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Paul Draper – Mansun Retold

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El exorcismo acústico de Paul Draper

Volvemos a pisar el barro de la vanguardia sumergida, camaradas. Abrimos fuego con una obra que ha levantado ampollas en la escena del rock alternativo británico. Hablamos de Mansun Retold (2026), el tercer álbum de estudio en solitario del indómito músico británico Paul Draper. Quien fuera el cerebro y la voz de la mítica banda Mansun regresa con una propuesta que desafía el canon nostálgico actual. No estamos ante un recopilatorio perezoso ni un intento burdo de exprimir el legado de finales de los noventa. Draper ha decidido encerrarse en el estudio para desmantelar, deconstruir y reimaginar once de las piezas más emblemáticas de su antiguo repertorio.   

A diferencia del caos eléctrico y la saturación de sintetizadores originales, este disco reconstruye los temas desde cero. Lo hace valiéndose de una instrumentación acústica pura y despojada de cualquier rastro de electricidad. Es un exorcismo íntimo que busca la esencia melódica donde antes solo había ruido y excesos corporativos. Esta maniobra ha dividido a la crítica underground. Algunos críticos tildan la obra de karaoke innecesario. Sin embargo, los oyentes más atentos descubren una honestidad brutal que solo los años otorgan.   

«Elegí algunas de mi canciones favoritas que había escrito durante mi época en Mansun, aquellas que sentía que también podían ser interpretadas por una banda acústica desenchufada y reimaginadas de una manera más madura tanto para una nueva audiencia como para los fans existentes» –Paul Draper

Una membresía de lujo

Para comprender este manifiesto acústico, desglosamos los créditos técnicos de la obra. El sello discográfico Kscope Music lanzó el álbum oficialmente el 20 de febrero de 2026. The Loft Studios en Surrey acogió las exigentes sesiones de grabación. Allí, Draper asumió la coproducción junto a su aliado Paul «PDub» Walton, conocido por su trabajo con The Cure, U2, Björk y Oasis.   

Jon Astley masterizó las pistas, garantizando un equilibrio analógico excepcional en las frecuencias altas y bajas. El arte de la portada descansa sobre la fotografía de Ami Barwell, quien captura el claroscuro del artista. Colaboran Audrey Riley en los arreglos del cuarteto de cuerda, y Julian Fenton en la batería, figura clave de los inicios de la banda original. Draper presenta la mezcla en Dolby Atmos y sonido envolvente 5.1. La edición de lujo viene acompañada con un libro de 48 páginas, que incluye 3 discos (2CD/BD) con mezclas Dolby Atmos y Stripped Back CD.

El fantasma de la linterna gris

Para valorar esta reescritura, desenterramos el historial de Mansun. La banda se gestó a mediados de los noventa en Chester, cuando Draper conoció al bajista Stove King. Junto al guitarrista Dominic Chad y al baterista Andie Rathbone, e inspirados por David Bowie, irrumpieron en el Britpop con una propuesta esquizofrénica. Su debut, Attack of the Grey Lantern (1997), asaltó el número uno de las listas británicas con himnos cargados de ironía.   

En 1998 lanzaron Six (1998), una compleja ópera conceptual de art-rock que desafió los límites comerciales. Sin embargo, la presión de Parlophone devoró la estabilidad del grupo en Little Kix (2000). Draper recuerda este último disco como un trabajo excesivamente comercializado, lo que precipitó la disolución de la banda en 2003 tras un accidentado intento de grabar un cuarto álbum.   

Tras el colapso, Draper trabajó como productor durante una década antes de lanzar su carrera en solitario. Con los álbumes Spooky Action (2017) y Cult Leader Tactics (2022), demostró que su genio seguía intacto. En la primavera de 2026, Draper se embarca en una gira por el Reino Unido interpretando sus catorce sencillos consecutivos del Top 40 con una potente banda eléctrica, marcando una clara diferencia con la intimidad acústica del disco.   

El esqueleto sónico y la voz herida

El sonido se aleja de la pirotecnia para habitar una sobria intimidad acústica. La instrumentación se reduce a elementos nobles: Draper ejecuta el bajo acústico, el piano y las guitarras acústicas rítmicas y solistas. Este andamiaje se ve enriquecido por el cuarteto de cuerdas de Audrey Riley, inyectando una tensión dramática folk-noir que sustituye la agresividad eléctrica del pasado. La batería de Julian Fenton aporta un latido orgánico que evita la rigidez de las cajas de ritmo originales.   

El debate técnico se centra en el rendimiento vocal de Draper. En su juventud, destacaba por un registro de tenor dramático de agudos teatrales. El paso del tiempo y una historia de consumo de tabaco han transformado su voz en un barítono profundo y cargado de gravedad.   

Draper confiesa que consume glicerina y pastillas especializadas como VocalZone para proteger sus cuerdas vocales. A pesar de estos esfuerzos, el declive de su registro agudo es innegable, viéndose obligado a bajar la tonalidad de varias canciones en el estudio para poder interpretarlas sin sufrir daños. Esta limitación genera opiniones encontradas. La crítica elogia la honestidad de su madurez, mientras otros cronistas underground consideran las interpretaciones fatigadas. Artísticamente, esta voz herida encaja con la melancolía que impregna el álbum.   

Concepto visual y mensaje: redención en la costa de Sussex

El arte visual sintetiza a la perfección la confrontación con el pasado. La portada presenta una fotografía en blanco y negro de Ami Barwell, con un plano cerrado del rostro de Draper envuelto en una capucha de piel sintética. El retrato aparece fracturado por bandas horizontales donde se inserta una tipografía negra, masiva y contundente con el título del disco. Esta fragmentación visual simboliza la deconstrucción de la propia identidad: el rostro del artista se rompe y se recompone a través de las letras de su historia.   

la fotografía que ilustra la portada, es una radiografía psicológica del propio Paul Draper. No estamos ante un simple retrato promocional, sino ante un ejercicio de despersonalización y ‘secuestrode la identidad

El mensaje central gira en torno a la sanación psicológica y la aceptación del declive temporal. Draper compuso las letras originales bajo estados de alienación mental, adicciones y la inmadurez de los veinte años. Al despojar las melodías del volumen ensordecedor de los noventa, Draper demuestra que las composiciones poseían una sólida arquitectura lírica y melódica. El proceso de grabación funcionó como una terapia ocupacional para reconciliarse con su juventud.   

Un viaje acústico por la memoria

La andadura acústica del disco arranca con la imponente I’ve Seen The Top Of The Mountain (Retold), una composición originalmente relegada a cara B en 2001. En esta nueva lectura, la tensión se edifica sobre acordes áridos y una interpretación vocal severa. Draper canta con absoluta frialdad la demoledora línea «He visto la cima de la montaña y allí no hay nada», desmitificando el éxito comercial y estableciendo la atmósfera de desilusión que guía toda la obra.

Sin dar tregua, la tensión melancólica se traslada a Disgusting (Retold), una de las baladas más amargas de su debut. Aquí, el cuarteto de cuerdas envuelve la desgarradora confesión «Es repugnante cómo me siento por dentro», transformando la neurosis en un lamento maduro y conmovedor.   

Esta corriente de vulnerabilidad fluye hacia I Can Only Disappoint U (Retold), que originalmente brilló como un sofisticado single pop en Little Kix. Al desnudar la melodía de sus sintetizadores comerciales, emerge una balada confesional cruda donde la línea «Solo puedo decepcionarte, así que quédate conmigo esta noche» resuena con la dolorosa honestidad de quien ya no tiene nada que ocultar.

El eco de esta decepción se proyecta directamente sobre Until The Next Life (Retold), una pieza que sufrió el yugo de los arreglos comerciales de la discográfica. Draper reconstruye la canción sobre un piano de cola minimalista, sosteniendo el suspiro lírico «Hasta la próxima vida, me quedaré contigo» con un esfuerzo interpretativo que eriza la piel por su cercanía emocional.

La majestuosidad del tornado acústico

El dinamismo rítmico se recupera parcialmente con Naked Twister (Retold), que mantiene intacto su pulso angular gracias al impecable trabajo de Fenton en la percusión. Los versos sobre el «tornado desnudo» demuestran que la excentricidad del compositor sigue viva, sirviendo de preludio para la imponente The Chad Who Loved Me (Retold). Lo que abría su primer álbum como una pomposa obertura orquestal se transmuta ahora en un nocturno de cámara, guiado por las cuerdas dramáticas de Riley y el bajo acústico.   

El viaje de deconstrucción alcanza su cumbre con Wide Open Space (Retold), el himno indiscutible que definió a la banda a finales de los noventa. Al bajar la tonalidad del tema para proteger la voz del cantante, la emblemática línea «Estás en un espacio completamente abierto» abandona el tono de liberación original para transformarse en una advertencia folk-noir sombría. Esta bruma se extiende sobre los casi siete minutos de Dark Mavis (Retold), una pieza de calma fantasmal donde el estribillo «Dark Mavis, vuelve a casa» opera como un mantra de reconciliación y cierre espiritual de viejas heridas.   

La recta final se inicia con Comes As No Surprise (Retold), grabada con una elegancia melancólica que supera con creces la producción comercial del año 2000. Sobre un manto de cuerdas flotantes, Draper entona con resignación «No es ninguna sorpresa que te vayas», transportándonos a la desolada costa de Sussex. El pulso rítmico regresa con Mansun’s Only Love Song (Retold), donde la batería de Fenton otorga solidez a la interpretación de «La única canción de amor de Mansun». Finalmente, el telón cae con la poética When The Wind Blows (Retold). Esta deconstrucción acústica envuelve las visiones apocalípticas de «cuando el viento sopla» en un susurro de piano y cuerdas, clausurando el disco con una paz espiritual sobrecogedora.  

La letra de la canción a ‘When the Wind’ Blows, es un homenaje directo a la desgarradora novela gráfica de ciencia ficción apocalíptica creada por el ilustrador británico Raymond Briggs.

La obra narra la conmovedora y trágica historia de Jim y Hilda Bloggs, una pareja de jubilados ingleses que intenta sobrevivir ingenuamente en su casa de campo tras sufrir un ataque nuclear soviético sobre Gran Bretaña, consumiéndose lentamente por el síndrome de irradiación aguda

La autopsia melódica de un superviviente

Mansun Retold se erige como un monumento a la supervivencia artística. Paul Draper no ha buscado el aplauso fácil de quienes añoran las guitarras eléctricas de su juventud. Al desmantelar sus propias composiciones, el músico ha tenido el valor de habitar sus propias ruinas melódicas, mostrando sus heridas físicas y temporales con una honestidad desarmante. 

Mansun fue, durante el ocaso de los noventa, la banda que mejor supo equilibrar el glam rock, el britpop más excéntrico y una avant-garde pop que desafiaba cualquier norma radiofónica. Siendo el epicentro creativo de este fenómeno, Paul Draper regresa hoy con Mansun Retold (2026), un ejercicio de introspección que funciona como una relectura descarnada de su propio legado. Este no es un recopilatorio al uso; es una reconstrucción arqueológica donde el artista ha decidido desmantelar los andamiajes sonoros de su juventud para habitar sus propias ruinas.

La anatomía de un testamento acústico

Publicado bajo el sello Kscope, este álbum fue grabado durante los meses de invierno en los estudios caseros de Draper, buscando una calidez orgánica que contrasta con la frialdad sintética de sus primeras producciones. La producción, a cargo del propio músico en colaboración con Catherine AD, busca la desnudez absoluta. Aquí no hay capas infinitas de sintetizadores ni muros de guitarras distorsionadas; el masterizado enfatiza el detalle, dejando que cada respiración y el roce de las cuerdas cuenten su propia historia.

La portada, una pieza minimalista realizada por el artista visual Simon Earith, captura el concepto del disco: una arquitectura brutalista en blanco y negro, desgastada por la erosión, que simboliza cómo el paso del tiempo altera la percepción de nuestras obras pasadas. La fotografía principal, [insertar aquí alt: Portada del álbum Mansun Retold de Paul Draper], es la puerta de entrada a este viaje hacia la honestidad más desarmante.

Evolución: De la vanguardia al minimalismo

Para entender el calado de este trabajo, debemos recordar la trayectoria de Mansun. Formados en Chester, rompieron las listas con Attack of the Grey Lantern (1997), un álbum que era puro caos organizado. Draper, junto a Chad Elizabeth, Andie Rathbone y Stove King, definió un estilo de sonido donde la instrumentación compleja se entrelazaba con una lírica ácida.

Hoy, la membresía de esta travesía es solitaria. Draper ha navegado por el art-rock y el synth-pop en su carrera en solitario, pero en este disco, la voz se sitúa en el centro del huracán. Es un análisis de la madurez: donde antes había gritos de estadios, hoy encontramos matices de barítono que revelan las cicatrices físicas y temporales de alguien que ha vivido lo suficiente como para saber que la perfección es un mito.

Análisis de la playlist: El eco de los fantasmas

El álbum comienza con una versión despojada de Wide Open Space (1997), donde el riff icónico se sustituye por un arpegio de guitarra acústica que suena a confesión. La voz de Draper susurra versos que ahora se sienten como una súplica: «estoy buscando un espacio abierto donde pueda respirar / lejos de la multitud que me exige ser alguien que ya no reconozco». Es una traducción que destila la angustia del original, convirtiéndola en una balada de supervivencia.

Continúa con Taxloss (1997), reinventada como un blues minimalista que cuestiona la industria musical. La narrativa fluye hacia temas menos obvios como Legacy (1998), donde el piano toma el mando. Es aquí donde encontramos el núcleo del mensaje: la canción, sin el ruido, es un ente vivo. Los pasajes traducidos nos invitan a reflexionar sobre la permanencia: «No busques mi firma en las paredes / solo escucha el eco que queda cuando la música se apaga».

El respeto al superviviente

Mansun Retold es un disco desafiante e imperfecto. No busca el aplauso fácil de quienes añoran los festivales de los noventa. Por el contrario, exige una escucha atenta, casi ritual. Como bien afirmó el propio Paul Draper en una entrevista reciente para The Quietus: «No me interesa replicar el pasado, me interesa entender por qué esas canciones sobrevivieron a mi propia autodestrucción».

Este testamento acústico demuestra que, más allá del ruido de los noventa, lo que realmente permanece es la pureza de la canción. Un disco desafiante e imperfecto que merece ser escuchado con el respeto que se le debe a un superviviente de la vanguardia sumergida. Es un monumento a la resistencia. Draper no solo se desnuda ante el oyente; nos invita a sentarnos con él entre los escombros de una era dorada para comprobar que, a veces, la ruina es el lugar más honesto desde el cual volver a construir.   

Escucha aquí «Mansun Retold» de Paul Draper

Carlos Flaqué Monllonch
Carlos Flaqué Monllonchhttps://crazyminds.es/author/carlos-flaque/
Periodista. Fotógrafo. Diseñador gráfico. Muchos años al pie del cañón. Ahora toca recuperar el pulso y volver a lo esencial. La música siempre ha sido el eje. No como ruido de fondo, sino como lenguaje, refugio y forma de entender el mundo. Está en todo lo que hago. Me interesa escribir sobre bandas que se salen del guion, que cuestionan lo establecido y abren grietas en lo convencional, ya sea desde el sonido, el concepto o la actitud. Propuestas que no buscan encajar, sino expandir. En Crazyminds, mi papel es claro: dar visibilidad a ese universo «underground» donde laten algunas de las ideas más honestas y estimulantes de la música actual. Hay mucho ahí fuera esperando ser descubierto. Así que vamos a ello. Porque sin transgresión no hay cambio. Y sin cambio, la música deja de tener sentido.