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Mallo – La oscuridad que habita bajo la torre de Malamoneda / Canción a Canción

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En 2024 Mallo publicaron un excelente álbum (el segundo de su carrera) bajo el título de El Diluvio. Aquel disco afianzó el sonido de la banda y se convirtió en uno de nuestros favoritos de ese año, dedicándole también un artículo en el que la banda nos contaban todos los detalles que encerraban las canciones. Hace un mes que el grupo toledano ha editado La oscuridad que habita bajo la torre de Malamoneda, su nuevo y fantástico larga duración. Once canciones que forman un universo sonoro y conceptual en el que todo se articula como si de un juego de rol se tratase, y donde el mensaje anticapitalista y queer se convierte en el leitmotiv del mismo.

Hoy volvemos a contar con Mallo para sumergirnos de lleno en las historias que encierra La oscuridad que habita bajo la torre de Malamoneda. Un disco que debería suponer el definitivo salto adelante para la banda y que vuelve a demostrar que en esta industria no todo es cuestión de números, ya que desde la autogestión pura se puede mantener un proyecto de una indudable calidad artística y humana. Si las canciones en sí mismas no fueran suficientes, Mallo han sacado una edición en vinilo del disco que es una auténtica delicia, donde todo gira en torno a una partida de rol, con sus personajes como protagonistas y las canciones como hilo conductor del juego.

Bienvenidas a CrazyMinds. Lo primero, presentaos y presentadnos tu nuevo disco.

La oscuridad que habita bajo la torre de Malamoneda es, posiblemente, el movimiento más freak y arriesgado que hemos hecho hasta la fecha. Un disco conceptual de once temas, tres de ellos instrumentales, que acompaña a una aventura totalmente original de rol, a la que complementa. Un relato alegórico sobre la desesperación que implica intentar sobrevivir en un mundo violentamente neoliberal, sobre la constante batalla psicológica que implica la lucha contra el propio cuerpo, sobre la importancia de la identidad, la pertenencia y las raíces cuando se es una inadaptada. Demasiado rock para ser pop, demasiado pop para ser rock, demasiado underground para sonar mainstream, demasiado queer para encajar en el indie.

¿Desde cuándo y cómo podemos escucharlo?

El disco vio la luz en septiembre y se puede escuchar en absolutamente todas las plataformas digitales. Si, además, tu ética entra en conflicto con el uso de servicios de streaming que favorecen el genocidio del pueblo palestino (nos pasa), tanto el manual de la aventura en pdf como la totalidad de nuestra discografía están disponibles para descarga gratuita en nuestro bandcamp.

¿Dónde y con quién lo habéis grabado?

Lo hemos grabado a caballo entre una casita en un pueblito de Toledo, llamado Cobisa, y otra casita en un pueblo de Burgos, llamado Retuerta. Ismael Rubio Rodrigo ha estado a cargo de la producción, la mezcla y el máster.

Si tuvierais que definir el disco, su significado, su sonido, sus influencias… ¿Cómo lo haríais?

Nos hace gracia pensar que la mejor manera en que podemos definir este álbum es como “no binario”. Ya no sólo por la cuestión identitaria que trata, sino porque ese adjetivo encaja con lo que es esta banda: no suena ni a pop ni a rock, sino a ambas; no es ni sólo sus canciones ni sólo su aventura; se encaja en el universo de la música en español, pero no suena a indie nacional. Es un trabajo difícil de aprehender.

Quizá, también, nos gustaría que lo identificase el adjetivo “underground”. Muchas veces se nos ha intentado encajar, a pesar de nuestros esfuerzos por que no sea así, bajo la tramposa etiqueta del indie. Consideramos que hemos presenciado en directo, a lo largo de los años, la desvirtuación de ese término. En cambio, la etiqueta de underground sigue representando (por ahora) cosas en las que creemos y que pensamos que representan nuestros ideales y nuestra filosofía como banda: autogestión, libertad creativa absoluta y (quizá la cualidad más difícil de encontrar en los productos que se denominan “indie”) compromiso firme con la reivindicación ideológica en un contexto cada vez más templado en el que, más que nunca, el artista debe posicionarse de forma clara y visible.

Venga, compartid con nosotros alguna gran anécdota graciosa, surrealista o incluso perdida del periodo de grabación

Durante la grabación nos costó un poco encontrarle el punto de producción a “Primavera sobre los prados” (la que es, posiblemente, nuestra canción favorita del disco). En la demo parecía un tema claro, fácil de orientar, pero, una vez en el estudio, nos fue muy difícil encontrar el punto entre la fragilidad etérea de lo instrumental con la fuerza casi folk de la letra.

Le dimos muchas (muchas) vueltas hasta el punto de que fue de los primeros temas que empezamos a grabar y el último en terminarse.

Fue uno de los temas que grabamos en Retuerta, un pueblo de Burgos de apenas 50 habitantes. Y gracias a eso conseguimos encontrar ese nexo entre Brian Eno y Xoel López que andábamos buscando: mientras grabábamos tomas de prueba de las voces, se coló por el micrófono el sonido de los cencerros de un rebaño de ovejas que pasaba por la calle del estudio. Se nos iluminaron los ojos. Nos pusimos a captar el sonido del rebaño y los silbidos del pastor.

De ahí, emocionadas (durante el proceso de grabación el cerebro está en efervescencia constante y todo te parece la mejor idea que has tenido nunca), decidimos grabar el sonido de la lluvia que caía sobre el pueblo, el ruido que hacían al chocar las herramientas de la huerta del productor e incluso las campanas de la iglesia del pueblo. Sentíamos que ese era, precisamente, el colchón ambiental que nos permitía construir el tema.

Todos esos sonidos se quedaron, aunque muy atrás, en la mezcla final. Y, si bien, al escucharlo ahora no parece que constituyan una parte fundamental del tema, en nuestra cabeza esas ovejas, ese pastor, esa lluvia, esa campana y esas herramientas siguen siendo el cemento que mantiene el tema unido y que nos permitió encontrarle, al fin, la dirección.

¿Qué planes tenéis para presentarlo en directo? ¿Fechas y/o festivales que ya tengáis confirmados?

Lo bueno (o malo) de ser la banda que somos es que, a pesar de que nuestros números crecen de forma consistente, ningún gran festival nos ve interesantes. Eso sí, por ahora nos han confirmado festivales pequeños como el Villavibes (Toledo) el próximo mayo y seguimos cerrando fechas de una gira que, por ahora, nos llevará por Madrid, Salamanca, León, Bilbao, Zaragoza y Valencia.

Nos gustaría que nos contaseis todo sobre cada una de las canciones del disco: el significado, la inspiración, si hay alguna historia detrás, lo que sentís al tocarla en directo.

1. Anarconeoliberal suicida

Esta canción de riff claramente guitarrero y olor setentero surgió como (ejem) un tema inspirado por el “Melodrama” de Lorde. Al principio bailaba entre bombos a negras y sintetizadores ochenteros, pero muy pronto nos dimos cuenta del potencial que tenía como canción introductoria al concepto del álbum y cómo eso pedía la agresividad y la crudeza del combo tradicional guitarra/bajo/batería/órgano.

Al principio nos daba algo de palo abrir el disco con una canción visiblemente anticapitalista, pero, según pasaban los días, la idea nos fue gustando cada vez más. Hay que dejar de tenerle miedo a enseñar tus verdaderos colores, aunque no sean populares. Y el punk (género que, por otro lado, nos flipa) tiene que dejar de existir en el subconsciente colectivo como el único género de música antisistema.

El puente de esta canción es un guiño propuesto por Bea, nuestra bajista, que de formación es pianista clásica de conservatorio. Durante la producción queríamos un tramo intermedio que sacase un poco de la linealidad del tema, algo que jugase, aunque fuese sensorialmente, con un cambio de tempo o de tono. Bea propuso que cogiésemos el “Asturias” de Albéniz y lo deformásemos hasta hacerlo encajar. Y, efectivamente, así hicimos.

2. ¡Bú!

Fue la canción que nos dio la idea de convertir este álbum en uno conceptual. Hasta que llegó, teníamos una colección de temas que hablaban de desencanto con el sistema, de disforia y de enamorarse siendo queer mientras el mundo se desmorona (bonita forma de decir “durante un auge fascista a nivel global”). La canción surgió de forma natural, tocando una guitarra acústica, pensando en cómo escribiría Mallo una canción de la serie Hora de aventuras. Nos llevó, claro, al personaje de Marceline: una vampira lesbiana.

Desde ese punto le fuimos dando forma a “Bú” como personaje, como alter ego nuestra. Alguien así englobaba precisamente todas las aristas temáticas que ya habíamos tratado en el resto de temas que teníamos compuestos.

La canción suena a The Cure. Obviamente. Y así nos gusta que sea. ¿Acaso se puede componer una canción vampírica bailable sin que suene a The Cure? ¿Quién querría algo así?

El solo de la canción es una iteración perpetrada por Bea, a partir de un tema de piano compuesto por Burgmüller. De tanto escuchar a The Last Dinner Party, le hemos cogido mucha querencia a los solos de guitarra que se sienten (aunque Burgmüller no lo fuese) ligeramente barrocos.

3. Laika

“Laika” surgió a raíz de la semilla implantada por “Bú”. Necesitábamos un contrapunto a ese personaje y se nos vino a la cabeza este. La frase «yo no soy dios, pero le sigo de cerca» nos parecía muy potente, y nos encajaba en nuestra travesura mental de convertir el disco en una partida de D&D: al fin y al cabo, “Laika” es una paladina licántropa, y los paladines son guerreros al servicio de una deidad en el universo de Dragones y Mazmorras.

Es, quizá, el tema más claramente Mallo del disco, cosa que también buscamos a propósito. Sabíamos que el cambio de sonido de este álbum iba a desconcertar a algunas personas, así que queríamos que la transición fuese amable.

A riesgo de sonar pesadas, fueron The Cure y Bowie quienes nos ayudaron a arrancar el tema: las palmadas del inicio, que asientan el groove, son, a la vez, “Close to Me” de los primeros y “Modern Love” del segundo, dos de nuestros temas favoritos. Para el resto, la orgía de guitarras por octavas y quintas y la sección rítmica pesada vienen patrocinadas por bandas como My Chemical Romance o Biffy Clyro.

Cosa que poca gente sabrá (porque poca gente presta atención a las cosas importantes) es que, tanto en “Bú” como en “Laika” es en los teclados donde encuentras trazado el hilo conductor que justifica gran parte de la conceptualidad de este disco.

4. Bú y Laika

Y este tema es la explicación a lo que hemos dicho en el anterior párrafo.

En “Bú” y en “Laika” los teclados dibujan, respectivamente, temas que permiten identificar a ambos personajes, y es en esta canción donde se unen ambos temas dando a entender que “Bú y Laika” no son nada le une sin la otra.

Es un vals muy vals, muy obviamente. Queríamos, literal y figuradamente, que estos dos personajes bailasen. Fue muy divertido de componer.

Frente a su aparente simpleza, no podéis ni imaginaros la ingente cantidad de capas de teclas y atmósferas que hay en estos tres minutos.

5. Primavera sobre los prados

Nuestra canción favorita del disco. Ya hemos contado lo difícil que fue encontrar el camino para este tema, así que creemos que aquí merece la pena pararse a hablar sobre la letra.

La primera estrofa y el estribillo de esta canción llevan años escritos. No recordamos bien cómo llegó a nosotras, pero sí sabemos que no quisimos apresurarla. Las buenas canciones, a veces, necesitan tiempo para desarrollarse, y teníamos muy claro que esta canción se abriría paso cuando tuviese que abrírselo.

La letra habla sobre raíces y conciencia de clase. Durante décadas (si no siglos) la región de La Mancha ha sido relegada a segundos planos y a visiones que casi la limitan a ser un meme. Sin embargo, nosotras siempre hemos tenido claro que sus pueblos, sus paisajes y sus gentes son increíblemente hermosos, pero si tienes el valor de aprender a mirarlos. La humildad de La Mancha requiere tiempo y contemplación, requiere prestar atención a los pequeños detalles. Pero, por encima de ello, la belleza de La Mancha reside en que su gente la mantiene a flote, por encima de migraciones laborales, por encima de desigualdades estructurales, por encima de desastres climáticos.

Nos aterrorizaba un poco que alguien pudiese entender los primeros versos como una reivindicación propia de fascistas: esa idea absurda de que esta tierra es mía y los inmigrantes vienen aquí a robármela. Tenemos fe en que nadie que nos escuche y, sobre todo, vea nuestras pintas va a dudar de que a lo que nos referimos es precisamente a lo contrario. Decir que «esta tierra pertenece a quien la ha trabajado» es reivindicar a la vilipendiada clase obrera que mantiene vivas las llanuras manchegas. Hayan nacido donde hayan nacido.

Las referencias musicales del tema quizá son claras, pero por si acaso, mencionamos que Brian Eno, Xoel López, Phoebe Bridgers y The Last Dinner Party estaban encima de la mesa.

6. Un alto en el camino

Este tema instrumental sirve un poco para aclarar boca antes de la cara B del disco. Alegóricamente, hace referencia a la noción rolera del descanso corto: una parada que hacen los personajes para tomar aire y recuperar puntos de salud antes de seguir con su aventura.

El grueso de la canción proviene de un descarte de nuestro primer disco (2019). Rebuscando entre proyectos antiguos que teníamos en el disco duro dimos con el esqueleto de una canción. Algunos de los plugins que usamos en su día ya no los teníamos instalados en el ordenador, y probamos con otros. Toqueteando aquí y allá, y pervirtiendo alguna que otra estructura, el resultado nos encajó mucho en la energía que necesitábamos para este instante del disco (porque sí, creemos que los álbumes, en general, son narraciones sonoras que requieren de una cierta congruencia).

7. Carretera y mantra

El título de esta canción surgió mucho antes que ella. Componiendo el esqueleto del disco ideal que nos imaginábamos en 2025 nos imaginamos un tema experimental, muy ambiental, en el que apenas se repitieran tres frases como un mantra para articular un mood más que una historia. El título surgió en ese momento como una broma. En esa época escuchábamos, gracias a una película llamada I Saw the TV Glow y a una recomendación que hizo Phoebe Bridgers (una de nuestras artistas favoritas), un tema de Broken Social Scene titulado “Anthems for a seventeen year old girl”. Nos parecía potentísimo, así que decidimos inspirarnos en él.

Fue un tema muy divertido de grabar. Las voces están claramente filtradas por toneladas de vocoders diferentes, pero se nos ocurrió que también podía ser interesante filtrar la batería por esos mismos vocoders. El resultado nos flipó.

Para emular a la referencia, llamamos a Mario Hernández de Paz (gran amigo y diseñador de todo el arte de este disco) para que se grabase un banjo. Le pedimos una línea simple, repetitiva, que contribuyese a esa sensación de mantra. Nos hizo caso, pero a mitad de la grabación se puso a tocar un motivo que hacía referencia a un videojuego llamado Outer Wilds. Nos flipó porque nos encanta ese videojuego, y decidimos dejarlo en la mezcla final. Por ahora, sólo dos personas se han dado cuenta de la referencia.

8. Sobre todo de ti

Este tema tenía que ser oscuro y enérgico. Fuera de su conexión con la aventura de rol, esta canción habla de cortar lazos con gente cercana que sólo te hace daño. Pero, dentro de ese universo, Laika estaba a punto de plantarle cara a un fantasma de su pasado.

En lo musical, ha sido el tema en el que más nos hemos dejado llevar por Repion, una referencia que hemos manejado mucho en este disco, sobre todo en conceptos de mezcla. Obviamente, no creemos ni habernos acercado porque ellas son increíbles y nosotras apenas un pálido reflejo de su talento.

Este tema, curiosamente, es en realidad tres temas. En el último estribillo nos salió sola una modulación que aporta brillo (y, metafóricamente, esperanza) a toda esa oscuridad y lo cambia totalmente de tercio. Pero, más allá aún, cuando nos dimos cuenta de que un final en seco no nos gustaba en el recorrido del disco, se nos ocurrió pegarle en la cola una pequeña transición instrumental muy inspirada en las secciones ambientales del Carrie and Lowell de Sufjan Stevens. De repente, el tema adquirió otra entidad completamente diferente, y pasó de gustarnos a encantarnos.

En ese outro instrumental nos pareció que era buena idea oír hablar a Laika y a Bú dado que, en el contexto de la aventura, están a punto de enfrentarse a su destino. Las frases que se escuchan las grabamos, en vez de a través de un micro, hablándole directamente a la pastilla de una Gibson SG Junior conectada a un ampli hipersaturado.

9. Duelo a primera sangre

El último tema en componerse y el que le dio sentido a todo.

Es una canción tremendamente simple que (creemos) no se siente como tal. La sostienen la batería y el bajo en un groove muy impropio de una balada clásica de rock, que es lo que es. La canta Elena porque desde el principio tuvimos claro que este tema pedía su voz.

Jugamos a hacer algo que se sintiese power ballad de los ochenta, pero a nuestra manera. Por eso, el solo es una horterada innecesaria con toneladas de reverb que se siente deliciosa.

Si bien nos buscamos mucho en esas referencias, no fue hasta que pusimos el mood de “American Teenager” de Ethel Cain sobre la mesa que no terminamos de encontrarle la dirección. Al fin y al cabo, sentimos que ella intentó hacer algo similar partiendo de “Don’t Stop Believin’” de Journey.

10. Malamoneda

El tercer y último tema instrumental del disco. Pone música al encuentro entre Bú y Laika y el villano de esta historia, así que quisimos darle un aura oscura que se sintiese como la típica canción de batalla contra boss final en un videojuego.

Bea y Javi buscaron inspiración en viejos Castlevanias y en algún que otro jefe final de Hollow Knight y Silksong. Para hacerlo más oscuro, creímos que el tema podía ir en un tiempo extraño, poco típico, así que lo compusimos en 5/4 (la mayor parte de la música pop está compuesta en 4/4).

Como curiosidad, la frase de órgano que empieza el tema es una simpática iteración en modo locrio (el más oscuro de los modos griegos) y 5/4 del himno de cierto partido político de derechas (uno muy popular). Esperamos no sorprender a nadie; al fin y al cabo, si a estas alturas la gente no ha pillado que el villano de nuestra historia, un tipo llamado precisamente Malamoneda, es una alegoría del capitalismo salvaje y sus estragos pues, chica, ya no sabemos cómo dejarlo claro.

11. Solo los amantes sobreviven

Esta canción también llevaba rondando ya mucho tiempo en nuestras notas del móvil. Era la favorita de Isma, el productor, pero nos costó mucho también encontrarle un enfoque. Al principio era acústica pura, a guitarra y voz. Pero veíamos que, temáticamente, debía cerrar el disco, así que se nos hacía pobre dejarla así. Probamos muchas fórmulas e hicimos varias demos. Finalmente, gracias a escuchar “The Scythe” de The Last Dinner Party, creímos haber encontrado el punto. Esa canción y “I Know The End” de Phoebe Bridgers fueron las dos referencias que nos ayudaron a conducirla un poco.

El título hace referencia a una película increíble de Jim Jarmusch (uno de los directores favoritos de Elena) que trata sobre vampiros que intentan sobrevivir en el decadente Estados Unidos del siglo XXI. Sentíamos que conectaba muy bien con lo que estábamos intentando contar (sobre todo porque uno de nuestros personajes es une vampire con una depresión galopante y una disforia criminal).

Merece la pena mencionar que en algún momento pensamos que “Malamoneda” era un buen cierre para el disco. Pero estábamos empeñadas, ya como reivindicación, en que el disco tuviese 11 temas. La industria musical ha forzado unas dinámicas que empujan a que cada vez el artista pueda desarrollar menos su identidad sonora, favoreciendo la novedad, los singles y los temas breves y directos. Nosotras nos oponemos a eso. Nuestros discos favoritos estaban pensados como un todo. ¿Os imagináis a Bowie lanzando por singles el Ziggy Stardust?, ¿a Patti Smith?, ¿a Led Zeppelin?, ¿a Jeff Buckley?, ¿a Fleetwood Mac? Nosotras tampoco. No nos parece normal que la recomendación de la gente que sabe sea decir que un disco de más de diez temas es un riesgo comercial. Hacer música en España ya es en sí mismo un riesgo comercial. Señor, suélteme el brazo.

Doce canciones ya sería pasarse. No somos tan creativas… Mentira, habríamos podido grabar hasta quince canciones, pero es que grabar canciones vale un dinero que no tenemos. ¿Te imaginas que este disco hubiese tenido quince temas? Dios, seríamos tan poderosas si tuviésemos algo de capital para estos dispendios…

Finalmente, un deseo. ¿Qué esperáis conseguir o que os traiga este nuevo disco? ¡Mucha suerte!

No mucho más de lo que ya nos está llegando. Tenemos la suerte de que la gente viene a nuestros conciertos, que nos reclaman para tocar en ciudades que no son la nuestra, que la gente habla de nosotras y reunimos a una comunidad que entiende lo que hacemos. Hace poco hablábamos de que nuestro primer disco nos labró 150 oyentes mensuales en Spotify y nos parecía increíble. Ahora vamos camino de los 9.000. No entendemos cómo está pasando, pero estamos muy agradecidas. Con como están las cosas, y más con un disco tan raro como este, saber que a la gente le gusta lo que haces y poder ir por ahí tocando tu música es un privilegio tan gigantesco que no se nos ocurriría fantasear con nada que no fuese sostener esto en el tiempo.

Escucha «La oscuridad que habita bajo la torre de Malamoneda» de Mallo a continuación:

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.