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Thy Veils: treinta años atravesando velos de luz y abismo

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Música para cruzar velos: la liturgia cósmica de Thy Veils

Dicen que existe un punto, en mitad de la madrugada, en la que la ciudad se queda sin narrativa y solo quedan luces flotando y ruido eléctrico en el aire. Es ahí donde viven Thy Veils, un proyecto rumano que hace música como quien abre portales: capas, velos, partículas de luz y sombra lentas, como si el tiempo se hubiese rendido por un instante. Más que una banda, son un sistema de visión: un modo de mirar el mundo desde la electrónica, el ambient, la poesía y una espiritualidad nada dogmática, pero muy presente.

Desde Timișoara, Daniel Dorobanțu y su pequeña fraternidad de cómplices llevan tres décadas convirtiendo la música en un estado mental: un lugar donde la conciencia se expande, donde el cuerpo se queda quieto pero la percepción se va muy lejos. Empezaron en 1995 como un proyecto de estudio pionero del ambient rumano y acabaron mutando, trece años después, en un organismo escénico que mezcla conciertos, videoarte no narrativo, danza y cine, como si cada directo fuese un rito laico de desprogramación sensorial.

Sus discos no funcionan como colecciones de canciones, sino como capítulos de una misma liturgia cósmica: del abismo oscuro de los primeros años a la radiancia de Neoradiant y Next Forever, todo parece diseñado para empujar al oyente hacia un lugar donde ciencia, mística y electrónica se dan la mano sin pedir permiso.

«Somos Thy Veils, una alegre comunidad de rumanos llenos de vida, que creamos arte como suaves susurros sobre un lago danzante: sencillo, radiante y feliz de que estés aquí. Perseguimos lo desconocido y mantenemos el corazón lleno de asombro» Thy Veils

Del estudio fantasma al organismo vivo

Timișoara, conocida como la ciudad de las luces, es el refugio creativo de Daniel Dorobantu, un tipo obsesionado con los interfaces, samplers y capas de sonido mucho antes de que el ambient estuviera de moda en las playlists de foco. Trece años después, en 2008, el proyecto muta: deja de ser solo una criatura de estudio y se convierte en ensemble de arte en vivo, con visuales, vídeo no narrativo e instalaciones que convierten los conciertos en experiencias inmersivas más cercanas a una performance que a un bolo al uso. Para 2022, ya acumulan siete álbumes de estudio, cuatro grabaciones en directo, un buen arsenal de singles, un DVD de videoarte y música para cine y danza contemporánea; una producción densa, casi de culto, que ha crecido al margen de la lógica de playlist y algoritmo.

A Dorobantu le interesa tanto la ciencia como la espiritualidad, la naturaleza tanto como la tecnología, y eso vertebra el discurso del grupo: no hay mensaje panfletario, hay una exploración constante de conciencia, percepción, tiempo, materia y luz. Esa tensión entre laboratorio y ceremonia se nota en todo: en la forma en que los temas se despliegan sin prisa, en la importancia de la imagen y en la manera casi ritual en que la voz aparece cuando tiene que aparecer y desaparece cuando el paisaje sonoro habla por sí solo.

El nombre como manifiesto: Thy Veils

El nombre Thy Veils funciona muy bien para el tipo de obra que hacen: «veils» sugiere velos, capas, ocultación, filtración, algo que no se revela de golpe. Es aquello que cubre y filtra. El nombre parece escrito a medida de la música que hacen, levantada sobre texturas que nunca se muestran del todo, melodías a medio ocultar, ritmos que aparecen como sombras en la periferia del campo auditivo. No es casualidad que gran parte de su discografía juegue con la idea de luz, resplandor, singularidades, atracción gravitacional, abismos y eternidad: todo remite a fuerzas invisibles que se intuyen más que se describen. El proyecto entero funciona como un gesto de revelar sin exhibir, de mostrar lo suficiente como para que la mente del oyente complete la imagen por su cuenta.

Ambient que piensa

Su sonido es amplio, atmosférico y muy diseñado desde la capa tímbrica, con un peso importante del ambiente electrónico y de la construcción gradual de estados emocionales. En la entrevista, Dorobantu cuenta que su punto de partida fue un interfaz de audio capaz de muestrear y ensamblar fragmentos sonoros, y que su primera referencia estaba más cerca del techno/industrial experimental que de una canción convencional. Eso ayuda a entender por qué su música suele avanzar por acumulación, deriva y color, en lugar de apoyarse en estribillos o estructuras cerradas.

Lo primero que enseña un disco de Thy Veils es que el tiempo no manda. Las piezas se mueven por deriva, acumulación de capas, pequeños cambios en la textura; la estructura de canción clásica queda disuelta en un flujo que a veces se acerca al minimalismo, a veces a la electrónica cinemática, a veces a un trance espiritual sostenido. La paleta es amplia: sintetizadores flotantes, drones, percusiones discretas pero presentes, guitarras y bajos muy procesados, detalles de world music que aparecen como ecos de culturas lejanas sin caer en el cliché exótico.

Voces de otro mundo

La voz no se coloca en el centro del escenario, sino en órbita. En sus trabajos aparecen las voces invitadas de Alira Mun, Manuela Marchis, Maria Hojda, Dora Gaitanovici y múltiples colaboradores instrumentales que aportan diversos sonidos a esa magistral ingenieria sonora que es Thy Veils. Al margen de las clásicas capas desarrolladas por los teclados, las guitarras, el bajo,y la batería, otras instrumentaciones se adhieren a la arquitectura sónica del proyecto: trompetas, percusiones, shakuhachi (flauta japonesa), tablas y diversos efectismos electrónicos, así como la incorporación, a veces, de la llamada «idioglosia», un lenguaje inventado que es capaz de conducirnos a un estado diferente de liberación anímica. Lisa Gerrad de Dean Can Dance usa este tipo de lenguaje.

Toda estas instrumentaciones, hábilmente combinadas, canalizan el texto y las emociones, siendo parte del paisaje en la arquitectura global atmosférica. De ahí que muchas letras parezcan mantras o fragmentos de poesía recitada desde dentro de la mezcla, no desde un podio frontal: cuando Dorobantu adapta versos de Pablo Neruda en Mountain Fire, lo hace para que se fundan con el tejido sonoro, no para que la música sea fondo de un poema.

Discografía comentada: del abismo a la luz

Portadas discográficas de Thy Veils
Portadas discográficas de Thy Veils

Prologue (1997)

Es el amanecer raro: un debut que ya contiene el ADN de Thy Veils, aunque todavía en crudo. No hay información muy detallada en las plataformas, pero su posición en la cronología y la estética general del proyecto invitan a leerlo como manifiesto temprano: ambient oscuro, estructuras más lineales, texturas que exploran la noche y el espacio interior. Es un prólogo en todos los sentidos donde se escriben los primeros gestos, los primeros velos. (Escucha en Bandcamp).

Immemorable (1999)

Este proyecto de estudio solidifica una narrativa sonora más clara y una obsesión con el tiempo que se refleja desde el propio título, un juego entre lo que no se puede recordar y lo que trasciende la memoria. Los temas —Their Approach, Ever-beginning Night, The Harp’s Delusion… — hablan de presencias, noches que empiezan una y otra vez, ilusiones, respiraciones; un vocabulario de umbrales y apariciones. Musicalmente, sigue siendo un trabajo de estudio, cuidado, de ambient detallista con inclinaciones oscuras, pero ya empieza a sugerir el giro hacia lo contemplativo más que lo opresivo. (Escucha en Bandcamp).

Against an Oblivion of the Forgotten Abyss (2002)

El título de este album de estudio (parte de un poema: «Contra un olvido del abismo olvidado». El doble olvido, el abismo que ni siquiera recordamos haber olvidado, encaja con una fase de exploración profunda de la idea de vacío, ausencia, memoria borrada. Este disco puede leerse como el polo más radical de la etapa temprana: densidad, oscuridad, capas graves, una sensación de estar mirando hacia un pozo sin fondo. Es el momento más cercano a cierta tradición dark ambient, pero ya con la sensibilidad particular de Dorobantu, más filosófica que misántropa. (Escucha en Bandcamp).

The Diaphanous Depressions (2008)

En The Diaphanous Depressions (trabajo de estudio) el proyecto cruza un umbral: el título combina «depresiones» con «diáfanas», es decir, hundimientos translúcidos, estados bajos que dejan pasar la luz. Coincide temporalmente con la transformación de Thy Veils en ensemble de arte en vivo, y eso se nota en una música que empieza a pensar más en el espacio físico, en cómo va a sonar en una sala, en interacción con visuales. Hay melancolía, sí, pero también apertura: es un disco-puente entre el abismo de los primeros años y la luminosidad que vendrá después. (Escucha en Bandcamp).

Live in Elisabetin (2012)

Este directodocumenta esa nueva fase escénica: un directo que captura Thy Veils funcionando como organismo físico, no como espectro de estudio. Aquí las piezas respiran distinto, alargadas, con improvisación y diálogo entre músicos, con la energía del espacio colándose en cada textura. Es el momento en el que entiendes que la obra no está solo en el archivo de audio: está en la experiencia, en la puesta en escena, en el gesto de compartir un viaje largo con la audiencia. (Escucha en Bandcamp).

Lumine (2013)

Con Lumine (estudio) llega el giro luminoso. El título no engaña: aquí la luz ya no es un destello ocasional, es el eje del disco. Las pistas —Within the Ludic Ocean, The Calling, My Journey Never Ends, Many Waters, Nest Choir, All Calling, Noctilucent— evocan océanos lúdicos, llamadas, viajes que nunca terminan, coros-nido, nubes noctilucentes; todo el lenguaje apunta a expansión, juego, agua en movimiento, vida. Sonoramente, crece la claridad armónica, la sensación de elevación; hay más melodía, más apertura, más sensación de horizonte amplio. Thy Veils empieza a sonar a rito de amanecer. (Escucha en Bandcamp).

Mountain and Cloud (2015)

Mountain and Cloud (estudio) suena a haiku hecho álbum: montaña y nube, lo sólido y lo que pasa, lo que permanece y lo que se disuelve. El propio tema Mountain And Cloud funciona casi como un drone-montaña sobre el que van pasando nubes de armonías y texturas; la estructura es simple, pero el viaje emocional es largo y sutil. Es un disco que intensifica el lado meditativo del proyecto, perfecto para entender la faceta más contemplativa de Thy Veils. (Escucha en Bandcamp).

Live at Garana Jazz Festival (2017)

El paso por el Garana Jazz Festival deja un documento en directo clave, donde la banda se inserta en un contexto jazzístico sin renunciar a su identidad. No es jazz en el sentido tradicional, pero sí comparte con él la improvisación, la escucha mutua y una cierta valentía para estirar el tiempo y jugar con el silencio. Este álbum refuerza la idea de Thy Veils como banda para espacios, no solo para auriculares: música que se despliega en el aire, rodeando cuerpos. (Escucha en Bandcamp).

Neoradiant (2019)

Con Neoradiant (estudio) la cosa se pone más cósmica. El título ya habla de una nueva radiancia, una nueva forma de brillar. El disco tiene un aura futurista, casi sci-fi espiritual; las texturas electrónicas se vuelven más definidas, la producción se afila, y la narrativa conceptual gira en torno a la idea de luz, conexión y flujos energéticos. No es casualidad que años después celebren su aniversario sacando Resplendent 30Y precisamente el día del sexto aniversario de Neoradiant: este álbum es un hito interno en la mitología Thy Veils. (Escucha en Bandcamp).

The Vibrant Decennary (2021)

The Vibrant Decennary – Live Anthology 2010–2020 es una cápsula de diez años de vida en directo, editada en 2021. Más que un simple recopilatorio, funciona como mapa: muestra cómo las piezas se transforman en el escenario, cómo el lenguaje del grupo se afianza y cómo la banda se mueve con soltura entre festivales, salas y espacios más experimentales. Para entrar en el universo Thy Veils, este disco es una puerta perfecta: condensa una década de pruebas, de errores hermosos, de descubrimiento. (Escucha en Bandcamp).

Singularities (2021)

Singularities (EP estudio) pone sobre la mesa vocabulario de física: singularidades, puntos donde las leyes conocidas se rompen. A nivel sonoro, retoma el pulso cósmico de Neoradiant pero lo concentra; hay sensación de densidad, de colapso controlado, como si cada tema fuese un pequeño agujero de gravedad emocional. Es una obra que sirve de enlace entre la fase neorradiante y la exploración más narrativa y poética de Next Forever. (Escucha en Bandcamp).

Song of Jiddu (2022)

Song of Jiddu (EP estudio) mira directamente al pensamiento espiritual: el título apunta con bastante claridad a Jiddu Krishnamurti, filósofo y maestro espiritual del siglo XX. Es un paso explícito hacia una dimensión más abiertamente filosófica, donde la música parece dialogar con ideas de libertad interior, condicionamiento y conciencia. Aquí la voz gana peso simbólico: no canta solo palabras, canta ideas que arrastran décadas de debate sobre cómo debería vivir el ser humano. (Escucha en Bandcamp).

The Great Attractor – Galactic Tick Day (2023)

El Gran Atractor (EP estudio) es una región misteriosa del universo cuya gravedad afecta al movimiento de galaxias enteras; Galactic Tick Day es una especie de efeméride cósmica celebrada por comunidades científicas y culturales. Thy Veils convierte ese imaginario en pieza sonora: un homenaje al movimiento de la galaxia y a las fuerzas invisibles que nos arrastran sin que seamos conscientes. El tema suena a cartografía sideral: pads expansivos, pulsos lentos, sensación de estar suspendido en un flujo mayor que uno mismo. (Escucha en Bandcamp).

Next Forever (2024)

Y llegamos a Next Forever, un trabajo de estudio que cierra (por ahora) el arco evolutivo. Publicado en abril de 2024, el disco despliega un tracklist amplio —A High Age, Sunvault, Influx, Upstream, Next Forever, Fluttering Light, Morph, Luna, Mountain Fire…— que traza una especie de viaje desde una edad alta hasta un fuego de montaña que se alimenta de poesía. La letra de Mountain Fire mezcla versos de Pablo Neruda con textos de Dorobantu, hablando de cielos que se abren, ríos que fluyen, telas únicas de realidad; un manifiesto de interconexión, amor y continuidad. (Escucha en Bandcamp).

Musicalmente, el álbum condensa todo lo aprendido: ambient expansivo, electrónica detallista, grooves sutiles, voces que entran como presencias luminosas, una producción moderna, pero sin histeria; es un disco que suena a madurez tranquila, al tipo de proyecto que ya no tiene que demostrar nada y se dedica a construir su propio tiempo. (Escucha en Bandcamp).

Resplendent 30Y (2025)

Este single aniversario aparece en 2025 como celebración explícita de los 30 años del proyecto: un nuevo track lanzado el 4 de noviembre, el mismo día del sexto aniversario de Neoradiant. Es una especie de auto-relectura luminosa, un Y30 reimagining, según la propia banda; una forma de mirarse desde el presente y reencender viejas chispas con nuevos colores. Más que una simple canción, funciona como declaración: tres décadas después, Thy Veils sigue obsesionado con la luz, el resplandor, la radiancia. (Escucha en Bandcamp).

Mensaje, imagen y actitud: el núcleo conceptual

El eje temático de Thy Veils parece girar alrededor de la contemplación: conciencia, espiritualidad, naturaleza, percepción del tiempo y del vínculo humano con lo invisible. Dorobantu lo dice de forma bastante directa cuando habla de sus intereses fuera de la música: ciencia y espiritualidad ocupan un lugar central, especialmente en relación con la naturaleza y el funcionamiento de la conciencia. Por eso su obra no suena a mensaje en sentido panfletario, sino a una búsqueda de estados: expansión, quietud, tránsito, inmersión y una especie de aceptación del flujo.

Mirada desde fuera, la trayectoria de Thy Veils podría leerse como una lenta salida del abismo hacia la luz: de Prologue, Immemorable y Against an Oblivion of the Forgotten Abyss a Lumine, Mountain and Cloud, Neoradiant y Next Forever hay un camino que va de la oscuridad introspectiva a una especie de espiritualidad radiante. Pero no es una espiritualidad de libro de autoayuda; es más bien una fe en la capacidad humana de contemplar, de quedarse a solas con el misterio sin llenarlo de respuestas rápidas. La insistencia en títulos cósmicos, en referencias a Krishnamurti, Neruda o fenómenos astronómicos habla de una banda para la que las canciones son vehículos de pensamiento y de sensación.

Visualmente, el proyecto refuerza ese discurso con videoarte no narrativo, instalaciones e imágenes que mezclan naturaleza, abstracción, rostros difuminados y escenas casi oníricas. En directo, el show funciona como ceremonia laica: luces, proyecciones, música que envuelve; una experiencia donde el espectador deja de ser consumidor y se convierte en testigo de un proceso de transformación lenta. En un mundo obsesionado con el skip y el adelantar 10 segundos, Thy Veils propone lo contrario: quedarse, escuchar, atravesar los velos uno por uno.

Música para cruzar velos

Si hubiese que situar a Thy Veils en el mapa, sería entre un monasterio futurista y un laboratorio de física de partículas. Un lugar donde los sintetizadores se usan como telescopios y las voces como plegarias para nadie en concreto. Treinta años después de aquel estudio autista en Timișoara, su discografía funciona como archivo de una obsesión: entender la luz, el tiempo y la conciencia a través del sonido.

En tiempos de consumo rápido, Thy Veils es una anomalía hermosa: un proyecto que te pide horas, escucha profunda, disposición a perderte. No hacen música para sonar mientras haces otra cosa; hacen música para detenerla. Para asomarte al siguiente para siempre y aceptar, por un rato, que el universo también se expresa en pads, reverbs largas y silencios llenos de significado.

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.