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Crónica de La Élite en Bilbao (Kafe Antzokia, 2023)

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Si ibas a la hora en que esto iba a comenzar, es decir, a las 21:30, te ibas a encontrar con una cola debido a lo apurados que hemos sido muchos asistentes, pero menos mal que La Élite ha salido unos 10 minutos tarde al escenario del Kafe Antzokia. Nil lleva un abrigo de plumas negro que tarda poco más de un minuto en quitárselo, mientras que Diosito lleva un jersey que más tarde se quita, y debajo de él porta una camiseta del grupo bilbaíno punk Vulk. Comienzan diciendo que están probando el sonido y aseguran a los espectadores que será «el mejor concierto del año» al que asistan.

En el día de hoy han sucedido – y van a suceder – varios actos importantes; mientras que en el Congreso de los Diputados de Madrid se ha investido al presidente de España, en Sevilla se han estado preparando para sacar la gala de los Latin Grammy de Estados Unidos y hacerla por primera vez fuera de allí. Sin embargo, en Bilbo no se ha estado hablando tanto de estos actos, y menos aún por el grupo y los espectadores que han presenciado la noche de hoy. No les importa mucho ni la actualidad musical ni la actualidad política española; más tarde, el grupo hace una curiosa alusión.

Comienzan con Nuit Folle, y a partir de aquí todo el ambiente se revuelve, siendo imposible para los asistentes moverse del sitio donde estaban, excepto los pocos que se encuentran en el palco. Parece que pocos quieren ver el show desde arriba, puesto que si quieren moverse un poco, tienen que entrar sí o sí al pogo que se encuentra en el centro de la sala. Al son de la canción, todos gritan estas letras de cultura parisina: «Me cago en el Louvre / Carla Bruni, déjame vivir / Me ahogo en el Sena / Mona Lisa me condena».

Hacen una pequeña pausa para dar las gracias en euskera, «eskerrik asko», donde el cantante aprovecha para mencionar y burlarse de la mala pronunciación de Pedro Sánchez en el discurso de investidura de esta mañana, donde se le ha escuchado agradecer en las diferentes lenguas de los partidos políticos autonómicos que le han respaldado para conseguir los escaños suficientes y formar un gobierno de muchas coaliciones. Entre gallego, catalán y castellano, le ha tocado al euskera esta mala articulación de las sílabas: «eskerri kako». Después de esto, han presentado un tema del nuevo disco que están grabando.

En otra pausa entre tema y tema, los targarinos aprovechan para entonar las letras de Txoria txori, poema de Joxean Artze que fue popularizado por la aportación melódica de Mikel Laboa en el álbum Bat-hiru (1974). Este tema se siente prácticamente como un himno vasco. Tras cantar algunos versos, todo el público les sigue coralmente.

Dedican diferentes canciones a varios colectivos, una al jefe, Mata A Tu Jefe, donde también la presentan diciendo: «abajo el trabajo, porque hay que dejarlo». La siguiente que dedican es una que antes dedicaban a sus haters, ahora, en cambio, la dedican a sus gentes: Todos Me Miran Mal. Esta también tiene un crossover generacional y cultural curioso con letras como: «Escuchando a los Nastys me miran mal / Escuchando a la Zowi me miran mal / Escuchando a Eskorbuto me miran mal / Escuchando a El Fary me miran mal».

A todo esto, durante casi toda la duración del concierto, hay un chico en el escenario acompañando al dúo, como si fuera parte más del equipo, pero este se pasa con el móvil grabando tanto a los dos como al ambiente. Si pensábamos que el equipo técnico, así como el operador de cámara, molestaban para tener una buena realización, este no molesta a los que lo ven, puesto que es un público más pasivo en cuanto a percibir el concierto se refiere.

Son curiosas las presentaciones que hacen en muchos temas. Así presentan Niño Rata: «Hoy nos hemos enterado de que en Bilbao hay metro. ¿Adónde va? Para la gente a la que va dedicada esta canción no llega el metro». Las pistas suenan una tras otra y el ambiente es lineal en todas de manera similar. Se bailan y se gritan todas igual, y muy pocas las cantan los espectadores que no saben más que los estribillos de ellas.

Con la facilidad que se tiene en esta sala para subir de la pista hasta el escenario, debido a que en todo su lado frontal hay escalones para subir a él de manera rápida, ni al público le importa subirse ni a los de La Élite interactuar de esta manera con ellos. De hecho, en alguna ocasión, Diosito baja al público, pero sin entrar, no queriendo meterse muy de lleno en el gran pogo.

Y como era de esperar, baja Hofe desde el palco donde estaba viendo tranquilamente el directo. Aparece vestido con la camiseta de merchandising, que es de color rojo con el toro de Osborne que, de manera graciosa, cuelga un pendiente color plata y se lee La Élite dentro del animal. Para la parte de abajo lleva sus habituales pantalones de Adidas. El grupo sube al escenario para cantar con ellos, y no solo la colaboración que ambos tienen. Versionan Autosufiencia de Parálisis Permanente, un clásico punk de su época dorada (u oscura) de los años 80. La colaboración Vampireando la dejan para la segunda. En otra dedicatoria mencionan a los hippies con tono enfadado y parte del público abuchea o saca el dedo, compartiendo la opinión con el dúo.

En conclusión, es un concierto donde los asistentes no van a observar algo técnicamente complejo, ni una puesta artística muy comprometida y arriesgada. La gente viene a relacionarse con amigos y compañeros, o incluso podemos encontrarnos con algún que otro nostálgico de la movida punk y rock que ocupaba, en su gran auge, muchas carteleras y calles. Hay tanto gente de entre 18 y 30 años como gente de 40 o 60 años. Eso sí, más hombres que mujeres si hablamos de ese ratio.

Muchos dicen que el rock o el punk está muerto, – y los comparo porque en muchas ocasiones comparten audiencias semejantes – pero esto es sencillamente falso. Los oyentes no siguen a estos grupos en plataformas de streaming, y es por eso por lo que creen que todo se visualiza en redes sociales, creyendo que no existe. Aparte de Taylor Swift, estos grupos llenan estadios como Metallica, Guns N´Roses o Bruce Springsteen mismamente. Extremoduro llenaría estos espacios si retomase su gira de cierre que no quisieron realizar después de la pandemia. Las arenas en España las puede llenar Marea también o Robe como solista. Mientras, grupos más humildes y emergentes como La Élite consiguen vender entradas en las salas grandes de muchas ciudades, o a su vez, consiguen cerrar los horarios de un festival cuando la gente (incluido el grupo) ya va pasado de rosca.