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Queen no volverán de gira y Brian May se resiste a sustituirlos por avatares hechos con IA

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Brian May estaba de gira por Estados Unidos cuando murió un amigo íntimo de la familia, y cuando propuso escaparse unos días a casa, la responsable de la gira le recordó, mirándole a los ojos, que eso no era posible. Con esa escena explica ahora el guitarrista, en una entrevista con The Times que ha concedido junto a Roger Taylor, por qué Queen no volverán de gira.

Lo decidieron hace un año y medio, sin anunciarlo, y desde entonces la banda no ha vuelto a pisar un escenario. Su último concierto fue el que cerró la gira Rhapsody con Adam Lambert en el Tokyo Dome, el 14 de febrero de 2024. May, que tiene 79 años, lo plantea como un intercambio que ya no le compensa: «Me encanta tocar, me encanta viajar, pero el precio es renunciar a tu libertad». Después enumera lo que le espera en casa (su mujer, Anita Dobson, los nietos y mucha astrofísica pendiente) y remata con una cuenta sencilla: «Creo que quizá 50 años sean suficientes».

La Sphere que Brian May dibujó y después guardó en un cajón

May separa con cuidado la carretera del escenario. En la misma entrevista cuenta que el año pasado visitó la Sphere de Las Vegas, se le despertaron las ganas y llegó a realizar un boceto para un espectáculo completo de Queen. Taylor añade que quieren hacer algo «bastante revolucionario». Es la misma esfera en la que Metallica acaban de arrancar una residencia de 24 conciertos, y la que convirtió la residencia de los Eagles en el modelo que medio rock clásico estudia ahora con atención.

El problema, según May, es la tecnología. Hoy no ve forma de levantar un Queen inmersivo sin recurrir a la inteligencia artificial, y eso le genera serias reservas. Ya lo había explicado el 15 de septiembre en Absolute Radio, cuando reconoció que habían estudiado muy en serio la idea de un espectáculo con avatares al estilo de ABBA Voyage y que habían dado un paso atrás por el uso masivo de IA que exigía. En The Times sube el tono y carga contra los centros de datos, a los que considera un mal enorme que hay que combatir.

Sus reservas vienen, además, con una contradicción que él mismo reconoce. En la radio admitió que no quiere robar el trabajo de otros artistas, pero que no sabe bien qué pensar cuando el material saqueado sería el de la propia banda: «Estarías robando de la obra de Queen, que quizá está bien, porque es nuestra». Pocas estrellas del rock de su generación se hacen esa pregunta en voz alta, y menos aún con un proyecto así esperando turno.

Un catálogo vendido y un directo que sigue siendo suyo

Ese «es nuestra» tiene más letra pequeña de lo que parece. En junio de 2024, Queen vendieron su catálogo a Sony Music por unos 1.000 millones de libras, la mayor operación de este tipo registrada hasta entonces, como contamos en su momento. Según la información publicada entonces, el acuerdo incluía los derechos sobre el nombre y la imagen del grupo, y dejaba fuera solo una cosa: los ingresos del directo, que siguieron en manos de May y Taylor.

Un Freddie Mercury digital en la Sphere cae justo en la grieta entre esas dos mitades. ¿Es un concierto o es un uso de la imagen? Nadie ha contestado públicamente a esa pregunta y no vamos a fingir que sabemos quién tendría la última palabra. Lo que sí nos parece claro es que el reparo ético de May pesa más de lo que parece: mientras el guitarrista ponga pegas, cuesta imaginar que un proyecto así arranque con el nombre de Queen encima.

Mientras tanto, Taylor no se ha quedado quieto. El 18 de septiembre publicó Violence Insane in a Beautiful World en Columbia, su séptimo disco en solitario, compuesto, producido y tocado casi por completo por él mismo junto a su colaborador habitual Joshua J. Macrae (la única canción ajena es una versión de “Jealous Guy”), y lo acompañó de una gira británica de seis fechas, con parada en el Roundhouse de Londres. Tiene su gracia: el batería que pactó no volver a la carretera con Queen había reservado septiembre para salir a ella por su cuenta.

Queen ya juraron una vez que no volverían

En la misma conversación, May recuerda un pacto de juventud: «Siempre dijimos que si faltaba cualquiera de nosotros, aquello se acababa». Faltó Freddie en 1991 y, trece años después, May y Taylor estaban de nuevo sobre un escenario con Paul Rodgers, con quien giraron hasta 2009 y grabaron The Cosmos Rocks (2008). Llegó luego Lambert, primero en una actuación en los MTV EMA de 2011 y después en giras mundiales durante más de una década.

Nada de eso es un reproche. Gracias a esa terquedad, varias generaciones han podido escuchar “Bohemian Rhapsody” en un estadio aunque aún no hubiesen nacido para verles en los 70 o los 80. Pero precisamente por eso nos cuesta leer este adiós como un punto final. Nuestra apuesta: el Queen inmersivo acabará existiendo, y lo que de verdad está en juego es si May logra levantarlo con otra herramienta o termina aceptando la misma tecnología que hoy considera un problema para el planeta. Con esta banda, las decisiones definitivas siempre han admitido una segunda lectura.

Queen, una banda que nunca supo despedirse

Freddie Mercury, May y Taylor fundaron Queen en Londres en 1970, y con John Deacon al bajo desde 1971 convirtieron el exceso en un método de trabajo: la ópera de bolsillo de A Night at the Opera (1975), los himnos de estadio de News of the World (1977) y aquellos veinte minutos del Live Aid que todavía aparecen en cualquier lista de grandes actuaciones en directo. Su último concierto con Mercury fue en Knebworth, en agosto de 1986. May cuenta ahora que Freddie bajó del escenario diciendo que no podía más, y que tardaron en entender que ya conocía su diagnóstico.

Mercury murió en noviembre de 1991, Deacon fue apartándose de la música a lo largo de esa década, y lo lógico habría sido cerrar ahí. En cambio, May y Taylor se inventaron una segunda vida con dos cantantes distintos, un musical, un biopic que en 2018 les acercó a un público que no había crecido con ellos y una venta de catálogo récord. Todo eso se sostenía sobre una premisa (que ellos dos seguirían saliendo de casa) que una mala noticia en mitad de una gira acabó desmontando.

¿Pagaríais una entrada por ver a un Freddie Mercury recreado con IA en la Sphere?


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