (1992).
Dejarse el alma en cada canción
Sin darnos cuenta, empezaron las primeras notas de “Mystifies Me”, de su primer álbum I’ve Got My Own Album To Do, de 1974. La piel de gallina se nos puso a todos los de la sala; emociones a flor de piel con la brillante interpretación de Wood y compañía. Hay canciones que no se pueden tocar sin sentirlas, y esta es una de ellas. La banda lo dio todo para aportar ese plus tan único que necesitan este tipo de canciones.
Como un tren sin frenos, pasamos a rendir homenaje a Tina Turner con Chanel Heynes de vuelta al frente con “River Deep, Mountain High”. Para, sin descanso ninguno, pasar a “Country Honk”, que es la versión más roots de “Honky Tonk Women” y que el público cantó a todo pulmón.
Ya con la sala eufórica por la majestuosa interpretación de la banda, volvimos al soul con una preciosa versión de “Chain of Fools”, de Aretha Franklin. Los papeles de Imelda y Chanel, respaldando a Ronnie, eran magníficos, elevando el nivel de la banda más alto todavía. Ronnie es un hombre inteligente y sabe de sobra que es buena opción rodearse de semejantes voces. Él no es el mejor en cuanto a técnica vocal se refiere, pero a carisma y actitud pocos le ganan, y tener cubiertas las espaldas con ellas dos es un acierto.
Blues, nostalgia y Ooh La La
Todos sabíamos que la recta final ya había arrancado. Tras unas breves palabras, regresamos de nuevo a 1973 y al último disco de Faces, Ooh La La, con la favorita de un servidor: “Ooh La La” llenó la sala de ternura y nostalgia. Vocalmente lo hizo fenomenal y, hacia el final, fue preciosa la reacción del público coreando el estribillo.
Si pensábamos que la cosa no podía ir mejor, fue a mejor cuando sonó el riff de “Can’t You Hear Me Knocking”, de los Stones, perteneciente a Sticky Fingers. A más de uno se le caía la baba y se volvía loco cuando Ronnie empezaba a corretear de un lado a otro con esa energía que siempre ha tenido. Y es que no todos los días puedes ver a un señor de 79 años saltando, tocando, cantando y corriendo, y mucho menos si es un Rolling Stone.
La magia nunca se acaba si se trata de un Stone
La sala seguía eufórica cuando tocó “Outlaws”, también de su carrera en solitario, antes de dar paso a los bises. Tras haberse refrescado entre bastidores, Ronnie salió solo con su guitarra, sin banda, tocando un blues fantástico con slide. Se deleitó con un maravilloso medley formado por “Dust My Broom”, “Black Limousine” y “Plynth”, que fue la única que hizo en honor al ya desaparecido Jeff Beck.
El último tiro fue el clásico de Faces, “Stay With Me”, con el cual subió las revoluciones para un final por todo lo alto. Dio paso a pequeños solos de todos los miembros de la banda, todos fantásticos. La AMMO Band se descolgó los instrumentos y ya supimos que nuestro sueño estaba a punto de acabar.
Entre aplausos, respeto, sonrisas y mucha alegría, Ronnie y compañía se despidieron.
Hace meses, cuando salieron las entradas, todos nos sorprendimos al ver el precio: 150 euros más gastos que había que desempolvar para ver al británico. Cuesta sacarlos, pero por un Stone… uno hace lo que sea. Es cierto que, teniendo el caché de Ronnie, en un sitio tan pequeño como Razzmatazz es más o menos lo que cuesta. No se colgó el cartel de “Entradas agotadas” precisamente por eso.
Durante el concierto y después, este “pequeño” detalle se nos olvida porque hemos cumplido un sueño. Es emocionante ver a Ronnie a apenas un par de metros, mirarlo y ver en él al mismo que vemos en las viejas fotos de los Stones. Al mismo que compartió piso con Jimi Hendrix, al mismo que fundó Faces. Al que llena estadios con Jagger y Richards. El que tantas alegrías nos ha dado y tanto nos ha hecho sentir con solo tocar unas cuerdas con un trozo de plástico.
Queridos lectores, este 12 de septiembre ha sido un día en el que es difícil no creer en la magia. Ronnie es mágico y querido por todos. Hay quienes no confían en que vuelva, ya sea en solitario o con los Rolling Stones, pero aunque no vuelva, nunca, nunca, se irá de nuestros corazones, ni él ni este concierto.
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