Rock and Roll contra el temporal
Canciones chulas. Dos palabras que podrían parecer una declaración de intenciones sencilla, incluso despreocupada. Pero cuando uno conoce lo que hay detrás de este nuevo trabajo de Los Enemigos, empiezan a adquirir otra dimensión. Tras seis años de espera desde la publicación del fenomenal Bestieza, podemos disfrutar de un nuevo trabajo de Josele y los suyos.
Este disco viene rodeado de varios acontecimientos a señalar. La banda vuelve a unirse a un sello discográfico (Mushroom Pillow) tras más de 20 años apostando por la autoedición. De la producción se ha encargado de nuevo Carlos Hernández, que repite tras producir Bestieza.
En febrero se publicaron, a través de la editorial Contra, las primeras y únicas memorias de Josele Santiago, cantante y guitarrista del grupo. Estas memorias recorren su trayectoria a través de algunas de las canciones más significativas de su carrera. Al final del libro, Josele nos muestra la realidad de estas canciones: no se censura, no se corta, se muestra sincero y crudo. Y es ahí donde Canciones chulas revela esa profundidad que su título, aparentemente despreocupado, puede ocultar.
Las llaves de la cerradura
Al pinchar la aguja, nos encontramos con los primeros acordes de “Canciones chulas”, el primer adelanto del disco. La llegada de su perro Elmo a la vida de Josele, junto a la melodía principal que escribió Fino, fueron la chispa que hizo que volvieran las “canciones chulas” a la vida de Josele. En su libro Desde el jergón, confiesa que apenas necesita medicación desde que Elmo llegó. La letra nos habla de cómo una buena canción nos puede sacar de nuestra propia prisión. Josele, en primera persona, nos canta frases como «Hijo único y único cautivo de mi prisión», en la que podemos leer que nosotros somos nuestra propia celda, nuestro propio enemigo.
Musicalmente, es puro rock and roll: la voz de Josele ruge como nunca sobre una base rítmica en la que Fino y Chema sujetan los cimientos de la canción. David Krahe ha sido una de las mejores cosas que les ha podido pasar a Los Enemigos; ya lo ha mencionado Josele en sus memorias. David no intenta ser el protagonista en ningún momento, se limita a trabajar para la canción, haciendo pequeños arreglos que potencian la personalidad del tema.
El siguiente corte fue el segundo adelanto. “Miss Dinamarca” nace del encuentro de Núria, pareja de Josele, con el humorista Chiquito de la Calzada en la radio en la que ella trabaja. De aquel encuentro, el malagueño le firmó un autógrafo en el que ponía: “Para Núria, Miss Dinamarca, con todo mi cariño”. Durante años, ese cariñoso y oportuno mote le rondó por la cabeza al madrileño hasta que le llegó el momento de convertirse en canción.
Es uno de los medios tiempos del disco. Se caracteriza por la guitarra acústica y eléctrica como base, mientras que Krahe va haciendo sutiles arpegios y arreglos, dejando espacio y reforzando la interpretación vocal. Josele nunca ha sido un cantante de técnica; siempre ha cantado desde las entrañas, desde el corazón, en este caso. Personalmente, tengo que mencionar que me parece una de las mejores interpretaciones vocales del madrileño. Derrocha sentimiento y esa vulnerabilidad que no cualquier cantante de rock se atreve a mostrar. “Miss Dinamarca” tiene todas las papeletas para ser una de las imprescindibles de los directos.
Todavía queda mucha pólvora
El cuarteto pisa el acelerador con “El próximo vals”. Lo primero que nos llama la atención es el crujido de la voz de Josele. Canta con rabia y con melodía. Magníficamente interpretada, la canción aporta toda su personalidad y vida. Si algo consiguen Los Enemigos con sus canciones es darles vida, y este disco no iba a ser una excepción. Cuarenta años después de su primer disco, el cuarteto madrileño no pierde un ápice de fuerza. “El próximo vals” lo demuestra: siguen metiendo caña y rock and roll a base de bien.
La letra critica a la sociedad actual y cómo los humanos tropezamos siempre con la misma piedra. Critica al dinero y cómo nos corrompe a todos. Nos da la fuerza y la esperanza para luchar. Josele ya lo afirma en su libro: lo único que nos puede salvar es el amor. Y hay que hacerle caso.
Casi sin darnos cuenta, nos encontramos ya en “¡Bum!”. Apagan el pedal de distorsión para brindarnos una pieza suave, pero con el toque rockero de siempre. “¡Bum!” es una canción inspirada por una sequía creativa del cantante. En su libro relataba que, si no era capaz de cantar algo, lo dibujaría. Y vaya que sí lo ha conseguido: retrata sobre todo a Don Futuro y dibuja como se presenta. Hace menciones a Tintín y a Tarzán representados como presente y pasado. En unas pocas palabras Josele es capaz de crear muchas imagenes y ahí reside gran parte de la magia de las letras “enemigas”. Obviando estos “personajes”, que nos pueden abstraer del verdadero mensaje de la canción, esta nos habla de la salud mental y de lo importante que es cuidarla.
Llegamos a la última canción de la cara A del vinilo. Y nos encontramos con “En alguna realidad”, que es una canción del corte clásico de la marca Enemigos. Unas guitarras con una distorsión contenida y una base rítmica de Fino y Chema aportan esa solidez de costumbre. Este tema cierra la primera cara del vinilo, al igual que, cuando nació, cerraba una etapa.
El tema se gestó en un momento duro en la vida de Josele, que pasaba por una etapa de pánico escénico. El trasfondo de este disco es la salud mental y Josele se abre en canal. «En un profundo socavón he vuelto a despertar, roto, inválido y faltón». «Quizá sea un buen día en alguna realidad». Son dos frases de la canción que dicen mucho, muchísimo.
Luz en mitad de la tormenta
Giramos el vinilo y empieza la cara B. Y nos transportamos a “Isla”. La canción nace a partir de la breve experiencia como actor de Josele, en la que haber estado en Galicia rodando le ayudó a salir de la tormenta que rondaba por su cabeza. Se trata de la película Tratamos demasiado bien a las mujeres de Clara Bilbao. En la que interpretó a un maqui republicano con fusil y guitarra.
Ojalá todos nos abriéramos de la manera en la que el madrileño lo hace con nosotros. Escuchar “Isla” con ese contexto hace que adquiera más profundidad. Es una canción llena de fragilidad en la que cada instrumento tiene su función y habla por sí solo. El bajo y la batería de Fino y Chema le dan forma y fuerza. La guitarra y la voz de Josele le aportan el carisma y el alma. Y Krahe, a la guitarra líder, aporta detalles que mejoran y explotan todo el potencial que la canción puede tener.
Con “Luz de dos lunas” nos agarramos a esa luz y pensamos en la portada. En ese faro que son esas canciones tan chulas que nos han guiado y salvado de tantos temporales. Es una canción ligera, rockera y que entra a la primera. Acto seguido, como no es demasiado tarde, ponemos “Rumbo al sol”. Y nos encontramos una canción cantada por Fino Oyonarte. Un tema cañero, rockero aunque cargado de sentimiento, tanto en la letra como en ese fuego que nos brinda para seguir iluminando el camino. Krahe nos ofrece un solo, corto pero intenso, que potencia los sentimientos de la canción.
Siempre hacia delante
Los BPM suben al llegar a “Puto blues”. Escuchamos uno de los temas más rápidos del disco. Es una autopsia de la rebeldía juvenil: «vender tu alma de joven al diablo quizá no es tan mala idea, ya que te lo pasarás bien y la perderás igual» relataba el cantante en sus memorias. Los años pasan y la juventud se va quedando en la juventud, al igual que las fuerzas; esta canción da cuenta de ello.
Y para no quedarnos atrás, junto a la letra, los cuatro ponen el turbo y firman un tema que podrían haber escrito hace 30 años pero que, sin embargo, han escrito ahora, a sus 60. Con la misma fuerza y mala leche que han tenido durante sus 40 años de carrera.
Las guitarras acústicas suenan de nuevo en “Pájaro ciego”. Es un corte que sigue la estela más ligera del disco, como “Isla”. Hemos de fijarnos en el trasfondo de un pájaro ciego que no piensa en norte, sur, este u oeste: siempre va hacia delante, no hay más camino. Y con esto, Los Enemigos nos recuerdan que siempre tenemos que ir hacia delante. El “Pájaro ciego” simboliza las ganas de vivir.
La aguja está cada vez más cerca del centro del vinilo y sabemos que entramos ya en el último corte del disco. Las guitarras se afilan de nuevo en “Mil condenas”. Nos habla de la rutina, de cómo esa rutina que puede ser tóxica, falsa e irreal puede ser elegida antes que salir y probar cosas nuevas. El bajo de Fino marca la dirección, con el complemento de la batería de Chema. Josele le da la emoción de costumbre y Krahe saca su lado más bluesero.
La Luger sigue caliente
Quitamos la aguja y guardamos el vinilo en su funda. Inmediatamente pensamos en que acabamos de escuchar uno de los mejores discos de Los Enemigos. Cuando llegó Bestieza, pensábamos que no podrían pasar de ahí, que era difícil. Y bien, lo han logrado: han sacado un disco a la altura de Bestieza, y este Canciones chulas ha dejado el listón a un nivel altísimo.
Tenemos entre manos un disco lleno de algunas de las mejores letras de Josele, una banda en plenísima forma y una colección de canciones tremenda, sin relleno, sin artificio y sin trampa ninguna. Pocas bandas, después de 40 años, son capaces de sacar un disco con papeletas para ser el mejor; ahí ya que juzgue el lector/oyente. Si tuviera que puntuar el disco, le daría un diez. No intenten sacarme de ahí: lo veo perfecto, no le sobra ni una sola nota.
El 30 de octubre comienza una gira que, durante más de medio año, les llevará por salas de todo el país. Busquen su concierto más cercano y presencien a estos cuatro hombres defendiendo Canciones chulas sobre un escenario.

