Fotografías: Mara Katria y J. Jeff Ungar
Hay artistas que hacen canciones y artistas que parecen construir alrededor de ellas un lugar al que podemos entrar. Mara Katria pertenece claramente a la segunda categoría. Su álbum de debut, Modern M, el cual reseñamos en hace unas semanas, no se presenta como una colección convencional de canciones, sino como un universo en expansión donde conviven memoria, imaginación, literatura, imágenes, misterio y diferentes tiempos musicales. Un territorio en el que el pasado no funciona como refugio nostálgico, sino como materia viva para construir algo que todavía está por llegar.
El propio recorrido de Modern M explica esa naturaleza múltiple. Lo que comenzó como un EP de cinco canciones terminó convertido en un álbum de diez temas, acompañado además por el libro Modern M: Music for Time Travelers, una extensión escrita y visual en la que Mara profundiza en las historias, fotografías, procesos creativos y colaboraciones que rodean cada canción. En ese viaje participan también músicos de Modern English, Jeff Ungar, Rose Baldino y Brian Buchanan, entre otros nombres que aportan nuevas perspectivas a un proyecto concebido desde el principio como una obra abierta y en transformación.
En nuestra conversación, Mara habla de Modern M como una entidad con vida propia y de la música como un espacio capaz de modificar a quien decide adentrarse en él. Habla del tiempo, de la oscuridad y la luz, de la voz como instrumento narrativo, de las colaboraciones, de sus padres y de las raíces culturales que acompañaron su infancia. Pero también deja entrar en la conversación cuestiones profundamente personales: la enfermedad que ha condicionado los últimos años de su vida, la ausencia de su padre, la inspiración de su madre y los pequeños pasos que le han permitido recuperar espacios de creación, movimiento y esperanza.
Hay en sus respuestas una forma de entender el arte como exploración, pero también como responsabilidad. Una defensa de la vulnerabilidad frente a la impostura, de la curiosidad frente a la certeza y de las conexiones humanas frente al ruido permanente de la tecnología. Quizá por eso su particular máquina del tiempo no viaja únicamente hacia atrás o hacia adelante: se mueve en todas direcciones. Y Mara Katria nos invita a subir a ella. Estas son sus coordenadas.
No hay duda de que algunos álbumes suenan como si hubieran sido grabados en un estudio, mientras que otros dan la sensación de haber sido descubiertos en el futuro. Modern M pertenece a esta segunda categoría. Así que, Mara, antes de hablar de cómo se hizo el álbum, me gustaría preguntarte:
Cuando leíste la reseña que escribimos sobre Modern M, mencionaste la «naturaleza viva y palpitante» de la música. Esa expresión se me quedó grabada porque Modern M parece comportarse menos como una colección de canciones y más como un entorno vivo. ¿Sentías que estabas componiendo música o, en realidad, estabas construyendo un lugar y un mundo propios en los que el oyente pudiera entrar?
¡Hola, Carlos! Gracias por haberte sumergido tan profundamente en esta música. Ha sido inolvidable escribir mi álbum de debut, Modern M, que cuenta con el brillante talento artístico de mis amigos, las leyendas vivas de Modern English. Comenzó como un EP de cinco canciones y era algo tan especial que decidimos ampliarlo hasta convertirlo en un LP de diez temas.
Para responder a tu hermosa y amable pregunta, Modern M forma parte de mí, pero también es una entidad propia: una plenitud encarnada y viva, hacia la que siento una responsabilidad profunda y duradera. Es como canta INXS: «She is rising…». Y, al fin y al cabo, ¿qué somos nosotros si no universos de experiencias? Infinitos. Y ella también lo es: Modern M. Sí, hermosa pregunta, Carlos… He intentado crear un mundo que respira, una historia de la que espero que cada oyente decida formar parte; que pueda transformarlo y dejarse transformar por él.
La idea de viajar a través del tiempo es fundamental en Modern M. Pero tu viaje no parece estar impulsado por la nostalgia. En tu página web describes Modern M como «música para viajeros del tiempo». Miras hacia diferentes épocas musicales y después transformas lo que encuentras allí en algo contemporáneo y orientado hacia el futuro. Si el álbum fuera realmente una máquina del tiempo…
¿A qué momento concreto de tu vida llevaría al oyente y qué encontraría allí? ¿Qué te proporciona el pasado que el presente no puede darte? Y en ese viaje, ¿qué papel desempeñan los lugares, los paisajes, los mitos, las tradiciones y los arquetipos a la hora de dar forma a tu imaginación? ¿Qué significa para ti ese salto hacia el futuro?
Esta pregunta hace que mi atención se dirija hacia mis pies: uno está bailando en el pasado; el otro está buscando entre las arenas del futuro. Y ambos tiemblan como las dos varillas de un zahorí sobre el río subterráneo del presente.
Muy bien, amigo mío, ¡sube a mi máquina del tiempo! Te llevaré hasta las orillas de esa agua que nos habla cuando somos pequeños. ¿Ves la luz viva sobre las ondas y las sombras bajo la superficie? La brisa las mezcla y el mensaje es mantener el corazón y la esperanza.
Cuando pienso en dar un salto de fe y en la fortaleza necesaria para adentrarse en el futuro, a menudo recuerdo la pregunta más difícil que Shakespeare nos planteó a través de su personaje arquetípico Hamlet: «Ser o no ser». Y si estamos aquí, hemos tomado la decisión correcta. Modern M también exige esa respuesta.

«He intentado crear un mundo que respira, una historia de la que espero que cada oyente decida formar parte; que pueda transformarlo y dejarse transformar por él»
La identidad de Modern M parece construirse tanto a través de las canciones como de las imágenes, los personajes y la atmósfera que las rodean. ¿Cómo definirías la música y el estilo del álbum? ¿Qué elementos sentías que tenían que estar presentes para que ese universo sonara inequívocamente a Modern M?
El arte exige sacrificio. Devuelve diez veces lo que recibe, pero tienes que entregar algo a cambio. ¿Y qué podemos dar que sea más valioso que nuestra propia vulnerabilidad humana? La exigencia para Modern M era, en una palabra, autenticidad. ¡Una perspectiva desnuda y aterradora! [risas]. Pero merece muchísimo la pena. La música explora estilos como el New Wave de los años 80 y el Art Pop atemporal, pero está reforzada, sin duda, por las raíces de mis influencias en la World Music.
A lo largo de Modern M existe una tensión constante entre lo familiar y lo extraño, entre sonidos que parecen proceder de otra época y una producción claramente contemporánea. ¿Qué intentabas conseguir con ese equilibrio?
Fascinante pregunta. Me alegra saber que la música consigue transmitir eso. Recuerdo que, cuando hacía más teatro, a menudo decía: «Me siento más en casa cuando estoy interpretando a otra persona». Algo desconocido puede ayudarnos a poner en segundo plano el pensamiento lineal y rígido de nuestro hemisferio cerebral izquierdo, permitiendo que el gestalt —la visión de conjunto— de nuestro hemisferio derecho pueda expandirse y desplegar sus alas, por así decirlo.
No queremos vernos bombardeados por tanto caos que acabemos entrando en pánico, pero tampoco queremos estar tan envueltos por lo familiar que nos sintamos aburridos y sin estímulos. ¿Alguna vez has caminado por una calle conocida y, entre una atmósfera inusual —por ejemplo, una ligera lluvia o un amanecer envuelto en niebla—, has descubierto algo nuevo que habías pasado por delante durante años? Una de mis citas favoritas —atribuida a William Butler Yeats y Paul Éluard— dice: «Hay otro mundo, pero está en este».
El título Modern M parece contener una contradicción deliberada: algo moderno que, al mismo tiempo, mira hacia atrás. ¿Qué significa para ti esa “M” y qué representa hoy dentro de tu universo artístico?
Me divierte escucharte señalarlo. Podríamos decir que el título es simplemente la fusión de mi colaboración con la banda Modern English y uno de mis apodos, M. Y eso es cierto, en parte. El título está construido de la misma manera que todo el LP y cada una de sus canciones: por capas, de modo que el oyente tenga la posibilidad de experimentarlo de múltiples maneras —ojalá complementarias— como un todo multifacético. La “M” es un misterio: uno antiguo, que habrá que descubrir con el tiempo.
Dicho esto, también me encanta ser un poco tonta, así que me hace igualmente mucha gracia escuchar teorías desenfadadas como la de un amigo llamado Frankie, que dijo «Modern Moriarty», mientras que otra persona propuso «Modern Marsupial» [risas].
A lo largo del álbum existe una relación muy particular entre oscuridad, misterio y belleza. ¿Qué lugar ocupa la oscuridad en tu imaginación y qué te permite expresar que quizá no adoptaría la misma forma en una canción más luminosa?
En mi libro, Modern M: Music for Time Travelers, hay un subtítulo llamado Penumbra, atribuido a la octava canción del disco, “Revelata”. Tu pregunta apunta de manera muy significativa hacia un pasaje que escribí allí:
«En aquellos lugares que todavía son desconocidos, delimitamos nuestros mapas con la frase: aquí hay dragones. Somos entidades extrañas y magníficas que transmutan y transforman todo aquello y a todo aquel que entra en nuestros sagrados salones ascendentes, nuestros anillos de perdición descendente, nuestros lagos interiores. Como cantó Louis Armstrong en una de las canciones más hermosas jamás creadas, “What a Wonderful World”: «El día luminoso y bendecido, la noche oscura y sagrada». A nuestros maravillosos mundos llegan por invitación. Llegan por la fuerza, a través de nuestros arcos atlantes hechos de piedra filosofal.
Y si un nuevo monstruo anidado, como el del lago Ness, intentara cruzar los umbrales del Rubicón, lanzamos nuestros hechizos y convertimos a Nessie en sombra. No prestes atención a la mujer que está detrás de la cortina. Está construyendo un misterio. Inventándolo en su mundo secreto. A veces una brújula es mejor que un mapa, especialmente si el mapa no contiene toda la información. ¿Cómo podría contenerla, después de todo? Una X se parece terriblemente a una calavera y a unos huesos cruzados. Busca y encontrarás».
La voz desempeña un papel especialmente importante dentro de ese universo: puede sonar cercana, distante, íntima o casi como si perteneciera a un personaje o a otro mundo. ¿Cómo has descubierto las diferentes posibilidades de tu propia voz como instrumento narrativo?
Tu voz ha sido comparada con artistas como Kate Bush, Björk, Laurie Anderson, Loreena McKennitt, Tori Amos y Annie Lennox, pero esas comparaciones también pueden convertirse en una especie de jaula. ¿Qué parte de tu voz sientes que todavía no ha sido reconocida o definida adecuadamente?
Me siento realmente honrada de que se me mencione junto a una compañía tan extraordinaria. ¡Gracias, Carlos! Un aspecto de mi forma de interpretar que estoy deseando mostrar más durante el próximo año es el éxtasis. Podrás escucharlo en un próximo single que se llamará “Sumus”. Pero lo más importante por lo que seguiré esforzándome es por mantener la singularidad de mi voz, esa voz honesta “perfectamente imperfecta”. Sin autotune. Solo pasión.
Has desarrollado parte de tu trayectoria creativa construyendo mundos para otras formas de narración, como el cine, la fotografía y los videojuegos, y en Modern M todas estas disciplinas parecen confluir. ¿Sientes que estás creando obras diferentes o, en realidad, distintas puertas de entrada a un mismo universo creativo? Y si tuvieras que imaginar una película utilizando todo el álbum como banda sonora, ¿qué clase de historia te gustaría que se desarrollara mientras suena la música?
Oh, sí, amigo mío. Creo que lo sabemos cuando somos niños y que a veces podemos olvidarlo: nuestras vidas son una magnífica sinfonía, con movimientos y temas. Es apropiado que esta sea una entrevista escrita, porque la respuesta encuentra su lugar en la introducción de mi libro, un texto que se va desplegando:
«Ahora es el momento. No hay que esperar a ver qué sucede. Esto es. Estoy aquí. Y tú también. Estamos juntos de esa manera, ¿no es así? Nos aventuramos juntos en el fuego blanco, como podría sugerir Laurie Anderson, en el espacio entre la arquitectura negra como la tinta y las curvas ajustadas de las letras. Lo no dicho ni escrito. Lo potente y que ningún algoritmo podría adivinar.
¿Sabes? Casi puedo distinguirte a través de la nieve que gira ante mis ojos. Mientras miro el espejo blanco de la pantalla —como una aspirante a Dama de Shalott—. Mira la página. Imagina la página. ¿Acaso no existe un único tomo, un único volumen, un único códice? ¿No parecen superponerse todos los libros que has leído en el universo de tu existencia? Las partes importantes ascienden y las menos significativas se retiran.
El espacio en blanco no está realmente vacío, ¿verdad? Cianes y carmines resplandecen y brillan a través del vacío, de la gran separación. Fuego blanco. Fértil y preparado para que la alquimia lo convierta en oro. Los materiales de la creación.
«Pronuncia el hechizo». ¿Recuerdas esa frase? Quizá lo pronunciemos juntos mientras escuchamos esta música que existe fuera de la maquinaria del tiempo relativo. Viajaremos sobre grandes rocas que parecen titánicas hasta que las dejamos atrás y comenzamos a distinguir el rostro de una montaña inimaginablemente alta. Volando en fractales, espirales… ojalá siempre hacia delante y hacia arriba».
Cuando estás creando una canción, ¿de dónde suele surgir el impulso inicial? ¿De un sonido, una melodía, una imagen, una historia, una emoción, una palabra…? Y una vez que aparece esa primera chispa, ¿cómo sabes hacia dónde llevarla?
En el caso de Modern M, ¡tenía unos impulsos creativos tremendamente potentes de los que partir! Uno de ellos procedía del músico y fotógrafo Jeff Ungar —quien fotografió a Modern English a mediados de los años 80—. En realidad, lo conocí mucho más recientemente, ya que es un auténtico superviviente de una experiencia inquietante sobre la que dirigí un documental llamado Please Talk with Me.
Jeff había grabado por aquel entonces una serie de extraordinarios riffs de sintetizador —lo que ahora llamamos las basement tapes—. ¡Un auténtico tesoro que descubrí mientras revisaba material para la película! Me inspiró trabajar con él para incorporar algunas de aquellas ideas —e incluso grabaciones originales— como elementos fundamentales de varias canciones del LP. A partir de ahí, cuando enviaba pistas y demos a los chicos de Modern English, ellos me devolvían una cornucopia de experimentos y posibilidades extraordinarias que estimulaban todavía más la creatividad. Al final, esto podría haber acabado siendo un disco de veinte canciones [risas].

«El arte exige sacrificio. Devuelve diez veces lo que recibe, pero tienes que entregar algo a cambio»
Tu colaboración con Modern English reúne a músicos con una larga trayectoria dentro de la música y a una artista de una generación y un contexto artístico muy diferentes. ¿Hubo algún momento durante el proceso en el que esas perspectivas diferentes produjeran algo completamente inesperado? ¿Podrías contarnos qué aportó cada uno de ellos al proyecto que tú no habrías podido crear por ti misma?
¡Definitivamente! La evolución de “Dancing Dizzy”, “Dawn Chorus” y “Lament” me viene inmediatamente a la memoria. Todo comenzó con “Lament”, una pieza que escribí de niña a orillas de aquellas aguas que visitamos en tu proverbial máquina del tiempo del comienzo de esta entrevista.
“Dancing Dizzy” fue una evolución rock-pop de aquella ensoñación atemporal. Lo tenía todo… riffs de Jeff, muchísimo talento de todos los miembros de Modern English: Michael «Mick» Conroy, Robbie Grey, Steven Walker y Gary McDowell, además de su batería de gira, Roy Martin. La canción llegó a estar tan llena de elementos que realmente necesitaba ser recortada, pero todo el trabajo artístico era demasiado bueno como para eliminar nada. Así que, en lugar de convertirse en dos canciones, terminó convirtiéndose en tres.
Me divertí muchísimo utilizando aquellos nuevos elementos y perspectivas para componer la reinterpretación que rinde homenaje a su genial canción “Dawn Chorus”. De una manera relacionada, “People Turn to Gold” también es mucho más que la suma de sus partes: cuenta con coros de Robbie, bajo y guitarra rítmica de Mick, sintetizadores de Steve, teclados de Jeff y míos, además de un montón de pequeños “huevos de Pascua” sonoros y de producción que escondí en ella.
Tu padre, el poeta Steven Eugene Pettman, te introdujo en la poesía, las tradiciones celtas de narración y la idea de la narrativa como parte de la expresión artística, mientras que a través de tu madre heredaste la cultura finlandesa y el concepto de sisu. ¿Hasta qué punto puede rastrearse en tu manera actual de crear la influencia de aquellas primeras experiencias familiares y qué parte de esa herencia has transformado deliberadamente para encontrar tu propia voz?
¿Qué influencia artística dejó tu madre en ti y hasta qué punto sigue presente el sisu en tu manera de afrontar la creatividad, especialmente cuando un proyecto se vuelve difícil, incierto o emocionalmente exigente?
¡Gracias por mencionar a mi maravillosa madre y a mi padre! Mi madre, Myrina, es preciosa por dentro y por fuera, ha atravesado situaciones inimaginables y sigue entregándose a los demás. Durante los últimos años y a lo largo del lanzamiento de este álbum, he estado enfrentándome a una enfermedad muy difícil de los circuitos neuronales llamada MDDS —entre otros problemas—. A menudo me ha resultado imposible leer, ver, permanecer de pie, caminar y crear. Solo puedo aspirar a ser tan fuerte como mi madre. Pero, gracias a su inspiración, he pasado cada día dando pequeños pasos hasta llegar al punto en que ahora puedo caminar la mayoría de los días, leer con mayor frecuencia, cantar e incluso empezar a bailar y trabajar en mi espectáculo en directo.
Mi padre, Steve, un poeta extraordinario, falleció durante el último año de producción de Modern M, pero pude hacerle escuchar la mezcla final mientras yacía en coma, del que nunca llegaría a despertar físicamente. Eso es lo que hacíamos desde que yo era niña: compartíamos nuestro arte. Le echo muchísimo de menos.
Tu homenaje a Loreena McKennitt resulta especialmente significativo: tomaste una canción de una artista que había sido una influencia para ti y la transformaste en una nueva creación junto a Rose Baldino y Brian Buchanan. ¿Qué significó para ti el proceso de reinterpretar una canción que ya formaba parte de tu propia memoria musical?
¡Gracias! Fue profundamente significativo realizar este homenaje a Loreena McKennitt, una auténtica heroína para mí, y a su interpretación del poema del místico español del siglo XVI de San Juan de la Cruz, La noche oscura del alma. Explorar la amplitud del amor mismo. Rose y Brian —también conocidos como House of Hamill— son talentos extraordinarios, así que colaborar con ellos fue tremendamente estimulante. “Dark Night” me ofreció una linterna que llevar conmigo durante el viaje a través de este valle, por el proverbial valle de sombra.
A lo largo de tu trayectoria has compartido música con artistas muy diferentes, desde J. Jeff Ungar hasta colaboradores más recientes. ¿Qué cambia en tu propia manera de crear cuando otra sensibilidad entra en tu universo? ¿Hay cosas que solo pueden surgir precisamente gracias a la colaboración?
Colaborar es una oportunidad para aprender y crecer, y también inculca un sentido de responsabilidad. Te das cuenta de que, además de cambiar tú para siempre, también estás cambiando para siempre a tu colaborador —aunque sea de maneras pequeñas—. Compartir el ritmo con Modern English, Jeff Ungar, House of Hamill y tantos otros aporta vivacidad, perspectiva y una enorme diversión improvisadora.
Algunas colaboraciones nacen de una afinidad artística, mientras que otras surgen de encuentros que probablemente jamás podrían haberse planeado. Cuando trabajas con otro músico, ¿qué necesitas encontrar en esa persona antes de sentir que merece la pena abrirle una puerta a tu mundo creativo?
Una de mis cualidades favoritas en un amigo y/o colaborador es que sea unpretentious, es decir, que no sea pretencioso ni afectado. Detrás de la máscara de la “modernidad cool” se encuentran los arquetipos más verdaderos: el niño, el bufón. Y también están ahí los riesgos y las recompensas vitales inherentes a esas poderosas vulnerabilidades.
En mi libro escribí que «el estratega oblicuo, músico y productor Brian Eno señaló: «La gente cool se queda alrededor de los márgenes y observa los errores y triunfos de la gente que no es cool —y después escribe sobre ellos—». Ser cool es mantenerse distante, desapegado y reservado».
«Colaborar es una oportunidad para aprender y crecer, y también inculca un sentido de responsabilidad»
Mirando hacia atrás en tu trayectoria, ¿hay alguna obra, canción o periodo anterior que hoy entiendas de una manera diferente a como lo hacías cuando la creaste? No necesariamente porque la obra en sí haya cambiado, sino porque tú has cambiado.
Para citar a C. S. Lewis: «Más arriba y más adentro». El arte que amamos se despliega y vuelve a abrirse ante nosotros, renovado, mientras bailamos con él a lo largo de nuestras vidas. Crecemos y vemos más. Tanto la melancolía como la alegría brillan sobre esos pétalos que se despliegan, como el rocío de la mañana —y del duelo—. Escucho una de mis primeras canciones, “Lament”, y doy las gracias a la joven que la escribió por su sentido de la justicia. Escucho “Cities in Dust”, de Siouxsie and the Banshees (que versioné hace dos años), y cada vez valoro más la empatía humana.
Modern M se extiende más allá del álbum a través de Modern M: Music for Time Travelers. ¿Por qué este proyecto necesitaba un libro además de música? ¿Qué podías expresar mediante la palabra escrita que las canciones no podían contener?
El libro comenzó siendo mi primer intento de reunir las notas del libreto del álbum, [risas]. Hay tantas historias y fotografías maravillosas detrás de cada canción —desde lo milagroso hasta lo ridículo, e incluso algunas historias de fantasmas—. Cuando llevaba escritas unas notas de libreto, ya iba aproximadamente por veinte páginas y todavía quedaba muchísimo más que contar.
Además, soy una persona que adora el aspecto físico de una obra de arte —los CD, los DVD, etc.—, y hasta quienes no tienen un tocadiscos pueden tener y sostener el libro. Contiene imágenes creadas artesanalmente para cada canción, las letras y detalles entre bastidores sobre la escritura, la producción y las colaboraciones, además de una reflexión sobre la inteligencia artificial. Debo mencionar que este álbum y este libro fueron realizados sin IA.
Para conocerte un poco más allá de tu trabajo: cuando no estás creando, ¿qué cosas despiertan especialmente tu curiosidad o te hacen sentir que estás viviendo intensamente? ¿Hay algún lugar, actividad, pequeño ritual o afición que tenga un significado especial para ti?
Y desde ese territorio más personal, ¿ha habido algún descubrimiento reciente —un álbum, una película, un libro, un videojuego, una imagen o incluso una conversación— que haya dejado una huella especialmente fuerte en tu manera de ver o de crear?
Pasar tiempo con mi nuevo gatito, Gilgalad, no deja nunca de llenarme de asombro —y de ternura—. Simplemente verlo respirar, parpadear y saber que conoce muchísimo más de lo que deja entrever. También he obtenido resultados positivos con los baños de agua fría. Yo simplemente utilizo un comedero barato para animales y le echo hielo. Ayuda a que la mente cambie de marcha, por así decirlo.
Últimamente he estado escuchando en cinta el extraordinario libro del Dr. Iain McGilchrist, The Master and His Emissary, que analiza nuestros hemisferios cerebrales. Me ha dado combustible para seguir adelante durante este último año. En general, rezar y dar gracias a Dios es lo que más influye en mi manera de ver y crear.
La nostalgia puede ser una forma de preservar el pasado, pero también de reinventarlo desde el presente. ¿Cuál es hoy tu relación con la nostalgia y qué papel desempeña en tu manera de crear y de contemplar el mundo?
Has destacado generosamente la relatividad del tiempo que exploro con este disco. La palabra «moderno» procede del inglés antiguo. Esa misma frase hace que mi cerebro se estremezca cada vez que la pienso. Algún día, si somos almas eternas como yo creo que somos, podremos contemplar la extensión del tiempo y nuestras existencias en todas las direcciones. El “ahora” fue, es y será. Como los sueños, pero algo más. Creo que anhelamos esa plenitud. No puntos sobre una línea. ¿Para responder de forma concisa? Soy una persona tremendamente nostálgica [risas].
En un momento en el que estamos constantemente expuestos a imágenes, música, información y opiniones de otras personas, ¿qué necesitas preservar para poder seguir escuchando tu propia voz? ¿Hay algún valor, principio o forma de contemplar el mundo que consideres especialmente importante conservar?
Qué pregunta tan conmovedora, Carlos. Para empezar, aléjate del teléfono o de la tecnología durante una hora aproximadamente. Sal al exterior y mira las nubes o las estrellas; quizá date una ducha o canta una canción. Quédate ahí hasta que los pensamientos y las reflexiones procedentes del exterior dejen de resonar.
Finalmente llegará el recordatorio, como una oleada —en mi caso aparece acompañado de escalofríos por todo el cuerpo—: somos infinitamente más grandes que internet, los medios de comunicación, las tendencias y el aburrimiento.
Puede resultar difícil pasar tiempo a solas con nosotros mismos, así que también hacer algo agradable, aunque sea realmente pequeño, puede tener un efecto profundo a la hora de recuperar el centro y reencontrarnos con lo bueno que existe en este mundo, con el panorama general.
¿Hay algún valor que considere importante preservar? La capacidad de decidir —y la responsabilidad asociada a esa capacidad. Lo que hacemos y lo que somos marca una diferencia. La marca. Intentemos ser amables. Ser valientes. Ser honestos. Sacrificarnos.

«El arte que amamos se despliega y vuelve a abrirse ante nosotros, renovado, mientras bailamos con él a lo largo de nuestras vidas. Crecemos y vemos más»
Y, finalmente, tengo que introducir nuestra propia pequeña historia de viajes en el tiempo. Descubrí tu música porque empezaste a dar “me gusta” a algunas de mis fotografías artísticas en Instagram. Aquel pequeño encuentro digital me llevó hasta Modern M, después a escribir la reseña de tu álbum y ahora a esta entrevista.
¿Sigues creyendo en esas conexiones inesperadas entre artistas y desconocidos, en esos momentos aparentemente insignificantes que pueden abrir, casi sin que nos demos cuenta, una puerta hacia otro mundo creativo?
Es hermoso ser amigos y conectar a través de las posibilidades ilimitadas, Carlos. A veces ocurre algo tan específico y asombroso en nuestro día que nos detenemos y preguntamos: «¿Qué probabilidades había de que ocurriera?». Y yo suelo responder: «O bien un 0,001 %, o bien un 100 %». En otras palabras, hay cosas que están destinadas a suceder.
Para terminar… ¿Hay algo que no te haya preguntado y que te gustaría añadir antes de cerrar esta conversación? Muchas gracias, Mara.
Para enlazar con tu vigésima pregunta, mientras estoy escribiendo ahora mismo mi respuesta al final de esta entrevista, acabo de revisar mi correo electrónico y he recibido un amable mensaje tuyo preguntándome cómo estoy. Todavía me resulta difícil leer la pantalla; mis circuitos neuronales hacen que las palabras se arremolinen, y mi visión continúa nublándose y llenándose de destellos, pero merece la pena. Gracias por ayudar a que merezca la pena. Tú marcas una diferencia. Como canta Modern English: «El futuro está completamente abierto».
La reflexión después del viaje.
Podría estar hablando con Mara semanas enteras y aun así me quedaría corto. Tiene tanto que contar que el tiempo, uno de los elementos esenciales de su universo creativo, parece dilatarse y contraerse a medida que avanzamos por sus recuerdos, referencias e ideas.
Mara Katria es una artista con una trayectoria propia, reconocible y especialmente rica en cruces entre música, imagen y narrativa. Pero desde el primer momento en que contacté con ella, su actitud fue de una extraordinaria cercanía y predisposición.
Más allá de la música, esa manera de relacionarse también dice algo de la persona que hay detrás de la obra. Su amplitud cultural, sus experiencias, su profesionalidad artística y la generosidad y curiosidad con las que ha afrontado esta entrevista encajan, además, con una de las ideas que atraviesan buena parte de Modern M: esos encuentros que comienzan de una manera casi accidental y terminan abriendo puertas hacia lugares inesperados.
Por eso esta conversación ha intentado acercarse no solo al disco, sino también a la imaginación que lo sostiene, a las referencias que han ido construyendo su universo creativo y a la persona que continúa explorándolo.
Es una entrevista que invita a reflexionar. Algunas respuestas no terminan exactamente de contestar una pregunta, sino que abren otra puerta dentro del universo de Modern M. Y quizá ahí esté precisamente una de las claves de esta conversación: Mara no parece demasiado interesada en cerrar caminos, sino en descubrir qué puede haber detrás de ellos. Sus respuestas mezclan poesía, pensamiento, humor, espiritualidad y asociaciones aparentemente inesperadas. Una combinación que también explica por qué su voz artística resulta tan reconocible.
Después de todo, quizá la mejor manera de terminar esta entrevista sea volver al principio: el tiempo, los encuentros y esas pequeñas casualidades que pueden cambiar el rumbo de una historia. Gracias, Mara, por tu tiempo, tu confianza y por abrirnos durante un rato las puertas de tu mundo.

