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Mirua: «Miraba a Euskal Herria y nada me representaba. Ahora sé que a mí nuestro grupo me gustaría» (2023)

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Mirua es el trío formado por los hermanos Mattin y Malentxo Zeberio junto a Maitane Iruiñ. Ambos se han criado en Tolosa y han vivido ahí hasta que se pusieron a hacer música. A uno le pilló en Madrid, a otra Iruña y a la siguiente en muchos sitios pero en ninguno en concreto.

Nos reunimos en el Euskalduna, con excusa de que aquí se celebra el congreso a nivel industria musical más importante de Iberoamérica, el BIME. Quedamos este viernes tras su debut de anoche en Bilbao. Ellos tocaron dentro de la programación del festival para celebrar el quinto aniversario del sello del que forman parte, Oso Polita. La noche anterior, el jueves, en la sala Crystal Mirua presentó su propuesta no sólo frente al público bilbaíno, sino también frente a promotores y otros agentes de la industria.

Conversamos con Maitane y Mattin sobre definiciones y etiquetas, trabajar en familia, la escena musical vasca histórica y actual, las referencias artísticas y los proyectos a futuro. Se ve que tienen unos referentes bien definidos y buscan madurar aún más en su sonido mientras investigan desde el presente a sus referentes artísticos actuales y al pasado folclórico vasco. En estos 46 minutos de diálogo hacemos una pausa, partiendo en dos la entrevista, y así, asistimos a escuchar una charla en la que participa Verde Prato – tolosana como ellos –, junto a otras artistas, sobre los sonidos de la música independiente en la que los 3 (yo incluido), como asistentes, consideramos que podrían haber indagado más en esta temática tan interesante.

Como grupo, ¿quién es Mirua?, ¿cómo os definís?

Mattin: Es verdad que hablamos de que, sí nos gustaría que se nos etiquetase de alguna manera, no voy a decir el cliché de: «huye de las etiquetas», porque no es que huyamos de las etiquetas, sino que buscamos cosas diferentes. Nos gusta mucho cambiar y probar sonidos y elementos distintos.

Vosotros conseguisteis entrar en un sello, y con ello, sacar vuestro EP, gracias a ganar la Maketa Lehiaketa con Gaztea, ¿cómo fue de estar en casa tranquilamente haciendo música a tener una posibilidad amplia con más recursos y facilidades?

Maitane: La esencia de Mirua es minimalista. No ha cambiado nuestra forma de hacer música. Hasta ahora lo hacíamos en casa los 3 y ahora lo seguimos haciendo de esa manera. Es parte de nuestro trabajo. Pero es verdad que el sello Oso Polita en ese sentido nos ha abierto muchísimas puertas en relación con conseguir bolos o conocer otros artistas. Para nosotros estar en festivales como el BIME nos abre puertas. Oso Polita nos ha dado ese empujón para salir de nuestra casa, y así, conseguir que Mirua llegue a más gente.

Hace un año lanzasteis vuestro primer EP homónimo, Mirua (2023), ¿cómo os gusta definirlo?, ¿cómo lo veis con la perspectiva de ahora?

Mattin: Yo veo cosas que ahora no hubiera hecho igual, pero no cosas que cambiaría.

Maitane: Totalmente. Yo no cambiaría nada de lo que hemos hecho.

Mattin: Yo ahora mismo no hubiera hecho ese EP. Lo dejaría como lo que fue, que era una carta de presentación con 6 canciones.

Maitane: Mucha gente nos ha dicho que las canciones son un abanico muy amplio, y nos gusta que sea así, que es una carta de presentación que alberga diferentes propuestas. Y también, agregar, que sin el primer EP no existiríamos como grupo. Al fin y al cabo, Gaztea Maketa Lehiaketa nos puso fechas de entrega que tuvimos que respetar y eso nos motivó para ordenar todas nuestras ideas para darles forma, y así, poder producirlo.

¿Cómo trabajasteis el EP?

Maitane: Es verdad que justo nos pilló en una época en la que estábamos cada uno en una punta. Mattin estaba en Madrid, Malentxo en Iruña, yo andaba por mogollón de sitios, no en uno en concreto. Y fue un poco caos en ese sentido. Cabe mencionar que la creación para nosotros ha funcionado mejor cuando hemos estado todos juntos, pero también decir que con los recursos que hay hoy en día es fácil poder trabajar desde diferentes lugares. Si yo escribo algo Mattin nos envía un beat, el puzzle se formaba poco a poco. Fue un poco caos.

Mattin: Está guay porque hemos usado diferentes maneras de construir nuestra música. A veces sale primero una melodía, una base, una letra, y con eso vamos construyendo.

También habéis lanzado dos temas desde marzo. Uno una colaboración con Malakias, y la otra, una versión de una canción más punk de los Tatxers. ¿Qué nos podéis contar de estas?, ¿cómo surgen?

Maitane: Lo de Malakias no fue nada intencionado. Fue muy natural.

Mattin: La canción Goiz Hiltzen Dira Ametsak fue una casualidad, salió sin buscarlo. Terminamos haciendo una canción juntos.

Maitane: Él también justo estaba haciendo muchos temas con diferentes artistas de Euskal Herria. Nos parece muy importante que estemos conectados entre nosotros y que sepamos los que otros están haciendo.

Mattin: Como dice Elías [manager]: «Malakias es el hilo que une toda Euskal Herria».

Maitane: Eso es. Trabajar con él es una gozada, fue la hostia. Es una persona con muchísima creatividad. Supo muy bien cómo encajar con nosotros y nosotros con él. Surgió muy naturalmente. De este tema estamos super contentos.

Mattin: De hecho, fue por un tweet. Malakias subió un tweet mencionándonos al que nosotros contestamos mediante las historias de Instagram. A las semanas estábamos en su casa.

Maitane: En cuanto a la versión de Goizean Oskorri de los Tatxers es un tema que nos encanta. Nosotros somos muy críticos con las versiones que se hacen de temazos, consideramos que es muy difícil. Para nosotros este es un himno, era un tema que nos ponía muy contentos y lo cantábamos cuando íbamos a conciertos. A ellos les encantó y tenemos muy buena relación con ellos.

Ahora que mencionas lo de las versiones, actualmente existe una tendencia con canciones pop de los 2000, ¿cómo observáis esta tendencia?

Mattin: Nosotros hablamos mucho de que se hacen covers de los 2000 siempre apelando a la nostalgia. Y por eso dijimos: «¿por qué no podemos hacer una versión de una canción actual como ‘Goizean Oskorri’ que nos gusta y ya?».

Y en directo, también tocáis otras canciones que nos son de vuestra autoría.

Mattin: Sí, tocamos Lili bat, que es una canción tradicional folclórica vasca, de Iparralde. Es para el directo.

Maitane: No tenemos intención de sacarla, es algo muy especial que se quedará en los conciertos.

Veo al público muy receptivo para buscar y escuchar amplia tipología de sonidos

Grandes artistas a menudo terminan trabajando mano a mano con gente de su entorno familiar. A Pedro Almodóvar su hermano le produce las películas, a Rosalía su hermana le ayuda en la dirección creativa y le hace los estilismos, etc. Para el caso de Malen y Mattin, ¿cómo es trabajar entre hermanos para desarrollar trabajos artísticos?, ¿influencia en vuestra relación personal o profesional?

Mattin: Muy tranquilo. No discutimos nunca.

Maitane: ¡Es mentira! [risas].

Mattin: Es como una relación de hermanos.

Maitane: Yo no soy su hermana, pero yo los conozco desde que nacimos. Hemos coincidido en el coro, en la ikastola, en la gela (clase). Toda la vida.

Mattin: Somos casi familia.

Maitane: Yo he estado mucho en casa de ellos. Y antes teníamos Malentxo y yo un proyecto.

Mattin: Así es como nació Mirua. Mientras ellas ensayaban yo me quedaba en el salón haciendo bases y un día dijimos: «vamos a hacer algo juntos». De esa manera conseguimos que la relación fraternal se desarrollara de manera paralela a la artística.

Maitane: Tener tanta confianza ayuda a ser honesto. Influye en buscarnos a nosotros mismos. Si tienes un clima de tanta confianza es más fácil hacer música que te identifica.

Mattin: Ahora estamos en una fase más cuidada y crítica con nosotros mismos.

Maitane: Antes hacíamos autocrítica, pero estábamos buscando el sonido de Mirua. Era más un trabajo de investigación, sobre lo que podíamos hacer como grupo, explorando las ramas que conocíamos y cómo podíamos hacerlas en conjunto. Actualmente tenemos las cosas más claras, lo que nos gusta y lo que no. Es parte de madurar.

La música en Euskal Herria está cambiando de manera muy rápida. Muchos géneros musicales están entrando y abriendo camino poco a poco. ¿Cómo veis la escena musical vasca en este momento?, ¿qué trabajos y artistas de aquí escucháis?

Mattin: Yo creo que ha habido un cambio post pandemia. Yo desde que tenía 18 años he seguido muy de cerca la escena de Euskal Herria, y también la del mundo. Me costaba muchísimo encontrar algún resquicio de algo que me identificara porque todo era rock aquí. Las cosas que se hacían de electrónica y de hip-hop eran muy cringes.  Aun así, los apoyaba, porque había que apoyar. Y de repente salió Chill Mafia y todo eso desapareció. No es que ellos empezaran un movimiento estético, Ez Dok Amairu, no. Ellos sacaron a toda esta gente que no sabíamos que existíamos para vernos entre nosotros. Personalmente no sabía que existía gente que le interesase otro tipo de música en Euskal Herria. De ahí salen Merina Gris, Hofe… Salen nombres que van en paralelo de lo que creíamos que era de aquí. Hay un colectivo cultural de jóvenes que está interesado en estas cosas. Cuando sacamos nuestras primeras canciones no sabíamos si iba a haber gente interesada en escuchar esto.  

Maitane: También cabe mencionar Nafarroa como epicentro musical, de ahí no solo ha salido Chill Mafia, ha salido Ibil Bedi, Tatxers… mogollón de grupos. Y nos preguntamos que qué interés tienen entre ellos. Por eso también lo consideramos una escena, porque están todos conectados. Hay un interés en colaborar entre nosotros porque estamos interesados en los diferentes sonidos de cada uno.

Mattin: Chill Mafia fue el mechero. Pero ahí ya había interés.

Maitane: En Gipuzkoa es diferente, cada uno anda más por su aire. Es una provincia con mucha tradición. Muchas veces cuesta innovar y que la gente te dé visto bueno.

Y en esta nueva escena vasca, con tantos artistas, en un espacio tan concreto y puede que pequeño, ¿cómo se consigue destacar?

Mattin: Euskal Herria tiene algo bueno y es que es muy pequeño y tiene una capacidad productiva mucha menor que otros países como pueden ser los anglosajones o los castellanohablantes. Eso tiene su parte buena. Y a pesar de que muchas veces juega el factor de la suerte y no se pueda prever lo que pueda pasar si tú tienes una propuesta interesante y que puede conectar un poco tienes posibilidades de funcionar porque veo al público muy receptivo para buscar y escuchar amplia tipología de sonidos y, por ello, dan ganas de hacer música y sacarla.

Con tanta oferta en un espacio y tiempo tan concreto es posible que buena música no llegue a nada. ¿Creéis que es posible que se esté perdiendo mucha música buena?

Mattin: No.

Maitane: No. De hecho, ayer escuchaba a Liher en una entrevista diciendo que para que haya una escena más visible se necesita a una escena más underground. En parte estoy de acuerdo. Todos los ciclos de Gaztetxes y todos los festivales que se hacen aquí que igual no van a tener una carrera larga u oparoa [abundante] son necesarios. Esto tiene que existir y tiene que seguir existiendo y yo no creo que ninguno sobre en la escena. Todos los que quieran hacer música deberían hacerla porque existen recursos para hacerlas, entonces, ¿por qué no?

Mattin: Además, yo creo que es una concepción errónea la de que haya más grupos. Ahora, obviamente se pública mucha más música porque no cuesta nada. Pero grupos de existir no existen más que antes. Hay un canal de YouTube de un chaval que sube casetes de los 80, de los 90 y de inicios de los 2000 en el que enseña su colección, que suena como el culo. Estos grupos punks grabarían en sus locales dos tracks en estéreo con la guitarra, la batería, voz y todo. Tenían nombres graciosos, como «Anti-sudor», que me lo invento. Yo creo que no hay más grupos, pero sí que sale más música. Concretamente en Euskal Herria no hay tanto ruido que sea insalvable. Es verdad que a nivel España o internacionalmente hablando sí que es otra movida.

Maitane: En Euskal Herria, nosotros lo tenemos muy claro, y es que no nos tenemos que educar en la competitividad. Si ahora está empezando a existir una nueva escena es por todo lo comentado. Nuestra mentalidad es que no vamos a ser mejores pisando a otros. Es justo lo contrario.

Las letras políticas dejaron de ser combativas para ser puramente decorativas

También, en muchas ocasiones, incluso ahora, como se puede denotar en otros grupos, la música en euskera ha estado movida por ideas políticas. ¿Cómo lo veis ahora?, ¿creéis que es necesario hablar de ello? ¿Cuánto de necesario es para vosotros expresaros política y socialmente mediante vuestras letras?

Maitane: Hay un error cuando decimos que la música política es cuando la letra tiene una letra sumamente política. La parte política de la música no está en el contenido sólo, también está en la forma de cómo lo creas, con quién, qué recursos tienes, dónde la tocas, etc. En Euskal Herria se ha unido mucho a esto porque la política ha tenido, obviamente, mucho peso. Y por ello, los movimientos culturales han ido muy ligados al igual que la cultura va muy ligada con el momento histórico-político. Y, de hecho, creo, que hoy en día también va muy ligada a esa realidad y por eso se ha creado también esta escena.

Mattin: Antes, además, el contenido político de las letras se convirtió en una estetización de las letras combativas. Dejaron de ser combativas para ser puramente decorativas. Por ejemplo, coges una canción, prefiero no decir nombres, pero decían: «Borroka aurrera goaz!». ¡No estás diciendo nada!

Maitane: No dices nada, el mensaje es vacío.

Mattin: Simplemente se cogen ciertas estéticas, palabras, que son potentes, y lo son, solo que ya se han repetido mucho. El grupo 8702 de punk no creo que tenga una opinión política super desarrollada en la que Engels y Marx dirían: «¡Hostia! El grupo 8702 tiene una idea sobre la clase trabajadora super avanzada». ¡Hombre pues no! A mí me parece mucho más política la letra de Errotxapea de Chill Mafia que discografías enteras de grupos de mierda de punk. Con todo el respeto.

Maitane: Porque también están contándolo desde su realidad, y eso me parece muy importante.

Mattin: Estamos hablando mucho de Chill Mafia, pero es verdad que ha condicionado. Es una excusa muy fácil para que podamos entender este fenómeno.

Hablando sobre la apropiación política. Las erromerias se adueñan de términos políticos.

Maitane: Euskal Herria si algo tiene es que la tradición está ahí. Le cuesta adaptarse. Si vas a las txosnas escuchas los mismos temas ahora que hace 7 años. Eso no ha cambiado y me parece tristemente difícil que cambie.

Mattin: Está bien que ahora el ratio de canciones trompeteras y no trompeteras ha cambiado. ¡Por Díos!, ¡me va a explotar la cabeza! Ponme un 808.

Maitane: Es verdad que ha habido años sólo eso tío. ¡Sólo el ska!

Mattin: Era muy sofocante. Yo que siempre he escuchado muchísima música de fuera, era super friki. No me sentía identificado. Y en primicia, yo he tenido un grupo de punk que se llamaba TPR.

Maitane: Txapapote Para Ratas. Jajajaja.

Ahora también hay un auge de grupos muy parecidos de punk. La diferencia de ellos es casi mínima.

Mattin: Pero este nuevo punk también es diferente. Depende quien lo haga. Hay muchos grupos de punk y de post punk que tienen otra mentalidad. Por ejemplo, el mundo del post punk de Valencia. Es una escena super rica, viva, interesante y con letras potentes, donde meten electrónica. Son muy oscuras. Son muy escena.

Con la mirada nacional, en la escena musical de España, ¿cómo la veis?

Mattin: Yo ahora mismo estoy escuchando un montón el disco Supernova (2023) de Ralphie Choo, me ha encantado. Es de los mejores discos de este año.

Maitane: Vimos hace poco el documental de C. Tangana. Nos pareció una pasada lo que hizo. No sólo la música, también cómo llevó eso al directo. Ahora tenemos muchas ideas para el directo de Mirua en el futuro y eso nos inspira mucho también. María Arnal nos encanta.

Mattin: Obviamente Rosalía, mega fans.

Maitane: Rodrigo Cuevas y demás están haciendo cosas interesantes con el folclore. Silvia Pérez Cruz, otra referente.

Estáis mencionando sobre todo folklore.

Mattin: Sí, nuestro siguiente proyecto va por ahí. No vamos a decir mucho, pero estamos tirando muy a raíces. Manual de Cortejo (2019) de Rodrigo Cuevas es muy referente. Clamor (2021) de María Arnal i Marcel Bagés, imprescindible para nosotros.

Manual de Cortejo lo escuché cuando salió y no me gustó, pero le volví a dar otra oportunidad aprovechando que hace algo más de un mes Rodrigo Cuevas sacó Manual de Romería (2023) y, así, consiguió que me pareciese un muy buen disco.

Maitane: Total. Según en qué etapa de tú vida estés la música entra diferente. La educación auditiva crece. Mattin tenía unos referentes que ni Malentxo ni yo los compartíamos tanto. Para nosotras era algo no tan cercano. Incluso que nos costaba escucharlo. Y ahora te haces a ellos, e incluso, buscas más.

¿Creéis que los artistas mainstreams abren camino a romper a los estereotipos de géneros musicales?

Mattin: Yo creo que la manera de hacer la música, que es básicamente ordenador y voces, normalmente, consiegue que la manera de pensar así sobre la música sea un lienzo en blanco. Esto es lo que ha generado este tipo de músicas que a veces no tienen nada que ver a nivel estilístico, pero tiene mucho que ver a nivel del propio proceso. Más que el proceso, esta idea de que es un lienzo en blanco y tú puedes añadirle lo que sea. Por ejemplo, el disco de Ralphie, no es clasificable. ¿Qué es exactamente lo que hace? Tiene una canción de trap, hay reggaetón e incluso hay una bossa nova. A no ser que seas un artista de reggaetón o hagas algo muy concreto es muy difícil encasillar a un artista. Artistas como PinkPantheress no se clasifican por un género. No es como antes, que el que hacía dubstep se pasaba 10 años haciendo dubstep.

Es el collage el que nos representa y no la elección de un sonido y ya

Encasillarse en géneros ha llegado a parecer monótono, tanto para el artista como para el público.

Mattin: Nosotros hablamos mucho de que hay una nueva perspectiva de collage. Internet nos ha expuesto a mil influencias que antes eran inexplorables. Y ahora, de repente, nos ha puesto en esa situación de coger de allí y aquí. Es el collage el que nos representa y no la elección de un sonido y ya está.

Los artistas gallegos y catalanes, entre otros, han tenido más facilidades para entrar en la escena española, obviamente es más fácil entender las letras que provienen del latín que el euskera. ¿Cómo de importante es para vosotros entrar en este territorio, si ya es casi difícil destacar en el local? Y, ¿lo veis posible?

Mattin: Barreras siempre va a haber, pero no en el sentido de que hay una barrera dibujada.

Maitane: A veces nos la ponemos nosotros.

Mattin: No es sólo eso. Obviamente es posible hacerlo si eres Berri Txarrak o Izaro y te va muy bien. Realmente siempre va a existir ese impedimento. Yo no conecto igual con una canción que se canta en mi idioma que con otra que se canta en otra lengua. Yo obviamente voy a conectar con los bertsos de Lekuona que estábamos escuchando la semana pasada que con un bossa nova de Luiz Bonfá. Conectar a nivel de te entiendo al segundo. Hay códigos compartidos y universos imaginarios que compartimos, que al final, es lo que parte de la música hace. La música te crea tu comunidad. Y obviamente sabemos que con el euskera no vamos a poder llegar a los números de España. No podremos ser Ralphie Choo pero nuestra intención tampoco es esa. En España sí hay interés con esta música, pero el mainstream es una cosa muy específica que tiene que cumplir unas reglas, a no ser que seas Gangma Style o Iñigo Quintero y seas la excepción de la regla. Nosotros siempre decíamos que nos gustaría hacer la música que a nosotros nos hubiera gustado escuchar cuando estábamos descubriendo el mundo de la música. Yo cuando empecé a obsesionarme con mil grupos miraba a Euskal Herria y no había nada de lo que me gustaba y ahora, en cambio, sé que a mí nuestro grupo me gustaría.

¿Cómo es de satisfactorio escuchar vuestra propia música que no se ha hecho algo tan parecido en este idioma? ¿Sois conscientes?

Mattin: Sí, somos conscientes. De hecho, ayer hablábamos sobre todo con el nuevo proyecto que estamos haciendo. Tenemos un poco la idea de no ser simplemente una colección de canciones en un disco, sino también ser una especie de galería donde exponemos todas las ideas que nos atraen y a toda la gente que podemos llegar a enseñar. Gente que nos gusta y que puede hacer cosas con nosotros. Con los proyectos que no le llegan a mucha gente nos encantaría crear una galería para mostrárselo a toda la gente y que supiesen darle el valor que nosotros le damos.

Maitane: En Eukal Herria hay cosas increíbles.

¿Qué trabajos podéis recomendar hechos en estas tierras?

Mattin: Vamos a recomendar el espectáculo Oskara de Kukai que vimos hace una semana en el Teatro Victoria Eugenia de Donosti. Es de los mejores espectáculos que se ha hecho en la historia de Euskal Herria. También, el álbum Adoretua (2023) de Verde Prato, impresionante, buenísimo, además paisana de Tolosa.

Maitane: Merina Gris o Ibil Bedi. Habia también, que son tres chicas de Iparralde que hacen armonías increíbles, tienen voces espectaculares, y tocan las cuerdas que a nosotros nos flipan. Además, Malentxo y yo tocamos el violín, y estas chicas son el trío perfecto. Últimamente estamos escuchando mucho la música de Iparralde, a veces se nos olvida esa parte de Euskal Herria y allí hacen cosas extraordinarias.

¿Qué artistas están en vuestra wishlist para poder colaborar?

Mattin: Con Rosalía, Pharrel Williams, Flying Lotus, Timbaland, Kanye West, aunque sea incorrecto políticamente. Con Ralphie también. María Arnal.

De cara a plazo de un año, ¿cómo os veis de aquí a 12 meses?

Mattin: Estamos trabajando en el disco que queremos. Queremos tener un año para hacer el mejor álbum posible.

Maitane: Queremos explotar nuestras capacidades al máximo. Todo lo que hemos mencionado, nuestros referentes, lo que Mattin ha mencionado de la galería…

Mattin: Queremos hacer un espectáculo también.

Maitane: No se nos puede olvidar que el mundo artístico bebe de diferentes ramas. En nuestro caso la música va primero, pero todo lo que le rodea es importante también.