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vangoura: «Estas canciones hablan de intentar empatizar con lo que la otra persona siente y quererla desde ese punto» (2026)

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Fotografías: Alejandro García-Cantarero

Desde que formaron vangoura, Miguel e Ignacio han estado inmersos en una búsqueda lo que quieren que la banda sea en cuanto a sonido y estética musical. Durante esa búsqueda artística, se han encontrado por el camino con otro tipo análisis más personales. En uno de ellos, quizá el más profundo que han tenido que realizar (sobre todo Miguel, que es quien escribe las canciones), el amor ha surgido como el cimiento fundamental de sus vidas. Y en torno a este sentimiento gira toda la temática de un viaje eterno, su nuevo álbum.

Pero en este trabajo no se enfoca el amor desde la perspectiva romántica tan habitual en las canciones de tantos artistas y bandas a lo largo de la historia, el enfoque de un viaje eterno es diferente, ampliando el abanico y hablando de dicho sentimiento desde otros puntos de vista. Y aquí es donde aparecen la espiritualidad y la fe, para hablar de ello desde un punto de vista externo, de acompañamiento, de admiración y de interés por comprender, aunque quien esté de este lado no sea capaz de llegar a empatizar por completo con la persona que tiene al lado. Por eso este disco habla de “creer” o de “cielo” como conceptos muchas veces incomprensibles, pero con una intención clara de intentar acercarse a ello.

Con un disco entre manos con tanto peso emocional y personal, era inevitable que una conversación con vangoura se quedara en la superficie. Este es el resultado de un encuentro en el que intentamos comprender y asumir los mensajes que transmiten estas canciones: la duda, la esperanza, la pérdida, la serenidad, el miedo… Una conversación centrada en el amor hacia la otra persona y en el intento de comprenderla a pesar de las diferencias que pueda haber. De eso trata un viaje eterno, de superar las diferencias y abrazarlas para crecer y amar mejor.

Vuestro anterior disco sangre y sal salió hace dos años…

Ignacio: Parece que ha pasado más tiempo…

Miguel: Es que va todo súper rápido. Y eso que nosotros hemos respetado mucho el disco cuando lo hemos girado y lo hemos tenido muy presente, pero claro, por medio ha salido también un EP, ha salido la colaboración con Repion

Aquel disco tenía una lectura entre líneas relacionada con la búsqueda de vosotros mismos, tanto a nivel de letras como de arreglos e instrumentación, ¿conseguisteis ese propósito y, gracias a ese disco, os conocéis mejor a vosotros mismos y como banda?

Ignacio: Yo creo que fue el punto de inflexión. Aunque ese punto de inflexión, a nivel de sonido, igual empezó con el EP previo chino cada martes, pero fue como un pequeño cambio que después se materializó bastante más en sangre y sal. A partir de ahí sí que creo que nos hemos encontrado, porque vangoura es muy distinto a lo que empezó.

Miguel: Porque además nosotros la primera canción la sacamos en 2020, justamente con la pandemia. Supongo que les ha pasado a muchos proyectos que empezaron por esos años, pero si escuchas vangoura en esos primeros singles de ese año y del siguiente hay un poso de eso que se llamó bethroom pop, que obedecía principalmente al hecho de que estábamos en esas condiciones tan extraordinarias.

Cuando empezamos a salir, fue cuando empezamos a tocar ya en directo y no a mandarnos maquetas solamente. Y al final, lo que a nosotros nos salía de forma más natural era coger la guitarra, llamar en ese momento por primera vez a los que siguen siendo nuestro batería y nuestro bajista, ponernos a tocar y darnos cuenta de que a nosotros el cuerpo nos pedía un poco más de banda y de presencia. Esas primeras canciones eran como muy intimistas y menos orgánicas. También tenía su cosa, pero fuimos descubriendo poco a poco que nosotros éramos más una banda de guitarras.

Y eso, retomando tu pregunta, creo que sí que se empezó a ver de forma un poco más clara en sangre y sal, donde yo creo que los temas donde mejor nos supimos expresar fueron “rachel y ross”, “0830”… temas que justamente son los que más siguen ese camino. Si escuchas el disco ahora, te das cuenta de que es una completa evolución desde ahí. Es como que hemos ido surcando ese camino hasta llegar a lo de ahora, que yo creo que es un paso más.

Es verdad que ahora se evidencia aún más esa querencia por la guitarra, la melodía pop y es todo mucho más orgánico. Quizás es más sonido de directo que de estudio.

Miguel: Totalmente. Pero porque hemos tenido oportunidad de tocar en directo. Hasta ese momento vangoura se había creado en una habitación, literalmente, y no habíamos tenido oportunidad de tocar ni en un local. Entonces, de forma muy lógica, acabamos abrazando cosas que tenían que ver con los sintetizadores o con los pianos.

Ignacio: El primer concierto de vangoura fue dos años después de haber salido el primer tema. Fue en enero del 22.

Miguel: Es que eso, si lo pensamos, es fuerte. Es justo al contrario de cómo se han formado siempre las bandas. Las bandas se montaban tocando y luego ya grababan. De hecho, yo me quedé flipando cuando descubrí que el primer disco de Vetusta Morla salió 10 años después de formarse como banda. Eso es una locura ahora, pero entonces era más bien normal.

«Este es un disco de amor, por encima de todo lo demás»

un viaje eterno continúa esa búsqueda también en vuestro interior, pero de una manera diferente. Contadme dónde se centra esa búsqueda y ese camino ahora y en qué momento estáis actualmente.

Miguel: Como decíamos antes, a nivel de sonido estamos encontrando algo con lo que nos sentimos cómodos. También estamos buscando mucho el no sobreproducir, es decir, intentar llegar a la idea más pura de lo que queremos hacer y tratar de desnudarla al máximo posible. Lo hemos intentado durante todo el disco, pero sobre todo en temas como “tu reflejo”, que es como súper visceral y de «quiero decir esto, lo voy a decir así, con cuatro o cinco elementos y no sobrecargar las cosas», cosa que en sangre y sal no hicimos.

Y luego, a nivel de discurso, yo siempre intento mirar mucho para dentro, y esto no es algo deliberado, sino que nace así a la hora de escribir las letras. A lo mejor lo que va variando es lo que en cada momento de mi vida me puede resultar más llamativo o intrigante, pero siempre intento mirar mucho hacia dentro y hacia cómo me siento yo con respecto a cosas que veo fuera. Lo que me ha producido un poco más de intriga y de curiosidad durante estos últimos años ha sido algo que no sé si habrás podido percibir…

Sí, pero antes de que hablemos de eso, quería preguntaros si este proceso parte primero de ese discurso o si este surge después, que de repente están saliendo canciones hablando de un mismo tema y ves que las puedes aglutinar bajo un mismo concepto.

Ignacio: Qué buena pregunta…

Miguel: Es buena porque, aunque pueda parecer raro, pasaron las dos cosas; es decir, hay melodías y algunas frases que de forma inconsciente estaban ahí desde el verano del 24. Hace unos meses estuvimos haciendo el ejercicio de buscar notas y demos que nos habíamos ido enviando entre ese verano y la Navidad de ese año, y había frases sueltas que yo en ese momento a lo mejor no sabía muy bien de lo que iban. Y luego, paralelamente, yo vengo tiempo haciendo esa reflexión de la que hablaremos ahora.

En esa Navidad de 2024 hice un viaje a Azores con mi pareja y yo cuando estoy de paseo o de viaje no sé por qué, pero pienso mucho más. Así que en ese viaje le di muchas más vueltas a eso y volví ya con intención de buscar al menos si había algo por ese camino, un hilo. Durante ese viaje ya recordaba que había escrito algunas de esas cosas que te comentaba y, aunque me lo pasé muy bien, tenía ganas de llegar [risas]. Tenía ganas de llegar para ver si efectivamente lo que recordaba era así, porque había cosas que tenía escritas en papel y no las tenía allí.

Ignacio: Yo creo que la respuesta realmente es que Miguel no dijo un día «vamos a hacer un disco sobre el tema», es una cosa que salió súper orgánica y creo que es más especial todavía, como darse cuenta de que tenía todos los elementos y de repente solo tuvo que despertarse un día y unirlos.

Miguel: Y, sobre todo, me emocionó mucho encontrar eso, la verdad, porque me hacía sentir cosas muy especiales desde el principio y eso tiene que ver con que es algo muy mío.

Ignacio: Hay mucha gente que igual la forma de hacer un disco es escribir sobre un tema y a partir de ahí desarrollar. Pero yo creo que así no empezó esto, sino que todo fue ocurriendo de manera natural con estas letras y con todo lo que tenía Miguel en la cabeza, y fue cobrando sentido.

El denominador común de estas canciones es la relación con otra persona y en base a eso se construye toda la idea del disco. Yo creo que el amor es muy importante en este disco…

Ignacio: Es que es un disco de amor.

Exacto. Es un disco de amor, pero enfocado desde otro punto de vista. Háblame de eso y del concepto que recorre todo el álbum.

Miguel: De lo que me he dado cuenta después, viendo el desarrollo del disco, es que, efectivamente, es un disco de amor por encima de todo lo demás. Cuando Bea [Camiña], la persona que se ha encargado de escribir la nota de prensa y demás trabajo, me pidió que le contara de qué iba el disco, se quedó con esa frase desde el principio y me dijo «esto es lo importante». Luego pensándolo, me di cuenta de que es verdad.

Al final, de lo que trata este disco es de que hay una serie de diferencias que siempre vamos a tener con las personas que amamos y que conforman nuestra vida, y que lo bonito es precisamente que el amor pueda siempre superarlas. Y no hablo de superarlas como si fuera una dificultad, sino todo lo contrario, intentando abrazar las cosas que nos hacen diferentes y que para esas personas son importantes.

Entonces, yo creo que el punto clave del disco está en esa aproximación a lo que para las personas que tú amas es importante y hacerlo tuyo de alguna manera. Esto no quiere decir que, si se está hablando de una ideología distinta, tengas que pensar como esa persona, o que si estás hablando de una cuestión más espiritual, como es el caso, tengas que convertirte a esa religión. Simplemente se está hablando de intentar empatizar con lo que la otra persona siente y quererla desde ese punto.

«Llevamos un proceso bastante colaborativo que nos hace llegar a una preproducción de las canciones que está muy cercana a lo que luego se escucha en el disco»

Me parece muy interesante ese punto de espiritualidad que tiene el disco, en el que la cuestión no está en querer convertir, sino en querer comprender y acompañar. Y me parece muy bonito el desarrollo que tienen las canciones para llegar a un punto en el que afirmas que quieres comprender e incluso creer en lo que la otra persona cree. ¿Este disco está centrado en una única persona?

Miguel: Si hacemos una tarta y repartimos cachos, el 90% se lo lleva mi pareja, que es una persona con la que llevo compartiendo mi vida muchos años y que, de alguna manera, es la que tiene mayor responsabilidad en esto de forma absolutamente involuntaria. Ella no ha pretendido nada, sino todo lo contrario, ese ejercicio que he hecho yo ahora, lo ha hecho ella al revés, intentando acercarse a mi forma de ver todo esto sin creer yo en nada. Creo que nos hemos sabido entender muy bien.

Pero creo que hay un 10% que también tiene que ver con mis padres, con mis abuelos y abuelas, con amigos míos de la infancia que lo siguen siendo a día de hoy… que son creyentes, más o menos practicantes, pero que sí que tienen esa fe que yo nunca he tenido y que a lo mejor ha habido épocas en las que incluso, no voy a decir que he rechazado esa idea, pero que la he pasado muy por alto sin darme cuenta de que era algo importante para ellos. Yo creo que hubiera estado bien por mi parte haber hecho en su día con mi abuela lo que estoy haciendo con mi pareja y acompañarla a misa, por ejemplo, que nunca lo he hecho.

Antes de entrar de lleno en las canciones, quería preguntaros por vuestra manera de trabajar. Al final, estas letras son tan personales que veo importante entender cómo Ignacio recibe y hace suyo lo que escribe Miguel.

Ignacio: Normalmente, todo surge de la cabeza de Miguel. Yo soy el que saca la tijera [risas]. Me parece que Miguel tiene un don para expresar, tanto cosas que le ocurren a él como cosas que ocurren a su alrededor, porque las canciones de vangoura no todas son vivencias en primera persona. También Miguel y yo venimos de educaciones muy similares, con situaciones muy parecidas a nivel familia de creyentes, no creyentes y cosas de estas. Entonces, yo empaticé muchísimo. A nuestra generación sobre todo, creo que es muy fácil llegarle con este tema porque todo el mundo tiene a alguien…

Para mí el disco no va sobre la fe, es sobre querer o no más allá de las diferencias. Pero es muy fácil que alguien tenga a alguien cercano que quiere y que piensa completamente distinto a esa persona. Cuando se planteó el concepto del disco me sentí muy identificado, entonces fue muy fácil acompañarle en todo esto. No sé si con esto contesto a tu pregunta…

Sí, sí, perfectamente. Es que muchas veces me encuentro con autores de canciones que ni siquiera se las explican a sus compañeros y dejan que sean ellos los que las interpreten a su manera.

Ignacio: Nosotros no funcionamos así. Es verdad que a nivel composición el peso fuerte lo tiene él, pero es una cosa que compartimos mucho y yo lo siento así también. Miguel jamás ha llegado con una canción y me ha dicho «toma».

¿Y como es entonces vuestra manera de trabajar las canciones?

Ignacio: Yo tengo un problema y es que me valen todas las canciones según las saca Miguel de su casa, tengo una “maquetiquis” tremenda. Incluso después odio la canción muchas veces [risas], pero porque la quemo mucho… yo me voy a dormir escuchando su voz [risas]. Muchas veces vamos a su casa, él tiene una base siempre y yo aporto lo que puedo. Pero hay una cosa que pasa con lo que graba en su casa, sobre todo con las voces, que tiene una cosa especial porque al final está grabando en la intimidad de su habitación y tiene una calidez que a mí me transmite más. Después es verdad que en el estudio se convierten y quedan perfectas, pero ese primer toque me parece como más significativo.

Miguel: Lo que sí que hago es pasarle muchas versiones. Yo no espero tener la canción super avanzada para pasársela, sino que le paso siete versiones de cada cosa según voy avanzando.

Ignacio: A veces una nota de voz espantosa que le digo: «Esto no me lo mandes. Mándamela maquetada» [risas].

Miguel: Sobre todo porque, aunque él no esté ahí picando piedra conmigo, yo confío mucho en su criterio para decidir. Muchas veces le digo, «estoy buscando algo que hable de tal cosa, ¿te lleva a eso?», y él me dice lo que piensa. Dentro de que soy yo el que está con el martillo, siento que hay un proceso bastante colaborativo que es muy constructivo y que nos hace finalmente llegar a una preproducción de la canción que está muy, muy, muy cercana a lo que luego se escucha en el disco. Sin querer desmerecer con esto el trabajo de nuestros productores, al contrario, porque en este disco hemos trabajado con Paco Salazar, que ha sido perfecto.

Ignacio: Es que es súper respetuoso.

Miguel: Él hace que suene como tiene que sonar, pero manteniendo la esencia. Lo engrandece y te dice «el bajo me gusta en todo el tema, pero aquí en esta parte vamos a buscar otro arreglo, todo lo demás está bien».

Ignacio: También es un productor que no tiene ego. Si ve que hay un motivo que está en la canción y está bien, para él es perfecto, aunque no lo haya hecho él mismo. Respeta muchísimo eso

Miguel: Entonces, para que eso funcione nosotros de casa tenemos que llevar algo muy presentable.

No sois de los que termináis en el estudio las canciones…

Miguel: No podría, la verdad.

Ignacio: Creo que somos alumnos aplicados. Con decirte que en “primera clase” cambiamos la primera estrofa por la segunda y casi me da un puto ictus. Yo decía: «No puede ser. Lo he escuchado ya 50.000 veces así, así que no me lo cambies que me suena raro» [risas].

«A raíz de hacer estas canciones, hemos hablado con nuestros amigos por primera vez de algunos de los temas que tratamos»

El álbum se abre con “yo quisiera”. La primera canción y va directa, creo que es un tema que recoge perfectamente el espíritu del disco. Me parece muy interesante esa lectura de querer, no solo empatizar y comprender a la otra persona, sino también sentir. Creo que eso es algo también que sobrevuela por muchas canciones.

Miguel: Hay tres canciones en el disco que están muy en esa línea: “yo quisiera”, “ojalá tengas razón” y “el cielo del que hablas”. En las tres hay algo que yo he sentido muchas veces y es que yo no soy creyente y, por mucha reflexión que hago al respecto, no cambio de opinión, pero lo cierto es que a mí me encantaría que fuera cierto todo esto, porque supondría un alivio en muchísimas cosas. Estoy seguro de que mucha gente pensará lo mismo que yo.

Ignacio: Sufriríamos menos, desde luego.

Miguel: Es que yo podría sentir una compañía, un alivio y una serenidad a la hora de afrontar una serie de temas, como puede ser la muerte o la pérdida.

Ignacio: Lo afrontas todo de una forma muy distinta y a mí me encantaría, si muere un ser querido, tener la fe de que no es la última vez que voy a estar con esa persona.

Miguel: O de que está en un lugar mejor.

Ignacio: En realidad, ninguno de los dos somos creyentes, por eso coincidimos en esto.

Es verdad. A mí me impresiona que, cuando alguien se muere, en el duelo hay muchas personas que lo afrontan con una serenidad…

Miguel: Es increíble, tío. Eso sobrecoge, ¿a que sí?

Ignacio: Es como si supiera algo que tú no sabes.

Miguel: Por ahí va un poco porque yo, por suerte, las pérdidas que he tenido que afrontar han sido dentro de lo normal, es decir, de abuelos por edad, por ejemplo. Pero hemos tenido cerca casos bastante más impactantes y esas personas lo han llevado de una manera que te sobrecoge.

Ignacio: En esos casos es cuando más sorprende porque en mi caso yo he tenido pérdidas sin razón, como accidentes o cosas así, y cuesta mucho entender que ha pasado por una razón divina. A mí me ha pasado eso hace muchos años, cuando ya tenía mis 22 años, y claro, estaba en el tanatorio escuchando a un cura diciendo todo este discurso y yo me cabreaba mucho. Yo entiendo perfectamente a la gente que lo cree y nosotros respetamos mucho todo esto, pero al final es una cosa muy personal y hemos visto gente cercana que ha vivido este tipo de circunstancias y las ha afrontado de una forma que tú no puedes entender.

Miguel: Cuando no lo crees, te dicen eso, y lo encuentras injusto.

Ignacio: Yo tengo amigos que han perdido a sus padres de repente y dices: «¿Cómo va a haber un plan para todo esto? si es un calvario». Ojalá cuando muramos la gente lo afronte así y esté todo bien. Nada me haría más feliz, desde luego.

Es que, hablando de la muerte, hay maneras de celebrar funerales en el resto del mundo que son fiestas.

Miguel: Absolutamente.

Ignacio: Me parece una forma positiva de tomarse la muerte, que a mí, sinceramente, no me sale… pero ojalá me saliera.

“un lugar para ti” habla precisamente de la muerte, desde la perspectiva de cuestionar qué habrá más allá. Me da la impresión de que las personas que no creen evitan más hablar de la muerte o si lo hacen es desde un lugar más lejano, como protegiéndose. ¿Habéis encontrado una manera de enfrentaros a este tema a nivel personal sin caer en el pesimismo?

Miguel: Absolutamente. Yo creo que hay cierto tabú con la palabra muerte. Al menos en nuestras generaciones, yo lo he notado mucho. Y otra de las cosas que hemos hablado mucho, a raíz de estar trabajando en el disco, ha sido que yo tengo la suerte de tener un grupo de amigos muy unido y desde muy pequeños y, a raíz de contarles que estaba escribiendo sobre esto, ha sido cuando hemos hablado por primera vez de algunos de los temas que aquí se hablan. Tengo 30 años y que en todo este tiempo no haya hablado de estos temas con ellos, me parece bastante curioso.

Ignacio: A mí me pasa igual. Es como una cuestión generacional. Yo creo que también es un problema de expresar sentimientos e inquietudes tan íntimas. Una movida casi de la masculinidad frágil.

Miguel: Totalmente. Y eso se va poco a poco suavizando, porque si le preguntas a nuestros padres, ya flipas.

«En muchos casos no eres consciente del todo de que tienes un miedo hasta que lo dices»

El otro día estuve entrevistando a Guille Galván, que ha sacado su primer álbum en solitario, y él me decía que con las canciones que estaba haciendo no podía imaginar el disco de otra manera que no fuera él con su guitarra. A la hora de hacer los arreglos y producción de este disco, ¿a vosotros la temática os influye para sonar de una manera determinada?

Miguel: Lo entiendo y es algo que puede pasar perfectamente, pero en mi caso no. Hay muchos artistas que cogen una libreta y empiezan a escribir frases y frases, y luego ya le ponen música; en mi caso va todo muy a la vez. Entonces, cuando yo tengo prácticamente la canción hecha, no puedo decir «ahora vamos a sonar de tal manera». A mí me ha salido eso y lo único en lo que puedo pensar es cómo me imagino yo cantando. Es decir, si es algo con lo que me imagino yo en directo defendiéndolo.

Ignacio: Justo “tu reflejo” sí que fue una canción en la que se buscó un sonido. O sea, queríamos hacerlo rollo festival, como grandioso.

Miguel: Pero discrepo por una cosa, y es que la V1 de “tu reflejo” ya sonaba así. Otra cosa es que luego tú ves que hay algo que puede ir en esa dirección y decides potenciarlo. Eso sí lo hicimos, pero porque creíamos que tenía sentido, no porque la palabra “festival” fuera más grande en nuestra cabeza.

Ignacio: Sí, tienes razón.

Miguel: Yo sentía que esa canción iba por ahí porque era por donde me llevaba la melodía. Es una canción muy simple porque para mí lo importante es que la melodía brille. Te diría que es de las melodías de las que más orgulloso me siento porque te va llevando ella sola y sentía que no hacía falta que nada de lo que había alrededor fuera demasiado elaborado.

Has dicho antes que cuando escribes las canciones te imaginas a ti cantándolas. ¿Has sentido cosas diferentes cuando las estabas haciendo al imaginártelas cantadas por ti?

Miguel: He llorado muchísimo. Y a día de hoy, lo sigo haciendo. Este fin de semana empezamos a tocar ya, así que durante este último mes hemos estado trabajando mucho en el directo. Yo en mi casa hago mucho el ejercicio de cerrar los ojos y tocar, literalmente, todo el concierto entero hasta que me duermo, y la verdad es que me emociono un montón. A mí me da bastante cosa hablar de según qué cosas y sé que va a haber momentos en los que me cueste un poco más, porque al final estas son cosas muy personales. Cantándolas en los ensayos también me ha pasado, así que no me quiero imaginar cuando estemos en directo. La verdad es que no sé lo que voy a sentir cuando vea a la gente cantándolas.

Ignacio: Eso te iba a decir… porque “yo quisiera” es como una canción pequeña, pero que es capaz de llenar un estadio. Por lo menos en mi cabeza siempre ha sido así. Esa canción la puedes cantar en un local de ensayos, pero si te imaginas a mucha gente cantándola, a mí se me hace un nudo en el pecho.

En “(no) tengo miedo”, ese “no” del título aparece entre paréntesis, por tanto, entiendo que, aunque en la canción haya muchas cosas a las que decís que no tenéis miedo, hay bastante duda. ¿Verbalizar los miedos ayuda a superarlos?

Miguel: Yo creo que sí, porque en muchos casos no eres consciente del todo de que tienes ese miedo hasta que lo dices. Igual que cuando sientes cualquier otra emoción, de repente la dices y parece que cobra otra dimensión. Por eso, muchas veces hacemos daño a la gente. Pensamos algo que en nuestra cabeza tiene todo el sentido, pero luego lo dices y te das cuenta de que a la otra persona en realidad le está pasando otra cosa. Entonces, yo creo que con los miedos pasa lo mismo; hasta que no lo dices, al menos en mi caso, cuesta realmente darte cuenta de la dimensión que tienen en tu cabeza y cuánto espacio ocupan.

Igual que antes preguntabas si había alguna decisión concreta que habíamos tomado en cuanto a sonido de «queremos sonar así», en este tema sí que ocurre en cuanto a la forma en la que transmitíamos el mensaje. Me acuerdo que yo tenía la idea de la canción y le dije a Ignacio: «Tío, me gustaría ser capaz de seguir ahondando en la temática del disco desde un punto de vista un poco más divertido y casi irónico». Quería rebajar un poco la tensión de todo esto. Es cierto que es un tema del que me gusta hablar porque lo siento mucho, pero soy consciente de que es profundo. Por eso me apetecía hacer algo que fuera mucho más ligero en cuanto a la forma en la que se habla. Salió esta canción, que yo creo que le da un buen contrapunto.

Tengo la sensación de que “500 grados” es una canción que quizá no esté dedicada a la misma persona que la mayoría del disco. Que es de ese 10% de la tarta que comentabas al principio de la entrevista.

Miguel: Pues lo has clavado. Es increíble porque se nota que has escuchado el disco de manera muy profunda y estás dando en el clavo con todo lo que nos dices. Estoy flipando bastante…

Habla de una persona que estaba pasando una época muy muy mala y yo intentaba ayudarle y hacer lo posible para que se encontrara mejor, lo que haríamos cualquiera por un ser querido que está pasando mal. Pero hay veces que, por mucho que lo intentes, sientes que no puedes. Hay algo ahí que evidentemente no tiene nada que ver contigo y que necesita de otras cosas para sanar. En ese proceso surgió esta canción, de decir «joder, no sé qué más hacer, me encomiendo ya a lo que sea necesario».

De ahí esa frase de «rezaría solo por ti», ¿no?

Miguel: Eso es. Si tuviera que rezar para que te encuentres mejor, lo haría, pero es que ya no sé qué más hacer.

Ignacio: En verdad, para las personas que no creen, lo del rezo es como ya la última opción. Me queda rezar, si ayuda, lo hago. Para mí esta canción es como un abrazo.

«Cada vez es más difícil vivir el presente, por eso es importante pararte y pensar en ello»

“improbables” y “providencia” tienen nexos en común. Ambas hablan del azar y de que quizá haya algo más que eso cuando ocurren determinadas cosas en la vida, determinados encuentros, etc.

Miguel: Cuando estaba trabajando en esas canciones, me acuerdo que me salieron unos cuantos vídeos en YouTube, que te puedes imaginar cómo tengo el algoritmo ahora… [risas]. En esos vídeos salían muchas personas creyentes hablando de una movida que no recuerdo ahora cómo se llamaba, pero como que le ponían un nombre al hecho de que el mundo, tal y como es ahora mismo, depende de 23 variables. Creo que se llama La teoría del ajuste fino y venía a decir que, si solamente una de esas variables la modificaras en la centésima del valor que tiene, cambiaría absolutamente la composición del universo y sería muy improbable la existencia de la vida.

Entonces, hay una vertiente del catolicismo que se agarra, entre otras cosas, a este argumento para decir que, si tan improbable es, alguien tiene que haber hecho esto posible. Viendo esos vídeos me surgió la idea, sobre todo en “improbables” que empieza con «dime qué hago yo aquí, cómo soy posible, cómo lo voy a sentir, cómo esto, cómo lo otro, cómo es posible todo esto… y que encima nos hayamos encontrado». Y “providencia” va un poco por esa línea.

En “primera clase” encuentro una lectura de gratitud. Habla de ser consciente de que merece la pena lo que estamos viviendo, con frases como «Solo pido que lo que ahora vivo dure más que todo lo demás». ¿No pensáis que eso de ser conscientes de lo que estamos viviendo es cada vez más difícil en estos tiempos de inmediatez y de planificación tan a largo plazo?

Ignacio: Yo lo hablo con mi psicóloga y con Miguel, que es mi segundo psicólogo, que tengo un problema de vivir el presente. Creo que cada vez es más difícil vivir el presente y esa canción sí que es verdad que es un poco pararte y pensar en ello.

En esta canción colaboran La Milagrosa y en la siguiente (“la superficie”) participa Maren. Habladme brevemente de lo que buscabais con estas colaboraciones.

Ignacio: La Milagrosa es que nos gusta mucho y hay muy buena relación con ellos.

Miguel: Además, es un contrapunto de la voz que nos molaba, porque tenemos voces muy diferentes.

Ignacio: Nos hemos dedicado amor mutuo varias veces.

Miguel: Y luego lo de Maren… es que esa canción nos pedía que tuviera una voz femenina, por alguna razón. A Maren no la conocíamos en persona, sí su música, y no recuerdo exactamente a quién le saldría el nombre por primera vez, pero siempre nos ha parecido un proyecto muy interesante el suyo. Tiene un sonido muy característico.

La verdad es que los dos fueron súper generosos. Se subieron a un carro que llevaba ya mucha velocidad. Quiero decir que juntarte con una banda y escribir una canción de cero me parece mucho más fácil que subirte a un disco que tiene un significado tan profundo y concreto. La verdad es que ellos lo hicieron con todo el amor, así que estamos muy felices.

“el cielo del que hablas” es el cierre y conclusión del disco. Volvéis a hablar del cielo, como en la primera canción y es una forma de cerrar el círculo. Me parece una conclusión muy bonita esa de «no es lo mismo vivir que respirar».

Miguel: Esa frase apareció sin querer, mucho antes de que esto fuera algo. Está directamente en una canción de vangoura que salió en el EP nada importa. Está en “abrigo”, y me gustó mucho darle otro significado a una frase que yo mismo había escrito. La verdad es que me pareció un cierre fantástico.

Ignacio: Esa canción a mí me encantaba cuando hicimos del EP, no se metió y la reinventó Miguel para que entrara en el disco.

O sea que la canción sí que venía un poco de antes.

Miguel: Había un germen ahí de eso, pero la letra era otra. Entonces, ya desarrollamos la letra a raíz de esa frase, y también es justo decir que ahí tuvo una brillantez nuestra amiga Tere, de la que conocerás su proyecto Ganges, que antes de que estuviera esa nueva letra, nos pidió un día el proyecto y dijo: «Chicos, es que a mí eso me gustaba mucho, ¿por qué no me lo pasáis y yo le doy una vuelta?». Así que ella empezó a rearmonizar y hacer cosas que luego me dieron a mí la inspiración necesaria para ponerle la segunda y definitiva letra. Tere es muy importante en muchos aspectos para nosotros.

Ignacio: Esta canción antes se llamaba “tarde”.

Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.