Charli XCX ha publicado «Playboy Bunny», la cara B de su segundo single del año, «SS26». La canción —un himno shoegaze con guitarras fuzz y actitud punk— no llegará a las plataformas de streaming: su único hogar es el vinilo 7″ de edición limitada y la cuenta de Instagram b.sides que la artista ha creado expresamente para esta nueva era. Charli XCX construye así su próximo álbum pieza a pieza, recuperando un ritual que el streaming había enterrado: el single con cara A y cara B como unidad de sentido.
«Toda mi música suena igual. Porque la hice yo«
El verso con el que arranca «Playboy Bunny» es casi un manifiesto. Donde «SS26» desplegaba guitarras distorsionadas al servicio de una crítica irónica a la cultura de la moda y el apocalipsis de pasarela (producida junto a A.G. Cook y Finn Keane, con videoclip de Torso rodado en París), su cara B va en dirección completamente opuesta: más cruda, más rápida, con una energía que Stereogum ha descrito acertadamente como «un himno shoegaze con mucho descaro». La propia artista lo explicó en su cuenta de Instagram: «Hay cosas sonoramente muy opuestas a ‘SS26’ y creo que eso es lo que la convierte en una buena cara B, en un buen par«. El vídeo —en blanco y negro, rodado en París al día siguiente del de «SS26″— muestra a Charli paseando con resaca confesada («honestly v hungover lol«, escribió en la descripción) frente a la Torre Eiffel y por las calles de la ciudad. Hay algo deliberadamente anticlimático en eso, y funciona.
El patrón es ya un sistema. En mayo, «Rock Music» llegó acompañada de su cara B «I Keep On Thinking Bout You Every Single Day And Night»; ahora «SS26» trae a «Playboy Bunny». Ninguna de las caras B acabará en el álbum: son exclusivas del vinilo y de Instagram. No es nostalgia por el formato analógico —es una estrategia de comunidad que convierte la escasez en evento.
«Hacer otro disco de baile habría sido muy triste»
Esa frase, dicha por Charli XCX a Vogue, resume mejor que cualquier comunicado de prensa lo que está pasando aquí. Después de que Brat (2024) la convirtiera en el nombre del año —tres Grammy incluidos, entre ellos Mejor Álbum de Electrónica/Dance—, la artista decidió que repetir la jugada sería lo más aburrido que podría hacer. El álbum de la banda sonora de Wuthering Heights (febrero de 2026), con su pop orquestal y gótico, fue el primer viraje. «SS26» y «Playboy Bunny» son el segundo: la pista de baile, declaró, está muerta. Aunque matizó enseguida —«nunca dije que estuviera haciendo un disco de rock«— lo que está haciendo es exactamente eso, solo que con más capas de ironía de las que un titular puede contener.
El séptimo álbum de estudio, sin título confirmado, se va perfilando como el disco más arriesgado de su carrera. «Playboy Bunny» no estará en él, pero dice más sobre su estado de ánimo que muchos singles de álbum. Cuando una artista en el punto álgido de su popularidad decide que sus mejores canciones solo existen en vinilo y en Instagram, algo interesante está a punto de ocurrir.
De los mixtapes al apocalipsis de pasarela
Charli XCX —Charlotte Emma Aitchison, Cambridge, 1992— lleva más de una década redefiniendo los bordes del pop desde dentro. Sus primeros mixtapes autopublicados a principios de los 2010 la situaron como una figura de culto antes de que «I Love It» con Icona Pop (2012) la pusiera en las radios de medio mundo. Desde ahí construyó una doble vida: singles mainstream y discos de vanguardia como Pop 2 (2017) o Charli (2019), donde junto a A.G. Cook y el ecosistema PC Music estableció las bases del hyperpop tal como lo conocemos hoy.
How I’m Feeling Now (2020), grabado en cuarentena en veinte días con participación directa de los fans, fue su experimento más radical en tiempo real. Crash (2022) recuperó el pop de estadio con ironía. Y luego llegó Brat (2024): verde lima, actitud, y una de las conversaciones culturales más intensas del año. «Playboy Bunny» llega desde ese punto de máxima visibilidad para hacer exactamente lo contrario de lo esperado —una canción que solo existe si la buscas, en el reverso de un vinilo— y eso, en el contexto de Charli XCX, es la jugada más coherente posible.
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