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BLACK COUNTRY, NEW ROAD – FOR THE FIRST TIME

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Empecemos por el principio. Black Country literalmente significa en castellano, país negro, una doble palabra de origen inglés que hace referencia a la zona industrial de Inglaterra conocida por su extrema polución a causa de la extracción de carbón, y por las acerías y fundiciones de hierro que se usan para alimentar sus hornos. Con los años la presencia de tanto carbón en la superficie de la zona ha generado un aspecto terriblemente negruzco. De ahí la denominación. Inspirados probablemente en esa negra realidad, Black Country, New Road, nace como una nueva vía inglesa para hacer una música distinta en un mundo donde cada vez resulta más complejo dejar una impronta original. Y es que Black Country, New Road se forma como una banda que hace honor al estilo que fijan como post punk, aunque ellos prefieren definirse como rock experimental black midi o avant-garde.

Cuando escuchas por vez primera a Black Country, New Road, quizás tengas la sensación de no entender nada. Una jugada que forma parte de su identidad sonora, sobre todo para quien lleve tiempo rastreando bandas del mainstream. Pero a la segunda oportunidad, con unos buenos auriculares, los británicos acaban inevitablemente por introducirte en un universo sonoro del cual es difícil salir. Si todo va bien, estarán presentes en el Primavera Sound 2021. Vayamos pues a viajar con ellos a través de sus composiciones. Comencemos.

Con cierto aire a The Slint y quizás a otras bandas del género, Black Country, New Road acaba de publicar su primer trabajo como formación, un disco que curiosamente han bautizado For the First Time. El álbum se ha publicado bajo el sello de Ninja Tune, una discográfica británica independiente con sede en Londres, fundada por Matt Black y Jonathan More, el dúo DJ conocido como Coldcut

Black Country, New Road —o la “mejor banda actual del mundo” para The Quietus— son siete jóvenes de aspecto universitario que puedan parecer lejanos a generar una música tan concreta, elaborada y compleja: Isaac Wood (voz y guitarra), Tyler Hyde (bajo), Lewis Evans (saxo), Georgia Ellery (violín), May Kershaw (teclados), Charlie Wayne (batería) y Luke Mark (guitarra). Los británicos conforman un conglomerado unísono que genera una acústica global de alto linaje. Cuando suenan en algún momento incluso pueden conducirte inconscientemente a ciertos paralelismos entre otras bandas del presente y del pasado. Su sonido no está destinado al genérico público de masas si no a determinados perfiles de culto sónico.

For the First Time es un álbum que debe ser abordado con calma, oírlo varias veces, tratando de introducirse lentamente en el mundo quebrado que describe, tanto por sus letras existenciales como por su hábil desarmonía y contrapunto sónico. Más que canciones son desarrollos que parten de arranques evolutivos hacia repentinas paradas, abruptas o suaves, con el fin de reabrirse y continuar con intensidad progresiva hacia armonías electrificadas. No hay tema igual pero juntos construyen una arquitectura musical imposible de desguazar. Cada historia habla por sí misma, pero da paso a la siguiente. Todo está vinculado. La voz toma su rol envolvente, protagonista, casi como narrador fílmico que cuenta lo que sucede o lo que va a acontecer. Dentro de este parámetro, la instrumentación marca el tempo, la estructura y el desarrollo.

Si escarbamos en la memoria, podemos encontrar en el álbum estructuras melódicas y rítmicas que recuerdan el rasgueo salvaje de Robert Fripp, las melodías asincrónicas de King Crimson, o el minimalismo de Phillips Glass o John Cage. Escarbando aún más podemos localizar sonidos que nos recuerdan la pluridimensionalidad de Swans, la experimentación vanguardista de The Legendary Pink Dots o el denso sonido dark jazz. Tampoco se pueden obviar reseñas claras al frenesí gipsy balkan o al guitarreo seco y distorsionado de The Queen of the Stone Age. Sin duda, las resonancias en Black Country, New Road son variopintas, sin abandonar por supuesto su propia personalidad fonográfica.

En cuanto a letras, hay menciones a Scott Walker y a Richard Hell, aunque musicalmente disten años luz: “Te estoy mirando y no puedes decir / Soy más que la suma de mis partes / Te estoy mirando con mis mejores ojos / y ojalá pudieras decirme / todos mis hijos dejaran de vestirse como Richard Hell / Estoy encerrado en una fortaleza de alta tecnología, envolvente, translúcida y teñida de azul / Y no puedes tocarme / soy invencible con estas gafas de sol”, narran en Sunglasses.

No cabe duda de que las letras y la música, con constantes menciones al sexo, encajan como una llave maestra que penetra en múltiples ranuras hacia dilatadas sensaciones. El oyente deambula como una serpiente sinuosa que, tras recibir repentinos picotazos se desploma en un laberinto de caos y desvaríos: “He estado temblando desde que me dijiste que ningún amor viviría en esta casa / Hice todo lo posible para mantenerme a flote / Después de sacrificar la cabra / En tu nombre, en la misma habitación donde follamos cuando éramos niños” (Track X).

¿En qué estarían pensando Black Country, New Road cuando hicieron estas canciones? Para Tyler Hyde la respuesta es obvia: “la técnica de usar partes extremadamente silenciosas junto a secciones extremadamente ruidosas ayudó a producir progresiones y estructuras narrativas dentro de las pistas. También aprendimos que tocar muy suave o silenciosamente permitió que diferentes instrumentos se abrieran paso hasta formar combinaciones intrigantes, con instrumentos que tocaban solos, o partes pesadas que a menudo dejaban paso a otras que normalmente no acaparan la atención; permitiendo que el espacio, el sonido y la persona encajaran en la fusión correcta,” decía en The Quietus.

Una de las principales seducciones del disco es que el oyente sienta el sonido como una experiencia existencial muy personal. Debe ahondar en sí mismo para captar el mensaje y tratar de vivir los elementos amorfos, a menudo abstractos, que se transforman en sensaciones que conducen al espectador a no comprender lo que está experimentando, lo cual es adictivo. 

Análisis del disco por temas

Instrumental arranca con un solo de batería que da paso al resto de instrumentación hasta alcanzar una fanfarria de corte gitano balcánico, y que va derivando hacia un frenesí sonoro que, a modo de laberinto, finaliza con un orgasmo de vientos dispersados a toda caña.

Athens France, se inicia bajo un ritmo candente y una voz que penetra como un látigo de baja frecuencia. Posee una parada cardiaca repentina que te sumerge en una calma obsesiva y vaporosa a la espera de una sucesión anónima. La voz de Wood serpentea entre los fondos sonoros como un suave oleaje que, poco a poco, va subiendo de nivel hasta detonar en un dry stop.

Continúa Science Fair, una mixtura de naturalezas en colisión bajo una tesitura de background primigenio. Sus estallidos eléctricos se superponen como un cruce desorbitado de sensaciones imprecisas. Nuevamente la voz de Wood ondea sobre una base de guitarras rítmicas armonizadas con percusión de sustento sónico circundante. Poco a poco los tonos van subiendo hasta llegar a una intensidad que va desatando episodios de lamento y locura. Los pasajes sonoros electrónicos junto a la narrativa lirica son un puntazo y progresan como un avispero esquizofrénico.

Opus es completamente avant-garde, con paradas reminiscentes a Edward Ka-Spel, mezclado en una densa thermomix balcánica que a todo trapo apuntalan toques de agresión crimsoniana. La desesperación y mezcla estilística culmina con un gigantesco cortinaje sonoro que se rasga verticalmente en zigzag hasta su cierre final. Remata el disco con Sunglasses, una dispersión big bang que nace mientras el viento cósmico susurra en segundo plano; un estrangulador abrazo que avanza progresivamente hacia un caos sonoro desesperado. Al poco rato todo cambia. Repentinamente una guitarra rítmica rompe en contrapuntos los fragmentos sonoros al más puro estilo King Crimson (Larks’ Tongues in Aspic, Fracture…). La influencia es aplastante.

Estamos ante una banda que, en su debut, ha arrancado como un enorme tsunami donde los miedos a pisar fuerte se han desvanecido en un álbum tan experimental como necesario. En un mundo trilladamente vacío, el álbum se presenta como un fantasma a la deriva, que nos deleita y asusta al mismo tiempo con 6 temazos de lujo. Si tienes Spotify te recomiendo que escuches también tres propinas de altos quilates que se incluyen entre la etiqueta de los más populares, especialmente el track firmado como Athens France – Savage Gary’s Takedown Dub. Si te ha gustado Black Country, New Road, atrévete con Black Midi, Squid, Do Nothing, Girl Band, Lice y otras tantas bandas que están surgiendo dentro del bloque post punk y avant garde. Es la música que marca hoy las diferencias. El viaje de ida es gratis, pero una vez en el destino dudo que regreses.

Escucha aquí For The First Time, de Black Country, New Road

Carlos Flaqué Monllonch
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. ¿Qué puedo contaros de mí? Este caso deciros que me encanta la música y mi profesión, la de periodismo (escribir) y la de comunicación gráfica (diseño gráfico y fotografía), herramientas que me permiten abrir muchas puertas, como conocer gente para intercambiar, transmitir cosas y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten eso y más. Así que nada de excusas y manos a la obra…