¡NO TE PIERDAS!

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Laurence Jones – On My Own

El eco de la madera y la sangre

Las grandes músicos suelen decir que el blues no es un género, sino una cicatriz que se convierte en canción. Cuando las luces de los festivales se apagan y los amplificadores dejan de rugir, lo único que queda es el hombre, su verdad y la vibración de una caja de madera. En ese ecosistema del blues británico contemporáneo, pocos nombres resuenan con la autoridad de Laurence Jones, un músico que ha dejado atrás la etiqueta de «niño prodigio» para revelarse como un artesano de la supervivencia.

Su nuevo trabajo es un disco profundamente personal, que huele a noches de insomnio en Nottingham y a la urgencia de quien entiende que la música no es solo un oficio, sino un salvavidas. Esta reseña no es únicamente un análisis musical; es también una inmersión en el manifiesto de independencia de un artista que ha decidido romper con ciertos automatismos de la industria para recuperar su propia voz. Bienvenidos al refugio acústico donde el dolor se transforma en resonancia.

«He esperado 15 años para volver a casa, a la música blues, y rendir homenaje a la música que amo. Siento que estas son algunas de las mejores canciones que he escrito; no puedes esconderte detrás de una sola guitarra y una voz» —Laurence Jones

Anatomía de un parto independiente

La génesis del álbum está lejos de los despachos de Londres. Jones ha fundado su propio sello, Ron Records, bautizado en honor a su abuelo y mentor Ronald Redcliffe. La decisión es más que simbólica: supone recuperar el control absoluto sobre su música y su narrativa: «Quería finalmente ser dueño de la música que hago y devolver algo especial a mis fans… Es uno de mis momentos de mayor orgullo poder lanzar todo este proyecto bajo mi propio sello discográfico». 

Grabado en la intimidad de las Midlands inglesas, el disco nace de la colaboración entre Jones y su productor habitual, Wayne Proctor, baterista curtido en el circuito del blues, ha sabido capturar algo difícil de registrar en estudio: el aire que rodea a la guitarra. No hay sobreproducción. El álbum respira con naturalidad. Se escucha el roce de los dedos sobre las cuerdas, el golpe del pie marcando el pulso y la saturación orgánica de una voz que ha dejado de perseguir la perfección para buscar algo más difícil: la verdad.

El linaje de un superviviente

Para comprender On My Own conviene mirar atrás. Jones comenzó a estudiar guitarra clásica a los siete años, una base técnica que a menudo queda eclipsada por su faceta de guitarrista de blues-rock eléctrico. A los 18 firmó su primer contrato discográfico y, casi al mismo tiempo, recibió un diagnóstico que marcaría su vida: la enfermedad de Crohn.

Su carrera ha sido un ascenso constante. Ha ganado cuatro British Blues Awards, incluyendo el de Joven Artista del Año durante tres años consecutivos. También ha compartido escenario con nombres legendarios como Van Morrison, Robert Plant, Jeff Beck y Joe Bonamassa, absorbiendo lecciones de varias generaciones del blues y del rock.

Pero 2025 obligó a frenar. Un brote severo de Crohn lo dejó debilitado, con una pérdida de peso cercana a los veinte kilos y meses de retiro forzoso. En ese silencio, lejos de los power trios y los pedales de distorsión, Jones volvió a las raíces acústicas de su formación. El resultado es este álbum: una declaración íntima de un músico que, durante un tiempo, tuvo que aprender a tocar sentado porque su cuerpo ya no le permitía hacerlo de pie. 

«Escribí el álbum cuando estaba teniendo un brote de Crohn durante las Navidades pasadas y es mi álbum más personal hasta la fecha» —Laurence Jones   

Pasión por las guitarras

Jones siempre ha sido un obsesivo del tono. Su instrumento emblemático sigue siendo la Fender Stratocaster, especialmente modelos Custom Shop inspirados en los años sesenta. En ellas busca ese sonido cristalino que definió a guitarristas como Hendrix o Stevie Ray Vaughan. Para registros más densos también ha recurrido a la Gibson Les Paul, cuyas pastillas humbucker ofrecen un sustain más grueso y cálido.

En el territorio acústico de On My Own, Jones se inclina por guitarras de cuerpo más pequeño, como modelos tipo 000 u OM de C. F. Martin & Company, ideales para su mezcla de fingerpicking y percusión sobre la caja. También aparecen instrumentos de Atkin Guitars, apreciados por su resonancia vintage. Su filosofía es clara: pastillas de baja salida, amplificadores clásicos y mástiles con carácter. Prefiere instrumentos que ya cuentan una historia antes de tocar la primera nota.

La revolución del «Open D»

El corazón técnico del disco late en la afinación Open D. Más de la mitad del álbum se construye sobre esta base, que permite obtener acordes abiertos y una resonancia más amplia. Jones ha explicado que esta afinación lo obligó a reaprender la guitarra, alejándose de los patrones previsibles de la escala pentatónica para explorar nuevas texturas. En algunos temas aparece además la guitarra barítono, un instrumento que se mueve entre la guitarra y el bajo. Su registro grave permite construir riffs con una profundidad casi telúrica que sostiene la arquitectura de canciones como Get Back Up

La voz como instrumento de verdad

Si la guitarra es el esqueleto del disco, la voz es su piel. Wayne Proctor ha guiado a Jones hacia un registro más contenido y melódico, alejándolo del empuje vocal que exige el blues-rock eléctrico. Aquí no necesita competir con una batería atronadora ni atravesar muros de amplificadores. El espacio sonoro es mucho más amplio, y en ese espacio la voz respira. Jones canta como quien conversa a media luz. Hay susurros, respiraciones audibles y pequeñas grietas que antes quedaban ocultas entre capas de distorsión. Lejos de intentar corregirlas, el álbum las abraza. Esa textura imperfecta se convierte en parte del lenguaje emocional del disco.

Su timbre, naturalmente áspero, adquiere aquí un matiz más cálido. En varios pasajes reduce la proyección y canta casi al borde del micrófono, creando una sensación de proximidad que recuerda a los viejos registros del blues rural. La interpretación se vuelve más narrativa que espectacular: cada frase parece buscar el peso exacto de las palabras antes de caer sobre el acorde. En canciones como On My Own o I Gave My Life To You, la voz funciona casi como un instrumento rítmico, encajando entre los golpes percusivos de la guitarra acústica. No se trata de demostrar potencia, sino de construir un clima íntimo donde cada inflexión cuenta.

El momento más revelador llega hacia el final de Get Back Up. Tras la tensión acumulada del tema, la música se retira y Jones queda prácticamente solo. Ese breve pasaje a cappella no es un truco de estudio; es un instante de desnudez artística. La voz se sostiene sin red, frágil pero firme, como si el silencio alrededor formara parte de la propia melodía. Ahí reside la verdadera evolución de Jones en este disco: ha comprendido que la vulnerabilidad también puede ser una forma de fuerza. Y en un álbum construido sobre la idea de resistencia personal, esa voz imperfecta y humana termina siendo el instrumento más honesto de todos.

Semiótica visual y simbolismo de la fragilidad

La portada de On My Own, capturada por la lente de Blackham Images, es un ejercicio de minimalismo alternativo. En una era de saturación visual y filtros de Instagram, Jones opta por el blanco y negro, una estética que remite directamente a los grandes del blues del Delta, pero con una nitidez moderna. La imagen lo muestra solo con su acústica, una representación visual de su nueva realidad: la independencia creativa bajo su sello Ron Records.   

Pero la estética visual no oculta su lucha; la integra. El video de One Life, rodado en las cercanías de su hogar en Nottingham mientras atravesaba un brote de su enfermedad, utiliza el cementerio local no como un lugar de muerte, sino como un espacio de gratitud y conexión con sus ancestros. La presencia de su prometida, Amy Eftekhari, en la órbita de este proyecto —tanto en la inspiración de los temas como en el apoyo logístico de la gira— añade una capa de humanidad que trasciende lo musical. El mensaje es claro: estar solo en el escenario no significa estar solo en la vida.   

Un viaje por el diario de un resiliente

Más que una colección de canciones, On My Own funciona como un diario emocional. El álbum se abre con One Life, impulsado por un riff de slide hipnótico y un ritmo que invita a marcar el compás con el pie. Inspirada en el groove pantanoso de Seasick Steve, la canción lanza un recordatorio directo: «Solo tienes una vida». Life I Made continúa esa energía inicial con un tono más reflexivo, mientras que el tema titular, On My Own, se convierte en el verdadero manifiesto del disco: un blues tradicional cargado de determinación. Jones canta con una sinceridad descarnada: «No puedo sentir, no puedo dormir. Toda esta gente me debilita… Puedo sentirlo en mis huesos, lo haré por mi cuenta». Es el himno de la independencia forjada en el dolor.  

Get Back Up actúa como grito de guerra. La guitarra barítono golpea con fuerza mientras la voz repite un mantra simple y poderoso: «Tienes que levantarte. Levántate. Levántate».En la segunda mitad del álbum aparecen temas más introspectivos. Ain’t Coming Back No More recoge el espíritu del viejo blues rural, mientras Change My Ways utiliza la metáfora del tren para hablar de transformación personal: «No estés triste cuando no me veas más».

Las piezas más emotivas llegan en la recta final de este tramo. I Gave My Life To You es una balada desnuda y resonante, mientras I’m Giving Up introduce un blues contenido y confesional que refuerza el tono íntimo del álbum. Middle of the Night captura el insomnio que acompaña al dolor físico. El disco cierra con Beautiful, una canción luminosa dedicada a su prometida. Después de atravesar la oscuridad del álbum, la melodía funciona como una pequeña ventana abierta.

El triunfo de la voluntad sobre la biología

Al desprenderse de la seguridad de su banda y del volumen de sus amplificadores, Jones ha descubierto una forma distinta de potencia. Más íntima, pero también más directa. On My Own demuestra que el blues no necesita grandes escenarios para ser monumental. A veces basta con un músico honesto, una guitarra bien afinada y el coraje de mostrar las propias cicatrices. A sus 33 años, Laurence Jones ya no es el prodigio emergente del circuito británico. Es un artista que ha sobrevivido a la industria, a la enfermedad y a sus propios límites. Y en este disco, esa supervivencia se convierte en música.

Escucha aquí «On My Own» de Laurence Jones

Comparte tus opiniones en CrazyMinds, nuestras redes sociales (InstagramTwitterBluesky o Telegram) o nuestro canal oficial de Whatsapp.

¡ÚNETE A NUESTRO CANAL DE WHATSAPP!

Todas las novedades de CrazyMinds de forma rápida e inmediata en tu móvil: noticias, festivales, discos, entrevistas, playlists... ¡No te lo pierdas!
¡APÚNTATE!
Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Hablar de uno mismo no es tarea fácil, aunque muchas veces las circunstancias pidan hacerlo, como es el caso. Se pueden contar muchas cosas, pero quizás lo más importante es abrazar la vida con positividad. La música permite esto y mucho más. Me gusta escribir sobre bandas y estilos que aportan puntos de vista diferenciales, que exponen alternativas atípicas frente los sistemas convencionales, bien por sonido, concepto o actitud. Por tanto, mi función en Crazyminds es romper las reglas estandarizadas, y poner en primer plano las bandas que suelen permanecer en el universo underground. De ahí que sea, con orgullo, el «bicho raro» del equipo. El rock siempre ha sido símbolo de cultura y libertad. ¿Qué más puedo contaros de mí? Simplemente deciros que soy adicto a la música de múltiples géneros, no importa lo "raros" que sean, pero, sobre todo, amo mi profesión: periodismo y comunicación gráfica, herramientas que me permiten abrir muchas puertas, conocer gente diversa, intercambiar, aprender, transmitir y generar proximidades. Las nuevas tecnologías permiten múltiples puentes e interacciones. Así que nada de excusas y manos a la obra… Sin transgresión, no hay cambios ni progreso.