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Nat Simons: «Lo que más me gusta del escenario es que te conecta al presente de una manera increíble» (2026)

Fotografías: May Robledo

Tras un tiempo de dudas e incertidumbres a nivel personal y creativo, Nat Simons se reencontró artísticamente y, fruto de ello y de una reforzada confianza en sí misma, encaró una época muy fructífera en el ámbito profesional, cuya consecuencia ha sido la materialización de un nuevo y brillante trabajo. Las canciones de Pregúntale a Sarah Connor son hijas de aquellos días en los que su carrera y su propia personalidad parecieron tambalearse. Nat Simons se centró en escribir las mejores canciones que era capaz de hacer, volcando en ellas todos los estados de ánimo por los que pasó, con una mirada sincera a su interior, pero también al exterior y al mundo que nos rodea.

Bajo un halo de nostalgia del que la propia Nat no consigue desprenderse definitivamente, en este nuevo álbum hay amor, desamor, crítica social, problemas de salud mental, preocupación… pero también hay una rendija abierta a la esperanza, a intentar disfrutar del presente sin pensar en un futuro que no pinta nada optimista. En las canciones de Pregúntale a Sarah Connor se mantiene la esencia roquera de su creadora y ese poso americano que tan bien ha sabido interpretar a lo largo de su carrera, pero hay mucho más porque por fin ha podido liberarse de prejuicios y sentirse completamente libre a nivel estilístico.

Quedamos con Nat Simons en un céntrico local de Madrid y mantenemos con ella una conversación cimentada en este nuevo disco y sus canciones, que nos sirven como excusa para hablar de todos esos estados de ánimo por los que ha pasado ella, de su crisis creativa, su superada ansiedad, el éxito de sus últimos años, etc. Y hablamos de su generación (la nuestra) y de cómo encaramos este presente tan decepcionante y aquellos sueños truncados de tanta gente por culpa de las promesas incumplidas.

Vienes de unos años especialmente intensos en cuanto a discos, conciertos y demás proyectos musicales. Desde que publicaste Felina en 2021, todo ha ido en aumento y has estado plenamente activa durante estos años. Me gustaría hablar un poco de estos años antes de meternos de lleno en tu nuevo disco.

Ha sido una época bastante peculiar porque desde que saqué Felina no sabía todo lo que iba a pasar. Ha sido bastante improvisado, pero a la vez, una cosa llevó a la otra. Felina se sacó en 2021, todavía estábamos en pandemia, yo estaba trabajando con una agencia de management y, de repente, eso se fue a la mierda. Fue como mucho cambio y ese disco, de alguna manera, no salió como tenía que salir. No había gira, no hubo casi promo… O sea, fue como un mal parto [risas]. Pero fue muy guay porque, a raíz de ese batacazo, replanteé todo el proyecto, me independicé totalmente y fue cuando hice lo del crowdfunding

Fue una cosa que se fue forjando al ir hablando con gente, incluso con un amigo lo comentaba: «Estoy pensando que molaría un proyecto en el que hable con artistas femeninas y me cuenten un poco su situación, lo que han vivido…» Fue un poco a nivel casi de terapia y luego también pensé que a la gente le podría interesar, porque tampoco hay mucho testimonio de artista roquera femenina. Además, yo pensaba en que hubiera artistas de todos los estilos y de todas las generaciones, que dieran un punto de vista bastante amplio.

Así empezó la cosa. Además, como me había quedado con la espinita de que Felina no salió bien del todo, dije, «¿y por qué no cojo esas canciones, las regrabo a mi manera, con los productores que quiero, tipo Víctor Cabezuelo o Íñigo Bregel de Los Estanques…?» Además, ya tenía voces en la cabeza cuando escuchaba las canciones y me fui imaginando el disco que me gustaría, como un capricho de fan de la música. Yo escuchaba, por ejemplo, “No me importa nada” de Luz Casal, y me la imaginaba en la cabeza con la voz de Anni. O sea, como que hice un poco de directora artística de este disco y fue muy divertido.

Aparte, fue un reto porque no sabía de dónde sacar el dinero, ya que en ese momento no tenía discográfica, ni management, ni nadie detrás. Y fue muy bonito porque realmente superé el miedo de sacar un crowdfunding, que ya hay bastante estigma en eso por venir de donde venía yo, con un disco como Lights y su gira. No sé si fue Virgina Maestro, o alguien que había hecho un crowdfunding, que me dijo: «Tía, de verdad, hazlo porque te vas a dar cuenta que no es simplemente una cosa para sacar dinero, es algo muchísimo más bonito, es un contacto directo con el fan».

Es verdad que yo flipé. Es que, al haber tenido un sello y una agencia, no tenía ese contacto directo. Tampoco había hecho salas antes, había ido directamente a hacer la casa por el tejado, que es ir a festivales, a telonear a Loquillo… Entonces, me faltaba ese contacto con la gente. Y fue brutal, tío. Yo creo que esto me ha cambiado el concepto de carrera, empecé a coger la acústica e ir a salas pequeñas… y desde entonces, ha sido como un crecimiento, pero de manera orgánica, muy bonita.

O sea que ha sido casi como volver a empezar, ¿no?

Volver a empezar, pero bien hecho. ¿Sabes lo que te digo? O sea, desde los cimientos, desde lo que tendría que haber sido. La respuesta de la gente fue muy bestia, yo no me esperaba para nada que se fuera a superar lo que pedimos. Y luego, la respuesta de los artistas también fue increíble. Era llamar a cualquiera y todo el mundo me decía que sí. Fue muy bonito.

«Con este disco he vuelto un poco a mi esencia»

Dices que con Felina no terminaste del todo satisfecha, ¿te refieres a lo que rodeaba al disco o con el disco en sí?

Es verdad que cuando me reuní con Edu [Baos, productor del disco], en un principio lo teníamos bastante claro. Sé que él venía de otro mundo totalmente diferente y al final salió una cosa bastante interesante. Había muchas cosas de incompatibilidad artística, ya que a lo mejor yo venía del rollo más por Ryan Adams y él decía «a mí Ryan Adams no me gusta». Ahí yo pensaba… «joder, qué difícil». Pero luego al final, en el estudio, como los dos somos muy locos creativos y muy de jugar, sí que terminamos cediendo ambos. Yo dije, «te dejo meter el Ableton y tú me dejas meter riffs de guitarra» [risas]. Es que él quería que fuera más pop y yo quería que fuera mucho más rock.

Al final quedó una cosa intermedia que me gusta como quedó, con ese concepto como de glam que le di. Pero es un glam electrónico, sintético, que también tiene su cosa. Es que en esa época yo me fijaba mucho en St. Vincent o en Nine Inch Nails, y decía, «quiero darle ese concepto». Lo que pasa es que, claro, yo venía de Lights y dije: «Verás tú la gente… porque esto es un cambio muy grande».

Justo te iba decir eso, que venías de unos discos más americanos y de repente llegas a algo muy distinto.

Claro, es que eran discos muy americanos. Entonces, yo tenía que ver cómo iba contando todo, porque hay una historia conceptual detrás, del personaje y tal. Dudaba cómo lo iba a entender la gente. En un primer momento, con los primeros singles, hubo mucha gente que torció el morro, pero también es verdad que eso a la larga ha sido bueno, porque la gente se ha acostumbrado a que no soy americana. Entonces, ya pueden esperar cualquier cosa. Pero bueno, ahora he vuelto un poco a mi esencia. Creo que me ha venido muy bien salir de mi zona de confort. Al final, fíjate todo lo que he recorrido con Felina, Felinas, etc. Ha sido un poco como esa trilogía que hizo Bowie… salvando las distancias, claro, pero es que yo me fijo mucho en él.

Además, de esa gira publicaste dos discos en directo. No es algo muy común sacar dos directos de una misma gira, pero supongo que, al margen de las colaboraciones y repertorio, supuso una manera de retratar la evolución que ha habido en dicha gira. Casi como un antes y un después.

Lo que pasó, que es normal, es que todas estas artistas con las que grabé el disco no podían venir a un único concierto. En el primero sí que reuní a bastante gente y es un milagro haberlo conseguido y poder hacer lo que hice sin acabar loca [risas]. Pero salió increíblemente bien. De hecho, lo recuerdo como una de las mejores noches de mi vida, de estar abrumada porque viniera toda esta gente con las agendas que tienen. Y luego el público estaba con unas ganas… como si fuera a ver a los Rolling… Fue brutal.

Creo que eso dio pie a que siguiéramos con la gira, que al final pensara hacer el cierre otra vez en La Sala y así ya llamaba a gente que no había podido venir a la primera, como Nina, por ejemplo. Así también podía hacer un directo más completo. Es que el repertorio era larguísimo, estaba Felinas y lo que he hecho de mis discos anteriores, pero con una revisión porque los temas no son iguales, le di un toque mucho más roquero.

Se entiende perfectamente por eso, porque al final es como el resumen de una etapa que ha sido muy importante.

Es que al final, Felinas fue para mí como abandonar ese personaje… Le doy el protagonismo a otras voces, que creo que también es necesario para comunicar el mensaje de lo que era el libro que al final va a salir este año. Se ha retrasado mucho, para bien, porque lo ha cogido la editorial Liburuak y lo va a sacar en tiendas y tal. Pero claro, piensa que para reflejar ese concepto hay que llevarlo al directo y era complicado que se entendiera globalmente. Pero creo que se ha entendido de maravilla y la gente ha respondido muy bien.

¿Y sabes de lo que también me he dado cuenta?, y es algo que me ha gustado mucho: que yo, no sé si por el rollo que hacía antes, tenía mucho público masculino, y con esto como que las tías se han sentido identificadas y de repente empecé a ver en mis conciertos un montón de mujeres. A mí eso me ha llenado. Es verdad que ahora es un idioma nuevo y es más accesible. Además, el mensaje que es empoderar y decir «aquí estamos las mujeres», creo que ha calado.

Al final, eso también es influyente para las chicas que vengan detrás.

Claro. Yo me acuerdo cuando conocí a Repion, que estaban sacando el primer tema, lo escuché e inmediatamente pensé, «estas tías lo van a petar». Ahí fue cuando las llamé para que participaran en mi proyecto y mira, el tipo me ha dado la razón [risas]. Con esto te quiero decir que yo no solo apostaba por gente como Cherie Currie o Aurora Beltrán, que ya están consolidadas y, de alguna manera, han sido referentes para otras, sino que también tuve en cuenta a tías que vienen ahora con una potencia increíble.

«Yo quiero ser escritora de canciones, no quiero que me cataloguen como la que hace un género concreto»

Hablabas de Aurora Beltrán y, antes de adentrarnos en Pregúntale a Sarah Connor, quería preguntarte por la gira que estás llevando a cabo junto a ella. Cuéntame cómo surgió.

Fue interesante porque surgió de lo de Felinas. Vimos que Tahúres Zurdos había desaparecido y que ella iba a girar sola con su guitarra, así que le dijimos, «¿y si te ponemos una banda y giramos juntas?» Ahí vi la oportunidad de girar juntas, con una banda como la mía que, además, casi todas somos tías.

¿Y qué te está aportando a ti a nivel artístico y personal el hecho de girar con Aurora?

Me parece superinteresante. Yo siempre aprendo un montón de todos los artistas con los que colaboro. Ella tiene unas canciones que me parecen preciosas, en cuanto a letras, melodías… y son muy inspiradoras a la hora de componer y escribir en castellano, que es lo que intento mejorar siempre. Pero es que además tiene un discurso y habla de una manera que a mí me parece brutal, como muy auténtica, muy honesta, sin pelos en la lengua… Eso a mí me inspira también mucho.

¿Pregúntale a Sarah Connor, el disco que te trae aquí ahora, surge en un momento específico de tu vida o las has ido componiendo poco a poco en estos últimos meses o años?

Pues ha sido en un momento determinado de mi vida y esa época para mí fue determinante. Lo que te decía antes, que se acabó todo lo de la agencia y tal y tenía que renovarme. Como estuve muy presente en redes sociales, cuando acabó todo eso caí como en un estado de ansiedad brutal, de decir «Dios mío, ahora tengo que enfrentar todo esto sola». A mí lo de estar muy presente en redes me agobia mucho y por eso caí como en una especie de medio depresión nerviosa rara. Pero bueno, al final todo salió bien.

El caso es que paso una época un poco chunga y, cuando ya por fin consigo quitarme eso, de repente empieza una época súper fructífera a nivel de letras, de contar todo lo que había vivido. También es un momento de reflexión porque te acercas a los 40 años y yo creo que todos hacemos como un parón de decir, «espérate, a ver, ¿Dónde está mi vida? ¿Qué es lo que he conseguido? ¿Qué es lo que creía que iba a conseguir y no he conseguido?». En esa época empiezo a escribir todas estas canciones. Estamos hablando de 2023, por ahí, o sea justo antes de sacar Felinas. Estas canciones vienen de ahí.

Antes de eso tuve una especie de bloqueo creativo porque, como yo siempre he intentado huir un poco del género y es una cosa que me persigue, cada vez que hacía una canción que sonaba un poco americana yo la rechazaba. Pero de repente, mi pareja me dijo: «Tía, por favor, quítate eso porque yo creo que es lo que te está bloqueando a nivel creativo». Y entonces fue cuando de repente dije, «tienes razón, que me salga lo que me tenga que salir, me da igual, me voy a quitar prejuicios». Es verdad que al final, cuando tú te metes prejuicios a ti mismo la creatividad no fluye, o sea, te bloquea. Y de repente salió “Alain Delon” y dije, «esto es totalmente americano, pero me da igual, creo que mola».

Ahí tiré para adelante, abrí la veda y empezaron a salir un montón de cosas. Así que, ya te digo, el disco es de un momento concreto. Sí que recuerdo que tenía por ahí una estrofa de “Haces que mi mundo sea mejor” que me gustaba mucho, pero no me salía ningún estribillo. La tenía de hace más años, como del 18-19, así que la retomé. Pero sí, en general el disco es de esos años.

Y volviste a abrazar el género americano…

Sí, un poco. Aunque este no es un disco americano en sí, pero tiene esa esencia.

¿Con este disco te sientes 100% cómoda y a gusto con el lenguaje? ¿Te representa por completo a nivel musical?

Sí, sí. Me representa y por eso también aposté muy fuerte. Yo no puedo huir de mi esencia y, ¿sabes qué pasa? que yo quiero ser escritora de canciones, no quiero que me cataloguen como la que hace country o cualquier otra cosa. Yo quiero ser escritora y escribir todo tipo de canciones, como si un día hago un bolero.

No tengo ningún tipo de prejuicio porque me gusta mucho la música en general, pero sí que es verdad que tengo una esencia muy americana y no sé por qué… Bueno, sí sé por qué [risas], porque en mi casa suena mucha música americana, por mi padre, y luego mi tío, que es de Los Imposibles, escucha mucha música británica, como los Kinks o los Beatles. Entonces, tengo mucho mundo anglosajón, aunque mi madre me ponía música francesa, italiana… y española sonaba también. Pero es verdad que, principalmente, en mi casa suena mucha música de fuera.

Esto es lo que hago, lo que sé hacer. Entonces, una vez que he hecho las paces conmigo misma a nivel artístico, yo pienso que lo único en lo que puedo mejorar es en escribir, porque es verdad que cuando pasé del inglés al castellano fue complicado. Ese paso es difícil, por eso tardé años.

¿Por qué te resultó tan complicado? ¿Fue por ti misma o por el recibimiento que podría tener la gente?

Por mí misma y también por la gente, porque creo que aquí no te aceptan cualquier «te quiero, nena», ¿sabes lo que te quiero decir? Aquí la gente ve un poquito más y sobre todo gente que escucha música como la mía. Y luego aparte, en inglés es mucho más fácil escribir por cuestiones técnicas. Entonces, sí que en eso intento mejorar cada día, me fijo mucho en autores como José Ignacio Lapido, Quique González, Miren de Tulsa y un montón más. Tengo muchos referentes a nivel de escritura. Por eso te decía que lo único que puedo mejorar es en escribir canciones y que me salga lo que me tenga que salir a nivel estético o de género. Si me ha salido una canción más soul, pues adelante, pero voy a quitarme ese prejuicio.

Con este disco estoy súper contenta porque al final siento que soy yo, que las letras son totalmente personales, que no me ha dado ningún miedo contarlo y que lo he contado de la manera que he querido. Y encima, los músicos que lo han arropado lo han hecho increíble. Que gente que no habla tu idioma le dé esa sensibilidad a las canciones, yo lo valoro mogollón.

«Tengo que aprender a valorar el momento que vivo»

El álbum lo has grabado en Nashville. Supongo que ir allí para ti habrá sido casi como ir a Disneyland, en el buen sentido. No lo digo por el parque temático, que también lo es, sino más bien por el hecho de cumplir un sueño, de la ilusión por ir a un lugar mítico…

A ver, es verdad que yo soy más mitómana de Nueva York porque soy muy del Greenwich Village, de Dylan, etc. Nashville también me mola por el rollo de que ahí está la industria de la música americana. Aparte, sé que había una escena muy bonita y a mí me interesa más eso, la escena underground donde se han formado Margo Price, Nikki Lane y toda esta gente que ahora ha crecido mucho. Además, iba a ir con Alex Muñoz [productor del disco], que lleva viviendo ahí 15 años, y me iba a enseñar todo eso, no desde el punto de vista de un turista sino de una persona que llega ahí a tocar.

Entonces, ha sido muy guay en ese sentido de ir con una persona que lo conoce tan bien, que conoce a los músicos de ahí… que de repente aparecía en el estudio el de los Black Crowes y era como «¡guau!». Es brutal esto que te voy a contar. Yo aquí no estaba, pero Joe Pisapia, que es el técnico, el que grabó los bajos, puso uno de los temas y el de los Black Crowes dijo: «Esto es verdadero rock and roll». Me lo contaron y yo flipando. Así que dije «ya está, aquí ya nadie me puede decir que esto no es rock» [risas]. Son ese tipo de anécdotas que te pasan ahí y que es bonito que te pasen.

A ver, Nashville mola mucho. Es verdad que la calle principal es lo que es, pero mola igualmente. Me acuerdo cuando llegué ahí y vi tanta música a la vez, tanto luminoso y tal, que me dio síndrome de Stendhal. De esto que te paras y crees que vas a llorar. Pero, ¿sabes por qué sobre todo? Porque pensé, «por aquí han pasado todos mis ídolos». Eso me sobrecogió. La experiencia fue brutal y encima toqué en el Dee’s Lounge y, de alguna manera, fue como mi primer concierto internacional.

Pregúntale a Sarah Connor se abre con “Delorean”, una canción repleta de referencias a nuestra infancia, que apela muchísimo a la nostalgia. ¿Te consideras una persona especialmente nostálgica? ¿Siempre lo has sido o cuanto más creces, más nostálgica eres?

Yo creo que siempre lo he sido un poco y, sobre todo, no sé por qué, me pasa con épocas determinadas. Claro, ahora me has hecho pensar con tu pregunta y creo que cuanto más crezco, me siento más nostálgica de épocas que a lo mejor antes no lo era. El 2010, por ejemplo, ahora digo «¿quién volviera?» [risas] y a lo mejor en el 18 eso ni se me ocurría.

Pero sí que es verdad que yo soy muy nostálgica y creo que no es bueno serlo tanto. Para algunas cosas vale, como inspirarse en el tiempo pasado, pero eso de que el tiempo pasado fue mejor… pues depende para quién. A lo mejor para mí, que en esa época era una niña, molan mucho los 90 y te da la sensación de que todo era muy bonito y muy mágico, pero a lo mejor para una persona que ya ahí tenía veintitantos sería una mierda. Es un poco engañoso.

Sí que me considero una persona nostálgica y ojalá lo supere un día porque me gusta vivir el momento y valorarlo. Como la película de Woody Allen Midnight in Paris, que cuando la vi dije: «Es que soy yo». Tengo que aprender a valorar el momento que vivo porque seguro que mola un montón y dentro de diez años voy a decir, «joder, qué bonito el 2026» [risas].

Es que eso creo que nos pasa un poco a todos…

Y a los de nuestra generación, más.

Claro, es que ha cambiado el mundo tanto y tan rápido…

Lo nuestro tiene que ver con lo analógico. Es que hemos vivido las dos épocas.

Me viene a la cabeza ahora que cuando estuve entrevistando la última vez a Quique González justo hablamos de eso. Tiene una canción en su último disco que se llama “Coleccionistas” y al final creo que ese coleccionismo lo vemos casi como un ejercicio de nostalgia también, porque se coleccionan cosas que se pueden tocar, por eso tiene sentido eso que dices de lo analógico.

Yo creo que el ser humano es fetichista por naturaleza, le gusta tocar. Entonces, cuando perdamos todo lo que se puede tocar, ¿qué va a ser de esto? Vamos a ser máquinas. Yo creo que también viene de ahí el título de Pregúntale a Sarah Connor. En una época en la que de repente estamos viendo que se está haciendo realidad un futuro distópico que nos daba miedo en los 80 y que pensábamos que ni de coña íbamos a llegar ahí, la humanidad sí que está yendo en esa dirección. Entonces llego yo con un disco totalmente despojado de artificio porque está todo tocado. Me hacía mucha gracia esa ironía de decir «Pregúntale a Sarah Connor», porque todo el mundo dice «pregúntale a la IA o a ChatGPT» y creo que Sarah Connor puede contestarte mejor.

«Siempre he tenido prejuicios con los artistas que llenan estadios y ahora estoy descubriendo un mundo»

Decías antes que “Alain Delon” fue la primera canción que compusiste de este disco. Habla de una figura masculina tóxica, pero tiras de ironía para hacerlo.

Es duro el mensaje, sí, pero lo digo con un poco de humor para suavizar porque es fuerte.

Supongo que este tipo de perfiles en la industria y, más concretamente, en el rock son bastante habituales.

Yo no sé si eso pasa en todos los países, imagino que un poquito, pero no sé si tanto. En general, es verdad que el rock o lo que engloba es un mundo muy masculino, sobre todo eso se nota cuanto más clásico o de género es, en plan hard rock y demás. No me quiero meter con eso porque a mí me gusta, pero sí que es verdad que son bastante cerrados. Por eso te digo que es muy curioso, ligado con lo que te he contado antes de cuando vino el de los Black Crowes y dijo «esto es verdadero rock and roll», porque a mí muchos tíos aquí me han dicho «esto no es rock and roll». Entonces, me hace mucha gracia.

Pero bueno, sí, es un mundo bastante masculino en el que es muy complicado abrirse camino en general, pero sí que es verdad que nosotras parece que tenemos que demostrar mucho más. No sé por qué, pero es ver a una tía con una guitarra y «a ver qué va a hacer esta». Esto pasa porque tienen unos prejuicios que me parecen bastante llamativos en 2026.

Ahora que dices eso y, como has nombrado a Repion, cuando estuve hablando con ellas antes de que publicaran su último trabajo salió también el tema. Ellas decían que ahora sí las respetan, pero que antes de tener cierto éxito era casi como «déjame que tú no sabes enchufar eso».

A todas las mujeres nos ha pasado eso. Yo haciendo las entrevistas para el libro flipé porque creía que me pasaba a mí y a alguna más, pero no. He escuchado tantas anécdotas que incluso han superado cosas que me han pasado a mí. Y cuanto más en el pasado, peor… imagínate cómo era eso en los 80.

En este disco hay muchas referencias musicales que van más allá del rock. Hay una mirada siempre a los clásicos, eso sí, y quería preguntarte qué artistas clásicos has descubierto (o redescubierto) más recientemente y que han supuesto para ti una revelación.

Pues fíjate… Siempre he tenido un poco de prejuicio con Springsteen… y de repente, me ha empezado a molar y me ha dado fuerte. Creo que también me pasa mucho con artistas como muy mastodónticos. Yo soy muy de artistas que no llenan estadios. O sea, Dylan obviamente es grande, pero no te llena un estadio. Creo que siempre he tenido un poco ese prejuicio porque también me ha pasado con los Red Hot Chili Peppers, por ejemplo.

Al final son prejuicios, porque luego empiezo a leer sobre Bruce Springsteen y veo que tiene una carrera muy interesante, y de repente descubro un disco como The River o como Nebraska y me doy cuenta de que tiene un poco de la Motown. Ahí se me abre un mundo, pero yo en un principio tenía ese prejuicio también por el rollo “testosterónico”, las portadas, etc. Mira que tenía alrededor gente que era súper fanática, pero me echaba para atrás.

También yo era muy fan en la infancia de Bryan Adams, que le llaman el “boss canadiense” y me hace mucha gracia. Y entonces, me decían, «pero tía, si te gusta Bryan Adams, te tiene que gustar Springsteen». Creo que por eso en este disco hay mucho más de ese rollo. Si lo piensas, es muy fuerte descubrir a Bruce Springsteen ahora. ¿no?

A mí me parece increíble. Pero no por el hecho de que lo hayas descubierto ahora, sino porque pienso que me encantaría descubrir ahora ciertos artistas que me encantan, por ver qué siento sin haber crecido con ellos.

Entiendo lo que dices, sí. Me ha pasado con alguno más. Fíjate, a mí de pequeña me gustaban mucho los temas de Sheryl Crow que salían en la MTV. “All I Wanna Do” me flipaba, y conocía esa, la de “If It Makes You Happy” y poco más. Pero hubo una época de mi vida que tenía un poco de prejuicio porque para mí era como muy comercial. Entonces, Igor Paskual me dijo: «Tía, de verdad, escúchate bien a Sheryl Crow». Al final yo sí que he pecado mucho de ser un poco indie, de que me gustaban grupos que no conoce ni su padre [risas]. Es curioso porque he descubierto grupos que creo que todo el mundo conoce y por fin eso me ha abierto un mundo.

Me acuerdo de que cuando Rufus T. Firefly publicaron El largo mañana, Víctor contaba que el disco venía de haber descubierto a Marvin Gaye, por ejemplo.

¿Ves? Igual conocía alguna canción, pero no se había metido en su mundo. Eso mola. Hay tanta música que es normal que tengas que ser un poco selectivo. Yo tuve una época, cuando empezaba con el folk, que me gustaba mucho el rollo de Cat Power, de Feist, First Aid Kit… Era esa época del neofolk y me metí a saco escuchando también mucha música folk de los 60, pero todo muy underground o indie, y los peces gordos no los escuchaba por prejuicio. Ahora sí que me estoy abriendo un poco a todo eso.

«Muchas veces no nos paramos a reflexionar sobre lo que estamos viviendo y las canciones ayudan a hacerlo»

La siguiente canción es “Llamas de dragón”. En la letra hay una crítica muy clara a los tiempos que nos han tocado vivir. Hablas de un «mundo enfermo» y te preguntas «cuántas bofetadas habrá que aguantar para despertar». La idea de “idiocracia” sobrevuela por la canción y me parece algo muy interesante.

Es un estilo muy Dylan si te fijas, pero a la española… [risas]. Lo de la “idiocracia” se me quedó grabado porque hay una película que se llama Idiocracia. La peli no es nada buena, pero el principio me flipa porque dibuja como un futuro distópico en el que se han mezclado tontos con tontos y los listos no han podido tener hijos porque estaban muy entretenidos con sus trabajos. Entonces, los tontos se reproducían muy rápido, todo el mundo era súper estúpido, las máquinas te hacían todo… y era como una idiocracia total y distópica.

Se me quedó muy grabado lo de la “idiocracia” y ahora lo utilizo mucho. De ahí saqué el concepto, que yo creo que es bastante potente a nivel social. A mí me da mucha rabia porque lo pienso desde hace muchos años, que la gente no reacciona. Al final, esta es una canción que habla un poco de eso, de hacia dónde vamos y de que mi generación no despierta.

Los que hacéis canciones (o cine en este caso) yo creo que tenéis un arma para intentar, de alguna manera, cambiar un poco el mundo, aunque suene algo pretencioso.

Es verdad que suena muy pretencioso. Nunca se piensa en cambiar el mundo, pero sí que creo que con hacer pensar ya es suficiente porque normalmente estamos metidos en una vorágine y muchas veces no nos paramos a reflexionar sobre lo que estamos viviendo. Yo creo que de eso van un poco las canciones.

Y parece que eso cada vez lo hacemos menos, como que no tenemos tiempo de pararnos a reflexionar.

Es que encima nos tienen totalmente entretenidos todo el rato. Ahora de repente se pone de moda lo de los therians y surgen un montón de cortinas de humo porque esto le está interesando a alguien que no quiere que veas otra cosa.

El otro día hablaba de esto con Marcos Cao, de La Sonrisa de Julia. Él, aparte de músico, es profesor de filosofía y comentábamos que nosotros, como venimos de una generación que no ha nacido con las redes sociales, todavía podemos en algún momento escapar de esto porque conocemos otra realidad, pero para las nuevas generaciones es imposible.

Por eso la generación nuestra es tan especial, porque ha vivido una época que era totalmente analógica y te relacionas diferente, también tienes más paciencia para las cosas… A mí me preocupa que las generaciones de ahora se han criado ya con eso, pero es que va a más y pienso en cómo se van a relacionar mis sobrinos que son niños pequeños ahora.

La siguiente canción también va un poco por esa línea de protesta. “Especie en extinción” habla nuevamente del triunfo del sistema, que ha dejado sin futuro a muchísima gente. Habla un poco de esa generación perdida.

El otro día leí que la llaman la “generación bisagra” por eso precisamente, porque es bisagra entre dos mundos: los que han vivido todo analógico y los que han nacido ya con todo este mundo digital. El problema es que estábamos todavía en proceso de aprendizaje cuando nos cambiaron el mundo. No es lo mismo que nuestros padres o nuestros abuelos, que ya están formados cuando cambia todo, que nosotros que estábamos todavía formándonos. Por eso somos como una generación bisagra.

En la canción hablas de esa sensación de ver que no se cumplen tus expectativas y que aquello que soñábamos no vamos a poder verlo materializado.

Es que es muy duro porque la generación que viene ahora ya tiene asumida un poco esa derrota. Yo, por ejemplo, salí de la universidad justo cuando empezó la crisis de 2008, entonces fue como un hostiazo de realidad. En esta canción, aunque sea una cosa muy personal, estoy hablando también de la realidad que veo de mis amigos y de gente de mi alrededor, que al final es lo que me preocupa a mí también. Es que ha sido una hostia detrás de otra y, de alguna manera, como que nos hemos quedado ahí atascados. Yo creo que por eso también dicen que no envejecemos [risas], porque al final nos hemos quedado como en un limbo.

También hablo en “Especie en extinción” de gente que me da la sensación que ha buscado su camino fuera del sistema. Nos hemos acostumbrado también a saber salir de tu zona de confort y decir «si no puedo hacer mi carrera de lo que he estudiado, me meto a trabajar en esto y emprendo». Eso lo veo constantemente en un montón de gente, que tiene una carrera y al final ha desempeñado otro curro. De ahí viene un poco lo de “especie en extinción”. Creo que eso engloba cómo somos todos, en general.

«En esta profesión debes tener la mente y los pies en la tierra porque si no te derrumbas»

En “Nieve en el desierto” escribes de una manera menos gráfica y más evocadora. ¿Te sientes igual de cómoda con ambas formas de escribir o crees que para cada cosa que cuentas hay una manera de hacerlo?

Pues a mí me gustan las dos maneras de escribir. Intento tener un equilibrio en el disco. Por ejemplo, “Nieve en el desierto” yo la veía muy psicodélica, así que quería que la letra fuera también psicodélica, surrealista, que no te diga las cosas tan directas. Yo creo que la canción es la que me lleva un poco a la letra. A partir de la melodía pienso cómo quiero contar la historia. También muchas veces parto de una idea de lo que quiero contar y no lo quiero hacer de una manera tan directa porque creo que no encaja.

“Nieve en el desierto” es desencanto. Habla de cómo se va una persona, de esa sensación que te deja, también de la ciudad que no ha cumplido tus expectativas… Es desencanto, pero también a mí me gusta hablar de cosas que a lo mejor no son muy optimistas dejando ahí un poco luz. No me gusta ser excesivamente pesimista.

“Efímero” la escribiste con José Ignacio Lapido. Cuéntame cómo fue ese proceso y qué ha supuesto para ti.

Yo tenía ya todo el disco y recuerdo que pensé que esta canción era la única a cuya letra le faltaba algo. Ya había tenido un primer contacto con él de trabajar juntos y fue cuando me cedió la de “Tan extraño para mí”. Yo no me creía que me dijera «tengo un tema, te lo cedo». Había hablado con él de escribir algo juntos, pero directamente fue como «toma este tema».

Entonces, ahí de repente le dije: «Oye, José Ignacio, tengo un tema que no me acaba de convencer la letra. Te lo voy a pasar a ver qué te sugiere». Así que se lo pasé y, de repente, me mandó su versión. Fue muy bonito cómo cogió mi letra y la fusionó con cosas suyas. Yo flipaba. Él la cogió y puso su toque a ciertas frases que a lo mejor no funcionaban. Es brutal. Encima es una canción que a mí me gusta mucho a nivel melódico, de acordes y tal, y quería que tuviera una letra a la altura. Además, piensa que él está interpretando una cosa bastante personal mía y, como tiene esa sensibilidad y también yo me siento muy identificada con cómo escribe, me encaja todo. Ha dado en el clavo.

Entiendo que eso también hace que tú te sientas identificada con la canción que él te cede a ti, la de “Tan extraño para mí”.

Efectivamente. Bueno, yo es que flipé cuando recibí esa canción porque él no había escuchado absolutamente nada del disco y da la casualidad que ya había una canción muy parecida. Era como si conociera el disco. Por eso, cuando recibí la canción vi que era acorde con el disco totalmente, por lo que hablo, por el rollo arpegiado que era muy parecido a otro tema que tenía muy Replacements. ¡Así que quité el mío y metí el suyo! [risas].

En la presentación que has hecho de las canciones en la nota de prensa, cuando toca hablar de “Haces que mi mundo sea mejor” dices que te das cuenta de que eres nostálgica, pero es necesario vivir el presente plenamente. Con todo lo que has contado antes acerca de tu carrera, supongo que dedicándote a esto no queda otra que vivir el presente porque igual hoy tienes éxito y mañana no.

Sí, tienes que ser muy consciente de ello y estar muy fuerte a nivel psicológico. En esta profesión debes tener la mente y los pies en la tierra porque hay mucha incertidumbre todo el rato y si no te derrumbas. Pero hay una cosa muy bonita de la música, que a mí es lo que más me gusta, y es que el escenario te conecta al presente de una manera increíble. O sea, yo en el escenario no estoy pensando en lo que voy a hacer mañana ni en lo que hice ayer, y eso a mí me parece brutal. Es vivir el presente real, dejando todos los problemas fuera. Yo entro como en una especie de trance y eso me encanta.

También hay otra cosa en la música, que es lo malo, y es que la industria te obliga a pensar siempre qué vas a hacer ya el año que viene porque no puedes desaparecer. Eso a mí me mata creativamente.

“Quién lo impide” es un tema positivo, que invita a tirar hacia delante. Supongo que el hecho de hacer canciones es una manera de sanar heridas y arreglar cuentas con una misma.

Totalmente. Esta canción la escribí por mí y por gente que me rodeaba que era excesivamente pesimista y a la que quiero mucho. Fue una especia de terapia psicológica, de tratar de relativizar las cosas aunque estemos en un presente muy jodido, de salir a celebrar que estamos vivos. De alguna manera, intento quitar algo de hierro al asunto, porque en general el disco es bastante duro.

Y la canción termina con unos aplausos que refuerzan mucho esa idea.

Son los aplausos de todos los músicos que estaban en el estudio. Es muy Sheryl Crow por los arreglos que tiene la canción. De hecho, el batería que la ha grabado es el batería de Sheryl Crow, así que ha quedado muy “All I Wanna Do”. El videoclip de esa canción creo que es el que más me acuerdo de pequeña.

«La ansiedad me cambió mucho la percepción y me costaba conectar con el acto de crear»

“Los ojos del peligro” es una de esas canciones que casi sirven como terapia. Hablas de ansiedad y la personificas, algo que vuelve mucho más real todo lo que cuentas.

Eso es. Ahí hablo de la ansiedad y la personifico porque en mi cabeza yo me lo imaginaba así. Una de las cosas que me repetía en la cabeza para poder quitarme la ansiedad de encima era «vete de aquí». Yo leí mucho sobre la ansiedad y el hecho de que esto no eres tú, es algo que te está perturbando los pensamientos y te lo tienes que quitar de encima. Entonces, hay que relajarse y meditar. Sí que a veces pensaba que eso no me podía condicionar porque realmente es todo irreal y no hay nada a lo que tenga que temer realmente. Lo comparaban mucho con lo de la cueva, lo del hombre primitivo que persigue un peligro que es mentira, y por eso digo lo de «cazador invisible».

¿La canción la escribiste cuando estabas así o cuando ya lo habías superado y querías hablar de ello?

Qué buena pregunta… Yo creo que al final acabé la canción cuando la cosa había pasado, pero sí que yo tenía como frases en la cabeza que luego ya desarrollé en la canción. Fue una época en la que yo estaba viviendo una realidad paralela. Me levantaba por la mañana y, de la ansiedad que tenía, mi casa no era mi casa, era otra cosa. Vivía como una especie de infierno. Creo que nunca había tenido una depresión, siempre había tenido lo típico de tristeza o melancolía, pero no ese rollo de levantarme por la mañana y decir «no quiero que sea otro día» o «no quiero que anochezca, no quiero dormir». Es que tenía miedo a dormir… imagínate cómo estaba. Yo creo que eso me cambió mucho la percepción y me costaba conectar con el acto de crear, hasta que ya pasé ese trance, con mucha psicología y pensar…

¿Lo hiciste sola, sin terapia ni nada?

Sí. Y te voy a decir por qué, vas a flipar [risas]. Yo tenía el sueño totalmente cambiado e igual dormía tres horas, luego dormía por la mañana… entonces, fui a una clínica en la que tratan eso. Me hicieron unas pruebas por la noche y al día siguiente ya me dicen «bueno, te vamos a decir que deberías venir al psicólogo durante tanto tiempo y cuesta este dinero». Yo, cuando me dijeron el dinero que costaba, dije «me lo arreglo yo sola».

Y lo conseguiste.

Así es. Pero también es verdad que me quedé con muchas cosas que me dijo al principio el doctor que me atendió, que me dio una serie patrones. Entonces, intenté aplicarlo yo sola y fue mejorando bastante. Pero uno de los problemas, y esto lo cuento por si a alguien le puede ayudar, es que te metes en un bucle para relajarte de «voy a tomar unos vinos» y yo caí mucho en eso. Caí de una forma que poco más y acabo alcohólica. Era una movida porque bebía para relajarme, pero también me dijeron que una de las cosas que te da más ansiedad es beber. Yo eso no lo sabía y era un círculo vicioso. En cuanto dejé de beber y empecé a regularme yo misma forzándome a levantarme, haciendo ejercicio, etc. todo eso desapareció. Pero me costó mucho, me metí en un bucle muy feo.

El cierre del disco con “Más que a todo lo demás” es perfecto, tanto a nivel musical como de mensaje. Una canción de amor, pero un amor diferente.

Te va a parecer curioso lo que te voy a contar. Esta canción todo el mundo imagina que es un amor de novio, de amante y tal, y no tiene nada que ver. Esta canción surgió porque yo estaba con mi guitarra en la habitación y empecé a pensar que iba a cumplir 40 años y no tengo hijos. Ahí empecé a reflexionar mucho y, de repente, se acerca mi gatita. Inmediatamente dije, «no tengo hijos, pero ella es como una hija y la voy a cuidar para siempre», y me salió la canción.

Al final también es una cosa generacional y es una crítica porque yo me estoy imaginando que se lo estoy diciendo a un hijo que no existe, que eso también es una cosa que yo creo que a muchas mujeres de mi generación les ha pasado, que han tenido que dejar esos sueños atrás de tener una familia por distintas razones. Pero también pensaba que hay seres de luz que, de alguna manera, también me han curado la ansiedad, como son mis gatas. Entonces, es una canción de amor muy puro, como le podía escribir a un niño pequeño. 

El disco tiene una narrativa que hace que las canciones se puedan ordenar casi por estados de ánimo.

Claro, es que son estados de ánimo. Lo has descrito muy bien. Cuando tenía el disco entero pensaba eso precisamente, que pasa por todos los estados de ánimo, porque hay canciones de amor, de desamor, de optimismo, de ansiedad…

En general se saca una lectura de «estoy mal, pero…»

Eso es a mí lo que me gusta, dejar una luz de esperanza. Yo creo que el arte también mola por eso, porque si no viviríamos amargados.

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Javier Decimavilla
Javier Decimavilla
La música nos puede salvar la vida o al menos mejorarla. Bob Dylan, Neil Young, David Bowie, The Beatles o The Rolling Stones, entre otros, nos llevan enseñando el camino a la felicidad desde hace décadas.