El océano del fuego y la madera
Hoy en dia existen músicas que se diseñan fríamente en los laboratorios digitales y otras que arrancan con las manos desnudas directamente desde la corteza de la tierra. La portada de Drink The Sea III de la banda Drink the Sea actúa como un portal místico que nos sumerge visualmente en el nucleo de un sol abrasador, un disco perfecto y circular texturizado bajo tonos rojos y amarillos que simulan una combustión perpetua. En el centro exacto de ese infierno cromático, habita una criatura insectoide de color verdoso —una mantis religiosa atrapada en una silueta totémica— que parece danzar suspendida en un trance ancestral, inmune al calor pero gobernando el vacío.
Esta iconografía no es un capricho estético ni una coincidencia azarosa. La arquitectura sonora contenida en este tercer esfuerzo discográfico se siente exactamente así: como un ritual primitivo y chamánico ejecutado bajo la incandescencia abrasadora de un desierto atemporal, donde el crujido de la madera acústica, choca de frente contra la electricidad distorsionada y el fuego del rock desértico más puro. Es la banda sonora de un viaje nómada, casi arqueològico, una ceremonia de polvo, sudor y misticismo grabada a fuego en las entrañas de la América más remota.
La arquitectura sonora
Detrás de Drink The Sea III se esconde un mapa de conexiones geográficas y un linaje musical irrepetible. Publicado el 2 de octubre de 2026 bajo el amparo de los sellos Sunyata Records y Sony Orchard Digital Music, el álbum cobró vida a través de una travesía itinerante y dispersa. Su grabación no se recluyó en un único espacio, sino que respiró el aire de tres puntos neurálgicos del continente: la atmósfera boscosa de Sunyata Sound en Olympia (Washington), la brisa costera y desértica de Los Lobos Studios en Pichilemu (Chile), y la vibrante energía urbana de Da Pa Virada Studios en São Paulo (Brasil). Esta peregrinación fue timoneada por los propios Barrett Martin y Alain Johannes, quienes asumieron las riendas de la producción para asegurar que cada rincón del viaje quedara impregnado en la cinta. Esta riqueza geográfica se debe a que la banda opera con la fluidez orgánica de un colectivo libre y la precisión de una hermandad histórica.
Grabar un disco de manera nómada entre Chile, Brasil y Estados Unidos impregna las canciones de una diversidad rítmica que jamás se conseguiría encerrados en un solo estudio de Los Ángeles
El núcleo duro del proyecto
Como banda, Drink The Sea III reúne a auténticas figuras cardinales del rock alternativo y del grunge de los años 90. En las guitarras encontramos a Peter Buck, el mítico fundador de R.E.M., cuyo característico tañido melódico se entrelaza con la batería tribal y chamánica de Barrett Martin (Screaming Trees, Mad Season). A ellos se suma el genio multiinstrumentista de Alain Johannes (Eleven, Queens of the Stone Age), aportando su crudeza del desierto, mientras que el cantautor británico Duke Garwood inyecta esa densa melancolía oscura que perfeccionó en sus alianzas con Mark Lanegan. El ensamblaje rítmico y místico lo completan Lisette Garcia, una verdadera maestra a cargo de la percusión étnica y las texturas texturizadas, Abbey Blackwell (La Luz, Alvvays) y el bajista Dune Butler, quien se ha convertido en el pilar de las frecuencias graves tanto en el estudio como en sus intensos directos.
La ambición humana frente la naturaleza y el misticismo
El título Drink The Sea (Beber el Mar) encierra una contradicción poética e imposible: el acto titánico de consumir lo inmensamente inabarcable. Es una metáfora sobre la ambición humana, la naturaleza salvaje y el misticismo del destino. El álbum actúa como un cuaderno de Bitácora sonoro, un álbum conceptual compuesto y registrado de manera nómada entre octubre de 2025 y abril de 2026 mientras la banda giraba por el continente americano. Refleja el polvo de las carreteras de Washington, la brisa costera de Chile y la rítmica urbana de agitado Brasil.
El nombre de la banda nació precisamente bajo este paradigma: abrazar la vastedad del sonido sin ataduras comerciales ni límites de geografía y género. Tras su debut en 2025 con Drink The Sea I y el veloz seguimiento de Drink The Sea II, esta tercera entrega consolida una trilogía donde el rock desértico abraza el folclore global y el blues psicodélico.
Anatomía de un sonido ácido
Musicalmehtne, el álbum está dominado por una exquisita densidad acústica y eléctrica. Las voces de Alain Johannes y Duke Garwood se entrelazan como susurros de chamanes en mitad de una fogata, ofreciendo un contraste melancólico y arrastrado. La instrumentación es un festín de texturas: las guitarras jangle y rasgueos folk de Peter Buck chocan con los feroces licks desérticos de Johannes. El soporte rítmico de Barrett Martin es tribal, impulsado de manera brillante por la percusión de Lisette Garcia. El uso de vientos inusuales, como el saxo soprano de Garwood, añade capas de misterio que transportan el conjunto hacia terrenos puramente experimentales. El resto de integrantes aportan sus habilidades en su diversas instrumentaciones.
La fusión entre el sonido de guitarra limpio y tintineante de Peter Buck (R.E.M.) con las bases pesadas y tribales de la escuela de Seattle, el álbum crea una textura híbrida completamente inédita en el rock contemporáneo
¿Por qué «Beberse el Mar»?
El nombre de la banda proviene directamente de un verso poético escrito por Duke Garwood, el cantautor británico y miembro fundamental del grupo. Sin embargo, más allá de su origen literal, la frase Drink The Sea (Beberse el Mar) encierra un trasfondo filosófico y musical que define a la perfección la identidad de este súpergrupo.
Intentar beberse el mar es una contradicción física; es un acto monumental, titánico y poéticamente irrealizable. Para la banda, el nombre simboliza abrazar la vastedad del sonido sin ponerse ningún tipo de límites. Es decir, representa la ambición de lo imposible. Pero al igual que el océano es inabarcable, la música del grupo tampoco se puede encasillar. Aunque tienen raíces en el rock alternativo y grunge, en sus discos combinan guitarras eléctricas con instrumentos tradicionales de todo el mundo, como el sitar indio, el laúd árabe o los gamelanes indonesios. Beberse el mar es, para ellos, asimilar e integrar todas las culturas musicales del planeta en un solo ente. Esa naturaleza nómada queda reflejada en el mar como elementonunico que conecta continentes. Dado que la banda graba de manera itinerante por todo el mundo (Estados Unidos, Chile, Brasil, Islandia o Inglaterra), el nombre refleja ese espíritu de navegantes y viajeros incansables que absorben la energía de cada tierra que pisan.
Descifrando los enigmas visuales
La portada de Drink The Sea III es un lienzo que mezcla el simbolismo rústico y el misticismo que refleja la esencia cruda de la música del supergrupo. A nivel visual, el arte huye por completo de la perfección digital; tiene una textura táctil, casi pictórica a mano, que encapsula perfectamente el concepto de artesanos del sonido. Descrifremos a continuación los elementos de esa mantis religiosa encerrada dentro del astro rey.
El Sol de fuego: La energía primordial y el desierto
El enorme disco circular rojo y amarillo que domina la imagen representa un sol abrasador en combustión, pero también evoca la forma de una fogata ritual vista desde arriba. Simboliza el nacimiento, la energía elemental de la tierra y, sobre todo, el rock desértico que define el sonido de Alain Johannes. Las pinceladas circulares reflejan la naturaleza cíclica del tiempo y de la propia trilogía de los álbumes. Los trazos amarillos que serpentean hacia afuera simulan llamaradas o escrituras antiguas y olvidadas, reforzando la idea de que estamos ante un ritual sagrado.
La Mantis Verde: El Chamán y la mutación
En el centro exacto de la hoguera solar se alza una criatura insectoide de color verde, inspirada en una mantis religiosa. En el reino animal y en diversas mitologías antiguas, la mantis es el símbolo de la meditación, la paciencia y la profecía, pero también de la transmutación (ya que cambia de piel para crecer).
El tono verde contrasta violentamente con el fondo ardiente, representando la vida orgánica y la madera acústica abriéndose paso en medio del fuego eléctrico. La postura del insecto, con sus patas delanteras flexionadas, simula un trance o una danza mística. La mantis actúa aquí como el chamán o el alter ego del propio supergrupo: una criatura que observa el caos con calma y traduce el entorno salvaje en arte.
El título y las «Tres Garras»: El contraste nómada
Tanto la tipografía cruda en la esquina superior como las tres líneas o garras verticales (III) en la esquina inferior derecha tienen un trazo que emula la tinta china o el grabado rupestre. Las tres líneas del número romano parecen zarpazos o estacas clavadas en la arena. El minimalismo del fondo blanco puro que enmarca al sol resalta el aislamiento y el vacío, simulando la inmensidad de los paisajes que la banda recorrió durante su gira. El contraste entre el orden del título y la violencia de los trazos del número «III» refleja la dualidad de su música: sofisticada por el bagaje de sus miembros (como Peter Buck de R.E.M.), pero indómita y salvaje en su ejecución.
Metaforización global de la portada
En conjunto, la portada nos dice que Drink The Sea III no es un producto pulido para el consumo rápido, sino una ofrenda. Es la captura de un momento en el que cinco músicos se desnudaron de su pasado para meterse de lleno en el fuego creativo, emergiendo transformados (como la mantis) y entregando un arte vibrante, místico e imperfectamente hermoso.
El despertar del polvo y el desierto
El viaje arranca con Big Dirty un riff pantanoso cargado de distorsión ácida. La sombra de The Doors sobrevuela la pista, guiada por una base rítmica pesada que simula el andar de una bestia en el lodo. Le sigue Sever, un homenaje velado al David Bowie de la era de Berlín. Atmosférica, fría pero impulsa da por un pulso rítmico inquietante y vanguardista. A coninuación, Between The Teeth es el contraste perfecto. Aquí emerge la guitarra tintineante estilo jangle pop de Peter Buck, que recuerda a The Byrds pero con una musculatura endurecida y un groove desértico inconfundible.
Inmediatamente después, Heal aparece como una composición curativa e hipnótica, donde las percusiones acústicas y las cuerdas de doce tonos crean un mantra de redención. Tras ello Turn To Gold se presenta como una pieza de transmutación sonora donde las guitarras acústicas se van distorsionando lentamente hasta estallar en un clímax eléctrico y brillante. Este primer ciclo se cierra con I’ll Be Your Shelter, una de las joyas líricas del disco. Actúa como un refugio a mitad del camino, con coros cargados de una espiritualidad profunda y guitarras melódicas que reconfortan el alma.
El ritual de las sombras y del océano
El segundo bloque sorprende con It Makes The Rain Slow, un blues ralentizado, fantasmal y espeso. La voz arrastra el sufrimiento mientras los platillos recrean la caída de una tormenta en el desierto. A los pocos segundos estalla Oh Desire, pieza traída al estudio por Peter Buck. Cuenta con una interpretación vocal soberbia y pasional de Alain Johannes. Se trata de un corte pasional de rock puro y visceral.
Seguidamente, Parisian Voodoo nace de una improvisación durante una prueba de sonido en París. Es pura brujería musical donde el saxo soprano de Duke Garwood se retuerce como una voz espectral en una sesión de espiritismo. Sin dar más respiro, suena Deep As The Sun, psicodelia pesada donde la distorsión analógica se funde con ritmos sincopados brasileños, un reflejo directo de sus sesiones en São Paulo.
Becalmed es un interludio casi ambiental. El mar se detiene y los instrumentos flotan en un océano de reverberación y misterio, preparando al oyente para el final. El cierre definitivo es The Rubble King, una marcha fúnebre y majestuosa que se clava en la psique del oyente. Cuando la instrumentación se desvanece en el eco, deja un vacío magnético que obliga a presionar play de nuevo.
‘Drink The Sea’ rompe las reglas. Su motor no es la vanidad, sino una hermandad inquebrantable y pura pasión musical. Comparten mundos distintos pero conectados por una misma estética y un compromiso feroz. Tienen una química única, y el resultado es pura magia
Gira por España
La banda presentará en directo los temas de su trilogía en los meses de noviembre y diciembre 2026. Las fechas confirmadas y los espacios para cada una de las paradas en España son:
- Oviedo: viernes 28 de noviembre en Kuivi Almacenes.
- Santiago de Compostela: Domingo 30 de noviembre en la mítica Sala Capitol.
- Cádiz: martes 2 de diciembre en el Edificio Constitución 1812 (¡Entradas Agotadas!).
- Sevilla: miércoles 3 de diciembre en la Sala X.
- Valencia: jueves 4 de diciembre en la sala 16 Toneladas.
- Donostia / San Sebastián: viernes 5 de diciembre en el club Dabadaba.
- Madrid: sábado 6 de diciembre en la magnífica Sala Villanos.
- León: Su actuación estelar formará parte de la programación central del festival Purple Weekend Estrella Galicia, programado entre el 5 y el 8 de diciembre.
Cabe mencionar que las proyecciones fílmicas sincronizadas con la música de la banda, realizadas por el cineasta Tad Fettig, se desplegarán en todas las paradas de la lista con excepción del show de Oviedo.
En busca de la alquimia eterna
Drink The Sea III demuestra que los supergrupos no siempre nacen por urgencia comercial o ego. Este álbum es el testamento de cinco artesanos del sonido que se despojan de sus pasados gloriosos para fundirse en un ente colectivo nuevo, libre y salvaje. Es un viaje que quema como el desierto chileno y refresca como la lluvia de Olympia. Un clásico instantáneo de rock místico y psicodélico.
En este tercer compendio, la banda no solo refina su propuesta, sino que alcanza una auténtica transmutación espiritual. Lejos de la complacencia de sus proyectos nodriza, aquí el virtuosismo individual se somete al misterio de la composición pura. Las guitarras ya no buscan el riff protagónico; se convierten en texturas atmosféricas, en mantras eléctricos que flotan sobre una base rítmica ritualista y monolítica. Es una obra que se siente viva, orgánica, grabada con la urgencia del directo pero con la precisión quirúrgica de quienes conocen los secretos más oscuros de la distorsión.
El valor de Drink The Sea III reside en su capacidad para conciliar las polaridades geográficas y emocionales de sus integrantes. Hay una tensión constante entre la calidez árida y psicodélica de Sudamérica y la melancolía gris y vanguardista del noroeste del Pacífico. En ese choque de mundos, el álbum encuentra su identidad definitiva: una alquimia eterna donde el fuego consuma los restos del pasado y el agua fertiliza un territorio sonoro inexplorado. Al final, el disco no solo se escucha; se padece y se celebra como una epifanía sónica que perdurará en el tiempo.
Escucha aquí «Drink The Sea III» de Drink The Sea


