El altar de la ausencia
La vida humana se desarrolla, paradójicamente, entre los opuestos. Es decir, entre la vida y la muerte, el ser y el no ser, lo finito y lo infinito; entre el todo y la nada. En base a ello, el hombre es interpretado de formas diversas dependiendo de sus tiempos y necesidades, ya sea como imagen de lo divino o como una prolongación biológica. Esta constante ambivalencia hace que planteemos la existencia y el fin como dos hemisferios inevitablemente unidos. Es justo lo que trata de transmitirnos Penelope Trappes con su doble trabajo A Requiem (2025) y A Requiem: Æternum (2025).
Hablar de Penelope Trappes es dialogar acerca del silencio, las texturas granulares y una presencia física casi fantasmal. Su universo siempre ha sido un ejercicio de contención profunda, de inmersión en la recóndita naturaleza humana, allí donde la lógica se diluye en beneficio de la espiritualidad incognoscible. No estamos ante una simple colección de temas ambient o de oscuros tracks inmersivos; más bien reposamos ante un rito funerario dividido en dos actos extremadamente efervescentes.
Entramos en un terreno complejo, un viaje especialmente denso y etéreo. Mientras que el primer volumen establece el canon del duelo, el segundo se siente como el residuo emocional, el vapor que queda en el aire cuando la ceremonia ha terminado. Vamos a tratarlos en paralelo. Estamos viviendo en el vacío y en la total ausencia de asideros existenciales. La muerte acosa la vida y la existencia se torna un débil acto de supervivencia.
«Creo en los ciclos de la vida y la muerte. Todos tenemos que aceptar nuestra propia mortalidad y la de nuestros seres queridos. Es simplemente parte de la vida. No sabemos qué nos depara el futuro al morir. Sigue siendo el mayor misterio de todos, y posiblemente el más hermoso. Sin duda, siento cada vez más curiosidad por el más allá. Es una gran incógnita, y está bien aceptarla» –Penelope Trappes
Las coordenadas del duelo
A Requiem, álbum de larga duración (LP) de la artista, es el cuerpo principal de la obra. Se trata de diez canciones originales donde el concepto se basa en un servicio fúnebre musical diseñado para exorcizar traumas generacionales y estructuras patriarcales que pesan sobre el linaje femenino. La grabación se llevó a cabo en la quietud casi violenta de las Tierras Altas de Escocia, un entorno que dictó el ritmo y la temperatura de las composiciones.
Para este nuevo ciclo, Trappes se estrena en el prestigioso sello One Little Independent Records, asegurando que cada reverb y cada crujido de cinta magnética mantenga su propósito original bajo un paraguas que entiende perfectamente la vanguardia. La masterización y la mezcla han corrido a cargo de colaboradores habituales que entienden que el ambient de vanguardia es tan importante como el espacio entre las notas. El disco incluye piezas angulares como Sleep, Red Dove y Platinum, donde el uso de drones de violonchelo procesado sustituye a los sintetizadores de sus etapas anteriores.
Por otro lado, está A Requiem: Æternum, disco que no debe entenderse como una versión deluxe. Se trata de un EP de acompañamiento que se comporta como un mini-álbum de siete composiciones totalmente nuevas e inéditas. Son grabaciones que nacieron de las mismas sesiones emocionales en Escocia, pero que la artista decidió separar para darles un espacio propio. Ambos lanzamientos funcionan como piezas compañeras: el cuerpo y su sombra, o como el entierro y la posterior vigilia en la más absoluta soledad.
De la trilogía al sonido ancestral
Para entender la magnitud de este doble trabajo, es necesario mirar hacia atrás. La trayectoria de la compositora se cimentó sobre su aclamada trilogía de álbumes numerados, donde exploró el dream pop espectral. Sin embargo, en este nuevo ciclo, se observa un despojo de lo artificial. Ha abandonado la seguridad de las cajas de ritmos para abrazar la madera y las cuerdas. Este giro hacia lo orgánico no es casual. El cambio de instrumentación refleja una búsqueda de lo ancestral. Al procesar el violonchelo a través de pedales de efectos y bucles infinitos, Trappes consigue que el instrumento suene como una extensión de su propio cuerpo. Su música ya no solo se escucha; se siente como una presión en el pecho que busca sintonizar con los restos de aquello que ya no está.
El linaje de las Bandorai: Guardianas del equilibrio
Para comprender el punto de partida de este viaje, es imperativo detenerse en la figura que da nombre a la pieza de apertura: las Bandorai. En el tejido de la antigua espiritualidad celta, las Bandorai (o Banduri) representaban la cúspide de la sabiduría y el poder divino femenino. No eran simples sacerdotisas; eran druidas femeninas, guardianas de una praxis sagrada que latía al mismo ritmo que la Tierra y los ciclos naturales.
Reverenciaban a la Madre Tierra no como un concepto abstracto, sino como una presencia manifiesta en cada brizna de naturaleza. Su papel era el de sostener el equilibrio social e intelectual de sus comunidades, fomentando espacios sagrados donde la armonía no era una opción, sino una necesidad vital. Hoy, el espíritu de estas mujeres perdura como un faro cultural que resalta el papel sagrado de la mujer en nuestra herencia espiritual. Al abrir el disco con este nombre, Penelope Trappes no solo bautiza una canción; invoca un linaje de resistencia y conexión que pretende recuperar a través de sus drones de violonchelo.
«Como mujer, necesitas tener fortaleza; de lo contrario, ¿cómo podemos afrontar la vida? ¿Cómo lidiamos con las cargas del pasado? Hay muchas experiencias que las mujeres vivimos que son muy difíciles de asimilar, ya sean mentales, físicas o sexuales. Para mí, lo más útil es ver estos desafíos como lo haría una guerrera y encontrar la manera de superarlos» –Penelope Trappes
La estética del vacío
Si analizamos el envoltorio físico de estas obras, la coherencia es total. La edición limitada de A Requiem: Æternum se lanzó bajo el concepto de black label: un vinilo totalmente negro que apela al minimalismo radical. La inclusión de fotos Polaroid únicas refuerza la idea de lo efímero. La portada del álbum principal juega con la luz y la sombra de manera religiosa. La figura de la artista aparece difuminada, integrada en un paisaje que podría ser tanto un cementerio escocés como un rincón olvidado de la mente. Hay una voluntad clara de desaparecer dentro de la propia obra.
La voz como espectro
La voz en este díptico no busca la perfección técnica, sino la resonancia del espíritu. Trappes utiliza la técnica del overdubbing para construir coros etéreos que parecen provenir de una catedral vacía. En cortes como Red Dove, su voz se entrelaza con el violonchelo de tal forma que es difícil distinguir dónde termina el aliento humano y dónde empieza la vibración de la cuerda.
El análisis de la playlist nos revela una narrativa fluida. Sleep funciona como el sedante necesario para entrar en el trance, enlazándose con la fragilidad de Red Dove y la densidad de Platinum. Cada canción está conectada por silencios que actúan como puentes entre el dolor y la aceptación. La lírica, breve y fragmentada, parece dictada desde un estado de hipnosis.
Cuerdas que también lloran
Si en la electrónica hablábamos de circuitos, aquí debemos hablar de colofonia y crines de caballo. La sustancia gomosa de la colofonia se aplica sobre el arco del instrumento para que exista fricción mejore la resonancia. Gracias a ello, el cambio de paradigma sónico es radical. Además, el violonchelo es procesado a través de una cadena de efectos que privilegian la saturación armónica y el lo-fi. El bajo no son líneas convencionales; son drones que se expanden como manchas de aceite. A esto se le suman las field recordings capturadas en las Tierras Altas: el crujido de la turba y el siseo del viento escocés contra los micrófonos de cinta y una sensación de espacio físico que solo se consigue cuando grabas fuera de la cabina aséptica de un estudio urbano.
«Siento que nuestra sociedad y el mundo tal como lo conocemos se desmoronan a nuestro alrededor, y buscamos formas de ser más holísticas. Hay un movimiento global donde mucha gente mira al pasado y se sumerge en culturas antiguas debido al estado del mundo en que nos encontramos. Hay mucha rabia hacia los artífices de este desastre, y esa rabia viene acompañada de mucho dolor» –Penelope Trappes
Análisis de las estaciones de «A Requiem» (El Altar)
Este álbum constituye la estructura ósea del proyecto; es el esqueleto sobre el que se sostiene toda la carga narrativa del duelo. Mientras que otros trabajos de Penelope Trappes se sentían como nubes de gas en expansión, aquí las composiciones poseen una gravedad específica, un principio y un fin más definido que actúan bajo el estricto protocolo de una ceremonia. No estamos ante una escucha pasiva, sino ante una liturgia dividida en estaciones. Cada pista funciona como un paso necesario en el proceso de despojo, donde la instrumentación orgánica dicta las normas de un altar sónico.
El protocolo del duelo
La secuencia se abre con Bandorai, una pieza que establece el tono de inmersión técnica y emocional del disco, seguida de la densidad de Platinum. En esta última, los drones se vuelven casi industriales, pero sin perder la calidez de la madera; es el momento donde el dolor se solidifica para poder ser cargado. Avanzamos hacia Second Spring, donde la métrica del silencio empieza a cobrar protagonismo, preparándonos para la llegada de Sleep. Esta nana fúnebre actúa como un sedante donde, al cantar «Duerme ahora, que el peso ya no es tuyo», la frase cae como tierra sobre un ataúd de cristal.
Sobreviene la desolación con Anchor Us To Seabed Floor, un título que evoca una necesidad física de anclaje ante la pérdida. La «Paloma roja» hace su aparición en Red Dove, simbolizando el sacrificio y la herida abierta. Aquí, la letra traducida como «Vuela bajo, que el cielo ya no te reconoce», refuerza la idea de la pérdida de identidad.
El núcleo central lo ocupa la pieza homónima A Requiem y el descenso final se articula a través de Caro y Torc, composiciones donde el violonchelo procesado llora en frecuencias graves que vibran en el plexo solar. El círculo se cierra definitivamente con Thou Art Mortal. Esta última estación es una reflexión directa sobre nuestra finitud, una nota sostenida que se desvanece lentamente, obligando al oyente a quedarse a solas con sus pensamientos en la más absoluta quietud.
Análisis de las frecuencias de «A Requiem: Æternum» (El Eco)
Si el primer disco es el ritual público, A Requiem: Æternum es lo que sucede cuando todos se han ido. Las siete composiciones inéditas de este trabajo son más crudas, menos pulidas y, por tanto, más peligrosas. Aquí no hay singles claros; hay estados de ánimo. Penelope Trappes decidió separar estas piezas porque sentía que estas grabaciones eran demasiado privadas para el altar principal. El sonido aquí se vuelve más espectral. Es un ejercicio de minimalismo extremo donde el silencio funciona como un personaje más.
La edición completa de A Requiem: Æternum se estructuró como un doble álbum para unificar todo el ciclo fúnebre. En Spotify aparece como un solo cuerpo de 17 canciones con una duración de 55 min 9 segundos. El Disco 2 de esa edición es, en realidad, el álbum A Requiem que analizamos antes, pero integrado dentro de la cronología de Æternum para cerrar el círculo narrativo.
Sombras en la penumbra
El viaje comienza con Requiem Æternum, una pieza que establece la conexión directa con el concepto de eternidad y vacío que da nombre al álbum. Le sigue Bleed, donde la instrumentación parece supurar una melancolía física, una herida que no termina de cerrar. En Litany, la repetición de las texturas evoca una oración muda, un mantra de pérdida que se expande en la oscuridad de la cabaña escocesa.
El residuo del espíritu
La narrativa sonora continúa con Highland, una evocación directa al paisaje de las Tierras Altas que dictó la temperatura de estas sesiones. El sentimiento de añoranza se agudiza en Desiderium, una composición donde el violonchelo procesado llora por aquello que ya no volverá. El tramo final se vuelve más complejo con The Mercy Of The Hagetisse, aportando un matiz casi mitológico y oscuro a la liturgia, para finalmente cerrar el círculo con Home. Esta última pista no representa un regreso alegre, sino la aceptación de que el hogar ahora es un espacio habitado por el eco y la ausencia.
Lo que viene: La reconstrucción de la existencia efímera
Como comentábamos al inicio, este proceso de duelo no termina con la sepultura de las grabaciones originales de 2025. El anuncio de Opvs Novum: A Requiem Reworked, programado para el próximo 29 de mayo de 2026 tanto en formato digital como en una cuidada edición en vinilo, abre una nueva ventana hacia la sanación. No es solo un disco de remezclas; es un ejercicio de reconstrucción colectiva donde la materia sonora se transmuta para encontrar nuevas formas de vida.
La nómina de arquitectos sonoros encargados de esta deconstrucción es la prueba definitiva de la relevancia de Trappes en la escena underground actual. El álbum se abre con la intervención de Klara Lewis sobre Bandorai, una pieza que promete texturas táctiles e industriales. Sin embargo, uno de los puntos más fascinantes es ver a Saint Etienne reinterpretando Platinum, una unión que nos muestra cómo la fragilidad original puede transformarse en algo bailable pero oscuro, inyectando un pulso melódico al vacío.
El viaje continúa con la participación de Flora Yin-Wong en Second Spring y la esperada colaboración de Gazelle Twin junto a PRIZMA9, quienes se encargan de llevar la nana fúnebre de Sleep hacia una dimensión de vanguardia académica y experimental. La densidad se mantiene con Midwife en la pieza titular, A Requiem, y la crudeza de Sarahsson en Anchor Us To Seabed Floor.
En el tramo final, el disco nos ofrece joyas como la visión del músico Smote sobre Red Dove y la aportación rítmica y ancestral de Stephen Mallinder (cofundador de Cabaret Voltaire) en Caro. Tras el paso de Dania por Torc, el cierre queda en manos de la mística Julia Holter, quien deconstruye Thou Art Mortal para ofrecernos la resurrección necesaria tras el entierro que supusieron los trabajos de 2025. Es, en definitiva, un testamento compartido donde el dolor individual se convierte en una obra de arte colectiva.
Cerrando: Lo que no se dice pero existe
A Requiem y A Requiem: Æternum no son discos fáciles, ni pretenden serlo. Son trabajos que exigen del oyente un compromiso físico y mental. Penelope Trappes ha conseguido algo muy difícil en la música contemporánea: dotar al silencio de una carga política y emocional demoledora. Al exorcizar sus traumas a través del violonchelo y la niebla escocesa, nos ha regalado un mapa para transitar nuestras propias ausencias. Cuando el último surco del vinilo negro de Æternum deja de girar, lo que queda no es vacío, sino una paz extraña. La señal se queda dentro, como un susurro que nos recuerda que acercarse al dolor es, a veces, la única forma de dejarlo atrás.

