Detrás de filipendulae se encuentra un cantautor y productor de un pueblo de Sevilla que acaba de publicar su primer álbum, High Looking Up (2026, Lunar Discos). Un trabajo que recoge exploración sonora y búsqueda emocional.
Desde pequeño, la creación musical formó parte de su día a día. «Hacía música en el móvil de mi madre y jugaba con un teclado MIDI que tenía mi padre», recuerda. Aquellas primeras grabaciones caseras, «un montón de ruidos» registrados en un CD rotulado simplemente con su nombre, Carlos, fueron el punto de partida de un proceso creativo que no ha dejado de evolucionar. Con 16 años comenzó a escribir letras y no fue hasta los 18 cuando empezó a cantar: «Durante bastantes años sonaba como un animal agonizando», bromea.
Para filipendulae, la música siempre ha sido una extensión de su propia vida. Sin embargo, alrededor de los 20 años tomó la decisión de implicarse más seriamente y consolidó tanto su enfoque DIY como su identidad artística. Ese espíritu independiente sigue siendo una de las bases de su trabajo. A la hora de definir su música, recurre a una combinación de etiquetas amplias: Queer Dream Art Pop. Más que encasillarse, busca abrir posibilidades. Su intención creativa pasa por convertir cada canción en una forma de catarsis: «Intento que siempre sea una catarsis emocional que me permita entender mejor lo que me pasa».
Las influencias que marcan su sonido son tan diversas como reconocibles. En los viajes familiares sonaban artistas como Queen, Pink Floyd, Jean-Michel Jarre, Celine Dion o Bob Marley. Más adelante, llegaron las obsesiones adolescentes con Lady Gaga y el electropop, antes de abrirse a universos mucho más experimentales y emocionales. Entre sus referentes cita nombres como Fiona Apple, PJ Harvey, Björk, St. Vincent, Cocteau Twins, My Bloody Valentine, Mitski, SOPHIE, Arca o FKA twigs, entre muchos otros. «De una forma u otra, todas han acabado influenciándome», explica.
El proceso de creación de High Looking Up estuvo marcado por un cambio radical de perspectiva. Antes de este álbum pasó seis años intentando desarrollar otro disco, tres de ellos centrado exclusivamente en la producción. Finalmente, decidió abandonarlo. «Necesitaba expresarme con más inmediatez», cuenta. Aunque al principio vivió esa decisión como un fracaso, terminó convirtiéndose en una liberación creativa. Todo lo aprendido desembocó en un proceso mucho más fluido: «Escribía, grababa y producía prácticamente de manera simultánea. Fue arduo y hermoso a la vez».
En las canciones del álbum siente haber encontrado un equilibrio entre distintas etapas de su trayectoria: «Desde mis inicios pop, pasando por lo experimental, y llegando aquí». Ese punto intermedio parece definir también el carácter del proyecto: emocional pero ambicioso, íntimo y a la vez expansivo.
Hasta hace poco, su música había existido casi exclusivamente en su habitación. Ahora, los conciertos le están permitiendo descubrir una nueva dimensión del proyecto. «Estoy descubriendo más y más cuánto necesitaba llevar el proyecto al directo, habitar los munditos de las canciones de forma colectiva». Aunque reconoce que preparar los shows ralentiza otros procesos creativos, entiende esta etapa como otra forma de aprendizaje. Por ahora, el formato en directo sigue siendo minimalista: «Somos solo yo y un micro». Aun así, asegura que siempre intenta entregarse completamente.
Sobre la situación actual de la industria musical, mantiene una visión crítica pero matizada. Reconoce que las redes sociales han democratizado el acceso a un público, aunque también han reforzado dinámicas superficiales dentro del sector. Quizás hay un sector que busca solamente la estética de ser músico, y las redes nos potencian esa tendencia a todos, nos guste o no, ya que se ha convertido en el medio estándar de promoción. «Yo personalmente sobrepongo el proceso, la emoción y la conexión», afirma, consciente de las tensiones que generan plataformas como Instagram en los artistas emergentes.
También se muestra especialmente contundente al hablar de la inteligencia artificial: «Es un tumor capitalista que tiene los días contados, porque la sensación general es que a todos nos da bastante asco que los señores tecnofeudales se hagan aún más ricos a nuestra costa». La posibilidad de vivir de la música sigue siendo un horizonte incierto, aunque prefiere no obsesionarse con ello: «Debo seguir trabajando con la convicción de que no hay plan b que valga».
El siguiente paso para filipendulae pasa por abrir el proyecto a nuevas colaboraciones. Actualmente está buscando trabajar con más músicos, especialmente con la vista puesta en el directo y futuras grabaciones. Un movimiento natural para un artista que, después de años creando en soledad, parece dispuesto a convertir su universo personal en algo cada vez más colectivo.
TEST NUEVOS VALORES — filipendulae
¿Alguna recomendación de banda o solista emergente de la que debamos tomar nota en tu escena o ciudad?
Me gustó mucho mucho el nuevo álbum de Bamboe, me emocionó. Es cantautor y productor, lo conocí hace unos años en un micro abierto en el Búho Real y ya allí me impactó su sensibilidad. Pero este disco está hecho con tanto gusto, es su expresión creativa más sólida hasta el momento.
Para filipendulae la música es…
Mi mejor amiga, mi mayor enemiga, mi obsesión, mi perdición… Mi relación con la música se ha ido complicando mientras evoluciona con los años. Ya no puedo disfrutarla igual que antes, pero mi expresión dentro de ella sigue siendo mi principal forma de satisfacción en la vida.
¿Podrías decirnos tus tres discos favoritos?
Fiona Apple – The Idler Wheel…
PJ Harvey – 4 Track Demos
SOPHIE – Oil of Every Pearl’s Un-Insides
Canciones que han marcado a filipendulae:

