Fotografías: Alejandro García-Cantarero
La necesidad de desconexión del mundo que nos rodea y de reencontrarse con uno mismo es algo que nos persigue casi a diario. Alejarse del ruido y la sobreexposición para volver a conectar con lo esencial, con lo humano, con lo analógico quizás… Suena casi a quimera romántica, pero de ahí surgen muchas veces las ideas más honestas y puras.
Arde Bogotá se ha convertido seguramente en la banda más importante de este país. Capaz de congregar a miles de personas en conciertos en grandes recintos, de agotar entradas en minutos, incluso de que la gente haga noche para conseguir los cotizados tickets físicos de su próxima gira de salas. Llevan unos años en la cima a nivel mediático y de relevancia, pero ellos siguen siendo los cuatro chavales que, hace no tanto tiempo, se empezaron a dar a conocer desde su Cartagena natal con la ilusión de quien quiere comerse el mundo y la seguridad del que cree que podrá hacerlo a base de esfuerzo y mucho trabajo.
En medio de esta vorágine, Antonio, Dani, Jota y Pepe, decidieron bajar el ritmo para empezar a plantear las ideas del que iba a ser su tercer larga duración. No se despidieron ni lanzaron un comunicado, simplemente se expusieron menos, descansaron y empezaron a plantear las ideas de Manufacturas del Club de la Gente Sola (MCGS) su nuevo y maravilloso disco. Un trabajo que nace de la necesidad de asumir el dolor sufrido en sus carnes y observado en gente cercana a ellos, partiendo de algo tan aparentemente sencillo como desear tener un corazón inmune al sufrimiento. En base a esa idea desarrollaron todo el concepto del álbum y estructuraron unas canciones que unidas forman una obra coherente, profunda y con un enorme peso emocional.
Arde Bogotá no han querido repetir las fórmulas del éxito, por eso en MCGS han introducido nuevos ingredientes y colores en una paleta que mantiene intacta la esencia del grupo. Seguimos hablando de rock, por supuesto, pero en estas canciones hay dejes flamencos, aires de pasodoble, acercamientos a las marchas de Semana Santa y muchos otros matices que vuelven al conjunto más interesante si cabe.
Han pasado solo 6 años desde aquel primer encuentro con ellos en plena pandemia, por videollamada, cuando publicaron su primer EP, pero ha sido todo un mundo para ellos (y para nosotros). Un crecimiento constante y la sensación de que no hay cima que se les resista ni hito que no puedan conquistar. Han sido muchas las charlas y encuentros personales desde entonces y la sensación sigue siendo la misma: son humildes, cercanos y derrochan ilusión. Ahora además tienen oficio, mucho oficio, como demuestran en su nuevo y esperadísimo disco, alrededor del cual tuvimos esta conversación hace unos días.
Cada vez que me junto con vosotros la sensación es que estáis un escalón todavía más alto al anterior. Siento que todo ha ido rapidísimo desde la primera vez que hablamos hace ya 6 años. ¿Sois ya plenamente conscientes de dónde estáis y de lo que representáis a nivel de repercusión?
Antonio: Yo creo que no completamente, tío. Sí que tenemos un poco la noción de la repercusión. Sabemos que mucha gente se va a enterar de que ha salido un disco, más que cuando hicimos Cowboys, pero sí que creo que no tenemos la misma impresión que la gente que ve el proyecto desde fuera. Me imagino que los proyectos hacia afuera lanzan todo lo guay, lo que se ve a nivel mediático y de repercusión, mientras que desde dentro es curro, creación, ideas, riesgo, exposición…
O sea, que desde dentro la perspectiva de esa dimensión es distinta.
Antonio: Es como cuando estás dentro de una casa y desde ahí parece más grande o pequeña que lo que parece desde fuera.
Jota: Yo diría que en este caso solo tienes la teoría. O sea, te has estudiado el temario y sabes que existe el apartado de “repercusión”, pero no me lo he estudiado. Solo me sé el título, así que desconozco la profundidad de eso.
Dani: Desde aquí solo se ven las sombras de la caverna. Creo que sí hay una consciencia de responsabilidad y eso nos hace trabajar, pero bueno, hemos currado muy duro desde el principio, hasta cuando no había mánager. Hay una consciencia de querer hacer las cosas bien y responder a todo lo que pase, sea como sea de grande.
Cuando una banda está en una situación como la que estáis vosotros, ¿la mayor dificultad que encontráis es quizá la responsabilidad?
Dani: En mi caso, yo lo siento como que todo lo que está pasando te da la oportunidad de tener una carrera interesante hacia lo que tú quieres tener. Esto nos está poniendo en el foco de poder tener la carrera que nosotros queramos. Y eso te pone un punto de presión, no con el público, sino contigo mismo, de decir, «quiero que pasen muchos años, mirar atrás y poder decir que tuve la carrera que quise tener». Esa es la oportunidad que nos está dando todo esto.
Pepe: También, por añadir una cosilla más, hay una cosa que yo, por ejemplo, percibo y que antes no pasaba: que ahora, una decisión que tomemos puede incluso poner en riesgo a alguien. Por ejemplo, el hecho de que acampe la gente para comprar entradas y que pueda venir un tío y decidir llevarse eso por delante. Creo que no somos conscientes realmente de eso porque es algo que nunca había pasado. Es muy heavy.

«Esta banda no se repite, no se copia a sí misma»
Cuando uno escucha este disco se da cuenta de que afianzáis vuestro sonido y algunas características de Arde Bogotá: la contundencia de la base rítmica de las canciones, un sonido de guitarras que ya es muy reconocible y, por supuesto, una voz más que característica.
Pero lo que me parece más interesante es que aquí hay nuevos matices e ingredientes, tales como las palmas al inicio de “El Tesoro”, los vientos de “Judas” que se acercan casi a un pasodoble, la voz en falsete de “Hervidero”, el cierre aflamencado de “Sacude”, etc. ¿Cómo surge la idea de introducir todas estas nuevas sonoridades?
Antonio: Creo que, desde muy al principio de empezar a juntarnos para hacer canciones nuevas, había un deseo de buscar una forma de sonar a algo que solo podamos sonar nosotros, y que tenga que ver con nuestro origen, con de dónde venimos, con la música que nos rodea más allá del rock and roll o de la música que teníamos más clara o que solíamos tocar hasta ahora. Y entonces, ahí es cuando empieza una investigación sobre flamenco, sobre pasodoble, sobre marchas de Semana Santa…
Eso aparece en el disco, y hay canciones que desde la base están ya impregnadas de eso, como “Señor Herrero” o “El Tesoro”, y luego otras que tienen como el anhelo de «aquí falta algo». Y es ahí cuando vamos a una nueva biblioteca de sonido. O sea, no recurrimos solo a la biblioteca que ya habíamos explorado en Cowboys, sino que también vamos a una biblioteca sonora que no son bandas, sino que son otro tipo de autores e intérpretes. Entonces aparece “Sacude”, o aparece el solo de “Judas” o la trompeta… Creo que de todo eso se va formando lo que entiendo que te refieres con esas “nuevas sonoridades”.
Es imposible hablar de Manufacturas del Club de la Gente Sola sin mencionar todo el concepto que habéis ido trabajando desde que sacasteis el primer adelanto hasta ahora y del que tanto se ha hablado. Contadme cómo surgió la idea de todo esto. ¿Tenéis canciones que hablan de eso y decís «vamos a vestirlas de esta manera» o todo empieza con un «me gustaría hablar de esto»?
Antonio: Nosotros empezamos a hacer temas y, si no me equivoco, el primero que hicimos fue “El Tesoro” y el segundo fue “Señor Herrero”. Cuando hicimos “Señor Herrero”, ya fue un tema que nos caló a los cuatro, y fue como «nos mola el sonido, nos mola lo que propone, nos mola de lo que habla…». Entonces, empezamos a hacer canciones y todas las trabajábamos o las pensábamos, sin querer, un poco en relación con “Señor Herrero”. O sea, acabábamos de hacer un tema y decíamos, «¿esto podría estar en un disco igual que “Señor Herrero”?»
A partir de ahí, fuimos viendo qué canciones nos estaban gustando y cuáles no nos estaban gustando tanto. Así armamos la primera criba para presentar al equipo, y dijimos: «Tíos, creemos que el disco es un manual de instrucciones para hacerte un corazón». En ese momento creamos el campo de juego y, a partir de ahí, se trató de seguir explorando esta biblioteca de sonidos y seguir con la ambición de sonar diferente. Además de eso, queríamos hablar de lo que ha terminado hablando el disco, de cómo construir una máquina para la sensibilidad, que uno pueda decidir apagar, romper o quitarse de en medio para no sentir aquello que no se quiere sentir.
Entiendo que entonces, una vez tenéis ese campo de juego del que hablas, empiezan a surgir nuevas canciones ya casi como partes de un guion, como hechas para que hablen de algo determinado.
Antonio: Claro. Canciones como “Instrucciones” no existirían si no hubiéramos dado con ese hilo conductor. Me acuerdo de la primera vez que vimos el tema de “Instrucciones”, que Dani dijo: «Bueno, esta letra la has hecho ya pensando que vamos a hacer un manual de instrucciones». Y claro que fue así, por eso también acabó siendo el primer adelanto y el primer tema del álbum.
Claro. Justo os iba a preguntar si “Instrucciones” fue la primera canción que hicisteis del disco porque parece el germen de todo, pero veo que no fue así, que “Señor Herrero” fue el origen e “Instrucciones” la hicisteis ya con una intención clara.
Antonio: Entiendo que pensaras eso porque es muy prólogo, muy autoexplicativa.
Jota: Bueno, estaba ahí el debate porque no sabíamos muy bien cuáles tenían que ser los adelantos. Quizás era evidente sacar un single “singleoide”… Hay canciones en el disco que seguramente funcionan mejor que las que hemos sacado, por ejemplo, “Judas” o “El Tesoro”, que tienen una cosa distinta pero muy divertida.
Como primer single realmente estábamos dudando entre “Instrucciones” y “Señor Herrero”, porque “Señor Herrero” al final también habla un poco del asunto, porque tú vas a pedir que te hagan o te enseñen cómo crear un corazón. O sea, es otra manera de hablar del manual de instrucciones. Lo que pasa es que, en vez de coger el libro, estás yendo directamente al maestro o escritor del manual. Pero en este caso había sentimientos encontrados porque es cierto que “Señor Herrero” quizás no quedó como nos hubiera gustado, y esto creo que hay que decirlo.
¿No os convenció tanto el resultado final de la canción?
Jota: Es que nosotros producimos mucho las canciones antes de que venga un productor externo. Y había la sensación de que incluso podía estar mejor la versión de la demo que la final. La versión final quedó muy chula también, pero perdió algunos elementos y eso nos hizo dudar sobre si tenía que ser la canción elegida para presentar la base de un concepto. Seguramente hubiera funcionado igual, pero más que para asentar el concepto del disco, a nivel potencia y cambio de sonido al final se quedó “Instrucciones”. Hubo un debate muy gordo, igual que para sacar “El Club de la Gente Sola”.
Dani: Es que, cuando sacas un single, la intención de hoy en día, quizás, es que la banda está poniendo un foco. O sea, sale un adelanto, se pone el foco y, ¿qué quiere decirnos la banda? Al observar eso tienes varias opciones: puedes sacar la canción fácil, la que representa la música ligera dentro del disco, y luego puedes poner el foco en algo más complejo que es sacar un tema que explica mejor el concepto y, no solo eso, sino que explica mejor la evolución de la banda. O sea, una canción como “El Club de la Gente Sola” no es una canción tan fácil y digerible en una primera escucha, pero es una canción que representa evolución. Y la banda está en un proceso de evolución.
Es normal que cuando haces un álbum de 11 canciones, haya algunas canciones que, sonoramente o por lo que sea, puedan acercarse más a la etapa anterior, y otras que tengan ligeros cambios, que den un paso más allá o se atrevan a ciertas cosas. Yo creo que Arde Bogotá es una banda que se atreve y, cuando saca un single como “El Club de la Gente Sola”, lo que te está lanzando, más allá de la canción, es un mensaje: «Esta banda no se repite, no se copia a sí misma».


«Para producir el disco buscábamos a alguien no conociera a Arde Bogotá en el contexto español»
Jota ha dicho antes que el resultado de “Señor Herrero” quizás no era el que esperabais y, al hilo de eso, quería preguntaros por la decisión de iros a Los Ángeles a grabar el disco y que Joe Chiccarelli fuese el productor. ¿Cómo surgió todo esto? ¿Era algo que teníais claro desde el principio o viene de hacer una especie de lista de deseos previa?
Jota: Sí, surge de una wishlist. En el proceso de experimentar, de salir de lo que conocemos, de buscar la incomodidad, y también de la curiosidad de ver qué pasa con un productor que no habla tu idioma y que trabaja fuera, buscamos varios. De hecho, en la lista había un montón de gente que sugeríamos nosotros y que nos sugería la compañía en función de las bandas que nos gustaban o que estábamos escuchando. Desde la clásica Arctic Monkeys hasta los Viagra Boys. Quiero decir que en esa lista había una mezcla ecléctica. Intentamos con James Ford (Arctic Monkeys, Fontaines D.C.), pero no podía por problemas de salud; intentamos con no sé quién que había trabajado con los Foo Fighters, etc. Hubo mucho estudio de los créditos de esa gente para ver qué tipo de sonido sacaban.
Al final, se redujo la búsqueda a dos personas: un señor escocés que se llama Adam Noble, que es maravilloso, un bonachón, y traía ideas muy chulas, pero que no terminaban de describir bien a la banda. Él tenía un currículum increíble porque había trabajado con Biffy Clyro, Placebo, Liam Gallagher… De hecho, en el documental de Oasis aparece su nombre en los créditos. Nosotros quedábamos con él y estaba haciendo el vocal mixing de los conciertos del año pasado, y nosotros flipando, claro. Pero intentamos no cegarnos por esas historias que nos camelan.
Luego, en las reuniones que tuvimos con Joe vimos que tenía una vitalidad y una manera de hablar y de expresar un enamoramiento con la banda, que quizás es una cosa muy angelina o “hollywoodiense”, pero estaba súper convencido de querer trabajar con esta banda, sobre todo a raíz de escuchar “La Torre Picasso”. Él quería cumplir la misión personal de enseñarle al mundo esta banda y este tipo de rock que se hace ahora aquí. Y bueno, si hablamos de los créditos de Joe… Trabajó con Frank Zappa, ya solo con eso… Así que le dijimos que vale, pero que tenía que acceder a venir a hacer la “prepro” a Cartagena, ¡y el payo vino a Cartagena desde Los Ángeles y lo tuvimos una semana en nuestro local!
Pepe: Hubo conexión con Joe desde el principio. Buscábamos un productor de fuera porque pensábamos que con los productores de aquí nosotros tendríamos mucha influencia sobre ellos y que nos llevarían a sitios que ya conocemos.
Queríais a alguien que no os hubiera escuchado antes.
Antonio: Sí. Y sobre todo que no conociera a Arde Bogotá en el contexto español. Hemos trabajado con productores geniales de aquí y con todos hubiera quedado un disco precioso, pero al final nos conocen a nosotros, a nuestro público y a nuestra escena, mientras que Joe no sabe lo que es el Sonorama Ribera o el FIB. Joe solo sabe de canciones y, de hecho, para él estamos en la escena de otras bandas de rock internacional.
Dani: De hecho, cuando nos hablaba de lo que había estado trabajando nos hablaba de Morrissey, por ejemplo, no de un grupo con el que te encuentras en el camino del Sonorama.
Antonio: Sobre todo, él decía siempre: «Mi trabajo es abriros puertas» y las puertas que Joe conocía estaban más lejos de nosotros de lo que pensábamos. No son puertas que no hubiera conocido Adam Noble o Lalo, pero sabíamos que, por el contexto de Joe y por lo que él nos demostró, eran puertas que nosotros no hubiéramos encontrado sin él.
Jota: Una cosa que también creo que nos marcó bastante es que, a la hora de hacer nuestras demos y trabajarlas, él decía: «Vale, si es que estas canciones ya sabéis cómo hacerlas. Vamos a buscar otra manera de comunicar estas letras y metáforas y salir de ahí». Y de eso, el ejemplo más claro es “El Club”. Esa canción era bastante distinta y no iba a entrar en el disco. Hicimos una pizarra con las 25 canciones que compusimos, les poníamos nota y no había mucha convicción en “El Club”, pero sí le dimos el chance de experimentar con ella, basándonos en una cosa muy interesante que es «menos es más».
Por otro lado, nosotros no queríamos ir a Los Ángeles. O sea, era Los Ángeles o sur de Francia y nosotros queríamos intentar ir al sur de Francia, pero era extremadamente caro. Así que lo lógico era ir a Los Ángeles, por precio y porque él tenía allí su nave nodriza.


«Joe nos ayudó a encontrar un punto medio entre el rock and roll que siempre hemos hecho y los nuevos caminos que estábamos investigando»
¿Y esos nuevos ingredientes de los que hablábamos antes los llevabais ya vosotros para enseñárselo a Joe?
Antonio: Sí, claro. De hecho, desde el principio le dijimos a Joe: «Ten en cuenta que nosotros estamos trabajando en esta dirección y esto no es algo tuyo». Él nos animaba siempre a que le propusiéramos cosas. Cuando se grabaron los coros de “Sacude”, de repente Joe recibe unas voces que no conoce, con unos vibratos que para él no son familiares. Otro ejemplo es el solo de trompeta, que Juanito grabó 4 o 5 diferentes. Pero también es interesante que Joe, desde su perspectiva, nos ayudó a dejar eso en un lugar que creo que es más ajustado a Arde Bogotá en este momento.
Quizás sin Joe, o con un productor que conociera más de ese folclore, de ese background y de esa música, habría acabado siendo un disco distinto, con una presencia mucho mayor de eso y menor de un rock and roll contemporáneo, que también es parte de nuestra búsqueda. Creo que ahora está en el punto medio, en parte gracias al desconocimiento que Joe tenía. Él decía: «Entre los arreglos de voz que grabó Celia, os aconsejo poner este porque, al oído de una persona que no conoce el flamenco, es más appealing, más llamativo, más amigable».
Él no había escuchado Triana hasta que se lo pusimos nosotros y flipó, pero claro, es que él no conoce ese código. Entonces, hay un punto en el que entiende que esto es suyo, es interesante y refuerza la canción, pero hay un punto más, que a nosotros a lo mejor nos va a encantar, que él nos va a decir «por ahí no sé seguiros», y creo que en el punto medio es donde estaba la virtud.
Claro. No es un ejercicio de estilo, sino que son matices que enriquecen y que permiten que las canciones sigan sonando a vosotros.
Jota: No metimos todo lo que quisimos porque él, desde su punto de vista artístico, valoró que no. Este es otro tema, que lo dice mucho Dani también, que el payo es otro artista y allí la figura del productor es de superestrella.
Dani: Por ejemplo, él la trompeta la entendía de otra forma. Cuando llegó el puente de “Judas” dijo: «Aquí dad espacio» y entonces, todos los chavales cuando hay un espacio piensan «aquí se puede reinar con eso» [risas]. No sé a quién se le ocurrió decir que molaría que entrara un viento, una trompeta, porque ya desde la creación y composición, nosotros rondábamos la idea de meter vientos y cosas así, atrevernos a cosas nuevas. Entonces, alguien dijo: «Una trompeta que haga como un deje de pasodoble». Alguien hizo como la trompeta encima de la canción, tarareándola, y Joe, con su conocimiento del mundo muy diferente al nuestro, dijo: «Ah, mexican trumpet» [risas].
En este disco el orden de las canciones me parece que tiene una importancia vital. Empieza por las “Instrucciones” y el deseo de tener un corazón que no sienta y después llegan las razones para esa búsqueda: la rendición ante el sentimiento hacia otra persona (“El Tesoro”), el darte cuenta de que esa pasión es casi peligrosa (“Judas”), luego viene “Antifiesta”, después “Olivos”, a continuación, la mirada recae en el artífice de ese corazón (“Señor Herrero”)… y después de ese intento de construirlo, ocurren cosas, hay consecuencias hasta llegar a “Sacude”. Yo veo un hilo cronológico claro.
Antonio: Total. Yo estoy de acuerdo y creo que lo has explicado y analizado muy bien. Todo el proceso del álbum lo hicimos como buscando hablar sobre un proceso constructivo, como una receta, y hablábamos siempre de cuatro cosas: el deseo, la culpa, la tristeza y el consuelo.
Cuando luego hicimos el orden del álbum, había algunas cosas que obedecían ahí y otras que mutaban en cierta medida para explicar mejor el álbum o para llevar mejor por el viaje sonoro, pero ha quedado muy en el mismo orden. “Instrucciones” funciona un poco como prólogo, pero enseguida entras por la parte del deseo, por una parte de sentimientos a los que sucumbes y no puedes reprimir, pero están sobreexcitados, como por encima de tu control. Y eso ya te va llevando hacia lugares: hacia la tristeza, hacia la culpa, hacia una suerte de dolor que al final acaba buscando alguna especie de consuelo en canciones como “Asidero”, en algunos puntos de “Bigger Splash” y, por supuesto, en “Sacude”. Entonces, creo que está un poco ahí el proceso de la receta para el corazón que no siente.

«Existe el consuelo en asumir algo y aprender a convivir con ello»
¿Y por qué sentís la necesidad emocional de hablar de ese corazón que no siente?
Antonio: A nivel emocional y biográfico es en lo que estábamos. Son canciones reales, vivencias y recuerdos sobre los que queríamos reflexionar. Y luego también creo que es algo que he visto mucho en mucha gente a mi alrededor, cierto punto de soledad no deseada, cierto punto de insensibilidad, cierta incapacidad de abrirte del todo. Y sobre todo está la reflexión, que es a lo que creo que vamos a la música, y a comunicar cosas que no sabemos comunicar con palabras porque no se nos da bien, de «¿por qué estoy sintiendo esto que no me encaja?». De esa reflexión de intentar encontrar una respuesta a por qué siento esto aparece el intento de explicarlo desde un lugar matemático o casi industrial, y eso queda atravesado por la parte que no puedes controlar, que son las montañas, el viento, el agua, el mar, la primavera…
En “Asidero” hay una frase que es casi como una especie de mantra al que aferrarse: «No hay dolor es pasajero». Creo que es algo que resume muy bien el espíritu del disco. Has dicho que en este álbum hay culpa, hay tristeza, hay consuelo, y yo también veo algo de esperanza, pero ahora escuchándote no sé si realmente es así.
Antonio: Yo creo que tú lo ves porque eres buena gente y eres optimista [risas]. Para mí, la moraleja de esta fábula está más en asumir que en confiar en que algo cambie. Y por eso, “Asidero” para mí también tiene un punto de moraleja. Vale, puestos a hacer un corazón o algo a lo que agarrarte, hazlo de cristal, porque así cuando no lo quieras lo rompes y te lo quitas del medio. Hay que asumir también que a veces no funciona como uno querría, pero eso no quiere decir que esté roto. Ese es un poco el tipo de conclusión a la que yo llegué.
Para mí no son nada esperanzadoras las canciones, la verdad, por eso me gusta más hablar de consuelo que de esperanza. Para mí hay consuelo en asumir algo, en aprender a convivir con ello, pero no quiere decir que vaya a cambiar ni que vaya a mejorar.
“El Club de la Gente Sola” me hizo reflexionar acerca de la soledad, de lo difícil que es asumirla cuando es sobrevenida y lo necesaria que es cuando es buscada. Esto me lleva a preguntaros por la forma en que vosotros os situáis con respecto a esto, siendo ya una banda de mucho éxito y acostumbrados a estar rodeados de gente continuamente. Muchos artistas hablan de esa soledad que se siente al bajarse del escenario y volver a casa y no sé si a vosotros os pasa esto también.
Dani: Sobre todo, hay mucho contraste. Pasa mucho en los conciertos en los que te bajas de un escenario después de haber estado delante de miles de personas, vuelves a una habitación de hotel fría y solitaria, y estás tú solo. Tenemos la suerte de que compartimos habitación todavía [risas], pero hay quien lo vive solo. Entonces, yo resaltaría más el contraste que la soledad, por lo menos en el mundo artístico. Muchas veces estás rodeado de un equipo que te lleva y te trae, gente que mataría por tocarte la mano, y luego sales y la realidad es muy diferente a la que se encuentra el que también está en esa habitación solitaria, pero que solo ha comprado el pan o ha visto a un amigo.
Jota: De todas formas, no es malo. La soledad también es un refugio interesante. Voy a poner un ejemplo. Son las fiestas de la ciudad, sales y, evidentemente, hay gente que va a los conciertos o baila tus canciones en los bares, y puede ser un momento tan apremiante como agobiante. Es decir, es apremiante que te reconozcan, te feliciten y te digan lo que significa, y agobiante porque, si se junta mucha gente seguida, no le estás dedicando tiempo a la gente que quieres y con la que estás realmente. Y luego llegas a la casa, incluso después de un concierto, y es como «¡Qué bien! Soledad, pensamiento, reflexión, tranquilidad y yo mismo». O sea, creo que hay un componente de la soledad que está bastante infravalorado, aunque un exceso de soledad pasa de ser una cosa infravalorada y apreciada a ser una especie de enfermedad.

«Todo el mundo tiene derecho a descansar sin decírselo a nadie y no pasa nada»
Hay algo muy interesante que ha pasado con este disco y es que os habéis tomado el tiempo que necesitabais. Habéis parado, os habéis ido a casa, habéis hablado, os habéis reencontrado y habéis empezado a hacer canciones sin la vorágine de una gira grande. Eso se nota en el resultado y supongo que fue algo buscado y que también necesitabais.
Antonio: Sí. Yo recuerdo con mucha felicidad el tiempo de principios del año 25, que trabajábamos como si tuviéramos un curro de oficina. A lo mejor de lunes a jueves o algo así, en un horario relajado, íbamos por la mañana, hacíamos cosas y luego el fin de semana libre. Creo que ese proceso le vino bien al disco. Hicimos 25 temas que hubiéramos firmado, más todo lo que se quedó en el camino o que ni siquiera llegó a un local de ensayo porque cualquiera de los cuatro lo cribó. Entonces, creo que ha habido muchísimo tiempo para currar y muchísimo curro, y el resultado es un disco que está muy pensado y muy trabajado.
Es que al final eso se echa un poco de menos. Ahora los parones normales que ha habido toda la vida son despedidas, «nos bajamos del escenario», «nos volveremos a ver»…
Jota: Como que es obligatorio comunicarlo, ¿no? Todo el mundo tiene derecho a descansar sin decírselo a nadie y no pasa nada.
Dani: Quizá eso es la consecuencia de un mundo tan conectado, en el que parece que todo el rato tienes que estar comunicando. Las bandas que nos gustan históricamente no han tenido que estar todo el rato comunicando cosas y si desaparecían dos meses no pasaba nada porque el disco sobrevivía, el disco era físico y la banda estaba mucho más allá de eso. Ahora, si no hay un comunicado, un storie o una publicación en redes durante dos meses, parece que te ha pasado algo o que vas perdiendo en el ranking.
Jota: O que no sabes comunicar. ¿Cómo que no sé comunicar? Si mi manera de comunicar es hacer canciones.
Dani: Pero bueno, supongo que eso es parte del hacer música en 2026, que podemos tener mucha nostalgia de lo que pasaba en los 90, pero también tenemos que vivir la realidad en la que estamos.
Hablando de nostalgia, ¿el tema de las entradas de los Hervideros ha sido un gesto nostálgico o una muy buena estrategia de marketing?
Dani: La verdad es que el marketing ha sido el resultado de la idea. O sea, del marketing nos hemos dado cuenta cuando ya estaban pasando las cosas.
Antonio: Tampoco fue por nostalgia, ¿eh? De verdad. Después de estudiarlo mucho, dijimos: «El año pasado, solo en Valencia metimos el doble de gente que va a ir a esta gira. Entonces, ¿cómo lo hacemos para que la cola virtual, la venta, el sorteo o lo que sea no sea un cipote de tres pares de narices?» Y después de estudiarlo mucho dijimos: «Ventanilla. Una taquilla y que vaya el que buenamente pueda».
La única certeza que tengo es que entre la gente que podía, el que más era capaz de hacer el esfuerzo, de madrugar o de pedirse el día porque de verdad era importante para él venir al concierto, ese tenía una entrada. No sé si es la mejor o la peor solución, pero a mí me parece que merece la pena haberlo decidido así.
Jota: Y se hizo comunidad ahí. O sea, la gente ha valorado un montón esa parte de encontrarse. Incluso quienes no han conseguido entrar decían que al menos se habían llevado esa experiencia. Eso mola. A ver, quedarte fuera jode, claro que jode, pero bueno, es parte del encanto. Casi prefiero intentarlo, estar ahí y al menos ver con quién estoy peleándome la entrada que estar esperando en una cola virtual pendiente de un número.
Así que bueno, esta es la manera de hacerlo para esta presentación del disco, y nos ayudará a entender mejor cómo funciona la gente, cómo funcionan el cerebro humano y las sensibilidades, y encontrar una manera más redonda de, en la gira más grande que venga el año que viene, hacerlo mejor. En realidad, todo ha sido un estudio sociológico [risas].
Bueno, chicos, podría estar hablando mucho sobre este disco, pero al final el tiempo se acaba…
Dani: Ahora te pregunto yo. ¿Cuál es la canción que más te ha gustado a ti?
A mí me ha gustado muchísimo “Olivos”. Creo que es la que más me ha llamado la atención y me ha emocionado en estas primeras escuchas.
Jota: A ver, me parece obvio, la verdad. Es que “Olivos” es muy fuerte, es una canción que apela directamente.
Dani: Para mí es la mejor.
Jota: Es una canción que también cambia bastante con respecto a la maqueta. En la maqueta era más dura y aquí adquirió una sensibilidad que entre los cinco -hablando de Joe también- supimos encontrarle. O sea, no había una intro tan etérea y sensible. De hecho, vino el señor teclista de los Death Cab For Cutie a hacer los teclados. Es una canción fuerte.


«Este es un disco que madurará con el tiempo»
Creo que “Bigger Splash”, desde el primer momento en que la publicasteis, está llamada a ser una de esas canciones importantes para mucha gente, de esas de emoción desbordada en directo. No sé si vosotros sentís lo mismo y si teníais esa percepción cuando la estabais haciendo. Supongo que hay canciones especiales que ponen los pelos de punta cuando uno las está componiendo o desarrollando.
Dani: Hay cosas que son más evidentes. O sea, cuando Antonio trajo ese estribillo… Es que es imbatible, así que lo que nos queda como músicos es no cagarla.
Jota: También lo bueno es que la banda no compone buscando un hit.
Y eso en este disco se nota más que nunca, que es algo también muy reseñable de lo que habéis hecho.
Jota: Sí, yo creo que se nota. No hemos elegido los singles fáciles y creo que eso permite que la gente descubra sus propias joyas individuales. Creo que eso es bonito porque también deja cierta curiosidad y misterio, y te obliga a escuchar un disco de principio a fin, que es a lo que hemos venido.
A mí me ha pasado que, como no escucho los singles demasiado cuando salen y espero al disco, con los tres que habíais publicado (salvo con “Bigger Splash”), no me había pasado lo que me pasó con los de Cowboys que directamente me volaron la cabeza. Y en cambio, ahora que escucho todo el álbum completo y en su orden, todo toma un sentido.
Jota: Claro, es que una cosa que estamos viendo con estos lanzamientos es que a la gente empieza a gustarle la canción a la quinta escucha. Eso puede hacer que haya gente que no llegue a esa escucha y se lo pierda, pero es un riesgo que asumimos. Que ocurra eso a mí me parece superinteresante.
Aparte de “Olivos”, ¿cuál es la canción que más te ha gustado, Javi?
Claro, como habéis dicho que “Olivos” era obvio que me gustase tanto…
Dani: Bueno, no tiene por qué serlo…
Jota: Yo creo que hemos dicho que era obvio porque a todos nos parece un temazo y a la gente que se la hemos puesto le ha encantado.
“Antifiesta” también me gusta mucho, por decir una. Pero con estas cosas suele ocurrir que si me preguntáis dentro de un mes serán otras mis favoritas.
Dani: Es que para nosotros el álbum ya ha envejecido, tío. Para bien y para mal. Entonces, nuestra percepción del álbum es muy diferente a la de cualquier persona que de repente lo escucha ahora.
¿Vosotros lo escucháis ahora?
Jota: Yo lo he escuchado poco, para no cansarme.
Antonio: Yo lo puse en barbecho hace un par de meses o así. Ahora lo voy a volver a escuchar.
Jota: Anoche lo tuvimos que escuchar un poco porque estábamos viendo los visualizers de las canciones para probarlos y tal. Y escuchándolo decía… «qué buenas canciones, qué disco más chulo». Estaba orgulloso. Me hizo ilusión sentir que era un buen disco.
Como os he dicho, los adelantos no me impactaron tanto, pero ahora creo que es un muy buen disco. Es coherente, con una sonoridad y una idea muy potentes. Y las canciones funcionan de maravilla en su orden. Creo que es un disco de largo recorrido, para acompañarse de él durante mucho tiempo.
Dani: Ahí está el debate también. ¿Un buen disco es el que te sorprende en la primera escucha y te rompe? ¿O es un disco que a lo mejor te cuesta un poco entrar y luego de repente se vuelve el disco de tu vida? Porque el disco de mi vida es el Suck It and See y la primera vez que lo escuché no quise volverlo a escuchar. Lo valioso en la carrera de un artista es que está Cowboys, que quizá te sorprende y, de repente, llegas al Manufacturas y dices, «aquí hay otra forma de entender la música». Ojalá el siguiente cree una tercera sensación que no se parezca a ninguna de estas.
Jota: Yo también pienso que es un disco que va a funcionar a medio o largo plazo. Un disco que madurará con el tiempo.

