Fotografías: Alejandro García-Carretero
La carrera de La Sonrisa de Julia no ha entendido nunca de tiempos o presiones de la industria, ha ido asentándose al ritmo que la propia banda marcaba, según la situación en la que se encontrara en cada momento. Es por eso que la llegada de un nuevo álbum supone una fabulosa noticia y, por qué no decirlo, casi una sorpresa tras ocho años sin publicar material nuevo. Pero las canciones mandan y estas no llegaron hasta que Marcos Cao, compositor y cantante del grupo, consiguió recorrer un camino personal de autocrítica y autoconocimiento que le llevó a escribir las que seguramente sean las letras más sinceras de toda su carrera (al margen de sus trabajos en solitario, por supuesto).
Enemigo (2026) es el resultado de un proceso en el que Marcos ha luchado contra su propio ego y ha descubierto en profundidad que la vida pasa, que el amor evoluciona y que disfrutar y entender este camino es la mejor manera de encontrar la felicidad. La filosofía y la meditación, así como el apoyo fundamental de su pareja, han sido los motores fundamentales en esta transición y así lo ha sabido reflejar el músico en sus nuevas composiciones. Unas canciones que hablan de vencer demonios, de amor, de gratitud, de afrontar el paso del tiempo con serenidad, de posicionarse en un mundo que resulta hostil por momentos… Diez temas para conocerse mejor a sí mismo, que nos invitan a hacer lo propio a todos los que los escuchemos y comprendamos. Enemigo es un disco que sana, que ayuda, que acompaña.
En este contexto tan personal, quedamos con Marco Cao y pasamos la tarde hablando de todo esto. El resultado es quizá una de las entrevistas más personales y enriquecedoras que hemos tenido nunca. Nuestro invitado no se guarda nada y, de la misma manera que escribe sus letras, afronta una conversación directa y repleta de reflexión y profundidad. Hablar con Marcos es sinónimo de complicidad y de aprendizaje. Escucharle es también una manera de mirarnos al espejo a nosotros mismos y así es como se desarrolló esta entrevista tan especial para ambas partes.
Antes que nada, quería felicitarte por este disco. Me ha sorprendido que haya tanta profundidad y sinceridad en él. Creo que ha quedado un álbum precioso.
Hemos intentado que no tenga mucho artificio, que suene un poco a la banda. Lo que pasa es que a mí me cuesta ahora valorarlo, porque lo he producido y lo he compuesto yo, y cuando produces un disco pierdes un poco la perspectiva emocional. Yo esa la tengo cuando compongo, pero luego cuando me pongo a grabar, tengo que dirigir cosas y hacer un poco de policía también… Entonces, llega un momento en que yo he perdido un poco esa perspectiva, y yo ya no sabía si molaba o no molaba, si emocionaba o no… De ahí las dudas al enseñar el resultado, pero la verdad es que el feedback que está llegándome es muy bonito.
Ahora lo estoy escuchando otra vez un poco desde fuera. Cuando ya no puedes cambiar nada, que ya está publicado, tu cerebro hace clic y ya lo escuchas como para disfrutarlo. La verdad es que el otro día me fui a dar un paseo, me lo escuché entero y dije «está muy bien». Me siento identificado y eso no es poco.
Han pasado casi ocho años desde que publicasteis vuestro último disco Maratón y llega este nuevo trabajo casi por sorpresa. Al menos eso decís, que ni vosotros mismos esperabais ni teníais planificado sacar un nuevo álbum.
Realmente, no es que no lo tuviéramos planificado… Era una posibilidad, pero no teníamos agendado nada. Yo tengo la fortuna de que ahora hago muchas cosas con la música y que no necesito hacer un disco, como me ha pasado otras veces, que yo vivía de La Sonrisa de Julia y sacabas un disco porque te apetecía, porque eras joven, porque tenías tiempo solo para eso… pero también necesitabas que te fuera bien y hacer una gira para ganar pasta. Ahora no teníamos esa necesidad.
Con la banda manteníamos el contacto porque tenemos otros proyectos que hacemos juntos, pero yo, como autor de las canciones, necesitaba que estas supusieran una etapa de mi vida, no me apetecía repetirme. Y sinceramente, en este disco he reflejado cosas que quería contar, un estado nuevo, de ver la realidad, de ver muchos aspectos de mi vida como los miedos, el amor, los enemigos, el día a día, la felicidad… Creo que lo he conseguido plasmar y por eso ha llegado cuando tenía que llegar, cuando llegaron las canciones que reflejaban esa etapa nueva.
En este tiempo también publicaste en 2022 Mañana mejor, tu segundo álbum en solitario. ¿Cómo decides si una canción que escribes es para La Sonrisa de Julia o para tu proyecto personal?
Antes lo tenía más claro. Para mí, Marcos Cao siempre ha sido algo mucho más íntimo, era un proceso más individual. Con La Sonrisa siempre tengo un diálogo con mis compañeros, aunque yo lo produzco y soy el compositor y el autor de las canciones, pero tengo un diálogo con ellos, les enseño las canciones y vamos creciendo juntos, motivándonos. Marcos Cao es algo mucho más íntimo, más personal.
Es verdad que en este disco he hablado de temas muy personales, pero con Marcos Cao creo que en alguna canción del primer disco he llegado hasta a lo pornográfico en el sentido emocional. O sea, todavía ahora lo pienso, que había canciones que ni las tocaba en directo porque me parecía demasiado heavy hacerlo. En La Sonrisa de Julia, al ser más grupal, yo les he compartido todas mis experiencias. Además, como tenemos un proyecto en común, la Billy Boom Band, viajamos mucho los cinco. La Sonrisa éramos cuatro, pero ahora hemos incorporado al quinto que teníamos en el otro proyecto, que además es el pegamento de todo y ya teníamos ganas de sumarle.
Nosotros dialogamos y discutimos mucho en la furgo. La utilizamos como viaje de fin de curso para ponernos al día, «¿Qué tal la familia? ¿Qué tal la vida?», y hablamos de muchas cosas vitales. Yo les iba compartiendo cosas y creo que todos, cada uno en nuestro lugar, compartimos un poco el viaje. Entonces, para mí La Sonrisa son esas canciones que puedo compartir con ellos porque también se sienten identificados, y Marcos Cao es algo que igual yo ni quiero compartir o que incluso considero que a ellos tampoco les interesa tanto [risas].

«Creo que he mejorado mucho en algunos aspectos que tienen que ver con el ego y con el autoconocimiento»
Por lo que dices, La Sonrisa de Julia está siempre viva, aunque no saquéis material. Me refiero a que no es una carrera con parones.
Es que vamos a un ritmo un poco lento. Pero somos vecinos de la misma zona, viajamos juntos… Somos muy familia.
¿En qué momento como banda está La Sonrisa de Julia ahora? ¿Qué diferencias hay con respecto a cuando sacasteis Maratón?
Como no es un grupo que deje de tocar juntos, sino que seguimos haciéndolo con otros proyectos, yo no noto tanto un cambio drástico. Pero en Maratón ya me di cuenta de que la banda había cambiado a mejor. Supongo que tiene que ver con la edad y tiene mucho que ver conmigo, que soy un poco el líder -aunque ese título no me satisfaga mucho-. Creo que yo he evolucionado o he cambiado como persona. Honestamente, creo que he mejorado mucho en algunos aspectos que tienen que ver con el ego y con el autoconocimiento.
Precisamente, de eso habla mucho este disco.
Sí, efectivamente. Por eso me hacía mucha ilusión plasmar esa evolución. Mis compañeros la han vivido también, pero creo que el que más tenía que mejorar era yo, sinceramente. Todos tendremos que mejorar nuestras cosas, pero yo como el líder o guía de una banda tenía que mejorar eso, y creo que con ellos he aprendido mucho y con Carlos Ares también.
Como banda, eso se empezó a notar mucho en Maratón, en los ensayos. Creo que desde Maratón hasta ahora todavía eso ha evolucionado muchísimo más, pero tenemos una sensación como banda de que lo importante somos nosotros. Fíjate que a la hora de preparar los ensayos lo que más nos importaba era que al integrar al quinto elemento que venía de la Billy Boom Band, que es familia musical nuestra también, sintiéramos de nuevo lo que sentíamos en Maratón. Es una sensación de complicidad no conceptual, sino de que todos estamos en manos de todos, y una confianza increíble. Hay tal sensación de libertad cuando tocamos que sonamos mucho mejor de lo que somos cada uno individualmente. Ya no es si yo canto bien o si el otro toca bien, no, es un grupo. Cuando sientes eso, sientes mucha libertad porque te liberas un poco de ti mismo.
Hay una confianza brutal. O sea, a cualquiera en el escenario le pasa cualquier cosa y todos lo sabemos, y nos arropamos. Eso es muy bonito. Nosotros solo queríamos sentir eso tocando y cuando hemos empezado a notarlo semanas anteriores, hemos dicho «ya está aquí, esto es». Yo ya me quedo tranquilo, ya sé que los directos van a ser increíbles porque tenemos esto. Y en ese estado estamos. Nos gustaría llenar el Metropolitano, que no va a ser así, no renunciamos a tener éxito y esas cosas, pero tenemos muy claras nuestras prioridades y esas son disfrutarnos a nosotros como amigos y, sobre todo, como banda. Eso es impagable.
Hablando de disfrutar como banda… Has nombrado a Carlos Ares y creo que los que formáis parte de eso pertenecéis a una banda que disfruta mucho en el escenario y eso se contagia al público. Yo no recuerdo un fenómeno así, de una banda de acompañamiento de un solista que tenga tanto protagonismo y conecte tanto a la gente.
Qué guay eso que dices… La verdad es que no lo había pensado así.

«Carlos Ares es una de las personas que más me ha influido a la hora de mejorar por la amistad que tenemos»
Con toda la experiencia que ya tenías, te metes en un proyecto de un artista joven y, en su día, emergente. ¿Qué es lo que te ha enriquecido a ti como músico y como persona?
A Carlos le saco 20 años, así que imagínate [risas]. Mira, antes de ayer estaba cenando con unos amigos y me decían, «qué fuerte lo de Carlos, ¿no?». Es que con lo del Movistar Arena todo resulta ya muy llamativo. Y yo les decía que no haría esto si no fuera porque Carlitos es muy amigo mío. Él es una de las personas que más me ha influido a la hora de mejorar, pero no por críticas ni nada, sino por la amistad. Es como mi pareja, que también me produce eso. Me inspiran a mejorar como persona y eso es impagable.
Es maravilloso acompañar a Carlos en este proceso, le quiero muchísimo y es un tío increíble. Yo he conocido muy poca gente así. Además, tengo el privilegio de acompañar a mi artista favorito. Él produjo mi segundo disco en solitario, Mañana mejor, y nos hicimos muy amigos. Cuando conocimos sus canciones, sin que él hubiera publicado nada aún, mi pareja y yo flipábamos. O sea, había sacado canciones, pero él me dijo: «Mira, tengo este proyecto nuevo, un cambio de rumbo». Y yo flipaba con todo lo que me enseñaba.
He sido un poco uno de sus escuderos desde el principio, así que creo que él ha aprendido mucho de mí y yo he aprendido muchísimo más de él. Hace poco se lo comentaba: «Qué fuerte que al principio tú me preguntabas a mí y ahora voy a incorporar cosas que he aprendido de ti en el directo de La Sonrisa». He aprendido de él en ciertas actitudes que tiene y que yo nunca había tenido.
Para mí esto solo tiene sentido si hay una experiencia personal. Y luego si, además, en vez de hacer garitos de cien personas, le acompañas en hacer tres Rivieras y el Movistar Arena, pues la aventura ya es de película. Pero solo merece la pena si es tu amigo el que está ahí.
La banda también nos llevamos súper bien. Todos tenemos personalidades súper fuertes. Son artistas muy potentes todos, que por algún motivo han ligado bien. Esto podía explotar en una semana porque claro, hay mucho ego (yo el primero) y eso no siempre funciona bien. Como el vestuario del Madrid [risas]. Pero levantar la mirada y ver a Carlos, a Mika, a Begut… es algo alucinante.
Ahora eres también profesor de filosofía, ¿verdad?
Eso es. Yo estudié filosofía, que es mi otra pasión. Desde pequeñito me apasiona la música y de adolescente la filosofía. Mis padres no me dejaron ir a estudiar música porque me decían que tenía que ir a la universidad, así que dije, «pues filosofía». Cuando acabé la carrera, me bajé a Madrid a estudiar música y a intentar ser músico, por fin. Así que cuando estaba aquí hice el CAP, como me dijo mi madre. Siempre tuve pendiente dar clase, pero nunca lo hice porque empecé con la música, y con el COVID, que se nos suspendieron todas las giras, vi las orejillas al lobo y dije: «Igual es el momento de empezar a meter el pie por aquí. Es ahora o nunca». Entonces, me presenté a unas “opos” y no lo hice mal, aunque no soy funcionario.
Yo hago solo media jornada, que son diez horas a la semana. Para mí es fantástico porque eso me permite tocar y viajar los fines de semana sin acabar echo polvo. Doy clases en un instituto y me encanta, es apasionante. Pero es verdad que hago muchas cosas [risas].
Entiendo que la filosofía también influye en tu faceta artística, ¿verdad?
Es lo que hablábamos de que este disco llegó porque tenía que llegar. Yo llevaba unos años estudiando mucho. Con la excusa de dar clases, retomé todos mis estudios y profundicé mucho, y amplié con un libro que es muy importante y recomiendo mucho, que se llama El coraje de ser, de Mónica Caballé. Es filosofía aplicada a la buena vida, a la ética, que es para mí la filosofía que importa. La filosofía especulativa a mí me importa menos. Me interesa mucho la filosofía griega, que siempre se aplicaba a vivir de la mejor manera posible. Ese libro me voló la cabeza y “A tiempo”, la canción sobre la cual pivota todo el disco, está basada en la lectura de ese libro, precisamente. Así que sí, la filosofía influye muchísimo.
En la nota de prensa se comenta que Enemigo habla de un amor diferente, que no explota, sino que evoluciona, que se transforma. Háblame un poco de eso.
Se resume en algo muy sencillo: Si tú piensas o sientes lo mismo cuando tenías 20 años a cuando tienes 48, que tengo yo, en mi opinión has perdido 28 años. Si sientes y piensas lo mismo, no sé qué has hecho en la vida. ¿No has tenido ninguna experiencia que te haga dudar? En mi opinión, ves lo mismo todo el rato porque tus prejuicios te impiden ampliar la mirada.
En ese aspecto, yo he tenido mucha suerte porque convivo con una persona desde hace 24 años, con una tal Julia concretamente, que es mi pareja, con la que tengo dos hijos y hasta una empresa, y que es mi mejor amigo. Y los buenos amigos son los que confrontan y te dicen la verdad muchas veces. Yo sí que he tenido una sensación de que mi relación con Julia ha evolucionado mucho. No sentimos lo mismo hace 25 años que ahora.
Lo dices en “Cuando pienso en ti”: «Tú tampoco eres la que eras ayer».
Por supuesto, porque ella ha echado raíces y hay que respetarlo. Yo también las he echado y no soy el mismo. No es peor si aceptas ciertas cosas, como envejecer o entender que el amor no es una cosa estanca, que es lo que te dicen las películas. Si aceptas la evolución de las personas y la libertad para hacerlo, el amor evoluciona igual. Es fantástico que así sea.

«En redes sociales estamos expuestos todo el rato a lo que podríamos estar haciendo y no hacemos»
Pero yo creo que es complicado llegar a aceptar el paso del tiempo, los cambios que sufrimos, que ya no somos los mismos… Creo que a veces tenemos una sensación de no saber si estamos aprovechando el tiempo, si estamos disfrutando lo suficiente de la vida.
Sí, es muy difícil. Vamos a ver, hoy en día está muy de moda decir que hay que ir al psicólogo y yo creo que hay que hacer terapia, por supuesto, pero yo creo en la terapia filosófica. La filosofía analiza las creencias que tenemos: ¿Qué consideras que es verdad y qué consideras que es mentira? ¿Cuál es tu definición de felicidad? ¿Cuál es tu definición de amor, de alegría? ¿Qué debería hacer para ser feliz? ¿Qué es la vida? Analiza las verdades en las que creemos. Y son las creencias que hemos aceptado sin planteárnoslo las que a veces, en mi opinión, nos generan mucho sufrimiento.
¿Qué ocurre? que para entrar ahí hay que profundizar mucho. Estas son las creencias ontológicas. Cada uno cree en unas verdades. Si tú te crees lo que te han dicho que es el amor y lo aplicas, de repente tienes relaciones tóxicas toda tu vida porque te han dicho que era eso: dependencia, apego, posesión, control… Entonces, como no te lo has planteado, buscas eso, y luego echas la culpa de que te salga mal a la mala suerte o al destino.
Con el amor pasa lo mismo que con la felicidad, con qué es la vida, para qué sirve, cuál es el objetivo, qué tengo que hacer para ser feliz, qué tengo que hacer para ser admirado o amado o apreciado… De eso habla “A tiempo”, precisamente. Entonces, hay que profundizar, y sí que cuesta. Yo tengo mucha suerte de que tengo una persona que me permite profundizar, pero también leo mucho. Es muy doloroso darte cuenta de que igual llevas 20 años de tu vida haciendo lo que haces solo para buscar el reconocimiento porque no te han querido mucho de pequeño.
¿Eso es lo que tú descubriste?
Sí, lo llevo sospechando desde hace mucho. Y mis padres me quieren mucho porque han hecho lo que han podido a su manera, pero no han tenido la inmensa fortuna de estudiar filosofía como yo o de tener los padres que yo he tenido. Ellos han tenido los suyos y les han enseñado lo que les han enseñado. Pero si cada vez que das tu opinión se enfadan contigo, es que no les gustas, y acabas disimulando todo el rato. Hay que mirar a la verdad a la cara y a mí eso me costó mucho tiempo. Cuando te das cuenta que llevas toda la vida haciendo las cosas para buscar aceptación, para que la gente te valide porque tú no te consideras válido, eso es muy duro, pero es el inicio de lo bueno, el siguiente paso.
Y luego, aunque quede como quede decirlo, yo añadiría a todo esto la importancia de la meditación. Hay que hacer yoga y meditar, hay que apagar el carrusel narrativo. La mente tiene que descansar y, en cuanto la paras un poco y te centras en los sentidos o en el placer de respirar, de repente las cosas toman una distancia adecuada. Lo maravilloso es que es un mundo que lleva toda la vida y siempre mejoras si sigues haciéndolo. Cuesta empezar, pero es infinito. Te lo aconsejo.
La canción que abre el disco es la que le da título. “Enemigo” guía el concepto del álbum y habla sobre conflictos internos, sobre mirarse a uno mismo.
Y el caballo de Troya que nos están metiendo con los algoritmos. Tú me hablabas antes de esa inquietud de saber si estás disfrutando con tu hija, si te pierdes algo… creo que en redes sociales estamos expuestos todo el rato a lo que podríamos estar haciendo y no hacemos. Es un caballo de Troya y eso, en mi opinión, solo nos lleva a consumir. El caso es que los algoritmos están generando una ansiedad brutal y eso nos lleva a consumir. Además, aunque lo consumieras todo, no te ibas a quedar satisfecho. Por eso, si llega un momento en que empiezas a disfrutar con la respiración, -aunque ahora parezca una broma lo que estoy diciendo-, todo lo demás te la suda.
Luego está la sensación de que no estás produciendo, que es otro caballo de Troya que nos han colado. La primera persona que me lo dijo fue mi pareja: «Tú no eres tu trabajo ni lo que consigues». Eso es algo que nos ha vendido este mundo capitalista, que tú eres tus logros laborales, y no es cierto. Tú eres lo que sientes cuando cierras los ojos y las relaciones bonitas que tienes con la gente de tu alrededor. Es lo que hablábamos antes, verdades en las que creemos sin darnos cuenta.
Pero en esta canción también saco otra lectura: que tú eres tu propio enemigo.
Claro. Porque tú te lo estás creyendo. Por eso te hablaba antes de la terapia filosófica. Mientras tú no pongas en duda ciertas verdades que nos estamos tragando, tú decides eso. Estás decidiendo lo que quieren que decidas. Entonces, claro, tú eres el enemigo. Y, sobre todo en redes sociales, apuntamos otra capa más de la conversación: la imagen. Mientras tú te creas que eres lo que proyectas a los demás, tienes un problema, estás esclavizado porque estás todo el rato buscando ser esa imagen y que los demás la vean y la validen. Mantener la salud mental en este contexto no es fácil. “Enemigo” habla de eso también, de tu propia imagen. Por eso lo de «creerte el espejismo».

«Cuando no te crees suficiente, sospechas de la gente que te ama porque piensas que te van a abandonar»
“A tiempo” es la canción que prendió la mecha de todo esto, ¿verdad?
Fue con la que dije: «Esta la temática que quiero del disco. Esta es la canción sobre la que va a pivotar todo».
Yo creo que es mi favorita, la que más me emociona.
Eso es fantástico. Me pasó con varios amigos, que se la ponía y se echaban a llorar. Justo eso es lo que me pasó a mí cuando iba andando y se me ocurrió la letra, que se me saltaron las lágrimas.
Es posiblemente la canción más sincera de todo el disco.
Sí. Yo nunca me he dicho eso. Además, me digo cosas a mí e inevitablemente se las estoy diciendo a mis padres también. Necesitaba hacer una canción así.
Está escrita muy a corazón abierto y pareces darte cuenta de lo que tienes, incluso te sorprendes a ti mismo de que te quieran.
Sí, de repente lo vi. Me estaba dando un paseo al amanecer con mi perro y de repente… «¿Cómo he sido tan ignorante de no ver lo que he tenido delante?». Até los cabos y pensé: «¿Cuántos años llevo intentando ser el puto amo?» Y me di cuenta de que estaba perdiendo cosas maravillosas como estar bien con mi pareja. De ahí viene lo de «intentar esconder el miedo a no ser suficiente» y «no soy suficiente, no lo puedo merecer». Es heavy darte cuenta de todo eso.
Es que, cuando uno no se cree suficiente, como me ha pasado a mí mucho tiempo, sospechas de la gente que te ama porque piensas que te van a abandonar. Mira, yo he tenido siempre una pesadilla, y no la he vuelto a tener desde que he hecho un cambio en mi vida, que es que me dejaba mi pareja, que era indiferente a mí, que estaba aquí pero no había nada entre nosotros. Y el libro famoso que te contaba antes pone un ejemplo de una persona que se parece mucho a mí y encima tenía las pesadillas de que le abandonaban siempre.
¿Y ya has dejado de tener esas pesadillas?
Sí, he dejado de tenerlas. Es que ahora confío mucho en ella y confío mucho en mí. Pero bueno, he tenido que llorar mucho por el camino.
Hay una frase increíble en esa canción, que es «temblar cuando entiendo que te irás y que yo también me iré».
No quería quedar tan snob, pero esto tiene que ver con el estoicismo, que es una de mis filosofías favoritas. Los estoicos hablan del apego, el desapego, etc. Y una de las cosas de las que hablan es del memento mori. Otro de los problemas que tenemos es que la muerte no la aceptamos. Hay que asumir también que vamos a morir, y que yo me voy a separar de mi pareja antes o después. En algún momento, igual mañana, o dentro de 20 o 30 años, tendremos que decir «hasta aquí». Los estoicos dicen que lo recuerdes siempre porque de repente colocas todo en su sitio. Imagínate que tienes una discusión con alguien, si piensas esto y lo tienes presente, valoras esa discusión.
Me gustaba mucho lo de la vulnerabilidad, y sentir que, además, no depende de ti que te mueras o no. Entonces, esa frase de «Temblar cuando entiendo que te irás y que yo también me iré al lugar de donde todo parte. Y sentir que tu suerte ha cuidado de mí», tiene que ver con la sensación por la cual ya no tengo pesadillas, cuando me doy cuenta de la suerte que he tenido porque tú saliste al encuentro en mi vida. Y debe ser que yo a la tuya también, porque por algo me has aguantado tanto tiempo a pesar de mis pesadillas [risas].
“La tregua” es quizá la cara más luminosa y optimista del disco, la que menos carga emocional tiene.
Para esa canción me basé en uno de mi banda. Habla de su separación y de la relación que tiene con la otra persona, que es muy amiga mía. Yo los veía y me hacía mucha gracia cómo eran. No son pareja, pero tienen esa complicidad y podrían acabar juntos cualquier noche, si no lo han hecho ya muchas veces [risas]. Hablo de que «nadie sabe mentir como solo lo haces tú», pero yo sé que en el fondo es una tregua imposible. Nos vamos a enrollar otra vez y nos lo vamos a pasar bien, aunque sé que nos separamos porque éramos incompatibles [risas].
En “Cuando pienso en ti” haces un poco de balance admitiendo que ya no eres el que eras ayer.
Eso tiene que ver con el amor senior.
Según lo que comentaste cuando la publicaste, esta canción ha sido muy importante…
Sí, junto con “A tiempo”, de la temática de amor es la que mejor representa el momento en el que yo me encuentro ahora. “A tiempo” es un poco la crisis personal que te hace entender y “Cuando pienso en ti” es la consecuencia, cuando ya escribes desde esa serenidad, sin las pesadillas.

«La adicción a las redes sociales es la peor de todas porque modela tus creencias y las necesidades que vas a tener toda tu vida»
Es una canción de amor y de gratitud, pero no hacia una única persona, sino hacia todas aquellas personas que te hacen mejor.
Sí, es agradecimiento a todo lo que me rodea, incluso a mi perro. Yo es que vivo en un sitio muy particular, paseo mucho por los mismos sitios. En invierno es muy solitario, pero a mí me encanta, estoy enamorado de mis rincones y eso también forma parte de mi vida. Todo eso me ha hecho más feliz.
Yo reflexionaba sobre lo que tú contabas cuando presentaste la canción y también me parece difícil ser capaz de agradecer a amigos que ya no ves o a personas con quien ya no tienes relación.
Para eso es la meditación también, para acordarse de cuatro cosas que son increíbles, que están ahí pero que no te acuerdas. A mí me pasa también. Como he producido el disco y somos nuestra propia discográfica, hay momentos en que no he tenido tiempo, pero ahora llevo tres semanas haciendo yoga y meditación todos los días porque ya me iba a volver loco. Cuando no paras de currar se te olvida la gratitud y se te olvidan esas personas y todas las cosas que te hacen feliz. Aquí ya nos metemos en temas un poco más profundos porque el agradecimiento es a la vida misma. Es decir, una vez que te aceptas a ti mismo y te liberas un poquito de aquello que hablábamos de la validación de los demás, hay una sensación muy bonita de gratitud a las personas, pero a la vida también.
Lo bonito de esta canción es que admites que «queda tanto por aprender». También dices que «todo se confunde con el tiempo, menos todo lo que siento».
Si ahondas dentro de ti, yo creo que todos tenemos ese niño pequeñín e inocente. Algunos tenemos que ahondar más y otros menos, pero hay una cosa muy esencial y bonita en cada uno de nosotros. Cuando consigues verte así -yo para esto vuelvo a hablar de la meditación- te das cuenta de que hay un sentimiento bonito de serenidad, de tranquilidad, de gratitud, de amor, de alegría…
En “Aquí no hay quien pare” la mirada es más al exterior que al interior. Es una de las canciones más enérgicas del disco y en ella hablas de lo difícil que resulta parar en el mundo que vivimos actualmente. Hay que cumplir metas y objetivos continuamente. ¿En qué punto te sitúas tú con respecto a todo esto?
Estoy en el punto de que, cuando estoy como en esa canción, me doy cuenta y entonces ya pienso que tal día tengo que volver al estado de relajación.
Hablábamos antes de las redes sociales y con esta canción es imposible no pensar en lo peligroso que es para la salud mental tener siempre que superarse a uno mismo y a los demás, tener que asistir a todo, que cumplir expectativas, etc. Aparte de la desinformación que se produce al haber tantos estímulos y tan instantáneos. ¿Qué opinión te merece la restricción del acceso a redes sociales a los menores que se ha planteado hace poco?
Te voy a decir lo que hago yo en clase. Tengo la inmensa fortuna de dar clase a chavales desde 12 años y tienen una optativa que se llama Conflictos morales, y luego doy Introducción al debate filosófico. Ahora a todos los adolescentes les estamos hablando del tema del amor, para que entiendan lo que es toxicidad, apego, gratitud, empatía y cosas así, y estamos estudiando el caso de si van a restringir las redes sociales a los menores de 16. Yo les digo que lo puedes abordar de dos maneras: como un niño pequeño, y conozco mucha gente de mi edad cuya mente es infantil, que dicen que es una mierda de ley porque sí o porque se lo han dicho; la otra manera de abordar esto es como un adulto, analizando el problema.
Esto es un conflicto entre seguridad de la población y libertad. En las socialdemocracias la libertad es importante, pero la seguridad de la población también. Entonces, lo que están intentando es proteger a alguien desprotegido. ¿De qué peligros? Entonces pido a los alumnos que lo digan ellos mismos: pederastia, falsas identidades, adicción, bullying, información falsa… Luego ellos también hablan de la comparativa con gente ideal a la que te quieres parecer.
Entonces, ¿existen estos peligros? Sí, lo reconocen ellos. ¿Queréis vivir en un país en el que el gobierno proteja a la población o que den libertad total? Eso ya que lo elija cada uno. Un norteamericano, que es una democracia liberal, dirá «¿tú me vas a venir a decir a mí como educo yo a mis hijos?». Esa es la libertad por encima de todo, y en una socialdemocracia protegen a la población y ante un conflicto de moral entre libertad y seguridad, eligen seguridad. Luego hay que ver si la prohibición es un buen método para proteger a tu población.
Yo tengo un hijo de 16 y una de 12, así que lo estaba deseando ya porque es una batalla muy dura. Si el caballo de Troya con los adultos lo tenemos jodido con los niños ya…
A mí es que me llama la atención que haya un solo padre o madre que vea esto mal.
Bueno, es que hay muchos padres que están enganchados a las redes y que, además, como ellos están enganchados, prefieren que sus hijos estén mirándolas. Pero vamos, yo lo tengo nítido, esto es lo más adictivo que hay. La cocaína y la heroína son bromas al lado de esto, porque esto te modela tus creencias y las necesidades que vas a tener toda tu vida, ante las cuales vas a estar esclavizado sin darte cuenta, gastándote toda tu vida para conseguir unos objetivos que tú no necesitabas.

«Para mí el amor tiene mucho que ver con la libertad, con desarrollar tu potencial como persona»
Tanto “Ulises” como “Paraísos” son canciones que tenías guardadas en un cajón desde hace años y que ahora recuperas. ¿Las tenías en mente o simplemente te encontraste con ellas y descubriste que seguían representándote?
Yo repaso mucho porque tengo cientos de ideas guardadas, y estas las tenía siempre ahí. Tuve que hacer unos cambios de letra porque son de 2013 y en “Paraísos” me faltaba un estribillo en el que yo me sintiera a gusto ahora. La clave fue lo de «sin atravesar su propio infierno antes», que es de lo que hablábamos hace un rato, que es duro y hay que mirarse al espejo. Y “Ulises” habla de un amigo mío que siempre que se iba de fiesta el tío no acababa de volver nunca.
Precisamente, “Ulises” parece que habla un poco del contraste que hay entre las dos vidas del artista, la de las giras y carretera frente a la del hogar.
En este caso no habla de mí porque yo eso lo tengo muy claro, pero sí que he estado rodeado de gente que lo ha sufrido. Si vives de cara a la imagen, ser músico se vive de otra manera. Yo no soy músico así. Yo disfruto del escenario muchísimo, de lo que más, y luego igual me quedo a tomar algo o me voy andando al hotel solo, porque lo mejor ya ha pasado para mí y lo demás tiene que ver con «qué guay eres, que bien habéis tocado, etc.». A veces eso me apetece escucharlo, aunque cada vez menos.
Conozco amigos que han sufrido mucho eso y es súper adictivo. Por eso, si no tienes amigos ni pareja que te aguante en esa resaca depresiva, volver a casa es mucho más que regresar. Ulises es el que se fue por dos semanas y volvió siete años después [risas].
La canción está basada en un amigo mío muy cercano, que tiene mucho que ver con La Sonrisa de Julia, con el cual he comentado esto y que ha cambiado su vida y ha hecho un tránsito increíble. Ha conocido el infierno y ahora está conociendo parte de su propio paraíso gracias a eso. Pero es que él se iba un viernes y volvía el martes, porque había un momento en que ya pensar en regresar era más duro que seguir.
Has dicho que “Paraísos” la has completado ahora, pero cuando la escribiste supongo que lo hiciste por algo concreto. No sé si recuerdas el momento en el que la escribiste.
Sí, la he completado este año, pero “Paraísos” tiene más que ver conmigo y con ciertos seres, en teoría queridos, que no lo son… o que sí lo son, pero que hay que aprender a amarlos y a entender que te aman como pueden. Igual no es mi definición del amor, que para mí tiene mucho que ver con la libertad, con desarrollar tu potencial como persona, y yo no he tenido esa sensación cuando era pequeño. Había mucha falta de confianza en mí.
Hablo de mis padres de nuevo y me atrevo a hacerlo porque ahora les entiendo. Ellos hicieron lo que pudieron y en ellos desconfiaron mucho más que ellos en mí. Cada uno hereda lo que hereda y yo también transmitiré a mis hijos cosas que espero que aprendan y que mejoren con respecto a mí. Por eso no fue fácil ese proceso que empezó en 2013. En ese momento era un poco heavy para mí escribir sobre eso y ahora que ya he encontrado la solución, le da un sentido un poco más bonito a todo.
En “Un día sin ayer” dices: «Quiero un día sin mañana. Quiero un día sin ayer». Háblame del significado de esta frase que entiendo que lo que hace es reforzar y valorar el presente.
El año pasado estuve dando clase de filosofía en un instituto donde conocí a gente maravillosa e hice mucha amistad con un profesor de física. Con este profesor nos poníamos a hablar en las horas que teníamos libres y se nos pasaba el tiempo intercambiando nuestras ideas. Además, tenía una sobrina a la que le gustaba mucho La Sonrisa de Julia, así que me descubrió al mismo tiempo como artista. Nos fascinaban nuestras conversaciones de física y filosofía, pero también de música.
“Un día sin ayer” es la última canción que escribí de este disco. Él me dijo: «Se me ha ocurrido un título para una canción tuya, que es ‘Un día sin ayer’», eso se refiere a un día antes del cual no existía nada, es el inicio de la realidad. Yo esto luego lo aplico a mi relación de amor con mi pareja. En ese aspecto, si quiero estar bien contigo tengo que vivir en el presente y el presente es estar haciendo esta entrevista con todos mis sentidos puestos en ella, sin que mis preocupaciones del futuro o del pasado hagan que mi mente se vaya y me pierda esto.
¿Y de dónde viene todo esto? Einstein, con su Teoría de la Relatividad, llegaba a la conclusión de que el tiempo y el espacio son relativos. Entonces, hay una discusión entre físicos y matemáticos en el siglo XX de si esa relatividad en el tiempo y el espacio implica que el universo fue creado en algún momento o no, con lo que eso implica para los creyentes, o es eterno, que es una discusión muy de filosofía. Los griegos siempre han considerado que el universo es eterno porque no tenían el concepto de creación del dios cristiano. El tiempo para ellos es circular, el universo se transforma hacia la complejidad y luego vuelve a la misma unidad en miles de millones de años. Pero desde el cristianismo, la idea es la creación.
Entonces, hubo un matemático creyente que estudió mucho las teorías de Einstein que llevaban a que el universo era eterno y eso a él no le molaba mucho porque era un sacerdote. Así que escribió una carta a Einstein en la que le planteaba en unas ecuaciones que necesariamente tuvo que existir un día sin ayer. A lo que se está refiriendo es que el espacio aparece a la misma vez que el tiempo. Él dice que llegó a esa conclusión matemáticamente, lo cual no sé si será cierto o no, pero yo me quedo con la idea. Mi amigo físico me lo contó y, como me parecía un nombre precioso, le dije: «Voy a hacer una canción que tenga que ver con que el tiempo no existe». Yo añado lo de «un día sin ayer, un día sin mañana».
Es que, además, la física cuántica hoy en día empieza a sospechar que el tiempo es una línea que solo existe en nuestra cabeza. Ya lo decía Kant hace muchos años, que el espacio y el tiempo son dimensiones que nosotros tenemos para entender la realidad, pero que la realidad no es así. Lo llaman ahora «eventos», como que el tiempo es una línea que nuestro cerebro inventa, pero que en realidad este es un presente constante. Son unas ideas que a mí me fascinan. No sé por qué, a mí me atrae mucho eso de vivir en el presente e intentar olvidar el ayer y el mañana.

«El miedo atenaza mucho, y para mí es lo contrario de la creatividad»
Estoy aprendiendo mucho con esta charla, la verdad.
Yo también. Esta entrevista me está ayudando a clasificar mis ideas. Me está encantando el viaje que me estoy pegando con el disco, de verdad.
Nos quedan dos canciones para haber hecho el recorrido completo. “Miedo al ratón” es otra de las más roqueras del disco. Es una metáfora muy acertada de algo que estamos viviendo constantemente en estos tiempos, el que nos impongan miedos a cosas para que así vivamos atemorizados y a merced de otros.
Está en el lado del puzle de “Enemigo”. El miedo es lo que más nos bloquea en la vida. Es un miedo que sentimos, pero que muchas veces viene impuesto porque creo que hay muchas personas interesadas en que tengamos miedo.
Mira, Nietzsche habla del camello, el león y el niño. El camello es ese ser gregario que solo se siente satisfecho cuando carga con lo que le ponen los demás; el siguiente paso en la humanidad es el león, que ya vive independiente pero ha tenido que luchar contra los camellos, que le miran y le señalan porque su independencia es una amenaza; y luego llega el niño, que es el verdadero superhombre. El león ha hecho el trabajo sucio por él, negando lo anterior, y el niño vive creativamente, sin tener que luchar contra nada. El caso es que, cuando tú metes miedo a alguien, va a ser un camello. Con miedo somos muy fáciles de dominar. En la vida, el miedo atenaza mucho, y para mí es lo contrario de la creatividad.
Y luego ya, volviendo a lo que hablábamos antes, si tienes miedo a la soledad o a la muerte, tu vida va a ser dirigida por esos dos miedos, porque vas a acabar en manos de cualquiera con tal de no estar solo. Otra de las cosas que para mí es fundamental en la vida es saber estar solo. Creo que si no sabes estar solo no es amor. Para mí el amor es «yo estoy muy bien solo, pero aun así prefiero estar contigo».
El disco se cierra con “La última noche”. Una canción de amor incondicional, perfecta para terminar el álbum.
Es como un resumen de las sensaciones que yo he tenido con el disco.
En ella dices: “no quedan en mis bolsillos piedras ni besos heridos que me impedían volar”. Es muy bonita esa idea de liberarte del peso para ser más libre.
Justo es eso. Lo que venimos hablando del miedo a no ser querido, a no valer… Además, la música de esa canción para mí es perfecta para cerrar y para decir lo que digo. Resume todo de manera muy bella. Es como un resquicio en el que te asomas y ves tranquilo que está todo escrito. Esa sensación de que está todo bien y yo quiero estar contigo ahí. Me parece que el disco acaba muy redondo para que me deje la sensación que yo quería que me dejara.
Creo que uno de los grandes aciertos del disco es que a nivel musical cada canción encaja perfectamente con el mensaje que pretende dar.
Hemos descartado unos cuantos temas ya mezclados porque no nos encajaba en la narrativa de la que estás hablando. Ahora que lo dices, me encanta que empiece con “Enemigo”, que es como «bueno, esto va de esto», luego todo el proceso, la parte más luminosa… y el final, que es como a mí me gusta quedarme.
Te agradezco mucho tu sinceridad y tu claridad al contarnos todo esto de lo que hemos hablado. Ha sido un gustazo de conversación.
Muchas gracias a ti porque me has dado tiempo para explicarme bien, como me gusta, y así yo también ordeno todas mis ideas en la cabeza. Me ha parecido una entrevista preciosa por la manera que has tenido de plantearla, así que gracias, de verdad.
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